El arte de tratar con las mujeres - A. Schopenhauer

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Josek
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El arte de tratar con las mujeres - A. Schopenhauer

Mensaje por Josek » 09 Jul 2009 23:17

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AUTOR: SCHOPENHAUER, ARTHUR
EDITORIAL: ALIANZA,EDITORIAL
ISBN: 978-84-206-6844-4
EAN: 9788420668444
PRECIO: 6.75 €
AÑO: 2008
LUGAR DE EDICIÓN: Madrid
COLECCIÓN: El libro de bolsillo
NÚMERO PÁGINAS: 128
ENCUADERNACIÓN: Rústica

Se trata de una selección de textos de el mundo como v. y r. y del Parerga más otros escritos póstumos, donde se sacan a relucir sus más llamativos y caracteristicos pensamientos acerca de la mujer y que le han señalado, para la posteridad, como el autor misógino por excelencia, realizada, dicha selección, por Franco Volpi, autor, también, de la socarrona introducción de la cual forma parte el siguiente extracto:



Para la lectura del siguiente tratado hay que tener presentes los condicionamientos y las circunstancias, es decir, el gran peso de la tradición machista y los prejuicios atávicos que gravitan sobre la pluma de Schopenhauer. No obstante, hay que reconocerle, al menos, el mérito de haber tomado en serio el problema de la relación entre la filosofía y las mujeres. Después de él, y después de Nietzsche, ya noserá posible ignorar este problema.
A decir verdad, ya en los tiempos de schopenhauer el clima estaba cambiando. Las grandes figuras femeninas del iluminismo y del romanticismo habían demostrado, con sobradas evidencias, la necesidad de extirpar el machismo desde sus raices, dando curso a lo que sería la “gran marcha de la mujer hacia la emancipación”. Desde que el joven Friedrich Schlegel, en su obra “Diotima” (1795), había elevado la figura femenina de “El banquete” platónico a modelo para la nueva mujer que busca en el “eros” su propia realización, pero sobre todo después de “Lucinda” (1799), la novela cuya inspiración no era ya Platón sino más bien Dorothea Mendelshn, que había dejado a su esposo para unisse a él, se había iniciado una verdadera revolución de ideas y de costumbres. Junto a Dorotea, todo un batallón de figuras femeninas personificaba, desinhibidamente, la nueva moda: Germaine de Staël, amante de Talleyrand, quien tuvo una turbulenta relación con Benjamín Constant y luego otra más tranquila y espiritual con el propio Schlegel; Carolina Michaelis, “La señora Lucifer” que, tras la muerte de su primer marido, volvió a casarse con August Wilhelm Schlegel y después con Schelling; Henrietta Herz, que le enseñó hebreo al exaltado Wilhelm von Humboldt e italiano a Schleiermacher; también Carolina von Günderrode, la desdichada amante de Creuzer, obligada al suicidio por su pasión; Bettina Brentano; Rahel Varnhagen von Ense y muchas más.
Joanna Trosiener Schopenhauer, madre de nuestro Arthur, pertenecía a este batallón de mujeres y tenía grandes ambiciones literarias. La edición, que ella misma ordenó, de sus obras completas –resumen de viajes, novelas, diarios, y hasta un estudio sobre Jan Van Eyck y la pintura flamenca- alcanza 24 volúmenes. Luego del suicidio de su esposo, se mudó a Weimar, en ese entonces trastornada por el avance de Napoleón hacia el corazón de Prusia. Johanna formó a su alrededor un círculo literario frecuentado, entre otros, por Goethe, Wieland, los dos Schlegel y Tieck. Libre de toda inhibición, también llevó a su casa a un joven amante, Friedrich Müller von Gerstenberg. Cuando Arthur llegóa areunirse con ella en Weimar, quedó profundamente turbado por la escandalosa relación que, con su joven hermana Adela, tuvo que presenciar. Al desconcierto siguieron los celos, la irritación y finalmente el rencor. Pero Johanna, que al fin podía disfrutar su libertad de padres y maridos, no tenía la menor intención de renunciar a sus conquistas por amor a su hijo, del cual, además, no resistía el carácter “absolutamente malévolo” y su obsesibo apego al patrimonio. En sus cartas, cansada del papel de madre, reivindica su independencia como mujer: “Nosotros dos somos dos”, le había escrito Arthur, y ella lo tomó al pie de la letra para defender su propio espacio individual de las intromisiones filiales. El joven filósofo hubiera querido, en cambio, reconquistar a su madre para el hogar, es decir, para sí mismo; pero desplazado por el amante, asumió con odio la situación, la madre, las mujeres y el mundo entero, y se fue de casa.
Su difícil relación con la figura materna es probablemente el origen de su exacerbada misoginia y de la indefendible y casi caricaturesca imagen de la mujer que Schopenhauer pretende asentar sobre bases metafísicas en su obra. Una mirad a su vida puede explicar muchas de sus singulares convicciones al respecto. “Conozco a las mujeres”, confesará ya viejo a su alumno Adam Ludwig von Doss: “Para ellas el matrimonio sólo es como una institución de asistencia. Cuando mi padre, pobre y enfermo, se vio reducido a una silla, se habría quedado abandonado si un viejo sirviente no se hubiese encargado cariñosamente de él. Pero mientras él se apagaba lentamente en su soledad, mi señora madre organizaba fiestas; y mientras él sufría amargamente, ella se divertía. ¿He aquí el amor de las mujeres!”.

A decir verdad, casi por los mismos días en que se produjo el alejamiento de su madre, Schopenhauer tuvo una oportunidad única para corregir su imagen pesimista del otro sexo. Se había enamorado de Carolina Jagemann, “prima donna” de Hoftheater de Weimar, que más tarde se hizo amante del duque Kart August, y le confió a su madre: “Llevaría esta mujer a mi casa así la encontrara empedrando una carretera en el campo”. Sin embargo, este amor no pasó de ser platónico, y cuando, al cabo de unos años, los dos volvieron a verse en Frankfurt, ya era demasiado tarde. En aquella oportunidad, el ya maduro filósofo le contaría, para gozo de ella, la historia de los puercoespines, que acababa de anotar y que publicaría al final de “parerga y Paralipómena”: unos puercoespines que, para protegerse del frio invierno mediante su calor, querían arrimarse uno a otro, pero a cada intento las púas los chuzaban, obligándolos a separarse. Esto es precisamente lo que le sucede también a los seres humanos.
Nada platónico tuvo, sin embargo, la relación de Schopenhauer con una camarera de Dresden, a donde se había mudado en mayo de 1814: el hijo del pecado murió poco después del alumbramiento. En efecto, a pesar de su declarada misoginia y del elogio filosófico de la vida ascética, nuestro héroe se inclinaba a la “pasión longitudinal” y no renunciaba para nada a los placeres de la carne. En resumidas cuentas, predicaba mal, pero actuaba bien.
En su primer viaje a Italia, emprendido cuando entregó los manuscritos de “Mundo”, en el otoño de 1818, tan pronto llegó a Venecia se embarcó en una aventura con una tal Teresa Fuga, dama de dudosa reputación. Fue a causa de ella que fracasó el previsto encuentro con Byron, como refiere el músico Robert von Hornstein, al evocar en sus “Memorias” los coloquios con el viejo Schopenhauer. Éste se deleitaba contando a los huéspedes que al mismo año (1818-1819) habían coincidido los tres mayores pesimistas de Europa: Byron, Leopardo y él. “Una tarde”, cuenta von Hornstein, “estabamos hablando de Byron, cuando se lamentó de no haberlo conocido a causa de su propia estupidez. “Yo tenía una carta de recomendación de Goethe para él. Me quedé en Venecia unos tres meses, cuando Byron también estaba allí. Siempre tuve intención de ir a visitarlo para entregarle la carta de Goethe, pero un buen día desistí por completo de hacerlo. Un día estaba de paseo con mi amada en el Lido, cuando mi Dulcinea, con gran excitación, exclamó: ¡He aquí al poeta inglés! Byron pasó de carrera frente a mí, montando a caballo, y la mujer no hizo otra cosa que recordar esta impresión durante todo el día. Fue entonces cuando decidí no entregar la carta de Goethe: le tuve miedo a los cuernos. ¡Cuánto me arrepentí de ello!”. Y se golpeó la frente”.
En Florencia, Schopenhauer aumentó la lista de sus conquistas con una hermosa perla: una noble inglesa que desde su brumosa tiera natal había venido a la apacible ciudad toscaza para curarse su tuberculosis. El filósofo se encendió con una “profunda pasión” y la “trampa” del matrimonio, “que la naturaleza nos tiende”, estuvo a punto de dispararse. Sin embargo, la incurable enfermedad de la amada indujo a nuestro tímido sabiondo a replegarse sobre el principio de que el matrimonio no le conviene a la vida especulativa. De todas formas –si creemos lo que dice su hermana Adela-, este fue el gran amor de su vida.
De regreso a Alemania, en Berlín, Schopenhauer buscó consuelo en los brazos de Carolina Ritchter Medon, una corista del Nationaltheater con quien tuvo una inconstante pero intensa relación, tanto que se acordó explícitamente de ella en su testamento. Dicha relación, guardada en secreto por largo tiempo, fue turbada por litigios y celos, pero sobre todo por el hecho de que, encontrándose Schopenhauer en Italia por segunda vez desde 10 meses atrás, ella dio a luz a un hermoso varón: Carl Ludwig Gustav Medon. No es de extrañar que en su diario Schopenhauer anotara: “Los hombres son mujeriegos durante una mitad de su vida, y en la otra mitad llevan cuernos; por consiguiente, las mujeres se dividen en traicionadas y traicioneras”. Y a la primera oportunidad trató de desquitarse. En 1827, habiendo conocido a Flora Weis, la hija de 17 años de un comerciante de arte, le hizo, de inmediato, propuesta de matrimonio, olvidando todas sus reglas de prudencia. “Casarse, como él mismo había afirmado, equivale a meter la mano en un saco con los ojos vendados y pretender sacar una anguila entre un montón de culebras”. Además, por bien que salga, el matrimonio implica “demediar los derechos propios y redoblar los deberes”. Si nembargo, por una tierna belleza el filósofo estaba dispuesto a arrojar por la borda toda su sabiduría. Suerte para él, por lo tanto, que dicha propuesta fue rechazada: “¡Todavía es una niña!”, respondió el padre escandalizado, que enseguida mitigó su indignación al enterarse del patrimonio del pretendiente. No obstante, la muchacha no quiso saber de entregar su primavera al arrugado pensador.
Pese a las desavenecias, cuando en 1831 Schopenhauer dejó a Berlín, infestada de cólera, con destino a Frankfurt, quería llevarse consigo a Carolina Medon con una condición: que el hijo, fruto de la traición, se quedara en Berlín. Carolina, como toda buena madre, fue firme y dejó que el filósofo partiera sin ella.
Para completar el cuadro de los asuntos femeninos de Schopenhauer en Berlín, hay que recordar el penoso incidente con una tal Carolina Marquet, costurera vecina suya. Tras un altercado frente a su casa, donde la desfachatada mujer se había quedado a charlar con otras comadres, interrumpiéndole sus reflexiones –algunos biógrafos maliciosos sostienen que fue durante uno de sus discretos encuentros con la costurera-, Schopenhauer la maltrató al punto de causarle lesiones corporales. Tras una serie de procesos judiciales que duraron unos cinco años, fue condenado por “Realinjurie” a pagarle una renta vitalicia. Tras la muerte de la mujer, haciendo un juego de palabras, el filósofo anoto: “Obit anus, obit onus”, “Al desaparecer la vieja, desaparece la obligación”.
Así pues, de fracaso en fracaso, nuestro héroe, tras mudarse a Frankfurt, llegó a la firme determinación de renunciar al matrimonio. Mas no del todo a las mujeres, es decir, a una “petite liaison, si nécessarie”. Allí tuvo, no sabemos de quien, otro hijo ilegítimo, que murió poco después del parto.
La vejez le reservaría una sorpresa a Schopenhauer. Mientras “el Nilo va llegando al Cairo”, podemos leer en sus cartas el alivio por haberse liberado de las cadenas del sexo y de aquella oscura fuerza metafísica que es la volunta. Pero, justamente, en ese momento, Cupido le lanza un último e inocuo dardo: una joven escultora, Elizabeth Ney, que con miras a esculpir su busto, lo visita en el otoño de 1859, quedándose en su casa casi un mes. El venerable anciano se entusiasma: “Trabaja durante todo el día en mi casa –lecuenta a von Hornstein, frotándose con satisfacción las manos- y cuando regreso de almorzar, tomamos juntos el café, sentados uno cerca del otro en el sofá: me siento como si estuviera casado.” El idílico entendimiento con la joven artista, que lo consiente al máximo, hace tambalear su imagen pesimista de la mujer, originada en la turbulenta relación con su madre y teorizada durante años sobre bases pseudometafísicas. En una tardía retractación, confía a una amiga de Malwida von Meysenburg su evolución a un juicio más favorable: “Sobre las mujeres no he dicho aún mi última palabra: creo que la mujer, si logra sobresalir de la multitud o, más bien, si logra elevarse por encima de ella, puede crecer indefinidamente, y aun más que el hombre, a quien la edad le fija una frontera, en tanto que la mujer se desarrolla cada día más”. Así no sea verdad, es una muy buena ocurrencia.

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Sunrise
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Re: El arte de tratar con las mujeres - A. Schopenhauer

Mensaje por Sunrise » 09 Jul 2009 23:33

¿Crees que sabiendo como sabemos lo que Schopenhauer piensa de las mujeres este libro puede ser leido hoy con objetividad? ¿Qué puede aportar? pregunto curiosa, me interesa la respuesta.
Tú me sacas una sonrisa

Josek
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Re: El arte de tratar con las mujeres - A. Schopenhauer

Mensaje por Josek » 10 Jul 2009 00:23

Pues conocerlo a fondo y disfrutar de su literatura, ya que personalmente, es lo que me interesa, no pretendo aprender sobre la vida ni cosas de esas los leo por que los disfruto más alla de lo que pueda aprender, que también puede ser mucho. Es una faceta más de su personalidad y no se debe ocultar, estos hombres fueron genialidades y son clásicos, no sólo del pensamiento sino también de la literatura, y como tales fueron pioneros y marcaron unas pautas que todavia hoy siguen ejerciendo influencia y así deben ser tomados disfrutarlos en su totalidad sin pretender enjuiciarlos desde una óptica actual que, a mi entender, es totalmente anacrónica e injusta. Si alguna persona considera que no son merecedores de su atención debido a determinados esteorotipos coloristas yo, desde luego, no voy a pretender modificar su opinión, pero, sinceramente, me parece muy poco acertado tomar esa actitud.
Última edición por Josek el 12 Jul 2009 17:18, editado 1 vez en total.

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Re: El arte de tratar con las mujeres - A. Schopenhauer

Mensaje por julia » 12 Jul 2009 09:40

¿Podría yo, tal vez, considerarme un misógino?.


Pues tal y como veo el ultimo post , algo si :cunao: :cunao: :cunao:
Me parece muy interesante conocer lo que condiciona vitalmente a los genios que han construido las bases sobre las que se asientan nuestra cultura para entender estos aspectos contradictorios.

De todas formas creo que en esos elementos que psicologicamente nos hacer diferentes, que pueden en alguna medida existir en aspectos concretos, son sobre todo fruto de una forma de educar.

¿Desde cuando ha tenido la mujer una independencia personal para decidir sobre ella misma y su futuro?.
Empezando por una maternidad, que la condiciona, y que determina su vida, en los momentos mas creativos, en los que esta en plenitud para desarrollarse como persona o intelectual y que provocan tambien un sometimiento economico.
Conozco muchas mujeres que se sienten culpables por dejar a sus hijos mientras se van a trabajar, y a la vez se sienten tambien culpables por renunciar a sus carreras profesionales, muchas veces mas preparadas que sus parejas, porque hay unas necesidades que tienen que atender y son indelegables. No pueden situarse en la misma carrera de fondo profesional precisamente en el periodo vital clave para ello. Es frustrante. ( Hablo de profesionales, de esos que hacen la sociedad desde arriba e influyen en ella, porque lo demas es basicamente subsistencia pura y dura, aunque el sentimiento sea similar, A una dependienta o a una obrera de una fabrica de conservas, el ascenso profesional le queda un poco lejos).

Si no lo haces y decides competir en el mismo plano que un hombre, ( tal y como Shopenhauer recrimina a su madre), eres una mujer perversa.
En cuanto al lo de la sutiliza femenina, la discreccion, tengo varios ejemplos cercanos, de los que se puede aprender y hacer un doctorado. :mrgreen: Personalmente me he tenido grandes amigos, c y en afinidades intelectuales mas que mujeres, os aseguro que bastante mas retorcidos y con un alma que se podria definir como femenina sin ningun problema, tal y como se describe esta con esa cantidad de topicos clasicos.

Creo que esas diferencias a las que se aluden en sentido negativo, son mas fruto de la educacion que de otra cosa, y que quienes mas atacan se sienten desorientados porque pierden los referentes que estructuran los esquemas que tenian para construir sus parametros vitales. ( que pedante me ha quedado).

Vamos que la mujer ha pasado de ser madre y sirvienta de las necesidades del hombre, a competir por el mismo trabajo, a exigir a su pareja que se ocupe en el hogar de lo que ante se reservaba para ella con exclusividad. A decidir que lo del instinto materna es un mito que nos han metido con calzador en el alma, o que casarse no es nuestra opcion mas querida y que si no lo haces no eres una fracasada sino una mujer que no necesita del matrimonio para satisfacer las necesidades fisiologicas primarias, lo mismo exactamente que el hombre lleva haciendo desde que la historia es historia.
En definitiva que el filosofo en lo personal era eso de: un acomplejado, lleno de carencias y vacios afectivos que no tuvo el acierto de dar con una mujer sumisa y educada a la antigua, en una sociedad cambiante y liberal.
Lo que la inteligencia nos devuelve con el nombre del pasado no es el pasado (Marcel Proust)

G.A.
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Re: El arte de tratar con las mujeres - A. Schopenhauer

Mensaje por G.A. » 12 Jul 2009 12:27

A mí lo que me llama la atención es que se quieran resaltar esas presuntas diferencias desde un punto de vista siempre negativo. Si hubiera diferencias, ¿no habría también alguna positiva en la que la mujer aventajara al hombre? Buscar diferencias no es síntoma de misoginia. Hacerlo buscando sólo los aspectos negativos, sí.

A mí me van a perdonar el señor Schopenhauer y todos los misóginos del mundo, pero yo me declaro un firme admirador de la mujer por los logros que han sido capaces de conseguir a puro pulmón en los últimos cien años. Imagino que tras eso habrá muchísimas virtudes. En cualquier caso, tanto marear la perdiz para mí lo que evidencia es un profundo desconocimiento e incomprensión de la mujer.

Josek
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Re: El arte de tratar con las mujeres - A. Schopenhauer

Mensaje por Josek » 12 Jul 2009 17:28

Bien, pues creo que debo daros la razón, me retracto de lo que he dicho y editaré el mensaje, considero que, en efecto, he cometido un error, pido disculpas al foro y especialmente a las damas. Schopenhauer es un extraordinario escritor y un gran pensador pero sus ideas sobre la mujer no tienen ningún tipo de justificación bajo ningún aspecto. Por lo demás que comentais, estoy de acuerdo con todo, nada que objetar.
Julia, de las relaciones de la mujer con la filosofía y los filósofos hace Volpi, en la introducción, un interesante repaso histórico que trascribo a continuación:


“Si el mundo nació por un capricho de Dios, entonces la mujer es el ser en el cual el Supremo Hacedor quiso manifestar a cbalidad el lado impredecible de su insondable naturaleza”. Este postulado, que de hecho, no dista mucho de las convicciones más arraigadas en el ánimo masculino, debería por sí solo persuadir a cualquier hombre o mujer de la utilidad de este pequeño ensayo. El tema es delicado, pero no puede ser eludido.
¿Qué pueden enseñarnos los filósofos –por definición depositarios de la sabiduría, pero en bancarrota en asuntos del amor- sobre cómo tratar a las mujeres? ¿Qué nos aconsejan para manejar sus undívagos comportamientos y frenar, así, este nuestro oscuro objeto de deseo? ¿Qué estrategia sugieren para complacer al gentil sexo?
Desde tiempos antiguos las relaciones entre los filósofos y las mujeres han sido marcadas por un desencuentro irremediable. Si repasamos la historia del pensamiento filosófico desde esta perspectiva, a simple vista se puede tener la impresión de que la filosofía fue y será siempre un asunto meramente masculino.
Sin embargo, si miramos bien, veremos como no faltan, desde la antigüedad, las figuras de mujeres pensadoras. En el primer siglo a. C., es estoico Apolunio encontró material suficiente para redactar una historia de la filosofía femenina, y Filócoro escribió todo un libro acerca de filósofas pitagóricas, que fueron, en realidad, una multitud. Pero, nuestra mayor gratitud es con el y erudito Pilles Menaje, asiduo visitante del Hotel de Rambouillet, muy admirado por Madame de La Fallete y Madame de Sévigné, que pasó a la historia por la caricatura que de él hizo Moliére en el personaje Vadius de “Las mujeres sabias”. Recorriendo pacientemente los siglos, Menaje recopiló en 1690 una “Historia mulierum philosopharum”, que aún resulta provechosa y divertida de leer.
Pero, cabe preguntarse: ¿cómo es que, de todas las venustas filósofas ahí nombradas, no quedó un solo pensamiento, ningún fragmento se salvó de la furia destructiva del tiempo? ¿Fue tal el caso o debemos pensar, con Hegel, que en este campo la historia universal (Weltgeschichte) emitió su veredicto universal (Weltgericht)? Es decir, que tal vez, en el fondo, aquellos pensamientos no ameritaron ser conservados.
Sea como fuere, la tradición del pensamiento occidental, a pesar de la diversidad de las posiciones, las tendencias y las escuelas que lo constituyen, muestra una inquebrantable capacidad de apartar, por principio o de hecho, al sexo femenino, de excluirlo de un papel activo en la filosofía. Si la comparación no suscitara hilaridad, y si alguien ya no lo propuso, podríamos aventurar la siguiente tesis: así como Heidegger afirmó que la filosofía occidental se caracteriza por el “olvido del Ser”, nosotros podríamos sostener que ella está signada por un olvido mucho más impactantemente escandaloso: “el olvido de la mujer”.
Desde Tales, escarnecido por una sirvientilla de Tracia, hasta Wittgenstein, enredado con Marguerite, los filósofos han contribuido sistemáticamente a este ostracismo, tanto en la teoría como en la práctica. Una prueba indirecta de este “desencuentro” es, por ejemplo, el hecho de que ninguno de los filósofos más antiguos, los presocráticos, se hubiera casado. El primero en traspasar ese umbral fue Sócrates, que se casó con Jantipa. Sin embargo, todos sabemos las consecuencias.
El mismo Platón, que en todo lo demás consideraba a Sócrates como el modelo, se abstuvo por completo de seguir su ejemplo en este sentido, pese a que en “La república”, reivindica la igualdad de derechos para las mujeres, admitiéndolas realmente en el estudio de la filosofía. Lo malo es que en esta obra, él tan sólo presenta una utopía. En el “Timeo”, por el contrario, cuando expone la doctrina de la metempsicosis, sostiene que las almas son, en origen, masculinas: aquellas que viven de manera indigna están destinadas a reencarnar en un cuerpo femenino; y si vuelven a comportarse mal, trasmigrarán a un cuerpo de animal. De esta forma, termina por asignar a la mujer el estado de ser inferior, a mitad de camino entre el hombre y el animal.
Otro seguidor de Sócrates, Antístenes el cínico, afirmaba que el amor es un vicio natural y que si Afrodita se le acercaba lo suficiente, la aniquilaría con una saeta. A fin de evitar toda clase de problemas, su alumno Diógenes de Sinopes, recomendaba la práctica del autoerotismo.
Para poder encontrar un gran filósofo capaz de mantener un matrimonio normal hay que llegar a Aristóteles, quien, de hecho, logró conciliar la vida contemplativa con la conyugal: se casó con Pitia y con ella tuvo una hija. Además, luego de enviudar, recibió en su casa a otra mujer, Herpilis, que le dio un segundo hijo, Nicómaco. Por el cariño con que en su testamento habla de las dos, podríamos deducir que ambas uniones fueron felices: el estagirita dispuso que los restos de su esposa fuesen colocados al lado de los suyos, y dejó parte de su herencia a Herpilis.
Sin embargo, para corroborar cuán arraigada estaba la idea de la incompatibilidad entre actividad filosófica y presencia femenina, basta ver cómo los siglos le achacaron al inocente “maestro de los que saben” una tradición denigratoria que difundiría una imagen poco edificante de sus relaciones con el otro sexo. Se trata del tema de Aristóteles y Fílida, del sabio y la bella cortesana, retomado, a través de la intermediación árabe, de una veta oriental presente en distintos cuentos medievales y representaciones artísticas, entre ellas una célebre xilografía de Hans Bandung Grien. La encantadora Fílida distrae con sus gracias al joven Alejandro, cuya educación había sido confiada por su padre Filipo, rey de Macedonia, a Aristóteles. Éste se queja al rey, que le prohíbe al fogoso adolescente verse con la hermosa muchacha. En venganza, ésta le promete al filósofo sus gracias, a condición de que él, andando a gatas, se deje cabalgar por ella. Seducido por sus encantos, Aristóteles acepta, ignorante de que la astuta joven había informado al rey del espectáculo. Convertido en el hazmerreír de la corte macedónica, el gran pensador, avergonzado, se retira entonces a una isla, para escribir un tratado sobre la perfidia femenina.
Las relaciones entre los filósofos y las mujeres no han mejorado, ni siquiera en la era moderna. Incluso el mismo Kant, exponente máximo del iluminismo, que eleva a principio el coraje de usar el propio intelecto contra todo preconcepto y autoridad, parece perder con las mujeres la luz de la razón. Es cierto que este filósofo emancipa a la mujer de la sumisión primitiva y bestial al hombre, concediéndole el derecho a la “galantería”, es decir, la “libertad de tener públicamente varios amantes”. Pero, por otro lado, le niega el derecho al voto, acumulando, con gran prosopopeya, una serie de prejuicios, ironías e impertinencias sobre el sexo femenino, que presenta como el resultado científico de una “antropología pragmática”. ¿Un ejemplo?: “Las cualidades de la mujer se denominan debilidades”. Otro más: “El hombre es fácil de descubrir; la mujer, por el contrario, nunca desvela su secreto, pese a que (por su locuacidad) difícilmente puede guardar el de otros”. O este: “Con el matrimonio la mujer se libera, el hombre pierde su libertad”. Y sobre la cultura femenina: “Las mujeres eruditas usan los libros casi como un reloj de esos que llevan para mostran que tienen uno, así muchas veces no ande o esté desajustado”. Y como esos, más. Cabe aquí pensar que en asunto de mujeres el insospechable Kant ha sido el modelo de las maldades de Schopenhauer y de Nietzsche.
De todas formas, es bien sabido que, en mujeres y en amor, los grandes filósofos no son generalmente muy diestros. Si al cabo deciden meterse en ello, caen en desdichas, lios y desastres: Abelardo con Eloísa, Nietzsche con Lou, Weber con Else, Scheler con su muchas amantes, Heidegger con Ana, Wittgenstein con Marguerite. No viene al caso continuar con la vergonzosa lista, mitigada sólo en parte por algunos “exempla in contrarium”: el amor de Schelling por Carolina, el idilio de Comte con Clotilde, la simbiosis de Simmel con Gertrud (autora, tras un seudónimo, de importantes libros), y el arrollador encuentro entre Bataille y Laure.

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Re: El arte de tratar con las mujeres - A. Schopenhauer

Mensaje por julia » 12 Jul 2009 18:25

No te retractes, que es un intercambio de opiniones edificante y sin conficto :D :D :D

Sinceramente creo que lo que expone es que de quien se deberia hacer un profundo analisis psicologico es de los filosofos,
A lo mejor se dedicaban a la filosofia porque quienes tienen acierto en e terreno sentimental, son de una pasta diferente, Menos intelectuales y mas apegados a lo terreno y las veleidades de la carne. :mrgreen:

Vamos como si pertenecieran a un prototipo de alumno en el colegio, los empollones asociales destinados al bulling escolar, en este caso al bulling femenino.

En determinadas actividades mejor un hombre de accion que piense menos y actue mas.

Es broma, todo.

Sigo pensando que es un tema sociocultural mas que real.
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Re: El arte de tratar con las mujeres - A. Schopenhauer

Mensaje por Andromeda » 12 Jul 2009 20:33

julia escribió:
Creo que esas diferencias a las que se aluden en sentido negativo, son mas fruto de la educacion que de otra cosa, y que quienes mas atacan se sienten desorientados porque pierden los referentes que estructuran los esquemas que tenian para construir sus parametros vitales. ( que pedante me ha quedado).
Pues eso tan pedante ( :mrgreen: ): :marie_bow: :marie_bow: :marie_bow:
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Josek
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Re: El arte de tratar con las mujeres - A. Schopenhauer

Mensaje por Josek » 12 Jul 2009 20:52

Me he corregido por que, tras meditarlo un rato, me ha parecido lo acertado, ¿para qué se va seguir insistiendo si se sabe que estamos equivocados?. Por mi parte, en este tema, no creo que haya discusión ni conflicto posible.

Estoy de acuerdo contigo, Julia, a muchos nos falta acción y nos sobra furtbol.

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Re: El arte de tratar con las mujeres - A. Schopenhauer

Mensaje por julia » 12 Jul 2009 21:06

Josek escribió:Me he corregido por que, tras meditarlo un rato, me ha parecido lo acertado, ¿para qué se va seguir insistiendo si se sabe que estamos equivocados?. Por mi parte, en este tema, no creo que haya discusión ni conflicto posible.

Estoy de acuerdo contigo, Julia, a muchos nos falta acción y nos sobra furtbol.


De verdad, que no hay miaja de censura en mi comentario, que es un reflexion en tono semijocoso en la linea de darle la vuelta a los chistes machista y convertirlos en feministas.

No me gustaria que te quedara esa sensacion. Y no te he atribuido ni por un momento las citas que has puesto.

Las teorias filosoficas son hijas de su tiempo, y siempre he considerado que no se pueden juzgar con la mentalidad actual.
Ademas estoy convencida que el machismo quien lo transmite con mas eficacia somos las mismas mujeres.
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Re: El arte de tratar con las mujeres - A. Schopenhauer

Mensaje por G.A. » 12 Jul 2009 21:14

Estoy muy de acuerdo contigo en todo, Julia, pero es justo reconocer que todos estos cambios nos han pillado a los hombres con el paso cambiado. Tal vez la próxima generación lleve mejor las cosas, porque hasta ahora, lo único que hemos hecho los hombres, en general, ha sido alucinar :lol:

Josek
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Re: El arte de tratar con las mujeres - A. Schopenhauer

Mensaje por Josek » 12 Jul 2009 21:21

Para nada, no he visto mala intención por tu parte, es culpa mia que soy un pichafria (con perdón) y no las pillo ni con radar.
El machismo también lo teneis vosotras, pero al reves, en forma de feminismo, en mi opinión, tan nefasto es uno como el otro y también es verdad que pasa todo por la educación, para los de nuestra generación, por ejemplo, es inevitable ciertos arcaismos psicológicos (como ha pasado con mi patinazo) por mucha cultura que tengamos, por otro lado, la beligerancia entre sexos es una cuestión, también, genética que, por desgracia, no desaparecerá nunca como nunca serán posibles las sociedades perfectas, sin guerras, asesinatos, etc. se trata de atavismos tan fuertes como el andar a pie. Tal vez en el futuro se impondrá uno de los sexos y la reproducción no será necesaria por medios biológicos, ¿quién será el sexo superviviente?, para mí no hay duda ninguna... el femenino, claro.

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julia
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Re: El arte de tratar con las mujeres - A. Schopenhauer

Mensaje por julia » 12 Jul 2009 22:04

Tal vez en el futuro se impondrá uno de los sexos y la reproducción no será necesaria por medios biológicos, ¿quién será el sexo superviviente?, para mí no hay duda ninguna... el femenino, claro.


La idea de una sociedad como la del Mundo Feliz, me atrae muy poco. :D :D

Me gustan las diferencias y lo que implican y no creo en la discriminacion positiva.
Creo que lo importante es ver personas. El que mi opinion sea valorada y pedida, el que no se me niegue la posibilidad de elegir ya sea ser una ejecutiva agresiva o una simple ama de casa, pero elegir en libertad.
El no sentirme culpable por salir a cenar con mis amigos o al cien o a un espectaculo, y que mi marido se quede en casa, porque no necesariamente son los mismos amigos al cien por cien, ni tenemos los mismos gustos, cuando lo tradicional es lo contrario, El irme una semana a hacer un curso de formacion o a un acto social que para mi es importante, sin sentirme mal y que se asuma de la misma forma que se asume que lo haga el hombre de la casa cuando tenga que ir a un viaje de negocios...
El poder ser una "single", sin sentirse frustrada ni tener la sensacion que tener relaciones puntuales es degradarse si eres mujer y aumenta tu prestigio ante los demas si eres hombre.
Que el estar en el hogar sin trabajar con un rendimiento economico no me convierta en una invalida intelectual,... eso es lo que realmente me parece avanzar socialmente.
En esencia es esto lo que rechaza el bueno de Shopenhauer y sus colegas.
Si somos capaces de educar para que la generacion que viene detras asuma estos pequeños matices, el avance esta hecho. Tampoco creo que haga falta ir mucho mas alla.
Como todo es un tema de sentido comun.
Lo que la inteligencia nos devuelve con el nombre del pasado no es el pasado (Marcel Proust)

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Re: El arte de tratar con las mujeres - A. Schopenhauer

Mensaje por El Ekilibrio » 13 Jul 2009 10:45

Gabo escribió:Estoy muy de acuerdo contigo en todo, Julia, pero es justo reconocer que todos estos cambios nos han pillado a los hombres con el paso cambiado. Tal vez la próxima generación lleve mejor las cosas, porque hasta ahora, lo único que hemos hecho los hombres, en general, ha sido alucinar :lol:

Pues a mi me vas a permitir que no esté de acuerdo. Creo que ha pillado con el paso cambiado a las propias mujeres que, al convertirse en madres y educadoras, no han sabido modernizarse en su modus operandi hacia sus hijos e hijas.
Nunca discutas con un imbécil, te hará descender a su nivel y allí te ganará por experiencia
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Re: El arte de tratar con las mujeres - A. Schopenhauer

Mensaje por julia » 13 Jul 2009 11:13

Anda si me das la razon Eki, ¡¡¡que novedad!!!!!.....

estos cambios nos han pillado a todos con el paso cambiado. Lo que he dicho, hay que educar a nuestros niños-as no en decir niños y niñas , miembros, miembras, sino en que las tareas de las vida son las mismas para todos, y eso de momento aun se empieza por transmitirlo desde los hogares, en cuantito ponen el pie en el suelo por las mañanitas.
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