Caballero Púrpura (Fantasía/Warhammer Fantasy)

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Mister_Sogad
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Caballero Púrpura (Fantasía/Warhammer Fantasy)

Mensaje por Mister_Sogad » 30 Dic 2009 17:52

CABALLERO PÚRPURA

Se despertó al amanecer. Estaba contento y no podía seguir durmiendo. Se sentía bien, mejor que bien, y sólo había necesitado un cambio en su vida. Se vistió sin prisas mientras pensaba lo que iba a hacer tan temprano. Pudo oir un lejano entrechocar de metal contra metal y sonrió. Su padre debía estar ejercitando su esgrima, no recordaba el tiempo que hacia que no lo veía practicar. Levantarse al alba nunca había sido una de sus pasiones, y aunque su progenitor trató de inculcarle la importancia de entrenarse en el combate, en el momento en el que tuvo edad suficiente para elegir, el respetado señor Keirtofhen tuvo que rendirse ante la evidencia de un hijo holgazán. Al menos le dio la pequeña alegría de continuar estudiando. Aunque si el viejo supiera los acuerdos que tenía con algunos de sus profesores…

Se le escapó una carcajada antes de taparse la boca con gesto divertido. Estaría bien ver la cara de su padre viéndolo aparecer con la espada preparada para practicar. Empezó a rebuscar en el arcón. En cuanto la encontró la estudió con rapidez, estaba bien cuidada, había valido la pena convencer a uno de los criados para que la mantuviera siempre en perfectas condiciones. En las ocasiones en las que debía asistir a alguna fiesta en la corte iba siempre impoluto, y, por supuesto, como buen hijo de un militar retirado, con su espada.

Cuando apareció en el patio trasero los ejercicios estaban en su apogeo. Su padre no había perdido su arrojo, aunque ya no era tan veloz, afortunadamente el maestro de armas de la Casa trataba siempre de que su señor no notara la pérdida de facultades. Esperó a que acabaran aquél duelo y luego aplaudió. Como supuso atrajo la atención de los contendientes. El viejo lo miró sorprendido, primero a él y luego a la espada.

- Thorsten ¿qué ocurre? ¿hay algún problema?, no he oído llegar ningún mensajero.

- Padre simplemente me apetecía hacer unos ejercicios, me siento algo oxidado.

- ¿Estas seguro?. Aunque es cierto que hace mucho que no entrenas, quizá no sea mala idea que practiques.

El sarcasmo no se le escapó, pero no le importó, tenía confianza en sus nuevas habilidades, y estaba seguro de que sorprendería al viejo. Se situó frente a éste e hizo unos cuantos movimientos de calentamiento. No los necesitaba pero la expresión de su padre era impagable y quería demorar todo lo posible aquello.

Cuando lo creyó conveniente hizo la señal. Ambos se enzarzaron en un intercambio de golpes sencillos. Subieron la velocidad y el nivel de los ataques ganó en complejidad. Paradas, quiebros, golpes, contragolpes, amagos, fintas. No se dio cuenta de cómo hirió a su progenitor, de hecho ni siquiera estaba cansado, había perdido la noción del tiempo y por el estado en el que estaba su contrincante debían haber pasado casi una hora luchando a buen ritmo, seguro que se podía llenar un cubo con el sudor del viejo.

Se disculpó varias veces, tratando de mostrar una preocupación que en realidad no sentía. Pero su padre rechazó las disculpas una y otra vez, con una expresión de orgullo en sus ojos. ¡Vaya! el “gran” Capitán Raymond Keirtofhen se sentía orgulloso de su hijo, no sabía si echarse a reír o rematarlo en el suelo.

Saludó con la espada y se alejó, era lo mejor, no quería que le agriaran el buen humor con el que se había despertado. De soslayo pudo ver la expresión de incredulidad del maestro de armas. Quizá la próxima vez le pediría a aquél estirado que fuera su contrincante, sentiría una gran alegría si “accidentalmente” lo mandaba al reino de Morr.

Estaba ansioso por seguir viendo lo que le deparaba el día. Tras desayunar salió de la casa con rapidez. Hoy iría paseando a la escuela.

Las calles de Nuln estaban llenas de actividad, la gente iba y venía, enfrascados en sus propios asuntos. Él los miraba a todos con gesto altanero, en otra época hubiera temido que algún indeseable le atacara, le robara o simplemente le importunara. Ahora no le importaría que alguien se atreviera a molestarle, de hecho necesitaba descargar algo de energía. Decidió torcer hacia el mercado, olía a verduras, aves de corral, especias, y aunque el día acababa de comenzar ya había mucha gente pululando por los tenderetes. Lo inundaron multitud de sensaciones en aquél lugar, aún no se había acostumbrado a sus nuevas cualidades, todo parecía amplificarse, no sólo los aromas, sino también el ruido, los colores… pero lejos de ser una molestia aquello lo llenó de vigor. Necesitaba una buena pelea, sería el punto culminante para todo aquello que lo rodeaba. Buscó con la mirada algún posible objetivo, quizá aquél grupo de hombres que estaban apilando cajas de pescado, o aquél tipo malencarado que se limpiaba las uñas con una navaja apoyado en una pared, o tal vez… sus ojos se toparon con un grupo de lanzas que se acercaban desde el final de la plaza, no podía ver quien las llevaba con tanta gente deambulando, pero supo de inmediato que no le interesaba meterse en líos en aquél momento. Fueran los soldados de la Condesa o la guardia de la ciudad debía pasar desapercibido, así que con gesto de disgusto se alejó del mercado enfilando sus pasos a la Escuela.

En la Hermandad le habían dicho con claridad que no podía dejar que las autoridades descubrieran ciertas cosas, y si desobedecía le retirarían los “favores”. No estaba tan loco como para jugarse lo que había logrado, ya habría oportunidad de divertirse en otra ocasión.

Llegar temprano a las clases resultó ser de lo más acertado, se topó con varios miembros de la Hermandad que le comentaron que Pieter quería hablar con él. Que el Maestre tuviera algo que decirle le aceleró el ritmo cardíaco. Se apresuró a buscarlo por los pasillos. Finalmente dio con él en una de las clases, la que solía permanecer casi siempre en penumbra.

- Thorsten me alegro de verte, tenemos una misión para ti.

- ¿Una misión?.

- Desde que pasaste el umbral para convertirte en un Caballero Púrpura el Círculo tiene interés en ver si eres merecedor del favor de la Hermandad.

Se puso tenso, pensaba que su ascenso lo había merecido, y que había demostrado ya varias veces que sería un fiel servidor del Oscuro. Pero no iba a discutir, así que inclinó la cabeza a la espera de las instrucciones.

- Dentro de tres días habrá un cónclave importante, tendremos invitados de fuera, y es necesario realizar algunos actos de fe. Los Caballeros Púrpuras sois la “espada” de la Hermandad, y ésta os exige que para el cónclave hayáis derramado sangre, y entreguéis los trofeos como ofrenda al Oscuro.

Nota como se le eriza el pelo de la nuca mientras Pieter pronuncia la última palabra. Se produce un espeso silencio, mentalmente repasa todo lo que se le ha dicho. El Maestre permanece a la espera.

- ¿Dónde debo llevar las ofrendas?. – dijo manteniendo la cabeza inclinada.

- Al templo, al alba del tercer día. Permanecerás con la Hermandad hasta que acabe el cónclave, al cuál asistirás.

Lo inundó una inmensa alegría, nunca antes había estado invitado a una reunión importante, y ésta parecía serlo. Oyó como se alejaba el Maestre, pero decidió permanecer allí un momento. Apenas podía contener la excitación de lo que debía hacer durante varios días. Ahora Tenía más ganas que antes de una confrontación.

Aguantó como pudo el tedio de las clases, y en lugar de ir a la taberna, como solía hacer, volvió a casa. Había pensado un modo de obtener “trofeos” y a la vez divertirse lo máximo posible. Mientras comía con sus padres fue esbozando un plan en su mente.

Su tio poseía una casa en el campo y estaba seguro de que durante una temporada sus primos estarían allí solos, quizá con dos o tres sirvientes y poco más. Ojala estuviera también su tio, pero lo dudaba. Cuando era pequeño sus padres solían dejarlo a cargo de su tio en aquél lugar perdido, y había pasado allí los peores momentos de su vida, era hora de hacerles pagar a aquellos brutos todos los moratones y heridas que le hicieron con sus castigos y juegos.

- Thorsten me ha contado tu padre que esta mañana le has vencido en un duelo. – dijo su madre sacándole de sus pensamientos.

- Sí madre, lamento mucho haberlo herido.

- Oh eso no importa, estoy acostumbrado, cuando comandaba las fuerzas de… - su padre iniciaba una de sus continuas rememoraciones sobre hechos pasados.

- Padre, madre, desearía retirarme, debo preparar ropa, esta tarde estaré en la Escuela hasta tarde, quizá me quede allí a dormir incluso.

- Por supuesto, por supuesto, estoy muy orgulloso de que estés tan comprometido con tus estudios.

Se levantó de la mesa y se marchó, antes de llegar al primer peldaño de la escalera oyó a su madre decir “Es un buen chico, te dije que cambiaría”. Soltó un bufido y se dirigió a su habitación. Si supieran lo que planeaba hacer esta noche…

* * *

No fue difícil alquilar un caballo, había llevado dinero más que suficiente, y eligió un semental joven de buena planta. Al menos había algo que sí había aprovechado de las lecciones de su padre, montar a caballo le había sido muy útil para ciertos asuntos delicados.

Obligó al animal a galopar a plena potencia durante casi todo el camino, estuvo a punto de matarlo de agotamiento, pero el semental aguantó hasta que llegaron cerca de las tierras de su tio. Descabalgó y recorrió unos cuantos metros de la propiedad hasta un monte cercano, allí había una cabaña donde podría esperar hasta la noche, y resguardar el caballo en un pequeño establo. Afortunadamente el lugar estaba cuidado, no había alimentos almacenados pero con alivio descubrió que había heno suficiente para su montura. El agua no sería problema, el pequeño pozo seguía estando en perfecto estado y el agua era bastante fresca. Se preguntó si alguno de sus primos había planeado usarla esta noche para alguno de sus encuentros románticos, pero descartó la idea porque no importaba realmente, al alba ninguno de ellos existiría ya.

Sacó lo que se había llevado para la “fiesta”. Prendas livianas y oscuras, con la salvedad de un pañuelo de color púrpura, que aún no sabía si usar para taparse medio rostro o simplemente anudárselo al cuello. No importaba demasiado si lo reconocían o no, ya que no tenía pensado dejar a nadie con vida, pero el pañuelo era importante, lo señalaba a ojos del Oscuro como uno de sus servidores. Después desenvolvió amorosamente un par de espadas de hoja larga, eran de caballería, de mayor longitud de las usadas por los guerreros de a pie, y por tanto algo más pesadas, pero eran un par de armas magníficas, le había costado encontrar un herrero que se las fabricara bien compensadas y, lo más importante, bendecidas por artes prohibidas. Desde que las tenía nunca habían perdido su filo, y cuando las sostenía podía notar como emanaban un halo frío.

Hizo algunos ejercicios con las armas, sería la primera vez que usaba las dos espadas a la vez, y le preocupaba que con la mano izquierda no tuviera habilidad suficiente. Tras unos instantes se maravilló una vez más de sus nuevas dotes, nadie diría que él era diestro y que nunca había entrenado con la izquierda.

Dejó todo preparado a un lado, se desnudó y se acostó en el suelo. Debía permanecer sereno, y eso sería muy difícil, quizá le ayudara relajarse, meditar. Al poco se irguió rápidamente, había olvidado algo importante, ni siquiera sabía si realmente habría alguien en la casa, si sus primos no estaban habría desperdiciado una noche entera, y eso no se lo podía permitir. Se puso los pantalones y cogió una de las espadas, tenía que ir a mirar si había o no alguien en la gran casa.

* * *

Cuando volvió a la cabaña el sol empezaba a perderse por el horizonte. Pero estaba contento, sí que estaban sus primos, y habían celebrado una cacería en la mañana, así que también había amistades por allí. Estuvo agazapado observándolo todo, y cuando un grupo de amigos se despidió para volver a sus casas no pudo evitar aprovechar la ocasión. Los adelantó en el camino y luego los emboscó. Había disfrutado dándoles muerte, y le habían parecido unos peleles cuando trataron de defenderse de él. Esperaba que sus primos le mostraran mejores cualidades, porque sino la diversión duraría apenas un suspiro.

Al menos tenía un buen puñado de ofrendas ya. Desató la especie de saco que había hecho con una camisa de uno de aquellos desgraciados, y contempló extasiado cinco corazones sangrantes. Perdió algo de tiempo en guardarlos en el morral oscuro que había llevado enganchado al caballo, pero desde el cambio debía… no, deseaba que todo estuviera en perfecto orden. Le costó mucho reprimir las ganas de desnudarse y lavarse las manchas de sangre, de su cuerpo y de sus ropas, pero se iba a hacer muy tarde, y por ahora era más importante lo que estaba a punto de hacer en la casa de sus primos.

Decidió ir primero a por los sirvientes, sabía que vivían en la planta de abajo, cerca de la despensa. Recorrió los pasillos sigilosamente, había ganado mucha confianza en sus recién adquiridas destrezas y estaba seguro que su avance no producía el más leve sonido. Se detuvo frente a una puerta cerrada que proyectaba un resquicio de luz bajo ella. Respiró hondo y entró decidido. Frente a él un hombre con aspecto desaliñado acababa de quitarse la camisa. Las espadas reflejaron la llama de una vela en las paredes. Los ojos de aquél infeliz se abrieron como dos huevos duros, en el momento justo en el que iba a abrir la boca le cortó la cabeza con un giro de través de la diestra, mientras con la izquierda le hundía la hoja en el estómago hasta la empuñadura. Sostuvo el cuerpo sin dificultad y fijó su atención en la mujer que estaba acostada en un catre, no se había dado cuenta aún de su presencia, pero la cabeza “sin dueño” la golpeó en el cuerpo y se volvió.

La miró con una sonrisa sádica en la boca. Ella pegó un respingón y dio un gritito seguido de un gorgoteo, le había atravesado la garganta. Ahora tenía dos cuerpos colgando de sus armas. Oyó un golpe suave a su espalda. Bajó los brazos dejando que se deslizaran lentamente los cadáveres mientras giraba la cabeza. Al poco una figura se asomó al dormitorio. Un muchacho vestido sólo con unos calzones sucios lo miró primero a él, luego a los muertos y salió corriendo.

Se le escapó una risilla, el pequeño Nikolas había crecido mucho desde que lo vio por última vez. Lo siguió despacio, sabía a donde iría. Las espadas goteaban sangre por el pasillo, era el único ruido que oirían sus víctimas.

Al torcer una esquina le salieron al paso dos hombres armados con escopetas de caza, a sus pies una espada y un hacha tiradas en el suelo. Detrás de ellos Niko sostenía con mano temblorosa un cuchillo de ancha hoja, lo miraba con ira.

- ¡Hijo de perra!, te despellejaré vivo. - rugió uno de los hombres.

- A mis primos no les gustará…

- A la mierda tus primos, te destrozaremos y después… - escupió el otro individuo.

- No me has dejado acabar. A mis primos no les gustará que le mate a los perros.

Vio como apretaban el gatillo, pero él se había ya movido de donde estaba. Las piezas de plomo ni siquiera le rozaron. Los hombres tiraron las armas de fuego al suelo y recogieron la espada y el hacha respectivamente. Los podía haber matado mientras se agachaban, pero entonces no habría diversión. Se lanzaron a por él bien compenetrados, habían servido juntos a la familia de su tio durante muchos años y se conocían muy bien. Lástima que no lo conocieran a él como pensaban.

El hacha del de la izquierda bajó hacia su cabeza mientras la espada del otro buscaba su pecho. Desvió el filo del de la izquierda y le cortó el brazo al de la derecha. Luego pasó en medio de ambos y pateó con fuerza la barriga del muchacho que se había quedado atrás. Giró en redondo y abrió en canal al del hacha desde el cuello hasta el ombligo. El otro hombre estaba agachado, batallando con su miembro amputado para que la mano inerme soltara la espada. Se apoyó contra la pared viendo el espectáculo. Ambos hombres se desangraban sin remedio, aunque el “manco” aún podía darle guerra. Más allá Niko tosía desmadejado apretándose el estómago, por su boca escapaba un hilillo de sangre.

Le llegaron golpes sordos e imprecaciones desde la planta de arriba. Sus primos se habrían despertado con el alboroto. Bien, se estaba empezando a aburrir. Dio unos pasos en dirección al recibidor de la casa, con la mente puesta en las dobles escaleras de piedra que recordaba haber visto los años pasados en aquél lugar. Algo detuvo su pie derecho, bajó la mirada. Unos dedos se cerraban sobre su tobillo.

- No… no escaparas…

- ¿Quien ha dicho que quisiera huir?.

Se soltó de un tirón y pisó aquella mano, un crujido de huesos lo dejó satisfecho. Luego, de mala gana paró una estocada a su izquierda. Con rostro céreo el que había perdido el brazo trató de atacarle de nuevo, pero era muy torpe con la zurda. Desvió el nuevo ataque y luego le cortó una pierna limpiamente.

- Ahora tendrás más trozos con los que jugar – susurró divertido.

Pasos precipitados en la escalera, un par de voces preguntaban sobre lo que estaba pasando, de manera autoritaria. Echó un último vistazo al pasillo, al que había rajado como a un cerdo parecía haberle llegado la hora, los ojos estaban en blanco, no respiraba agarrarle el pie había sido su última acción. El otro hombre estaba derrumbado sobre un costado, aún era capaz de erguir la cabeza y empezó a emitir gritos ahogados.

- Oh cállate ya y deja de molestar – le dijo acercándose y partiéndole el cuello.

Se alejó a paso vivo hacia donde debían estar ya sus primos. Luchaba con el impulso de dejarse llevar y simplemente descuartizarlos rápidamente, sería un placer bañarse en su sangre. Pero no, tenía que aguantar, no se perdonaría el no disfrutar de aquél momento. Sus primos merecían un trato muy especial.


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Re: Caballero Púrpura (1ª parte)

Mensaje por SHardin » 31 Dic 2009 10:22

Saludos. Ufff que baño de sangre. Me gusta, hay una frase donde el tiempo verbal del narrador me chirría pero por lo demás está estupendamente escrito y como destacar el protagonista, muy bien dibujado, es un ca***n en toda regla.

Tengo ganas de leer más y la vaga esperanza de que se olvide de Niko.

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Re: Caballero Púrpura (1ª parte)

Mensaje por lucia » 01 Ene 2010 16:08

Pero si Niko ya está desangrándose :roll:

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Re: Caballero Púrpura (1ª parte)

Mensaje por SHardin » 01 Ene 2010 16:18

Lucia creo que solo le da una patada, tendre que releerlo :mrgreen:

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Re: Caballero Púrpura (1ª parte)

Mensaje por Mister_Sogad » 02 Ene 2010 10:35

SHardin escribió:Saludos. Ufff que baño de sangre. Me gusta, hay una frase donde el tiempo verbal del narrador me chirría pero por lo demás está estupendamente escrito y como destacar el protagonista, muy bien dibujado, es un ca***n en toda regla.

Tengo ganas de leer más y la vaga esperanza de que se olvide de Niko.


Gracias por los comentarios. Señálame donde está esa frase, seguro que se me ha pasado a mi, y me gusta tener los relatos lo mejor escritos que pueda.

Gracias por leerlo Lucía. Y sí, Niko se ha llevado una buena patada. :mrgreen:

Ahora mismo cuelgo la segunda parte (y última, porque la idea era hacer más peor al final estoy metido en otro relato...).
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Caballero Púrpura (2ª parte)

Mensaje por Mister_Sogad » 02 Ene 2010 10:43

ERROR
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Re: Caballero Púrpura (1ª parte)

Mensaje por SHardin » 02 Ene 2010 11:00

Nota como se le eriza el pelo de la nuca mientras Pieter pronuncia la última palabra [...]
Lo inundó una inmensa alegría
La primera frase es la que no me concuerda con el resto de la narración.

Es una pijadita pequeña y eso que yo no me entero de estas cosas.

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Re: Caballero Púrpura (1ª parte)

Mensaje por Mister_Sogad » 02 Ene 2010 11:23

Bueno... la verdad es que no sé como decirlo de otro modo, es decir, como ves narro en una falsa "segunda persona", es decir como un narrador en tercera persona pero que conoce al personaje, no uso la primera persona en ningún momento, aunque a veces parezca que estemos en el interior de la mente del protagonista. Y tampoco uso una tercera persona pura, es decir, fría, como si no conociera al personaje.

¿Qué tiempo verbal usarías en el lugar de ese "Nota"? ¿un pasado?.
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Caballero Púrpura (2ª parte)

Mensaje por Mister_Sogad » 02 Ene 2010 13:17

CABALLERO PÚRPURA (2ª parte)

Llegó en el momento en el que el primero de sus parientes acababa de bajar el último peldaño, al otro aún le quedaba medio tramo de escaleras por descender. Jorem y Guido, no sabría distiguir cuál de ellos era más salvaje.

Lo descubrieron con rapidez y lo miraron con gesto de sorpresa. Aprovechó para estudiarlos, no habían cambiado tanto como pensaba. Ambos eran hombres de complexión fuerte, de rasgos simiescos pero con mirada inteligente. Además, recordaba vívidamente el carácter iracundo y bestial que gastaban. En otro tiempo hubiera temblado ante aquél dúo. Ahora sonrió.

Cuando los ojos de la pareja se toparon con sus espadas gemelas, chorreantes de sangre, parecieron entender. También sonrieron. No hizo falta nada más, todos sabían lo que iba a pasar a continuación.

Se acercó con las espadas inclinadas hacia abajo, rozando con las puntas de metal el suelo de piedra. Pasó la lengua por su labio superior en un gesto depredador. Se divertiría mucho esta noche.

Jorem llevaba un espadón curvo, de estilo árabe, era un arma para usar a dos manos, pero su primo era lo bastante robusto como para que el peso apenas importara. Guido, por el contrario, agarraba con la diestra una espada corta, y en su zurda sujetaba un escudo redondo.

Se colocó en el centro de la estancia, como esperaba el primero de sus enemigos arremetió con un alarido. La enorme espada dibujó un semicírculo justo frente a su rostro, pero él había dado un imperceptible paso atrás y el ataque frustrado dejó a Jorem en una situación cómica. La espada había arrastrado al hombre a un lado, haciendo soltar esquirlas del suelo de piedra. No desaprovechó la oportunidad y pateó el costado de su primo antes de que se rehiciera.
Guido no se había estado quieto y podía verlo tratando de rodearlo por la derecha. Quizá el ataque errado de su hermano lo había sorprendido y había decidido ir con cuidado. Tampoco importaba, aquellos dos podían ser todo lo cautelosos que quisieran.

Le guiñó un ojo a Jorem, que lo miraba desde el suelo con gesto furioso, y se lanzó a por su otro primo. Éste apenas tuvo tiempo de levantar el escudo para parar una de sus espadas, con la otra le cercenó la oreja limpiamente. Se lanzó al suelo y rodó, el de la espada ancha se había levantado e iba a cargar hacia su posición, pero su movimiento lo había descolocado y lo aprovechó para atacar con una estocada a los riñones. Su embite fue desviado por la empuñadura del arma árabe, pero eso ya lo esperaba, así que con la otra espada le abrió un corte profundo en el muslo a su enemigo.

El combate volvió a detenerse. Guido rugía como un perro rabioso mientras echaba ojeadas a su apéndice cortado. Jorem ni siquiera pestañeó cuando su mirada se posó sobre su herida abierta. Luego atacaron a la vez.

Abrió las piernas y se inclinó un poco, dejó que se acercaran. Detuvo un golpe a su espalda y desvió el espadón con la otra mano armada. Con un giro de cintura lanzó un golpe atrás que detuvo el escudo, mientras su otra hoja hundía su punta en el pecho del enemigo delantero. En ese momento el tiempo pareció perder velocidad, o al menos todo a su alrededor parecía más lento. Torció de nuevo la cintura y saltó hacia atrás chocando contra el escudo redondo, su brazo derecho, en el golpe de retorno tras haber detenido el ataque a su espalda, abrió una línea sangrante en la cara de su primo Jorem.

Su empuje había hecho trastabillar a Guido, volvió a cargar contra el escudo para darse impulso, lanzándose hacia delante a las piernas de su otro primo. Su hombro impactó contra la rodilla derecha de éste y un espeluznante crujido de huesos, seguido de un alarido de dolor, volvió a cambiar su percepción. Ahora todo era si cabe más lento, o, posiblemente, era él el que se había vuelto más rápido.

Se desentendió del lastimado Jorem y atacó a Guido. Su primo le parecía demasiado lento. En unos instantes le había causado infinidad de cortes y había roto su guardia. Los ojos de su enemigo se abrieron con asombro cuando consiguió colocarse a sólo un paso, amagó un tajo a la cara,. Y cuando su primo cerró los ojos por instinto, le golpeó la nariz con el codo. Ni siquiera esperó oir el crujido del tabique nasal partido. Giró en redondo y lanzó una de las espadas con fuerza.

El arma se clavó profundamente entre las costillas de Jorem, que se tambaleaba mientras el hueso partido de su rodilla asomaba sanguinolento. Su primo miró la empuñadura que sobresalía más abajo de su pecho y se dejó caer al suelo.

Echó un vistazo atrás, y enseñó los dientes a Guido. Éste tenía la frente perlada de sudor y lo miraba con temor. Su nariz partida miraba hacia la derecha. Se le escapó una carcajada con el espectáculo y afianzando la espada que le quedaba giró imprimiendo un veloz golpe de través. El escudo trató de parar la cometida pero se partió en dos, llevándose consigo un par de dedos de su portador. La espada corta estuvo a punto de acertar en su estómago, lo que le enfureció. Agarrando la muñeca armada de Guido, hizo que éste se le acercara, para darle un potente cabezazo en la frente.

Soltó a su primo, que se desplomaba con los ojos en blanco. Miró en derredor y su mirada se topó con el espadón árabe, caído no muy lejos de Jorem. Con una sonrisa avanzó hacia el arma.

- Querido primo, tú te has quedado con una de mis espadas, supongo que no te importará prestarme la tuya un momento ¿verdad? – una sonrisa torcida bailaba en su boca cuando decía estas palabras.

En el suelo Jorem apenas podía moverse. Seguía tratando de sacarse la espada que permanecía clavada en su pecho. Cuando llegó junto al espadón y lo recogió vio como su primo conseguía finalmente sacarse la hoja. Un extraño silbido sonó a continuación, le había perforado uno de los pulmones.

Soltó su espada de caballería y agarró con ambas manos la espada ancha, la sopesó un momento y luego se acercó a su primo. Éste trataba de taparse la herida con una mano, con la otra interponía entre ambos la espada que se había sacado del cuerpo.

Imprimió todo el peso de su cuerpo en un golpe descendente. La hoja cortó en dos la pierna “sana” de su víctima chocando con estruendo contra el suelo. Su primo comenzó a gritar.

- Tranquilo, ya sé que me he equivocado de pierna, ahora lo arreglo.

Levantó de nuevo la enorme espada y descargó un brutal tajo en el hombro del desgraciado, amputándole todo el brazo. Ahora los gritos se hicieron desgarradores, pero parecían ir perdiendo potencia.

- ¡Vaya!. Me he vuelto a equivocar.

Oyó gemidos a su espalda. Guido volvía a estar consciente. Tiró el espadón a un lado y dejó a Jorem chillando luchando por mantener taponado el agujero de sus pulmones, algo muy difícil con los temblores que estremecían su cuerpo.

Llegó con paso rápido junto a su primo aún algo confundido por el golpe en la cabeza y le arrebató la espada corta.

- Te estas perdiendo la diversión.

Le clavó la rodilla derecha sobre el estómago y con la mano izquierda le sujetó contra el suelo. En la diestra brilló por un instante la hoja corta, antes de hundirse hasta la empuñadura en el vientre de su primo. Su víctima luchó desesperadamente, pero no le hizo caso y comenzó a abrir el estómago poco a poco. Muchas veces se había preguntado qué se escondía bajo la piel de aquellos inútiles y ahora era un buen momento para averiguarlo. Comenzó a reir con fuerza, mientras sus manos se bañaban en sangre. Cuando el corte le pareció lo bastante grande, soltó la espada corta y hundió las manos entre los intestinos de su primo.

Estaba tibio, el interior emanaba calor, y movimiento. Sí, movimiento, podía notar como los latidos del corazón se iban enlenteciendo, poco a poco. El corazón, el trofeo. Tenía que hacerse con él, Comenzó a escarbar entre las vísceras, sacando los órganos que encontraba afuera. Con sus propias manos agrandó la herida, subiendo poco a poco hacia el pecho. Se topó con las costillas que, con gesto de contrariedad partió de dos en dos. Allí estaba, su trofeo, pero no se movía, había dejado de latir. Furioso golpeó con el puño cerrado la boca del muerto. Una vez, y otra, y otra más…

De pronto se dio cuenta de que se había dejado llevar por la ansiedad, por el éxtasis de la matanza. Giró lentamente la cabeza hacia Jorem, quizá… no, estaba quieto, también debía estar muerto. Arrancó el corazón del cuerpo que tenía a sus pies y se acercó al otro cuerpo tendido. Recogió también el “trofeo” de éste y metió ambos en un saco negro que había llevado atado a la cintura. Luego se quedó un rato mirando el enorme charco de sangre que se había formado alrededor del cuerpo. No pudo evitar agacharse y coger una cantidad del preciado líquido, luego se lo embadurnó en la cara. Había sido una entretenida diversión, pero si hubiera podido arrancar uno de los corazones aún latiendo… Se detuvo, tenía ambas manos sobre el rostro, sus dedos le tapaban los ojos. Sentía una enorme explosión de alegría que pugnaba por salir a flote. Había recordado algo, aún había una posibilidad.

- ¿Nikolas?... ¿Niko?... ¿sigues ahí? – gritó dando una entonación parecida a la que su madre usaba cuando él era pequeño y lo buscaba.

Empezó a desandar sus pasos en dirección a las habitaciones del servicio.

- ¿Pequeño Niko?.
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SHardin
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Re: Caballero Púrpura (1ª parte)

Mensaje por SHardin » 02 Ene 2010 13:35

Ufff eso me pasa por meterme en charcos, eso te podría aconsejar alguien que escriba mejor que yo, e incluso en si es un fallo (a mi me sonaba mal) pero yo lo pondría como la frase que puse debajo un "notó"

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Re: Caballero Púrpura (2ª parte)

Mensaje por SHardin » 02 Ene 2010 16:20

Saludos. Y yo que tenia la esperanza de que se olvidara del pobre Niko.

Sangriento y brutal pero necesito un final.

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Re: Caballero Púrpura (1ª parte)

Mensaje por Mister_Sogad » 03 Ene 2010 09:51

Ajá, es decir en pasado... no se, es que tendría que cambiar también el resto de la frase, y quizás el párrafo, no obstante es cierto que desde que me lo señalaste a mi me suena ya raro...
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Re: Caballero Púrpura (2ª parte)

Mensaje por Mister_Sogad » 03 Ene 2010 09:55

Es sin duda el relato más gore que he escrito hasta el momento, y no me ha costado tanto como pensaba... :twisted:

Gracias por los comentarios, y lo del final... ya veré, porque ahora estoy muy estancado con un relato que quiero hacer sobre una batalla naval (tercer relato estaliano,jeje), pero que no sé por donde cogerlo...
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Re: Caballero Púrpura

Mensaje por Lucin » 03 Ene 2010 22:48

Sí que es sangriento, pero también está muy bien escrito. Por cierto, da la sensación que has indagado sobre espadas antes de escribir.
Has logrado un personaje odioso, un auténtico psico, lo que va muy bien para narrar.
Saludos.

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Re: Caballero Púrpura

Mensaje por Mister_Sogad » 12 Ene 2010 12:55

Lucin escribió:Sí que es sangriento, pero también está muy bien escrito. Por cierto, da la sensación que has indagado sobre espadas antes de escribir.
Has logrado un personaje odioso, un auténtico psico, lo que va muy bien para narrar.
Saludos.


Gracias Lucin. Efectivamente, algo indagué sobre espadas, al escribir sobre un mundo de fantasía medieval donde lo normal es que haya luchas no pierdo de vista las armas, necesito que en mi mente las imágenes sean fiables o factibles, así que en este caso pensé en la posibilidad de armas, sólo hay un pequeño fallo,jeje, y es en las armas de pólvora, me lo comentaron en otro lugar, y es que no debería de haber dicho escopetas, sino fusiles o mosquetes...

Sí sí, el personaje, una vez decidido su pensamiento, me resultó interesante de "trabajar" e ir narrando a partir de él fue bastante fluido.
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