Prim - Benito Pérez Galdós

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Prim - Benito Pérez Galdós

Mensaje por RAOUL » 01 Jun 2010 20:43

Episodios Nacionales

Serie IV.
Episodio 9º


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Aglutinados en torno a la figura del general Prim, Pérez Galdós agrupa en esta entrega, entreverándolos con las andanzas de sus personajes novelescos, los últimos años del reinado de Isabel II, marcados por las constantes intrigas y conspiraciones, y hechos trágicos como la llamada «Noche de San Daniel» y la sublevación de los sargentos del cuartel de San Gil, fulminantemente represaliados (Alianza Editorial)

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Re: Prim - Benito Pérez Galdós

Mensaje por RAOUL » 01 Jun 2010 21:01

Pues con aires quijotescos hasta la médula empieza este episodio, ya que los primeros capítulos se dedican a narrarnos las peripecias de un personaje trastornado por la incesante lectura que da en la graciosa idea de abandonar las “ociosas plumas” para lanzarse al mundo y hacerse caballero andante. Me suena de algo :roll: ... Que se cambie la lectura del Amadis por la de las gestas de Cortés, que en vez de andante se sueñe con ser soldado o que en lugar de Dulcinea el menda tenga por señora de sus pensamientos a don Juan Prim, el héroe de Marruecos, son cosas de mero detalle. Porque aquí no falta cura que salga en su busca ni venta que lo acoja, ni cabreros que lo alimenten ni mercaderes que digan al enamorado que su ídolo está “tuerto de un ojo y no muy sano del otro” :cunao: . Todo es puro quijotismo de estilo y de fondo que al fin se topa contra la pedrestre realidad. Una realidad que, en el primer tercio de la novela, se hace de la famosa expedición combinada de Francia, Inglaterra y España contra Méjico.

El desarrollo del discurrir de esa aventura nos llega como eco más o menos lejano porque nosotros arribamos y no nos movemos de la capital del Reino. Aquí ya Galdós está narrando una época y unos años que vivió personalmente. Por eso nada cuesta en muchas ocasiones imaginarse al protagonista como un trasunto del propio escritor e identificar las impresiones, incursiones y excursiones del personaje con las del alto y desgarbado muchacho canario recién trasplantado a los Madriles

Pronto aprendió, con o sin ayuda del amigo, a conocer las calles, y a meterse y sacarse por todas ellas buscando sorpresas y perdiéndose entre la muchedumbre. Gustaba de ir por las mañanas al relevo de la guardia en Palacio, y se extasiaba viendo aquel maniobrar ordenado de las tres armas, que en sus movimientos eran como el índice o catálogo de las energías militares. Las demás horas del día las empleaba en recorrer estos o los otros barrios: ya se espaciaba por Buenavista, ya por la Inclusa y Latina. La calle de Toledo, así como el Rastro y Embajadores, le entretenían singularmente, y no se cansaba de contemplar el ir y venir afanoso de la gente humilde, la muchedumbre de mujeres fecundas, los chiquillos de diferentes edades que de aquella fecundidad eran muestra y testimonio, los hombres peor comidos que bebidos, y que en diferentes industrias y oficios luchaban por el pan. Era el pueblo, que con su miseria, sus disputas, sus dichos picantes, hacía la historia que no se escribe, como no sea por los poetas, pintores y saineteros.


La novela, sin embargo, da un giro y deriva hacia lo coral pero hacia lo coral no de zarzuela modesta sino de coro de gran ópera porque son multitud la cantidad de personajes (unos reales otros inventados) que van apareciendo, tomando el relevo y completando el panorama de absoluto desconcierto y decadente desgobierno que caracteriza los últimos años del reinado de Isabel II. Resurgen así muchos que habíamos dado por perdidos, nos sorprende otros que están en las novelas contemporáneas como Augusto Miquis y no dejan de aparecer nuevos. Entre todos quizás destaca uno que debe incluirse con honores en el maravillosos manicomio galdosiano (por Dios, tiene que haber alguna tesis doctoral dedicado a estudiar los los niños y los locos en Galdos, ese tema es un filón :shock: ): un individuo que se dedica a escribir la Historia lógico-natural de España; o sea, que cuenta la Historia no como como ha sido sino como debería haber sido. El donoso disparate tieen la cáscara amarga cuando uno perrcibe que es la Historia real la que suena a verdadero disparate y que es la inventada la que parece cabal y bien dispuesta.

En fin, el segundo tercio de la novela recoge la narración de la revuelta estudiantil de la Noche de San Daniel de 1865 ("estudiantil", aunque entre los muertos no hubo ni un solo estudiante). Galdós fue testigo presencial de esa algarada cuyos momentos fuertes vivió ente los muros del Ateneo en la calle de la calle Montera. Desde ese Ateneo, que antes nos ha descrito Galdós espléndidamente, asistimos nosotros a esa noche memorable y allí vamos recibiendo las noticias de las refriegas en la Puerta del Sol, de las cargas de la Guardia Civil, de la “lucha del pito contra la bayoneta” como luego calificaría el escritor el asunto:

Algunos ateneístas de los que se arremolinaban en el pasillo pensaron salir y aproximarse a la Puerta del Sol para ver de cerca la jarana; pero en esto llegó casi sin aliento un precoz filósofo, González Serrano, y dijo: «No salgan ahora; no salga nadie... Por poco me gano un sablazo... El dolor que tengo aquí, ¡ay! es de un golpe ¡ay!... Se me vino encima la cabeza de un caballo... Ya cargan, ya vienen cargando por la calle de la Montera...». Acudió a los balcones del Senado y de la Biblioteca gran tropel de curiosos. Calle arriba iban hombres, mujeres y muchachos huyendo despavoridos. Centauros que no jinetes, parecían los guardias; esgrimían el sable con rabiosa gallardía, hartos ya de los insultos con que les había escarnecido la multitud. No contentos con hacer retroceder a la gente, metían los caballos en las aceras, y al desgraciado que se descuidaba le sacudían de plano tremendos estacazos. Chiquillos audaces plantábanse frente a los corceles, y con los dedos en la boca soltaban atroces silbidos. Al golpe de las herraduras, echaban chispas las cuñas de pedernal de que estaba empedrada la calle costanera. Un individuo a quien persiguieron los guardias hasta un portal de los pocos que no estaban cerrados, cayó gritando: «¡asesinos!», y el mismo grito y otros semejantes salieron de los balcones del Ateneo. En la puerta de la sacristía de San Luis había dos muchachos que, después de pasar los últimos jinetes hacia la Red de San Luis, gritaban: «¡Pillos! ¡Viva Castelar... viva Prim!». Hacia la esquina de la calle de la Aduana, dos sujetos de buen porte retiraban a una mujer descalabrada... La noticia, traída por un ordenanza, de que en la Puerta del Sol y Carrera de San Jerónimo había muertos, hizo exclamar a Beramendi: «¡Sangre!... Esto va bien».

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Re: Prim - Benito Pérez Galdós

Mensaje por RAOUL » 04 Jun 2010 21:42

Pues la segunda parte de esta novela que va de las "andanzas pronuncioneras" de Juan Prim, de conspiraciones de pelota, de juramentos y traiciones, de personajes desesperados y de otros altivos como estrellas y que culmina en la insurrección del cuartel de San Gil... no es lo mejor que escribió Galdós precisamente. El argumento "ficticio" termina volviéndose tedioso, plúmbeo, sin que por ello don deje Benito de exhibir alguno de sus rasgos. Pero el interés decrece y se va perdiendo en la multitud que puebla el episodio.
Lo mejor: algunas conversaciones a la luz de la luna y algunas reflexiones a a pie de página de la Historia. Lo más inolvidable, seguramente: el historiador lógico y estético.

Desde una perspectiva general, a mi entender bastante mejor la primera parte de la novela que la segunda. Al grito de "Prim, Libertad" nos preparamos para despedir a la reina en el último epidodio. Le he echado un vistazo por encima y parece que Galdós organiza una gran fiesta final a la que ha invitado a la mayoría de las principales criaturas que han deambulado por esta cuarta serie.

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