Aprendiendo de las drogas - Antonio Escohotado

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Maider
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Aprendiendo de las drogas - Antonio Escohotado

Mensaje por Maider » 30 Jun 2008 14:51

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Reseña Bibliográfica:
Divinas para unos, diabólicas para otros, legales e ilegales, las drogas no sólo son el «problema» más peculiar de nuestra época, sino un terreno sembrado de perplejidades. ¿Cabe aprender algo de ellas, o al menos sobre ellas, en vez de simplemente padecer sus efectos? Ofreciendo al lector elementos para que construya su propia respuesta, el autor pasa revista a casi un centenar de compuestos, entre los cuales están las principales sustancias psicoactivas del pasado y el presente: crack, opio, bebidas alcohólicas, tranquilizantes, LSD, heroína, éxtasis, cocaína, marihuana, café, somníferos y un largo etcétera. Aparecido en ediciones previas como El libro de los venenos (1990) y Para una fenomenología de las drogas (1992), la presente versión ha sido revisada en profundidad, y actualizada con las drogas descubiertas o difundidas posteriormente.
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Mensaje por Maider » 30 Jun 2008 14:53

Me lo voy a leer dentro de poquito.
Este libro no es el de Historia de las drogas de tropecientas y un mil páginas. Este tiene 250 páginas y, por lo demás, no sé qué diferencias hay entre uno y otro.
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Andromeda
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Mensaje por Andromeda » 01 Jul 2008 01:24

Espero que escribas toda una reseña, que esos temas siempre son interesantes, aunque yo casi nunca encuentre el tiempo necesario para ellos. :? :P
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Mensaje por Maider » 03 Jul 2008 17:10

Pues cuando lo lea intentaré comentar algo. Aunque en este tipo de libros siempre me resulta difícil hacerlo :(
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LOSTintheFOG
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Mensaje por LOSTintheFOG » 03 Jul 2008 17:35

Este libro está escrito en forma de manual educativo. Presenta las variedades de droga más comunes en nuestra sociedad y describe las formas de uso, conocimiento y precauciones sobre su empleo.
Va clasificando las plantas y sustancias en tres grandes grupos (estimulantes, drogas de paz y visionarios), y para cada ficha abre tres apartados:
-breve nota histórica sobre la planta o sustancia
-efectos de la misma en la mente y cuerpo humano
-formas de uso y potencialidades

Todo ello con la experiencia personal del propio autor, lo que confiere al libro un toque personal inteligente y serio, ausente en otros libros soporíferos sobre el tema que brillan por la estupidez generalizada o el maniqueísmo institucional.

A ver si nos damos cuenta de que la droga no es mala per se, todo depende del uso que se le dé. Este libro está destinado a todos los que busquen conocimiento alejándose de propaganda, tabúes e ignorancia.

Buena piedra de toque para afrontar la recomendadísima lectura de los tres tomos de Historia de las drogas.
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mínimus
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Mensaje por mínimus » 05 Jul 2008 10:25

A ver si nos damos cuenta de que la droga no es mala per se, todo depende del uso que se le dé



Este argumento me recuerda a la propaganda de la famosa NRA yankee acerca del derecho a llevar armas: "las armas no matan, son las personas quienes lo hacen".

Si un gramo de heroína o cocaína pudiera comprarse cómoda y legalmente en los kioskos por 10 euros o 10 dólares (poco más podría costar, dada la simpleza de la materia prima), pues no sé...

No he leído el libro aún. Voy a ver si lo pillo...

LOSTintheFOG
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Mensaje por LOSTintheFOG » 05 Jul 2008 10:45

mínimus escribió:
A ver si nos damos cuenta de que la droga no es mala per se, todo depende del uso que se le dé



Este argumento me recuerda a la propaganda de la famosa NRA yankee acerca del derecho a llevar armas: "las armas no matan, son las personas quienes lo hacen".

Si un gramo de heroína o cocaína pudiera comprarse cómoda y legalmente en los kioskos por 10 euros o 10 dólares (poco más podría costar, dada la simpleza de la materia prima), pues no sé...

No he leído el libro aún. Voy a ver si lo pillo...


Me refería al uso con fines médicos por ejemplo.
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Mensaje por Maider » 07 Jul 2008 00:57

Por ejemplo son drogas: muchas medicinas, el alcohol, el tabaco... y a todo el mundo le parece perfecto que se vendan en cualquier sitio y está hasta bien visto su uso (del alcohol, sí, al menos) Sin embargo, una sustancia que tiene infinidad de fines terapeuticos como es el cannabis (que me pueden decir misa pero si no es inocuo al menos no es más dañino que el tabaco o el alcohol) se la demonice y de esa manera nos hacen creer que fumarse un porro es poco menos que un pecado mortal.

Yo creo que todo es cuestión de educación y cultura. La prohibición de las drogas - de todas - a la larga no hace más que perjudicarnos. Y está más que comprobado que la legalización de ellas no llevaría, en ningún caso, a un aumento significativo de su consumo. Sin embargo, la gente que lo consumiera lo haría con un control y en óptimas condiciones. Por no hablar del narcotráfico y demás historias que, sin duda, mejorarian con su liberalización.

No creo que la solución pase por prohibirlas. La solución pasa por otros caminos que no tienen nada que ver con la prohibición y la persecución a las drogas.

Me parece a mí, vaya.
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Mensaje por Maider » 07 Jul 2008 01:03

Pongo la cita que da comienzo al libro. Particularmente me siento identificada y es, en mi opinión, unas palabras muy acertadas.

De la piel para dentro empieza mi exclusiva jurisdicción.
Elijo yo aquello que puede o no cruzar esa frontera.
Soy un estado soberano, y las lindes de mi piel me resultan
mucho mas sagradas que los confines políticos de cualquier país
.
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Andromeda
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Mensaje por Andromeda » 07 Jul 2008 07:29

Maider escribió:Pongo la cita que da comienzo al libro. Particularmente me siento identificada y es, en mi opinión, unas palabras muy acertadas.

De la piel para dentro empieza mi exclusiva jurisdicción.
Elijo yo aquello que puede o no cruzar esa frontera.
Soy un estado soberano, y las lindes de mi piel me resultan
mucho mas sagradas que los confines políticos de cualquier país
.


Coincido contigo, Maider, y espero que sigas escribiendo sobre esto. :P
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mínimus
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Mensaje por mínimus » 07 Jul 2008 09:57

Y está más que comprobado que la legalización de ellas no llevaría, en ningún caso, a un aumento significativo de su consumo


Esto lo desconocía, y me parece una novedad importante (¿seguro que está comprobado?). Lo que sí conozco, por un libro de Rojas Marcos, es que la famosa "Prohibición" del alcohol durante los años 20 en EEUU no fue una cosa tan tonta como nos la cuentan en muchas películas. Las autoridades se resistieron a abolir la Prohibición, porque los prohibicionistas tenían los datos estadísticos de su parte: disminuyó el consumo de alcohol, los casos de enfermedades hepáticas y otras lacras de la salud. Aumentó el gangsterismo derivado del contrabando, sí, pero también disminuyó la "violencia doméstica".

Los opiáceos van directos al cerebro, y sus efectos son incomparablemente más perturbadores que el alcohol y el tabaco. Albergo mis dudas acerca de que la sociedad tenga la madurez suficiente hoy como para asumir la legalización de todas las drogas.

G.A.
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Mensaje por G.A. » 07 Jul 2008 10:40

mínimus escribió:
Y está más que comprobado que la legalización de ellas no llevaría, en ningún caso, a un aumento significativo de su consumo


Esto lo desconocía, y me parece una novedad importante (¿seguro que está comprobado?). Lo que sí conozco, por un libro de Rojas Marcos, es que la famosa "Prohibición" del alcohol durante los años 20 en EEUU no fue una cosa tan tonta como nos la cuentan en muchas películas. Las autoridades se resistieron a abolir la Prohibición, porque los prohibicionistas tenían los datos estadísticos de su parte: disminuyó el consumo de alcohol, los casos de enfermedades hepáticas y otras lacras de la salud. Aumentó el gangsterismo derivado del contrabando, sí, pero también disminuyó la "violencia doméstica".

Los opiáceos van directos al cerebro, y sus efectos son incomparablemente más perturbadores que el alcohol y el tabaco. Albergo mis dudas acerca de que la sociedad tenga la madurez suficiente hoy como para asumir la legalización de todas las drogas.

Pues yo sí que dudo de esos datos de Rojas Marcos. ¿En los años '20 estadísticas sobre enfermedades hepáticas, el consumo y la violencia doméstica? Supongo que fiables, claro. Lo siento pero ni me creo que hubiera esos datos y mucho menos que fueran fiables.

Por otra parte, te dejo una cita de un artículo del propio Escohotado que tal vez responda a tu duda de si la sociedad está preparada para la liberalización total de las drogas:

(...) En tercer lugar, el argumento objetivo prescinde del hecho de que una droga no es sólo un cierto cuerpo químico, sino algo esencialmente determinado por un rótulo ideológico y ciertas condiciones de acceso a su consumo. Hasta 1910, los usuarios norteamericanos de opiáceos (Pag. 52) naturales eran personas de la segunda y tercera edad, casi todas integradas en el plano familiar y profesional, ajenas a incidentes delictivos; en 1980, gran parte de estos usuarios son adolescentes, que dejan de cumplir todas las expectativas familiares y profesionales, cuyo vicio justifica un porcentaje muy alto de los delitos cometidos anualmente. ¿Será que los opiáceos cambiaron, o cambiaron los sistemas de acceso a estas sustancias? Cabe decir la misma cosa de las sobredosis involuntarias: ¿cuántos usuarios de heroína o cocaína murieron por intoxicación accidental cuando el fármaco era vendido libremente y cuántos murieron después de que se tornaran ilegales? ¿Puede atribuirse a cosa distinta del derecho vigente la inundación del mercado por sucedáneos mucho más baratos y tóxicos que los originales, como el crack?.

Por cierto, ¿tú qué drogas permitirías?

Por otro lado, acerca los intereses prohibicionistas, también según Escohotado (por desgracia no pude encontrar el artículo original entre mis cosas, pero este, encontrado aquí, puede valer:
Según describe Escohotado, las condiciones del pacto fueron simples: médicos y farmacéuticos obtendrían un sistema de rigurosa exclusiva para cocaína, opiáceos y cualquier otra droga merecedora de control a su juicio. A cambio de ello, la Asociación Médica y la Asociación Farmacéutica "apoyarían los postulados básicos del Prohibition Party, planteando el consumo de psicofármacos como una epidemia súbita y virulenta, extraña a las esencias americanas."
Vamos, que en vez de hablar de enfermedades, violencia doméstica y demás cosas de las que dudo mucho de que tuvieran datos fiables, los prohibicionistas en realidad hablaban de dinero, de lo que no me cabe la menor duda de que sí tendrían datos perfectamente fiables. Luego, claro, en cuanto hay cruzadas morales siempre hay gentes de buena voluntad dispuestas a secundarlas para regocijo de los ideólogos, pero eso ya sería otra cuestión.

Otra cosa: Cuando hablas de opiáceos, ¿incluyes entre ellos al cannabis? Si es así creo que deberías de revisar ese dato.

mínimus
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Mensaje por mínimus » 07 Jul 2008 13:58

Trataré de localizar el libro de Luis Rojas Marcos (que creo que en EEUU es considerado "liberal"). Sí recuerdo perfectamente que los datos sobre las enfermedades hepáticas procedían de los hospitales de la época (lo de la violencia doméstica supongo que vendría de los tribunales).

Sobre los intereses económicos en este tipo de temas. La demagogia puede usarse en todos los sentidos. Fíjate en esto del artículo de la wikipedia sobre la Prohibition:



The cost of enforcing Prohibition was high, and the lack of tax revenues on alcohol (some $500 million annually nationwide) affected government coffers.

http://en.wikipedia.org/wiki/Prohibitio ... ted_States


El Estado y el Mercado perdían dinero con la prohibición, lo cual, junto con los otros asuntos, resultaba un argumento en su contra.

Como esto es un foro sobre libros, trataré de encontrar textos al respecto, ya que es un tema de interés.

Por supuesto que, en lo que a mí personalmente respecta, me da igual la legalización de todo. El problema es que no vivimos solos en el mundo los que nos consideramos más listos que los demás (y a lo mejor no lo somos tanto...). La irrupción en el mercado de productos de consumo de efectos tan devastadores como la heroína, la cocaína y todo tipo de estimulantes y alucinógenos, mucho me temo que cambiaría el "paisaje de nuestro mundo".

En China no guardan buen recuerdo de los efectos sociales y culturales que tuvo la apertura del mercado del opio por iniciativa de los mercaderes del Imperio británico...

G.A.
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Mensaje por G.A. » 07 Jul 2008 14:18

mínimus escribió:La irrupción en el mercado de productos de consumo de efectos tan devastadores como la heroína, la cocaína y todo tipo de estimulantes y alucinógenos, mucho me temo que cambiaría el "paisaje de nuestro mundo".

No lo creo. Viví la época más dura de las drogas en este país, con un contacto muy directo sobre el tema y no creo que el hecho de comprar heroína en un lugar especializado, pasando los previos controles de calidad empeorara nada, más bien al contrario. Cualquiera podía conseguir heroína o cocaína, al igual que hoy. La diferencia serían los puntos de acceso y la calidad del producto. Hoy sigo siendo un buen conocedor de la situación y dudo mucho de que la cosa pudiera ir a peor con la legalización o que el "paisaje de mi mundo" fuera mucho más terrible en ese sentido.
Por otro lado, las citas que pones, si las pones en español quizás las entienda más gente. Lo digo porque puede que de otra manera quede como un mensaje críptico.
Buscaré el artículo de Escohotado sobre los orígenes del prohibicionismo, a ver si lo encuentro y puedo ponerlo aquí.

G.A.
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Mensaje por G.A. » 07 Jul 2008 14:33

Encontré un artículo similar al que mencionaba de Escohotado en la página web del autor (www.escohotado.org), y en el artículo titulado Órdenes espontáneos, el autor afirma lo siguiente:

En 1914, el Congreso norteamericano aprobó cierta ley que restringía drásticamente el uso de opio, morfina y cocaína. Admitió también a trámite otra ilegalizando cualquier bebida alcohólica (salvo el vino de la misa), y nombró una comisión para endurecer la normativa sobre tabaco, que prohibía ya fumar públicamente en 28 estados de la Unión. El entonces diputado H. C. Hoover —que luego llegaría a presidente del país—, definió el paquete legislativo de ese año como el mayor experimento moral de la Historia.

El Congreso tuvo en cuenta que la recaudación por impuestos indirectos iba a contraerse al menos en una cuarta parte, y aprobó antes la enmienda XVI a la Constitución, que faculta al gobierno federal para gravar la renta de personas físicas y sociedades, siendo por eso la prohibición el origen inmediato del IRPF. Luego resultaría que la Ley Seca se derogó en 1933, y que el tabaco pudo con sus detractores. Pero los tres productos de botica controlados se transformaron en docenas, después en centenas y por último en millares de substancias psicoactivas, algunas controladas con receta y otras prohibidas.


Es decir, que por un lado se favorecía económicamente a determinados profesionales y, por otro, se imponía el impuesto sobre la renta para compensar la falta de ingresos por impuestos sobre el consumo.

Sobre el tema de la legalización en general y lo sucedido en China en particular, Escohotado también publicó un artículo en el año '90 en la revista Cambio16. Lo posteó aquí completo. Lamento la extensión del post:
ILUSTRACIÓN O REINO DE LAS TINIEBLAS

Empecemos por un caso concreto, entre muchos posibles. A mediados del siglo XIX, China tiene prohibidos tanto la producción como el consumo de opio con pena de muerte, tras considerar durante un milenio largo lícitas ambas cosas. Sin embargo, quien alimenta un contrabando inglés en vertiginoso aumento es la India. ¿Tienen los indios problemas debido a la gigantesca producción propia? A través de sus miles de páginas, los sucesivos informes de la Royal Commission on Opium despejan dudas. En India hay aproximadamente diez veces más usuarios regulares de esta droga que en China, pero no se observan problemas sanitarios, sociales o criminales. Los usos moderados son regla, y los médicos encargados de llevar a cabo la investigación, tanto nativos como británicos, acaban concluyendo que el consumo «carece de inconveniente para la salud y el bienestar, pues el opio en la India se parece más a los licores occidentales que a una sustancia aborrecible».
Ilegalizada rigurosamente, la misma droga —durante el mismo período— está minando la sociedad y las instituciones chinas hasta extremos impensables. Sus últimas secuelas son el absoluto control del país por sociedades secretas, las más sangrientas guerras civiles conocidas y, algo después, el desmembramiento del país en beneficio de otras naciones. Derrotada militar y éticamente, la corte imperial decide hacer un giro en redondo y rehabilita las grandes extensiones antes dedicadas al cultivo de adormidera. ¿Qué consecuencias produce la legalización? En 1906, cuando el opio lleva treinta años de licitud, la declaración oficial del Gobierno chino calcula que hay unos dos millones y medio de usuarios regulares, lo cual equivale al 0,3 por ciento de la población. La fuga de capitales, la desmoralización y la delincuencia ligada a esta droga han desaparecido, mientras el número de consumidores resulta igual, o incluso levemente inferior, al que había 60 años antes; pero ahora su conducta es la acorde con quien dispone de un fármaco puro, barato y legal.
El contraste entre China e India durante el siglo pasado no proviene de una inexplicable anomalía. Durante el siglo XVIII, cuando arraiga en Europa el uso del café, la tolerancia y la intolerancia producen los efectos respectivamente previsibles. En Francia, donde se inauguran los primeros establecimientos públicos ligados a la droga, Montesquieu comenta que tiene fama de ser un «fármaco espiritual». En Rusia, donde el consumo se encuentra castigado con mutilación de las orejas (y hasta de la nariz), no son infrecuentes los usuarios capaces de beber litros por hora; sus trances de hiperexcitación confirmaban a la policía zarista en su certeza de habérselas con «un fármaco mórbido e incontrolable».
Mediante reiterados ejemplos, la historia humana enseña que cualquier normativa prohibicionista multiplica consumos irracionales, corrupción institucional y envenenamiento con sucedáneos mucho más tóxicos que los originales prohibidos. En otras palabras, la alternativa no es un mundo con drogas y un mundo sin drogas, sino la actual hipocresía o alguna alternativa que proteja menos desastrosamente la salud pública.
Intentar prevenir el abuso de drogas con prohibición es tan endeble lógicamente como querer prevenir el embarazo premarital apaleando a la hija que llegue a casa después de las 10. Tal como la cópula puede muy bien realizarse antes de esa hora, lo prohibido puede muy bien obtenerse cuando se quiera.
Dispensarios de drogas ilícitas florecen en todas partes, y para acceder a ellas basta disponer de efectivo o estar dispuesto a revenderlas; la ley del dinero convierte a los humildes en eficaces viajantes de comercio.
Distintas épocas y países prueban que un autocontrol aparece tan pronto como cesa el sistema de heterocontrol o tutela oficial, cosa previsible considerando que la dieta de drogas (con fines terapéuticos, recreativos y religiosos) ha sido siempre un complemento de la dieta nutritiva, no ya en todas las culturas sino en todos los animales de sangre caliente investigados hasta el día de hoy. Cambiar el estado de ánimo por medios químicos es un impulso tan básico como comer, beber o aparearse.
Al mismo tiempo, los humanos se dejan obnubilar por etiquetas adheridas a las cosas, velándose lo que ellas y ellos respectivamente son. De ahí que una droga no sea sólo cierto cuerpo químico, sino algo determinado esencialmente por clichés ideológicos y condiciones de acceso a su consumo. Hasta 1935, por ejemplo, los heroinómanos eran personas de segunda y tercera edad, casi todas bien integradas familiar y profesionalmente, ajenas a incidencias delictivas; no necesito aclarar quiénes son actualmente, y cómo se desempeñan.
A estas alturas, cabe preguntar si puede uno drogarse razonablemente. Pero eso depende de que los estados defiendan la ilustración o el oscurantismo, la cultura o la barbarie farmacológica. La cuerda que sirve al alpinista para conquistar una cumbre sirve al suicida para ahorcarse y al marino para sostener sus velas al viento. Libres de mitos, adulteración y embustes, las drogas hoy ilegales pueden proporcionar paz, estimulación y apertura espiritual a individuos y grupos; cargadas de mitos, adulteración y embustes pueden proporcionar desasosiego, apatía y cerrazón mental a individuos y grupos.
Como el prohibicionismo está peleándose finalmente con la química, cuanto más se extreme más subvencionará sus progresos incontrolados, y más convertirá a los ciudadanos en cobayas para laboratorios clandestinos. Con los actuales avances no sólo han surgido cinco derivados por cada droga antigua ilegal sino 500, pues las posibilidades de modificar la conciencia intercambiando radicales atómicos son sencillamente infinitas.
Podemos echarnos las manos a la cabeza, y pedir al cielo que nos defienda de este nuevo apocalipsis. Sin embargo, el apocalipsis fue decretado al prohibir —por motivos sectarios, racistas, etnocéntricos y mercantiles— ciertos tipos de ebriedad mientras, inevitablemente, se fomentaban otros. Si decidimos que ciertas formas de ebriedad son malignas, y después —cuando las leyes se han puesto al servicio de esa moralina— buscamos pruebas de que lo eran efectivamente, estamos poniendo en marcha un mecanismo de profecía autocumplida.
Difundidas por la propaganda, y sostenidas por la represión, esas pretensiones se convierten pronto en realidades sociales. Se reirán de mí si digo que café y tabaco llevan a una prostitución de las jóvenes. Pero si logro ilegalizar café y tabaco, elevando salvajemente su precio, entregando el comercio a organizaciones criminales y creando en torno a ellas la mitología que hoy rodea a la heroína o la cocaína, en poco tiempo encontraremos jovencitas que hagan la calle para pagarse ese vicio o pagárselo a su prometido. He ahí una profecía autocumplida.
Tengamos en cuenta que el más antiguo negocio es vender coactivamente protección. Gracias a su rentable profecía, el vendedor coactivo de seguridad puede presentarse como santo guía, exigiendo tributo y acatamiento incondicional a los supuestos protegidos. Así se justificaron cruzadas previas contra herejes o brujas, empresas muy lucrativas para inquisidores y oficios conexos, que al convocarse parecieron absolutamente benéficas y ahora nos parecen absolutamente criminales.
Tras bastantes años de pesquisas en distintas bibliotecas, doy testimonio de que hubo pacífica y sana automedicación durante milenios, en los cinco continentes. Reparar las ingentes miserias producidas por la narcoinquisición no será sencillo, y requerirá pasos graduales. Pero tampoco constituye un problema técnico, sino algo que depende ante todo de buena fe. Para empezar, debemos sacudirnos el fantasma que legitima el Estado como ángel de la guarda. Nuestros ángeles de la guarda son la libertad y el cultivo de la razón.



Antonio Escohotado
Cambio16, 21 de mayo de 1990, págs. 122-123.
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Última edición por G.A. el 07 Jul 2008 14:37, editado 1 vez en total.

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