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al_bertini
Vadertini
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Mensaje por al_bertini » 03 Sep 2008 17:57

“Es un día para la posteridad de esta casa”, así comenzó a hablar nuestro padre y señor de Hammerstrong, Lord Hurwest. Bajo el pendón, un caballero lanzando un mandoble a un lobo que salta, se dirigía a un grupo de sus nobles más fieles y a dos de sus bastardos, mi hermano gemelo Olin y yo, en el centro del círculo. La sala era el santuario de la fortaleza, donde habían sido nombrados todos los caballeros de los Hammerstrong desde el comienzo de la casa, tradición que aún se respetaba.

Hacía dieciséis años que las naves del Conquistador Deawan llegaron a nuestras costas, apoderándose de sus tierras. Hubo grandes batallas, asedios, rapiña, violaciones y dominación, y fruto de todo ello nacimos nosotros, pues nuestro padre forzó a nuestra madre, Lady Elaan de Hammerstrong. No fuimos los únicos bastardos, ya que después vinieron más, fruto del avance de las tropas por el país. En cambio la mujer de nuestro padre fue incapaz de darle hijo alguno. Debido a esta situación excepcional, todos los bastardos Hammerstrong fuimos educados y formados, como auténticos herederos. Desde los cuatro años, todos los días incluían lucha y manejo de la espada con Maese Kennert, tiro con arco y montar a caballo con Ser Qonnen, desde el amanecer hasta la comida. Por la tarde la formación consistía en el estudio de las letras y la historia de “nuestro” pueblo, como solía decir el Maestro Andwen de una forma que nunca dejaba de sorprenderme.

Doce años después, me convertí en Aprendiz de las Letras. Gillean, el caballero emplumado, era el nombre que decidieron darme mis hermanos, pero que nunca me dijo Olin. Siempre creí que éramos espejos andantes, pero nuestras manos derechas no pensaban igual. La mía se hacía a las plumas, mientras que la de mi hermano empuñaba espadas y hachas. ¡Zis!¡Zas! los mandobles de Olin cortaban cabezas de madera, y yo copiaba poemas o canciones de nuestros bardos con la misma rapidez. Llegó un momento en que nuestro padre nos llevó consigo, a aplastar una rebelión en las islas vecinas. A la vez que realicé una crónica de nuestro viaje, tuve la oportunidad de afinar mi puntería disparando a la caballería enemiga. Mi hermano perdió su espada en el caballo de uno de los líderes rebeldes, y poco le faltó para perder la vida. Fue el día más doloroso de mi vida, y no sufrí ningún rasguño. Parecía que había llegado el momento de ser oficialmente unos Hurwest de Hammerstrong.

El silencio en la estancia era una forma de respeto a la ceremonia. Cada hombre se había colocado de forma que no diese la espalda a ningún otro, todos formando un círculo. Ocho nobles y vasallos, al igual que ocho Lores había en el Nuevo Reino; así lo exigía el Código de Deawan. Enfrente de la puerta, se encontraba nuestro padre, con su barba cuidada y su pelo que comenzaba a encanecer en las sienes, los ojos azules de Hurwest y la espada Lemnia en su mano izquierda, ligeramente apoyada en el suelo. Kennert Huvan y Qonnen Figg se situaban a ambos lados, sus dos hombres más fieles.

—Hoy se van a levantar dos nuevos lobos, los primeros Hammerstrong. Habéis venido aquí a arrodillaros, a jurar lealtad y honor a vuestra familia y vuestro Rey.— Al decir estas palabras, miraba hacia los presentes, como queriendo que cada uno de ellos memorizase estas palabras. —Olin, arrodíllate ante tu señor.

Mi hermano se adelantó y se arrodilló.

—Aquí estoy—sus cabellos negros le taparon la cara al agacharse —, vengo a servir y a ofrecer mi honor ante mi señor, a luchar por la justicia. — Eran las palabras ancestrales que habíamos memorizado la noche anterior.

—Con la autoridad del Conquistador Deawan, y como señor de Hammerstrong, te nombro Caballero del Reino —y golpeó con su espada; primero en el hombro izquierdo, después en el derecho, y de nuevo en el izquierdo.— Levántate, Ser Olin Hurwest de Hammerstong, toma mi espada y jura fidelidad.

Olin se puso en pie, agarró la espada de mi padre y le cortó el brazo izquierdo. La sangre me salpicó la cara, y comencé a oir los gritos de mi padre. No podía estar pasando esto. Los nobles estaban estupefactos.

—¿¿Qué estás haciendo???¡¡¡Traidor!!! ¿¿¿Te has vuelto loco??? ¡¡¡¡Arrrghhh!!! —La mano derecha no conseguía taponar el reguero del hombro. — ¿Dónde está tu honor? ¡¡¡Bastardo!!!

—¡Qué original! gracias por recordármelo. Mi honor se quedó con el tuyo en el coño de mi madre. ¿Éste es el honor de un caballero? No lo quiero. Recuerdos de ella, malnacido.— ¡Zas! Otro tajo y la cabeza de mi padre rodó por el suelo.

Kennert aulló y desenvainó su espada. Fue demasiado tarde para él, mi hermano le cruzó el pecho y parte de la cara con un mandoble. La reacción de Kennert hizo que los demás saliesen de su ensimismamiento y se lanzasen por mi hermano. Yo aún seguía arrodillado. Las espadas se mezclaron con los gritos. Al pasar, uno de ellos me empujó al suelo. Lo siguiente que vi fue como caía sujetando su muñón sangrante. Mi hermano se estaba moviendo en círculo, a una pequeña distancia de los caballeros, que no paraban de insultarle y lanzando mandobles. La espada de Qonnen había alcanzado a Olin debajo del hombro, una mancha de sangre se perfilaba junto al gran escudo bordado del jubón. Otro noble avanzó con demasiada confianza y mi hermano pudo abrirle cómodamente el vientre de un tajo. “¡Vamos, valientes, me meo en vuestro honor!”, gritaba y los miraba fijamente. Otro golpe le alcanzó en la pierna, mientras uno de los hombres de mi padre salía por la puerta. Confiado en mi puntería, reaccioné y lancé una daga que llevaba al cinturón, pero sólo la clavé en la puerta. Tanto practicar con la daga y el arco años y años en el patio del castillo, incluso con conejos y cuervos en el bosque, para fallar el tiro importante. Ni siquiera sé por qué lo lancé.

Olin aullaba de dolor, pero otro de sus rivales había caído muerto. Los dos restantes decidieron atacar a la vez, uno desde cada lado, con tan buena suerte que ellos mismos se mataron. Mi hermano jadeaba, inclinado y con la mano izquierda bajo su axila derecha.

—¿Por qué lo has hecho? — casi le supliqué.

—¿Es que no lo ves? Honor, justicia…¡Y una mierda! Esta panda de violadores y asesinos no pueden saber qué es eso. Aún puede dar gracias ese miserable de que le he haya honrado cortándole la cabeza, y no haberle troceado como a un vulgar ladrón, lo que es.

—Pero…era nuestro padre. Nos dio una oportunidad…

—¿De qué...? ¿De mantener su asqueroso nombre aquí…? A mí me ha dado la oportunidad de hacer justicia, y no la he desaprovechado — Jadeaba cada vez más.

En ese momento echaron la puerta abajo, y apareció el caballero huido con un grupo de arqueros y lanceros de la guardia. Sus miradas parecían perderse en los cuerpos de la sala.”Con estos hombres hemos crecido, han jugado con nosotros, nos enseñaron trucos con las armas y todas las salidas del castillo. Y ahora nos van a matar”, pensé y acerqué la mano a mi espada. Se pusieron frente a la puerta y nos apuntaron con sus armas. Miré a mi hermano, quizá esperando otra lucha como la anterior.

Él se irguió como pudo, alzando la espada e inclinando levemente la cabeza. Sus ojos miraron más allá de los soldados, y mostró una sonrisa siniestra, como haría un buen lobo.
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Mensaje por Amanita » 03 Sep 2008 18:03

:eusa_clap: :eusa_clap:

Bravo, Al, cada vez das más muestras de tu incuestionable valía como narrador, sin dejar de lado la imaginación y la capacidad de crear situaciones inesperadas.

Me he quedado de piedra al leer cómo Olin le corta el brazo a su padre, creo que mi corazón se ha saltado un latido, el giro que le da a la narración es brutal, impactante, totalmente inesperado.

Me ha gustado el guiño que haces a los Stark de Invernalia de George R. R. Martin, con el tema de los lobos, los bastardos... Se nota la influencia de tus últimas lecturas.

Muy bueno, Al. Espero que sigas deleitándonos con tus obras, y que algún día nos obsequies con algo más largo. Se ve que eres capaz :wink:
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Una mirada bajo el mar: hilo más ilustrativo 2008

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Mensaje por Gavalia » 03 Sep 2008 19:17

Hola AL, me cuesta aceptar que un tipo así reaccione de esa manera,no por la violencia si no por el fondo y el exceso de sensibilidad de un curtido caballero o al menos en vías de serlo,me explico, ser bastardo entonces creo que era asumido como algo normal y más a nivel de la corte,las madres forzadas solían aceptar los hechos como inteligentes que son y procuraban que a la menor oportunidad sus hijos fueran vistos con buenos ojos por el machote feudal y prosperaran,claro que en todas las situaciones se procuran excepciones,je,je.
Bueno me he fijado mucho más en el argumento que en la exposición,estructura,etc..pues queda patente que no hace falta decirte nada,creo :wink:
Un hijo desmenbrando un padre,muy :shock: no,no más bien :ojos4: impactante, te molan las situaciones límite y ya estoy echando de menos otro relato tuyo.
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Nelly
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Mensaje por Nelly » 03 Sep 2008 19:41

Muy bien. Esta pero que muy bien.
Además, Al, en este relato he notado una cosa nueva respecto a todos los anteriores, empiezas a perfilar un estilo muy personal, una forma de escribir tuya y eso es muy importante.
Así que enhorabuena!!!

:D :o :D

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Desierto
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Mensaje por Desierto » 04 Sep 2008 03:21

Bravo, Al, una perla deliciosa para los viciosos de este género. Ñam, ñam... ¡quiero más!

(¿Qué será esa sonrisa? ¿El desafío ante un nuevo combate? ¿Ha comprado a los caballeros y ahora se autonombra señor del lugar? ¿Un último escupitajo orgulloso en la cara de la muerte?)
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Mensaje por Emma » 04 Sep 2008 14:46

Imagino que no tenías idea de continuar la historia, y que Olin arrastra a su hermano a una muerte segura, mirándola de frente, desafiándola. De piedra me he quedado al ver cómo Olin cortaba el brazo de su padre, tan repentinamente has introducido el giro en la historia. Me ha gustado, muy bien esta historia de los martillosfuertes. Realmente, el día pasó a la posteridad de la casa :lol:

Ricardo Lampugnani
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Re: Lobos

Mensaje por Ricardo Lampugnani » 04 Sep 2008 20:35

al_bertini escribió:“Es un día para la posteridad de esta casa”, así comenzó a hablar nuestro padre y señor de Hammerstrong, Lord Hurwest. Bajo el pendón, un caballero lanzando un mandoble a un lobo que salta(que representaba a un caballero...), se dirigía a un grupo de sus nobles más fieles y a dos de sus bastardos, mi hermano gemelo Olin y yo, en el centro del círculo. (toda la frase está un poco confusa, creo que podrías mejorarla) La sala era el santuario de la fortaleza, donde habían sido nombrados todos los caballeros de los Hammerstrong desde el comienzo de la casa, tradición que aún se respetaba. Si ellos eran el producto de la primera invasión, no había anteriores caballeros
Hacía dieciséis años que las naves del Conquistador Deawan llegaron a nuestras costas, apoderándose de sus tierras. Hubo grandes batallas, asedios, rapiña, violaciones y dominación, y fruto de todo ello nacimos nosotros, pues nuestro padre forzó a nuestra madre, Lady Elaan de Hammerstrong. No fuimos los únicos bastardos, ya que después vinieron más, fruto del avance de las tropas por el país. En cambio la mujer de nuestro padre fue incapaz de darle hijo alguno. Debido a esta situación excepcional, todos los bastardos Hammerstrong fuimos educados y formados, como auténticos herederos. Desde los cuatro años, todos los días incluían lucha y manejo de la espada con Maese Kennert, tiro con arco y montar a caballo con Ser Qonnen, desde el amanecer hasta la comida. Por la tarde la formación consistía en el estudio de las letras y la historia de “nuestro” pueblo, como solía decir el Maestro Andwen de una forma que nunca dejaba de sorprenderme.

Doce años después, me convertí en Aprendiz de las Letras. Gillean, el caballero emplumado, era el nombre que decidieron darme mis hermanos, pero que nunca me dijo Olin[/color[color=cyan]](pero con el que nunca me llamó Olín). Siempre creí que éramos espejos andantes, pero nuestras manos derechas no pensaban igual. La mía se hacía a las plumas, mientras que la de mi hermano empuñaba espadas y hachas. ¡Zis!¡Zas! los mandobles de Olin cortaban cabezas de madera, y yo copiaba poemas o canciones de nuestros bardos con la misma rapidez. Llegó un momento en que nuestro padre nos llevó consigo, a aplastar una rebelión en las islas vecinas. A la vez que realicé una crónica de nuestro viaje, tuve la oportunidad de afinar mi puntería disparando a la caballería enemiga. Mi hermano perdió su espada en el caballo de uno de los líderes rebeldes, y poco le faltó para perder la vida. Fue el día más doloroso de mi vida, y no sufrí ningún rasguño. AhoraParecía que había llegado el momento de ser oficialmente unos Hurwest de Hammerstrong.

El silencio en la estancia era una forma de respeto a la ceremonia. Cada hombre se había colocado de forma que no diese la espalda a ningún otro, todos formando un círculo. Ocho nobles y vasallos, al igual que ocho Lores había en el Nuevo Reino; así lo exigía el Código de Deawan. Enfrente de la puerta, se encontraba nuestro padre, con su barba cuidada y su pelo que comenzaba a encanecer en las sienes, los ojos azules de Hurwest y la espada Lemnia en su mano izquierda, ligeramente apoyada en el suelo. Kennert Huvan y Qonnen Figg se situaban a ambos lados, sus dos hombres más fieles.

—Hoy se van a levantar dos nuevos lobos (si la heráldica era de un caballero matando un lobo, el llamarlos lobos no es precisamente un honor), los primeros Hammerstrong. Habéis venido aquí a arrodillaros, a jurar lealtad y honor a vuestra familia y vuestro Rey.— Al decir estas palabras, miraba hacia los presentes, como queriendo que cada uno de ellos memorizase estas palabras. —Olin, arrodíllate ante tu señor.

Mi hermano se adelantó y se arrodilló.

—Aquí estoy—sus cabellos negros le taparon la cara al agacharse —, vengo a servir y a ofrecer mi honor ante mi señor, a luchar por la justicia. — Eran las palabras ancestrales que habíamos memorizado la noche anterior.

—Con la autoridad del Conquistador Deawan, y como señor de Hammerstrong, te nombro Caballero del Reino —y golpeó con su espada; primero en el hombro izquierdo, después en el derecho, y de nuevo en el izquierdo.— Levántate, Ser Olin Hurwest de Hammerstong, toma mi espada y jura fidelidad.

Olin se puso en pie, agarró la espada de mi padre y le cortó el brazo izquierdo. La sangre me salpicó la cara, y comencé a oir los gritos de mi padre. No podía estar pasando esto. Los nobles estaban estupefactos.

—¿¿Qué estás haciendo???¡¡¡Traidor!!! ¿¿¿Te has vuelto loco??? ¡¡¡¡Arrrghhh!!! —La mano derecha no conseguía taponar el reguero del hombro. — ¿Dónde está tu honor? ¡¡¡Bastardo!!!

—¡Qué original! gracias por recordármelo. Mi honor se quedó con el tuyo en el coño de mi madre. ¿Éste es el honor de un caballero? No lo quiero. Recuerdos de ella, malnacido.— ¡Zas! Otro tajo y la cabeza de mi padre rodó por el suelo.

Kennert aulló y desenvainó su espada. Fue demasiado tarde para él, mi hermano le cruzó el pecho y parte de la cara con un mandoble. La reacción de Kennert hizo que los demás saliesen de su ensimismamiento y se lanzasen por mi hermano. Yo aún seguía arrodillado. Las espadas se mezclaron con los gritos. Al pasar, uno de ellos me empujó al suelo. Lo siguiente que vi fue como caía sujetando su muñón sangrante. Mi hermano se estaba moviendo en círculo, a una pequeña distancia de los caballeros, que no paraban de insultarle y lanzando mandobles. La espada de Qonnen había alcanzado (alcanzó) a Olin debajo del hombro, una mancha de sangre se perfilaba perfiló junto al gran escudo bordado del jubón. Otro noble avanzó con demasiada confianza y mi hermano pudo abrirle cómodamente el vientre de un tajo. “¡Vamos, valientes, me meo en vuestro honor!”, gritaba y los miraba fijamente. Otro golpe le alcanzó en la pierna, mientras uno de los hombres de mi padre salía por la puerta. Confiado en mi puntería, reaccioné y lancé una daga que llevaba al cinturón, pero sólo la clavé en la puerta. Tanto practicar con la daga y el arco años y años en el patio del castillo, incluso con conejos y cuervos en el bosque, para fallar el tiro importante. Ni siquiera sé por qué lo lancé.

Olin aullaba de dolor, pero y pese a ello otro de sus rivales había caído cayó muerto. Los dos restantes decidieron atacar a la vez, uno desde cada lado, con tan buena suerte que ellos mismos se mataron. Mi hermano jadeaba, inclinado y con la mano izquierda bajo su axila derecha.

—¿Por qué lo has hecho? — casi le supliqué.

—¿Es que no lo ves? Honor, justicia…¡Y una mierda! Esta panda de violadores y asesinos no pueden saber qué es eso. Aún puede dar gracias ese miserable de que le he haya honrado cortándole la cabeza, y no haberle troceado que no lo haya troceado como a un al vulgar ladrón, lo que es.

—Pero…era nuestro padre. Nos dio una oportunidad…

—¿De qué...? ¿De mantener su asqueroso nombre aquí…? A mí me ha dado la oportunidad de hacer justicia, y no la he desaprovechado — Jadeaba cada vez más.

En ese momento echaron la puerta abajo, y apareció el caballero huido con un grupo de arqueros y lanceros de la guardia. Sus miradas parecían perderse en los cuerpos de la sala.”Con estos hombres hemos crecido, han jugado con nosotros, nos enseñaron trucos con las armas y todas las salidas del castillo. Y ahora nos van a matar”, pensé y acerqué la mano a mi espada. Se pusieron frente a la puerta y nos apuntaron con sus armas. Miré a mi hermano, quizá esperando otra lucha como la anterior.

Él se irguió como pudo, alzando la espada e inclinando levemente la cabeza. Sus ojos miraron más allá de los soldados, y mostró una sonrisa siniestra, como haría un buen lobo.


El relato me ha gustado mucho. Creo que con pequeñas modificaciones quedaría excelente. Un saludo. Ricardo

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