La leyenda de Gaia: Genesis

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Kamkaze
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La leyenda de Gaia: Genesis

Mensaje por Kamkaze » 14 Oct 2011 01:43

El libro empieza muy sutilmente, con un muchacho que es usado como experimento. Al principio, no sabia nada de esto y, siendo demasiado tarde, no puede hacer nada. Sin embargo, al finalizar el experimento, descubre que tiene cierta habilidad sobre la materia, el tiempo y el espacio. Al escapar de los laboratorios, se entera de que fueron demonios los que le hicieron eso, pero demasiado tarde, porque uno de ellos lo agarre y le borra la memoria. Paralelamente a esto, vemos como se desarrolla la historia del chico despues de que lo atraparan. Lo envian a un horfanato con otros chicos capaces de controlar los elementos, donde entrenan sus habilidades. Un dia, los envian a supuesto examen que probaria su capacidad, sin embargo, a tiempo logra darse cuanta de que todo es un engaño y logra escapar de nuevo, iniciando una persecucion por toda Europa. En el camino, conoce a una chica llamada Scarlet, quien le dice la razon del porque lo hicieron asi y le explica que los demonios tiene como mision hacer un puente que conecte su mundo con el mundo de los humanos y el cielo para poder dar rienda suelta a su poder y tomar el control.

Pues me gustaria que me dieran una opinion sincera de que les parece el libro y la historia y que hicieran criticas, constructivas o destructivas, yo tendre la madurez para tomarlas todas. :D

Este es el Prologo:

Alexander estaba vivo, pero no por mucho tiempo.

Algo iba mal, muy mal. Podía sentirlo por la forma en la que los cinturones de cuero apretaban su cuerpo contra el helado metal donde se encontraba acostado. Temblaba incontrolablemente, en parte por el frio, pero más por el miedo, aunque aparte de eso, no podía mover ni un musculo por cuenta propia. Tenía correas a lo largo de todo el cuerpo, empezando por la frente hasta los pies. Apenas podía mover los dedos de las manos y de los pies… y pestañear. Al principio, mientras lo inmovilizaban, los médicos de bata blanca y grandes anteojos lo habían calmado diciéndole que era el procedimiento, habían sido bastante convincentes. Pero ahora que ya estaba totalmente paralizado, los hombres no se molestaban por disimular sus palabras en absoluto. Claramente, iba a morir. Y de una forma muy dolorosa.

Había aceptado participar en el proyecto de Ingeniería Biomecánica después de que su madre se lo sugiriera. Ella y su padre eran científicos militares de alto rango. En el momento en el que le hablaron del proyecto, ambos estaban enfrascados en una investigación paralela de Ingeniería Genética. Se suponía que sus trabajos eran de alto secreto, así que él no sabía absolutamente nada sobre estos. Pero eso también significaba que ellos no sabían nada de ninguna otra investigación del gobierno, al menos estaba seguro de eso porque, según su madre, la operación se trataba únicamente de la implantación de un chip parecido a una placa de metal de unos 4x2 cm en su brazo. Su madre incluso le había enseñado un prototipo, para que el supiera que era seguro. Se suponía que la función del chip seria regular el nivel de insulina en su sangre constantemente, produciéndola naturalmente con nanotecnología. Alexander era perfecto para ese experimento debido a que el mismo sufría de Diabetes Tipo 1. Por supuesto, estaba claro que su madre no había visto la horrible sala a donde lo llevaban en ese momento.
Fue entonces cuando el miedo dejo de ser miedo y paso a ser algo mas, algo que le arranco el aire de los pulmones y nublo sus ojos, casi perdiendo la conciencia. Las voces a su lado se escuchaban alejadas, muy probablemente en una dimensión diferente. Inmediatamente dejo de temblar, ya no sentía frio. Tampoco sentía las correas, ni la mesa de metal. Para él era como estar cayendo en un interminable agujero negro, como si el mismo fuera tan pesado como uno.

-¿Usaremos anestesia esta vez? La última vez los gritos eran insoportables-dijo el científico a su derecha, con tono aburrido.

-No, las órdenes son que debe estar totalmente consciente-respondió su compañero a la izquierda. Los dos empujaron su camilla hasta colocarlo al lado de otra mesa de metal-. Dijeron que incluso tendríamos que detener la operación y despertarlo si se desmayaba a mitad del procedimiento.

-No entiendo de que va eso-replicó secamente el primero, caminando hacia la puerta por la que acababan de entrar.

-No tenemos que entender nada, no es para lo que nos pagan.

Los dos científicos salieron de la habitación y sus voces se alejaron poco a poco. Se había quedado solo en la habitación. Volvió a echar un vistazo a todo, detallando las máquinas e instrumentos a su alrededor. Parecían sacados de los Juegos del Miedo. Recordaba haber visto esa película hacia poco tiempo. No tenía muchos amigos, ya que siempre debían de estar mudándose y él, acostumbrado ya a la vida nómada de sus padres, había desistido en cualquier esfuerzo de entablar una amistad con alguien. Incluso evitaba conocer mucho a las personas, para luego no sentirse mal por dejarlas. Así que, en vez de salir a ver las películas en los cines con sus amigos, como lo haría la gente común, él se quedaba en casa, compraba un par de películas y hacia palomitas caseras y veía películas hasta tarde. La semana pasada había visto esta película, los Juegos del Miedo, en la que un psicópata secuestraba a varias personas y las encerraba en una casa, donde tenían que superar algunas pruebas para sobrevivir, pero al final todos morían. La película en si no le había asustado, pero le pareció increíblemente enferma y asquerosa. La habitación en la que se encontraba ahora, estaba repleta de artilugios parecidos a los de la película, la diferencia era que estos eran de un metal limpio y brillante y olían a desinfectante, lo cual no lo tranquilizaba especialmente. Había objetos punzantes a donde fuese que dirigiera la vista, grandes pinzas y escalpelos de varios tamaños. Había algo parecido a una máscara con dos grandes agujas donde se suponía que iban los ojos y una selección de máquinas robóticas con brazos llenos de cierras, agujas, cuchillos, pinzas y, Alexander no sabía que eran, pero estaba seguro de que era algún tipo de succionador.

-No pueden matarme, no pueden matarme, no pueden…

-¿Ya está listo el psicoproyector?-preguntó un hombre viejo, mientras irrumpía en la sala con un grupo ruidoso de tres hombres y dos mujeres con trajes esterilizados. Se quedó observando el cuerpo de Alexander con curiosidad-. Bueno, al menos este tiene puesta algo de ropa.

Solo los hombres rieron. Alexander se fijó un poco mejor en el que parecía viejo, pero se dio cuenta de que éste no debía tener más de cuarenta años. Sin embargo, estaba casi calvo, solo unos cuantos mechones disparejos de cabello gris manchado le caían hasta la altura del cuello y por toda la cara. Sus dientes eran grises y gigantescos y estaban repartidos en una mueca deforme a lo largo de la boca, cubiertos de manchas de un color parecido a la cera de oído. Pero su piel era lo peor. Era gris y le colgaba de algunas partes de la cara, aunque esa era la única parte del cuerpo al descubierto. Alexander pensó que, si los zombis existieran, ese hombre seguramente sería uno.

-El aparato está listo señor, lo preparé yo mismo antes de que lo trajeran aquí. Solo falta esperar por los dos fuentes y configurar el catalizador en el nivel adecuado.

-Perfecto, espero que esta vez no hayan complicaciones. Derrick, prepara tú el catalizador. Vanessa, haz el favor de llamar al piso de arriba y decirles que estamos listos. Ustedes dos, empecemos con la primera etapa-dijo finalmente el hombre a la pareja restante de científicos, que se dirigieron obedientemente hacia la máscara que Alexander había estado observando un momento antes.

-Oh no, no la máscara, no la máscara…-pensó desesperadamente. Para su alivio, los dos científicos quitaron las agujas de la máscara antes de acercarse a él-. ¿Qué piensan hacerme? No era esto lo que se suponía que hicieran, yo no me ofrecí para algo así.

-Pobre chico, de verdad lo siento-le respondió el hombre, acercándose a su lado. Su voz, ronca, mostraba algo de arrepentimiento. Pero sus ojos, carentes de emoción, le dijeron a Alexander que ese hombre no sentía realmente nada por nadie-. De todos modos, estarás vivo. Aunque no puedo prometerte que vuelvas a ser el mismo… jamás.

Entonces, viviría. Alexander no iba a morir. Pero, ¿a qué se refería con que no volvería a ser el mismo? Se estrujó el cerebro, buscando alguna respuesta, algo que hubiese pasado por alto, pero no había nada. Aquello simplemente carecía totalmente de sentido. Pero por alguna razón, mientras le quitaban las correas de la cabeza y le ponían la máscara, no hizo ningún sonido. No era por miedo, ya no sentía miedo, pero tampoco se había resignado. Las palabras del hombre lo habían tranquilizado de una forma extraña, aunque ya no podía pensar el porqué. No podía pensar en nada más, su mente había quedado totalmente en blanco. Apenas notó cuando le volvieron a colocar las correas en la cabeza o cuando, entre cuatro personas, colocaron la camilla donde estaba encima de la mesa principal, la cual encajó perfectamente con un perturbador clic.

-Ya está listo el catalizador, Dr. Fausto.

-¿Y a qué esperas? Vamos, ¡colócalo!

Alexander sintió como el hombre se movía nerviosamente detrás de él, arrastrando algún tipo de maquina hacia la mesa. Su conciencia era pesada y sus pensamientos tardaban un tiempo en tomar sentido, como si alguien hubiese enlentecido el tiempo dentro de su cuerpo.

-La máscara funciona, tiene las pupilas totalmente dilatadas-dijo el Dr. Fausto a nadie en especial. Le dirigió una torcida sonrisa desde arriba.
El viejo Fausto se quedó mirándolo fijamente. Había algo en los ojos del hombre que lo hizo despertarse de su letargo. Eran negros, totalmente negros. Alexander vio su reflejo en los ojos del hombre, tan claramente como si fuese un espejo. La imagen se agrando en sus ojos, hasta que pudo ver sus propias pupilas en el reflejo. Parecía un cadáver con los ojos abiertos, sin brillo en los ojos. Intento apartar la mirada, pero no pudo. Siguió viéndose a sí mismo en el reflejo. Era como si ese par de ojos le arrancaran el brillo a los suyo, dejándolo sin vida. No podía moverse, ni siquiera intentó gritar, sabía que no podría y aún si pudiese, nadie vendría a ayudarlo. Fausto retiró su mirada, todavía sonriendo alegremente, mientras un brazo mecánico con dos grandes agujas bajaba lentamente hasta la cuenca de sus ojos y se clavaban hasta su cerebro.

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lucia
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Re: La Leyenda de Gaia: Genesis

Mensaje por lucia » 14 Oct 2011 19:15

Demasiado juvenil para mi gusto. Además de haberme recordado la descripción a un cómic.

Por cierto, el texto en sí está mucho mas cuidado que la presentación que has hecho, y, aun así, te faltan tildes y repasarlo un poco mas.
Solo falta esperar por los dos fuentes y configurar el catalizador en el nivel adecuado.

-Perfecto, espero que esta vez no hayan complicaciones.

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