Un borrador de algo

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Fiorella
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Un borrador de algo

Mensaje por Fiorella » 23 May 2006 13:07

Escribí este relato (que no he acabado) a principios de enero.... tengo que cambiar varias cosas...es romanticón.. :lol: :lol:
A ver si os entretiene....perdonar los errores que encontréis... :wink:


El gran día de mi vida, la iglesia estaba abarrotada de gente. El murmullo de sus voces retumbaba en mis oídos causándome una sensación de zozobra. Quería liberar mi mente de los pensamientos que me acechaban de forma pérfida hundiéndome cada vez más en la más profunda de las tristezas.

Hubiera sido fácil salir corriendo, huir de la responsabilidad que pesaba sobre mi espalda como un trozo de plomo, pero no podía.
Comence a sumergirme. En ese entonces no alcanzaba a comprender la magnitud de los hechos, pero ahora con el entendimiento que nos brinda la madurez y rememorando ese episodio de mi vida, no me cabe la menor duda de que lo que entonces sentíamos podía ser comparable con el amor que ahora me carcome por dentro, pero muy a pesar mío, no por la pesona con la que voy a compartir mi vida.
Tengo ventiocho años, estoy a punto de casarme, pero a juzgar por la pesadumbre que me embarga pareciera más bien que estoy frente a un pelotón de fusilamiento.

Ha pasado tanto tiempo desde que llegó a mi vida, pero aún recuerdo a la perfección el día en el que el profesor lo presentaba a la clase, todos estabamos expectantes, en nuestro pueblo no solían darse a menudo semejantes acontecimientos, un chico que llegara desde la capital con sus padres no era lo más corriente. Sus ojos tímidos y al mismo tiempo desafiantes miraban con cierto donaire, con la cabeza un tanto alzada causando en la mayoría una gran impresión.
Su padre era médico y se había trasladado con su familia a nuestro pueblo por cuestiones de trabajo. Vivían en una casa muy bonita, cerca del arroyo.

Andrés no tardó en hacer muchos amigos, su forma de ser tan traviesa y sincera pronto capturó el corazón de todos, he de confesar que al segundo día de haberle visto ya me había subyugado. No podía explicarme por qué, evidentemente era muy guapo, pero en clase habían otros que también lo eran. Después de meditar un tiempo considerable sobre por qué me había prendado de él, caí en la cuenta que, cuando después de que el profesor nos lo hubiera presentado y éste se dirigiera a su sitio, me había asestado una mirada profunda e interrogante como si hubiese querido en una milésima de segundo desentrañar mis más profundos secretos. Por lo menos eso era lo que yo creía haber interpretado. Me regocijaba pensando que era verdad, la incertidumbre me complacía pero a la vez se me hacía un nudo en el estómago.

No sé qué es lo que me quiso decir o si es que en realidad quiso decirme algo, pero cuando estoy en mi habitación mirando las estrellas desde la ventana en la oscuridad de la noche evoco ese instante y me embarga un sentimiento de felicidad inexplicable.

Los días transcurrieron, el fín de semana siguiente a la llegada de la familia del nuevo médico, mi madre organizó una fiesta para darles la bienvenida. Mi padre también era médico, de hecho el único hasta antes que llegará el padre de Andrés. La familia de éste no vivía muy lejos de la mía por ese motivo lo veía de vez en cuando pescando en el arroyo, yo no me atrevía a acercármele aunque en el colegio hubieramos intercambiado unas cuantas palabras; él solía jugar en los recreos con dos o tres chicos de la clase.

Las invitaciones se hicieron cada vez más frecuentes, nuestros padres congeniaron y entablaron una gran amistad y en menos de un mes Andrés y yo nos convertimos también en los mejores amigos.
Nos sentabamos juntos en le colegio, volvíamos juntos a casa, después de hacer los deberes nos veíamos por las tardes en el bosque, solíamos pescar, montar en bicicleta, disfrutabamos de la paz que nos brindaba la naturaleza, de vez en cuando también mirabamos alguna película en su casa.

Al principio me costó mucho abrirme, el hecho de sentir algo distinto por él me cohibía, pero su sonrisa amplia, su camaradería, hicieron que pronto dejara esas cohibiciones de lado.
Solíamos charlar mucho y un buen día mientras el sol desaparecía en el horizonte me dijo que no creía en Dios, porque le había hecho algo horrible.

-En los tiempos que corren ya casi nadie cree en Dios, yo no sé si existe, pero quiero creer que si, me entristece pensar que la vida es sólo física.
-Yo, para ser sincero – me dijo meditando mientras miraba al horizonte-, si creía en Dios, al nacer, un ángel me toco con la barita mágica de la fé , sin embargo, algo me ocurrió y dejé de creer.
-pero qué puede ser tan horrible como para dejar de creer en Dios – le dije-
-todavía no te lo puedo contar, pero algún día lo haré, porque eres en la persona en quien más confío.

Al pronunciar estas últims palabras sus ojos irradiaban tan profunda tristeza que tuve que contenerme para no echarme encima de él y consolarle, me abstuve, no debía hacerlo.
Era feliz, porque había encontrado al mejor de los amigos, pero me entristecía mucho que estuviera enamorado de Martha Jimenez, en realidad era la chica más adorable de la clase y lo único que podía hacer era ayudarle a conquistar su corazón. Yo le amaba en silencio, sabía demasiado bien que era algo imposible.

Una noche de invierno y la oscuridad de mi habitación me invitaba a soñar en vigilia me preguntaba por qué Andrés no me hablaría con más frecuencia de Marta, era muy raro. Habían días en los cuales ni pronunciaba su nombre siquiera. Sabía que lo que más le gustaba hacer era estar conmigo, cuando no pescabamos, jugabamos o paseabamos, leíamos, ninguno quería quedarse atrás, era muy divertido, hacíamos competencias de lectura. Yo le ganaba en casi todas las ocasiones, él me odiaba, diciéndome que hacía trampa, que me saltaba las páginas, porque no podía ser que leyera tan rápido, yo miraba su cara enfadada y le sonréia, él me devolvía la sonrisa, pero le costaba un tanto de esfuerzo olvidar su orgullo amancillado.

Un día durante el recreo, un niño de otro curso le pegó, Andrés no comprendía la violencia en ninguna de sus manifestaciones y ese niño lo había golpeado sin razón alguna, yo que ese día no había ido a clase, porque me encontraba con fiebre, me enteré de todo cuando por la tarde Andrés vino a verme. Le veía profundamente triste y me miraba con aquellos ojos azules altaneros y al mismo tiempo dóciles mientras me contaba que el chico que le había pegado estaba enamorado de Marta, pero lo que no sabía ese chico era que Marta le había dicho muy despacito a la salida del colegio que de quien estaba enamorada era nada más y nada menos que de mí.

-Es muy probable que te haya dicho eso para que no pienses que está loquita por tí – hablé, tratando de levantarle la moral
-No lo creo – dijo mirando hacia el suelo - parecía muy convincente y en realidad no me sorprende, eres un chico amable, simpático, inteligente y también guapo.
Lo único que pude atinar a decir fue – lo siento Andrés, te aseguro que nunca fue mi intención
- No digas más, te conozco lo suficiente, no necesitas darme ninguna clase de explicaciones, en realidad no me importa

Esta afirmación me pareció paradójica, su semblante no era el de alguien al que la noticia hubiese dejado indiferente, todo lo contrario, parecía desolado, de pronto parecía que no todo estaba perdido que a lo mejor cabía un mínimo de esperanza, descarte pronto esta idea.

- Te acuerdas, hace unos días te conté que había dejado de creer en Dios por algo que me había sucedido
- Si – le dije- pues me sucedió precisamente el día en que nos conocimos – mi corazón dió un vuelco
- creo que me gustas, no, en realidad es más que eso, eh......

Me incliné acercándome para tocar por fín los labios que tanto había deseado besar. El remordimiento, el reconocimiento que éramos distintos se mezclaba con el placer y la excitación, nos entregamos por entero en ese beso, fue desenfrenado y violento, de vez en vez descansabamos nuestros labios para mirarnos, pensaba en lo guapo que era y enseguida continuaba penetrando más y más el abismo de su boca.
Cuando él me miraba no podía leer otra cosa que no fuera admiración, yo le gustaba tanto como él a mí.

Quería hablar con él, preguntarle por qué se había enamorado de mí, pero no podía detenerme.

- Alejandro – me dijo- existen muchos como nosotros o somos los únicos en el pueblo y que me dices de la ciudad
- No lo sé- le dije- lo único que sé es que no ha sido sólo casualidad que nos hayamos conocido
- pero es que tú no entiendes, no te parece mal lo que estamos haciendo?
- Sinceramente, no – le dje – aunque debo reconocer que sería mucho más fácil si fueramos hombre y mujer.
- Vamos a tener que escondernos, la gente no lo entendería
- pero tú quieres que estemos juntos?
- claro que quiero que estemos juntos, tú eres mi amigo y......

Tan entregados estabamos al embrujo del amor recien descubierto, que no nos percatamos de lo tarde que era, y de que mis padres no tardarían en llegar.

Cuando pude darme cuenta, mi padre había entrado ya en la habitación y nos había visto, lo único que le dijo fue que se marchara, Andrés se levantó, estaba como una grana, verle me destrozó.
Una semana después la familia de Andrés se marchó del pueblo llevándoselo consigo y con él lo que había sido mi vida.
No me he podido recuperar de lo que experimenté hace ya tantos años, fueron sólo tres meses, pero mi alma se desintegra cuando rememoro lo que compartimos.

No he vuelto a enamorarme de nadie más y si ahora estoy a punto de casarme es porque .......
Última edición por Fiorella el 24 May 2006 14:51, editado 1 vez en total.
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Sashka
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Mensaje por Sashka » 23 May 2006 13:41

Uau!!!! No me había dado cuenta casi hasta el final de que eran dos chicos!!!!

El argumento es muy interesante, mmmmm, creo que te haré la crítica por privado, para comentarte más cosas. Por supuesto que me ha gustado, pero quiero comentarte cosillas que he visto, ¿ok? A ver si esta noche puedo ponerme.

besillos.

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Mensaje por Fiorella » 23 May 2006 14:38

Esperote Sashka!!! :lol: :lol:
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lucia
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Mensaje por lucia » 23 May 2006 21:33

Fio, la historia está muy bien, pero te s'a olvidao pasar el corrector :( Eso, y que el profesor que presenta a Andrés se convierte un par de párrafos mas abajo en la profesora :roll:

Aunque igual es que era transexual y Alejandro no sabía como referirse a ella :lol:

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Mensaje por Fiorella » 23 May 2006 22:37

:lol: :lol: :lol: :lol: :lol:
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Mensaje por JANGEL » 25 May 2006 09:56

La idea es genial. Me ha gustado mucho porque no te esperas que el narrador no sea lo que creías que era. Un cuento romántico se convierte en una realidad diaria.

En cuanto a una revisión, te doy sugerencias:

-Los diálogos sobre la fe quedan un tanto raros si no los enlazas más con el resto del relato. Tal como están ahora, casi serían prescindibles.

-Pospondría la sorpresa un poco más atrás al final. Es decir, tal vez podrías adelantar la confesión de Andrés y el beso y luego hablar de que Marta está enamorada del narrador. Así el impacto podría ser aún mayor.
Leyendo:
Fin, de David Monteagudo

http://www.joseangelmuriel.com
http://www.elautor.com

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Mensaje por Fiorella » 29 May 2006 11:50

Gracias por los consejos Jangel!!!!! :P :P :wink: poco a poco lo hiré cambiando, cuando esté inspirada.. :roll:
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Nirka
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Mensaje por Nirka » 29 May 2006 20:33

me gusta, me gusta!
muy buena la historia Fio!
Recuento
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Mensaje por Fiorella » 29 May 2006 20:36

Gracias Nirka!!!! :D
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