El cazador

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joserc
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El cazador

Mensaje por joserc » 17 Ago 2006 18:15

TODO UN CAZADOR

Dos golpes en la puerta le sacaron del sopor del sueño. Abrió los ojos con dificultad y apenas musitó un “enterado” mientras se revolvía entre las sábanas. No había pasado buena noche. Los tiernos filetes de ternera extremeña habían sido regados abundantemente con un buen pitarra que engañaba por su ligereza. Unido a los puros y el coñac posteriores, el cóctel de excesos pasaba factura a horas tan tempranas como las siete de la mañana. Pedro González de Miravia, más conocido como Don Pedro, no estaba acostumbrado a levantarse tan temprano después una buena cena y posterior sobremesa con sus colegas. Normalmente se habría despertado rallando la hora de comer. Sin embargo aquel día era un día de montería con letras mayúsculas. Habían acudido a la cita los empresarios mejor relacionados del Régimen. Los contactos que surgieran aquel día podrían ser vitales. Esa idea le despejó de repente. Se levantó y se vistió en un santiamén.

Había escogido la ropa para aquel día en una de las mejores tiendas de Madrid. Pantalones, chaqueta, corbata, sombrero, todo de la mejor calidad y más caro; incluso las botas de piel eran importadas.

Bajó y se unió a un grupo de conocidos los cuales le recibieron con saludos y apretones de manos. La conversación giró sobre el día que les esperaba y las esperanzas de abatir los mejores trofeos. Al rato uno de los organizadores, un hombrecillo obsequioso, les interrumpió amablemente para comunicarles que los secretarios les esperaban fuera para llevarles hasta los puestos.

-. Espero que mi puesto sea bueno. – le espetó Don Pedro mirándole serio.

-. Por supuesto, Don Pedro. Acompáñeme fuera y les diré quienes son sus respectivos secretarios.- dijo haciendo ademán para que le siguieran todos los presentes.

En la puerta de la gran casa señorial se alineaban varios hombres del pueblo cercano contratados para el evento.

-. El suyo es aquel, el flaco. Se llama Antonio

El hombre levantó la vista y le miró. De estatura baja, vestido con traje de pana y gorra, iba ligeramente inclinado hacia delante como si el peso de la vida fuera excesivo para él. Tenía ojos oscuros enmarcados por gruesas cejas. Ojos inexpresivos y serios.

-. Bien, que venga a recoger mi rifle y las otras cosas. – dijo echando a andar.

Antonio recogió los pertrechos que le indicaban y le siguió. Una vez alcanzado se puso delante para orientarle.

-. Es por aquí. – le dijo sin volver la vista atrás.

Don Pedro le siguió sin decir palabra.

Formaban una curiosa pareja. El hombre bajo y nervudo delante, cargado, andando de forma elástica. Detrás el más alto y mejor alimentado, resoplando sonoramente.

Al principio el sendero era llano y caminaron acompañados por otros cazadores. Después empezó a hacerse cuesta arriba y fueron quedándose solos a medida que se iban ocupando los puestos.

Al rato Antonio abandonó el camino y se dirigió hacia unos canchos de granito que se asomaban al pequeño valle que había debajo. Era un buen oteadero desde el que cubrirían el lado opuesto, una vertiente saturada de encinas y chaparros con algunos claros aquí y allá. El tiempo era frío y una neblina ligera lo cubría todo. Plantó la silla plegable en el suelo y empezó a sacar el magnífico rifle de su funda.

-. ¡Eh!, déjalo. Yo lo sacaré. Es un arma muy cara para que andes toqueteándolo. – le soltó bruscamente Don Pedro -. Tú limítate a estar al tanto de avisarme si ves que viene algún bicho. No está hecha la miel para la boca del asno.

Antonio volvió a meterlo en la funda y se retiró sin que le cambiase un ápice la expresión de la cara.

-. Un Holland&Holland hecho a medida en el extranjero. Vamos hombre, ni lo toques. Lo golpeas ó cualquier cosa y es para matarte.

Don Pedro desenfundó el arma y la acarició como a una amante. Los dos cañones paralelos lucían la suave pátina de las armas nuevas y la culata de madera brillaba recién lustrada. La abrió con toda ceremonia e introdujo dos balas, después la cerró lentamente y miró hacia la hondonada que se abría abajo.

-. Estate atento y en cuanto veas algo moverse ya sabes, me lo señalas. Y no te muevas no vayas a espantar lo que entre. – Espetó.

Antonio se apoyó sobre una piedras dispuesto a esperar pacientemente. Don Pedro miró a uno y otro lado para señalar su posición a los otros monteros pero la situación del canchal impedía que los puestos contiguos pudieran verle.

Pasaron media hora en completa quietud, acompañados únicamente de los graznidos de las chovas y el ocasional repiqueteo de un lejano picapinos. De repente, a la derecha se escuchó un disparo seguido de algunas voces.

-. Ya han empezado, maldita sea, y por aquí nada. – escupió Don Pedro -.

-. Este sitio es de los mejores de esta Mancha – le respondió Antonio -. Las reses están muy aquerenciadas.

Como dándole la razón, apareció una piara de cochinos justo en la falda de enfrente. La hembra que iba en primer lugar era grande y vieja y conducía a los demás parándose cada poco a husmear el aire. Don Pedro se ajustó el rifle y apuntó con cuidado, sin prisas. El disparo atronó en sus oídos y una nube de tierra se levantó dos metros por debajo de los jabalís, pasó el dedo al otro gatillo y la segunda bala golpeó una piedra un poco más cerca. Los animales pegaron la espantada y empezaron a correr a toda velocidad. Imposible acertar en esas condiciones pensó.

-. ¡ Joder no vamos a cazar nada así ¡. - voceó Don Pedro volviendo a cargar rápidamente.

Antonio respondió con voz ronca:
-. Los animales cruzan confiados porque estamos lejos. Tiene Usted muchos disparos desde aquí porque cubrimos mucha loma. Lo malo es que si se arrancan es difícil darles.

-. Hombre, a mí me vas a dar lecciones de caza a estas alturas. Este es un mal sitio y punto.

Ambos siguieron mirando hacia delante. Durante los siguientes treinta minutos cruzaron varios venados y cochinos pero la puntería de Don Pedro no mejoró. Después todo se paró y parecía que el día de caza hubiera acabado allí.

Repentinamente las voces y los disparos arreciaron por la derecha. Algo venía rompiendo el monte. Algo grande. Los dos hombres observaron con detenimiento pero no se veía nada debido a la densidad de encinas.

Y entonces apareció. Justo en un pequeño claro se detuvo, altanero, majestuoso como pocos, el Gran Venado, el Rey de la Dehesa. Enorme como no se había visto nunca por aquella sierra, con una cuerna alta que parecía querer arañar el cielo. Miró hacia atrás como si sintiera desprecio por los que le seguían y volvió a perderse de vista entre los árboles con un galope lento pero constante. Don Pedro se hallaba ya al borde del ataque de nervios viendo como se le habían ido escapando trofeos.

-. Este no puede irse. Este tiene que caer. – dijo y se dispuso a disparar de nuevo.

El animal aparecía y desaparecía en los claros hasta que se detuvo en uno de ellos bien a la vista. Don Pedro disparó los dos tiros casi seguidos pero el Rey reinició su marcha indemne. Recargó rápidamente con dedos temblorosos y volvió a encarar esperando que apareciera de nuevo. Unas retamas parecieron moverse y sin pensárselo dos veces volvió a apretar el gatillo disparando a bulto. Nada ocurrió.

-. Maldita sea, maldita sea. – estalló en un arranque de furia arrojando el rifle al suelo.- Mierda de cacharro. No hay manera de darle a un bicho. Y encima con esta distancia del demonio. Por Dios, es el mayor trofeo que he visto nunca y se me va a escapar.

-. Si quiere yo se lo abatiré. – dijo Antonio.

Don Pedro le miró con sorna.

-. Sí hombre, qué más. Lo único que habrás matado en tu vida será algún conejo a garrotazos y pretendes disparar con un rifle como éste a doscientos metros por lo menos y darle a ese bicho a la carrera. Esta sí que es buena. Vaya con el paletillo. – rió.

-. Usted mismo.

-. No venga va, hombre. Si total me da igual ya el puñetero rifle, con los duros que me ha costado. Adelante, tira un par de balas. - Y le puso el arma en las manos con brusquedad.

Antonio le miró durante un momento con aquellos ojos inexpresivos y sin más se apostó en la piedra que tenía delante. El Rey había atravesado ya prácticamente todo el espacio delante del puesto y subía por la loma avanzando en oblicuo. El hombre se concentró y apuntó. Ralentizó su respiración todo lo que pudo quedándose totalmente quieto durante unos segundos. Don Pedro le observaba mientras su expresión cambiaba de la burla y la chanza a la más absoluta incredulidad. ¡Realmente pensaba parar aquel bicho a aquella distancia!.

Miró hacia el enorme venado y sin poder evitarlo se sobresaltó con el estruendo del disparo. El animal se encogió ligeramente al acusar el impacto y se volvió con brusquedad en dirección a ellos. A aquella distancia pareció que miraba a su cazador como si no pudiera creerse lo que le había pasado. Se tambaleó como si estuviera borracho y se desplomó sin más.

Antonio se giró lentamente hacia Don Pedro que le miraba boquiabierto. Ni un pestañeo, ni el más leve cambio en en el rictus serio de su cara debajo de la gorra de pana. La comprensión golpeó al señorito como una mazazo dentro de su cabeza y varios pensamientos cruzaron rápidos: “Bocas que alimentar en casa… un cartucho es caro… no puede fallar… no fallará nunca… la maestra que no admite disparos fallidos… la necesidad”

Debajo del gastado traje de pana y la gorra, debajo de la barba hirsuta y basta, debajo de aquellos ojos inexpresivos había algo que él no era. Y él lo sabía.

Las palabras de Antonio le sacaron de su ensimismamiento:
-. Diremos que lo ha abatido Usted. Es suyo. Es un venado de los buenos.

-. Si, bueno..., claro..., sí... – Acertó a contestar.

Los ladridos de las rehalas sonaban ya muy cercanas. Don Pedro, como en trance, metió el costoso rifle en su funda y miró a Antonio. La vergüenza le impedía decir una sola palabra.

Un cuerno sonó a lo lejos señalando el final de la montería. Ambos hombres emprendieron el regreso. Sólo que ahora el que iba detrás avanzaba cabizbajo.

Cuando llegaron dónde ya se reunían los demás cazadores se separaron. Volvía cada cual a su propio mundo. Se miraron un momento a los ojos sin decir una palabra.

Don Pedro se unió a un grupo que le recibió entusiasmado.
-. Eh Pedro, hemos visto cómo caía el medalla de oro cuando pasaba delante de tu puesto. Es impresionante. Te llevas el mejor trofeo que he visto en veinte años. Ha sido increíble. Ha escapado por lo menos de diez puestos sin que le rozara nadie y vas tú y le das a una distancia de la leche. Eres todo un cazador, hombre.

-. Sí... todo un cazador... – dijo cruzando la mirada con unos ojos inexpresivos que le observaban.
Última edición por joserc el 24 Ago 2009 17:53, editado 1 vez en total.

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Mensaje por joserc » 17 Ago 2006 18:17

Se me olvidaba lo más importante... para quién es.


A mi padre.

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Mensaje por lucia » 17 Ago 2006 18:47

Pues aparte de un punto y aparte que no has puesto (pero lo has hecho), y de otro fallito que no apunte, solo hay unA mazazo por ahí suelto.

La historia está muy bien, con moraleja doble incluida, pero se me ha hecho extraño el cambio de estilo de las diferentes partes del relato.

Y si te soy sincera, por un momento pensé que Antonio iba a acabar estrangulando al señorito por borde :lol:

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Mensaje por joserc » 17 Ago 2006 20:21

Soy novato total. Explícame lo del amazzazo.

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Mensaje por lucia » 17 Ago 2006 20:28

Pues que es un mazazo, no una mazazo. Mazo es masculino y no femenino.

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Mensaje por Escorpion » 18 Ago 2006 00:28

Joserc, tu relato me ha enganchado mucho. Enhorabuena. POr momentos me parecio releer una parte de los Santos Inocentes...

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Mensaje por JANGEL » 21 Ago 2006 11:21

Mantiene al lector firme en su puesto, que es muy importante. Y describe muy bien en qué consiste ir de caza, para los que no conocemos el tema como yo.
Leyendo:
Fin, de David Monteagudo

http://www.joseangelmuriel.com
http://www.elautor.com

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Re: El cazador

Mensaje por Emma » 04 May 2009 13:42

Subo para arriba otro relato de nuestro último ganador del concurso de relatos.
También me ha gustado, aunque entiendo lo que me decías del pulido. A seguir puliendo y mejorando :wink:

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Re: El cazador

Mensaje por joserc » 04 May 2009 13:51

Emma escribió:Subo para arriba otro relato de nuestro último ganador del concurso de relatos.
También me ha gustado, aunque entiendo lo que me decías del pulido. A seguir puliendo y mejorando :wink:



Siempre es bueno comparar las primeras cosas que escribe uno con las últimas. Alguna evolución se ve y eso anima.

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Re: El cazador

Mensaje por Argento » 04 May 2009 15:37

El relato esta Ok :D , me gustaria que escribieras algo de Ciencia Ficción y ahí si te lo leo con ganas :cunao: ; y el toque...
Se me olvidaba lo más importante... para quién es.


A mi padre.


muy "Drama Queen" por cierto :wink:
Leyendo: "Sauce Ciego, Mujer Dormida", de Haruki Murakami
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Re: El cazador

Mensaje por joserc » 04 May 2009 17:23

Argento escribió:El relato esta Ok :D , me gustaria que escribieras algo de Ciencia Ficción y ahí si te lo leo con ganas :cunao: ; y el toque...
Se me olvidaba lo más importante... para quién es.


A mi padre.


muy "Drama Queen" por cierto :wink:




No sé qué significa "Drama Queen".

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Re: El cazador

Mensaje por Argento » 04 May 2009 18:39

Buscalo en google :comp punch:
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Re: El cazador

Mensaje por joserc » 04 May 2009 19:01

Argento escribió:Buscalo en google :comp punch:



No me apetece buscar paridas la verdad. En todo caso te diría que las dedicatorias siempre tienen una razón personal para estar ahí por lo que no deberías hablar sobre algo que es obvio no entiendes. Podrías ofender.

Esto no hace falta que lo busques en Google, "queen". Creo que se entiende.

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Re: El cazador

Mensaje por Sunrise » 04 May 2009 19:15

Joserc, a mi no me gusta ni la caza ni el ambiente de caza, aunque también parte de mi familia lo hace por la zona de Cangas del Narcea. Bueno, lo que te iba a decir, me gusta mucho tu relato por una cosa, porque lo has dedicado a tu padre y eso me parece muy pero que muy significativo. ¿A cuántas personas les habrá pasado lo mismo y han callado y bajado la cabeza sin poder demostrar su valía? que en éste caso fué con la caza, pero podría valer para cualquier otra situación. Enhorabuena
a ti y a tu padre
Tú me sacas una sonrisa

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Re: El cazador

Mensaje por Argento » 04 May 2009 19:59

Perdón si te sentiste ofendido, que no fue mi intención :hola: , pero es que me parecio, a mi particularmente, un poco efectista la dedicatoria aparte y los puntos suspensivos, lo cual no quiere decir que vos no la hayas puesto con mucho sentimiento, lo cual me parece super normal :oops:, por esto te pido disculpas :)
... y Sunrise
me gusta mucho tu relato por una cosa, porque lo has dedicado a tu padre y eso me parece muy pero que muy significativo. ¿A cuántas personas les habrá pasado lo mismo y han callado y bajado la cabeza sin poder demostrar su valía?
¿que :shock: quisiste decir?
Leyendo: "Sauce Ciego, Mujer Dormida", de Haruki Murakami
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