Don Kijote

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El Ekilibrio
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Don Kijote

Mensaje por El Ekilibrio » 18 Ago 2006 16:36

Holaquétal?.
Este texto lo escribí con 12 años (excepto el final que es posterior; en realidad ha tenido 6 ó 7 finales).
Es un texto al que he recurrido varias veces en mi vida (le debo 3 días de permiso de la mili al ganar un concurso literario estando en ella. Luego me arrestaron y no pude disfrutarlos.... :evil: ).
El final de esta historia es de la etapa de la adolescencia tardía. Gracias a todos los finales que ha tenido sé en que momento de mi vida me encontraba.
Y les ruego que no sean muy duros; lo escribió un niño de 12 años.



DON KIJOTE

De como Don Kijote perdió sus pertenencias en manos de las mujeres sin linaje. Andaba don Kijote y su fiel escudero Sancho camino de Zaragoza. Tras su ultima derrota ante los mercaderes de la caravana, las magulladuras y chichones dolorosos del caballero y del criado hacian que el habitual paso altivo, embriagado de honor y curtido en mil victorias imaginarias, anduviera amilanado y de paso arrastrado. Rocinante lento y atemorizado, como si supiera que antes de cruzar las puertas de Zaragoza algun baston trituraria, aun más si cabe, su lomo ya maltrecho. Sancho, con sus pequeños ojos y salpicados de lagañas, pensó que mejor sería vaciar sus sacas de los quesos que su santa esposa pusiera antes de su partida, no fuera que en alguna huida en futuros lances ocasionara una pérdida tan irreparable, y llenaran sus estomagos antes que el sol declinara su paseo en el alto cielo de la meseta; y habló así a su Caballero Don Kijote: "Mi buen amo y señor, no cree su divina persona que antes que el manto de la noche nos cubra e impida ver posibles gigantes malhechores en el horizonte, deberíamos albergar nuestras pobres costillas bajo aquellos sauces cerca del río. No es que mi pequeña persona piense que su vuecencia anduviera cansada... pero hasta los más altos caballeros de los que usted tantas veces me habló, se rendirian a los pies de estos trozos de queso que mis buenas ovejas labraron en su día. Mi amo, no piensa vuestra merced que deberíamos recuperar las fuerzas para las batallas que ha bien seguro nos esperan mañana?" Don Kijote, escuchó las palabras del cansado y famélico labriego Sancho sobre la monta del flaco Rocinante..... ... y tronó su voz desde lo mas profundo de su ser: " Sancho, nunca jamas nadie escribió aventura alguna sobre caballeros que rindieran honores a malolientes ovejas. Tanta blasfemia en tus palabras merecería el castigo de la horca. Mi buen Sancho, si alguna vez vuelvo a oir en nuestro camino semejantes deshonores de tus labios, no dudaré ni un solo momento en darte tu merecido. Si bien es cierto, que la noche avanza más rápido que nuestros corceles hacia el Castillo de Medinaceli" - el asno de Sancho miraba de reojo al bueno de Don Kijote, tal vez un poco asustado -" sería de Buen caballero el montar pequeña fortaleza para albergar nuestros cuerpos en esta próxima noche. Debemos lavar nuestros cuerpos de este polvo en ese río y, tras purificar nuestros cuerpos, qui´za si acepte un buen trozo de eso queso que me ofreces. No sería digno caballero si rechazara los presentes que por mi gloria y generosidad me ofreces... y sería menester algo del rico vino que bien se que aun guardas en esa vieja bota" Los ojos del pobre Sancho no cabían en sí. El hecho de compartir sus viandas con, en otra hora, su vecino Don Alonso Quijano, no le causaba ya dolor. Lo que hizo estremecer de pánico al criado, fue la idea del roce del agua del río en su piel. Podía soportar las derrotas en las batallas, algunos palos en su espalda, el compartir las viandas... pero el lavarse era actitud mal sana, desagradable y poco varonil en hombre de campo. "Mi buen señor, lávese vuestra merced en el caudaloso río. Hágalo sin temor que yo guardaré su armadura y su monta, prepararé los manjares y vigilaré los horizontes por si algún peligro nos sacudiera con su presencia" Don Kijote, ya más calmado, intuyó que el criado no era amante de baños ya que jamas en su largo viaje observo tal actitud en el pequeño y rechoncho escudero. tras unos segundos de reflexión y sin mirar a Sancho, díjole:... " No mi buen Sancho. Como hombre de armas y defensor del honor de la Bella Dulcinea, como heroe en las batallas de la Vieja y hundida Atlantida, necesito escudero digno y limpio. De tu dignidad no me cabe duda alguna, pero Sancho... ay si la pudieras compartir la mitad de tu bondad con los olores agradables de la primavera en el campo. No se hable más, hoy tu baño será tu victoria ante la mugre que te cobija". Sancho aterrado, intento balbucear sin exito palabra alguna. Encaró su Montura el caballero hacia la orilla del río seguido del nervioso asno, reflejo de su jinete. Llegaron bajo los sauces y desmontaron sus cuerpos maltrechos cerca del río. Posó su lanza, espada y escudo sobre el tronco más grueso y observó las torpes acciones del gordo hombrecillo. Los nervios del temor al agua hacía que los alterados movimientos de Sancho resultaran graciosos.Las dos sacas y la bota del criado fueron depositadas cerca de las armas del caballero. Sentose entonces en el suelo y, sin atreverse a alzar la cabeza, cogía nerviosamente piedras y las amontonaba cerca de sus pies. Tras sonora carcajada de Don kijote, todo aquello le daba nuevos ánimos a costa del olvido de la derrota del dia anterior, gritó al fiel lacayo: "Sancho, quítate esas infames y apestadas ropas". Como si sentencia de muerte fuera escucho el hombrecillo aquellas palabras... Levantose y casi con lágrimas en los ojos reclamó clemencia para su cuerpo y alma, pero la contundente negativa hizo agachar su cabeza y empezó a desnudarse remilgadamente. Y así fue como ambos hombres desnudos quedaron a pies del río. Don Kijote, con paso atrevido, se dirigió al agua ante los atemorizados ojos del escudero. Una vez dentro, el caballero se giró y reclamó la presencia del acobardado criado: "Sancho, lo más dificil hecho está, has conseguido despegar tus ropas de la sucia piel... al agua Sancho, al agua!!!". Sancho avanzó lentamente y notó el primer contacto del húmedo y frío liquido como pinchazo de ortiga en pies desnudos. La intuición le decía que aquella aventura no traería buenos resultados, pero los gritos de su amo no le dejaban otro remedio que zambullirse en ese peligro aquoso llamado rio. Y vive Dios que la sensación más desagradable que hombre haya vivido fue sentida en ese instante por el criado. El frío le inundo los sentidos, el temblor fue tambor en su agujereada dentadura y los nervios le clavaron una daga en el estómago. No era un gordo hombre desnudo en el agua, era un amasijo de carne retorcido sobre si mismo en medio del agua. Y eso fue lo que vieron una pequeña caravana de hombres y mujeres que se acercaban ya no muy lejos. Dos hombres y cuatro mujerzuelas, por sus ropajes bien provistos de escote y carcajadas desprovistas de linaje caminaban a no mucha distancia por el mismo camino recorrido por nuestros héroes. Percatados por las risas del hombre flaco y de blanca barba que había en el agua, se escondieron cerca del matorral a pocos metros de los sauces. Observaron bajo los árboles las armas del caballero junto a su armadura y, un poco más allá las mugrientas ropas de Sancho con las sacas. Intuyeron los malajes algo de comida en las bolsas de trapo y, calcularon que algunas monedas conseguirían con aquellos metales y armas abandonadas a su suerte. Las mujerzuelas dieron el primer paso hacia la orilla. A sabiendas que dos hombres desnudos, uno tan flaco y viejo, con aspecto de descerebrado y otro, gordo y rechoncho, con actitud tan poco honorable en el agua, supondrían poco peligro para sus cuerpos impregnados de codicia. Una vez cerca de la orilla, sus carcajadas fueron señal de alerta para los dos hombres que, al oirlas, se giraron y observaron horrorizados a las mujeres descocadas que se reían de ellos. El primer gesto de Don Kijote fue el de tapar sus nobles partes con ambas manos; mientras. Sancho horrorizado ante las mujeres, corrió a esconderse tras su amo. El jolgorio de las mujeres fue oido hasta en Salamanca. Las risotadas sonaron al tiempo que los hombres que las acompañaban, robaban todas las pertenencias de los pobres diablos que aun permanecían en el río. En ese momento fue cuando una de las mujeres, de generoso escote y con la falta de tres muelas, les dijo: " Caballeros, lástima es que sus mercedes se encuentren en el agua desprovistos de harapos para tapar esos cuerpos tan horrorosos". Tal comentario provocó las risas de todo el grupo con un estruendo ensordecedor. Otra de las mujeres, la más joven del grupo, les gritó con voz chillona y aguda: " Por suerte ninguno de sus cuerpos montará a mi grupa, pero el pago de tan horrorosa visión es bien justo. Así pues, nos llevamos estos trastos y estas bolsas que, ustedes asi desnudos y uno detras del otro, estan en otros menesteres más intimos". La risotada fue enorme. Dicho y hecho. Tal como vinieron, se fueron. Y así fue como,pueblo por pueblo por donde pasaron, contaron la historia de dos hombres, uno flaco y viejo, el otro gordo y bajo, que se hallaban en un rio desnudos y apretados el uno con el otro. Tal actitud antinatura debia ser castigada con el deshaucio y la sorna. Y esa fue la fama que corrió de boca en boca por toda la España, de venta en venta y, sólo un noble hidalgo llamado Miguel de Cervantes, fue capaz de cambiar el final con maestría, ya que no se podía permitir que en la España derechona y fascista un par de maricones fueran los héroes nacionales. Bonita es la España de hombres que montan a sus mujeres y no permiten otra actitud que la que Dios prescribe. De esta manera que les he contado ocurrió todo y, desde entonces, todo aquel que salga de los cánones marcados es maricón o así debe ser tildado ya que volvemos a tener fascistas en el poder, que nos dan opio por un pequeño teatro llamado televisión para disimular su abuso de poder, que restringen la libertad de los estudiantes por que las cosas no pueden ser así por la gracia de Dios y que las decoraciones endogámicas de sus corbatas son más admiradas que las pinturas de Picasso que, dicho de paso, es solo para ellos un producto mercantilista al alcance solo de Koplowitzs y compañias. Kiero ser Kijote, ya que las palabras del poder me resbalan por la pendiente de la indiferencia.
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Mensaje por El Ekilibrio » 18 Ago 2006 16:39

ah!!!!, y gané el concurso militar con estas mismas faltas de ortografía... :meparto: :meparto: :meparto: :meparto:
Creo que ni se lo leyeron...vieron que trataba del Quijote y ancha es Castilla....
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Escorpion
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Mensaje por Escorpion » 18 Ago 2006 17:18

Desde luego ahora entiendo perfectamente el final de la historia....
o sea, que te arrestaran!!!!
Hombre que nooooooooooooooooooo
Que esta pero que muy bien!!!!!!!!!!!!!!!
Oye, la verdad es que haber escrito esto con doce años no está nada mal.
Enhorabuena
Un abrazo
:wink:

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lucia
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Mensaje por lucia » 19 Ago 2006 15:13

:lol: :lol: Claro, primero te premian por Don Quijote, con faltas y todo, y luego se lo leen y al calabozo :lol:

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Mensaje por JANGEL » 21 Ago 2006 10:56

Sí, ahí está la explicación. A mí me ha gustado mucho el relato en sí, que casi parece extraído de la obra celebérrima de Cervantes. Pero las últimas frases me han dejado :shock: . Je, je. :lol: Así que, según la época, este final va cambiando, ¿no? Un relato que se hace con los momentos de la historia y de la evolución de la madurez del autor.
Leyendo:
Fin, de David Monteagudo

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