A quince pasos de distancia

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jacobi102
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A quince pasos de distancia

Mensaje por jacobi102 » 16 Oct 2011 01:20

Era la amplificación de una noche imperfecta. Las casas y tiendas parecían esculturas hechas por alguien neurótico. Los baches en la pista estaban rellenos con un tipo de arena o tierra, que a largo plazo solo empeoraría el problema. El viento soplaba con fuerza pero en todas las direcciones pasando desapercibido.

El teatro estaba al fondo de la calle, su fachada daba la impresión de estar abandonado, pero la puerta estaba abierta y todas las luces, con la excepción de unas tres que ya no funcionaban, estaban prendidas. Desde su interior emanaba una combinación de aire caliente e incomodidad. Esta última parecía desprenderse del resto y casi tomar forma física.

Las pisadas debieron haber sido escuchadas a dos kilómetros de distancia, pero algo parecía acallarlas. Lo cual no hacía mucha diferencia, ya que no había nadie que las escuchara.

De entre los arbustos de una de las casas apareció el dueño de las pisadas, cada paso que daba parecía estar mal calculado, su cuerpo se balanceaba de un lado a otro, pero sin nunca tocar el suelo. Su cabello era corto, negro y sucio. Su ropa consistía en unos jeans, una chaqueta y una camisa, todos del mismo color negro muy similar al de su cabello. Sus pies descalzos parecían romperse cada vez que se tropezaba, sin embargo seguían intactos.

La luz precaria del teatro lo estabilizó. Sus ojos se centraron en el cielo antes de que un silbido saliera de su boca, simulando perfectamente el de una tetera, su marcha siguió en forma burlona pero seria. Porque a pesar de lo ridículo de su lenguaje corporal, uno solo tenía que prestarle moderada atención para vislumbrar algo en sus movimientos que no tenía nada de gracia.

Sus pies seguían tratando de provocar ruidos poco realistas con cada paso que daba. Todo parecía indicar que el teatro tenía un efecto magnético en él. Todo lo que lo rodeaba parecía estar rechazándolo, empujarlo hacia aquella puerta sucia y decadente, hacia las luces de poco brillo pero gran alcance que podían cambiar su andar, creando de forma casi segura algún tipo de metáfora oscura y disfuncional, pero que, al igual que todo en aquel escenario, encajaba.

La proporción en el interior del viejo edificio no parecía ir muy bien con la imagen más tradicional o lógica del interior de un teatro. Todo empezaba por las paredes, el problema era su material, este simplemente no se veía realista, todo indicaba a un tipo de goma espuma, mal pintada y con cosas pocos saludables creciendo en su interior, sin embargo los cuadros y fotos colgados en ellas no solo se veían reales, sino también tridimensionales. Uno en la pared izquierda reflejaba a un hombre perdido en un bosque y sin nada para ayudarse. Las ramas de los arboles invadían 2 centímetros del mundo exterior, además podías prácticamente oler la mezcla de los árboles y miedo.

La puerta que daba al escenario se encontraba detrás de dos cortinas las cuales compartían el mismo color aunque la primera era más oscura que la segunda, lo que no significaba que la segunda fuera más clara, además su orden respondía al del edificio, sin ser obvio y tampoco fácil de descifrar.

En el especio entre las cortinas su cuerpo parecía estar bailando, sus pies se elevaron varios centímetros del suelo, siendo controlados por algo ajeno asimismo. Sus dedos intentaban alcanzar la otra cortina, pero algo en el aire los apartaba. Al dirigir su mirada al suelo, podía ver que algo comenzaba a ocupar el espacio libre entre este y sus pies, parecía algo con vida propia, creciendo como una planta, pero de forma acelerada. Primero fue como un líquido pero pronto pasó a una forma pastosa moviéndose hacia arriba, hacia sus pies y una tensión clásica lo alcanzó en ese momento. Intentó moverse, empujar hacia cualquier dirección para evitar el engrudo color marrón tocará sus pies.

Para él era exactamente como estar al otro lado de una línea ya definida. Sentía su cuerpo como una sola extremidad, ese sentimiento de unidad era suficiente para mordisquear las profundidades de un miedo que imitaba el crecimiento de lo que estaba debajo de sus pies, lamentablemente la suficiencia no lo hacía único. Embotellada en un horror más obvio se encontraba la falta de control sobre su cuerpo. Al principio se sintió ofendido, como la víctima de una broma mal orquestada, no obstante la impotencia lo alcanzo. Los recuerdos de episodios pasados de su vida aparecieron ante sus ojos en un giro de perspectiva que superaba lo irónico.

Ya no parecía simplemente crecer, sino tratar de dar saltos cortos para acercársele. La consistencia había cambiado casi hacia lo sólido y cuando la superficie fría toco la punta de sus dedos, la levitación se cortó, dejándolo apoyado sobre la cosa desconocida que, para su alivio y sorpresa, había tomado la formo de un escalón.

Ya podía mover su cuerpo por sí mismo, aunque eso no significaba una libertad completa. No podía ni pensar en bajar del escalón o retroceder en cualquier forma, sin sentir una sutil presión correr rápidamente por su cuerpo, concentrándose en su pecho, con un sentido del humor ligado a esta, el tipo que existe en la sonrisa de un niño mientras arranca las alas de una mosca.

Impulsado, solo por un presentimiento creciente en su interior, dio un paso hacia adelante para darse con un segundo escalón salido de la nada, al dar otro paso y encontrarse encima de otro la otra cortina pareció no solo alejarse sino cambiar de ángulo, pareciendo la cima de una escalera inexistente o en este caso incompleta .

Se necesitaron 15 pasos para llegar al otro lado, con cada escalón que subía, las cortinas se movían un poco más, en una reacción que aumentaba gradualmente, pasando de movimientos leves, que imitaban el efecto de una brisa, a los más frenéticos que hacían pensar que había alguien del otro lado moviéndolas maniáticamente. Al llegar al último escalón giró su cabeza para observar lo que dejaba atrás. Vio una mano aparecer por la cortina por donde había entrado, los dedos, carecientes de uñas, parecían lombrices, la blancura de aquella piel invocaba al principio una imagen de pureza que rápidamente se transformaba en una de descomposición. El resto del cuerpo salió de detrás de la cortina. Era solo una cabeza, un torso y un brazo suspendidos en el aire, era tan delgado que, combinado con la blancura de su piel, era imposible no verlo como una figura fantasmal. Carecía de boca, nariz, orejas. Todo el espacio de su cabeza estaba ocupado de pequeñas llagas circulares, debían de ser casi cientos, todas inesperadamente pequeñas y tan cerca las unas a las otras que se veían amontonadas, siendo esta naturaleza en su organización lo que revelaba lo que en verdad eran. Ojos todos diminutos y cerrados, probablemente escondiendo algo desafortunado en su interior.

El tiempo había sido burlado gracias a la peculiar criatura que flotaba ante él, el reloj no se había detenido pero algo decidió que los segundos pasaran tres veces más lento de lo normal, no cinco, ni nueve, ni dos. El número tres era un presagio de algo que estaba viniendo o yéndose. La criatura blanca acercó la palma de su mano a la superficie de la cortina en un ángulo irreal haciendo que la traba en el tiempo muriera en un grito. Los dedos del engendro estaban tan pegados a la tela que parecían ser uno solo, salvo por dos que habían quedado libres y seguían acariciándola en forma explícitamente sexual, causando corrientes de aire que afectaban a ambos, haciendo que algo en el aire hiciera que se preguntara si habían más abortos de lo cuerdo en camino. Una segunda ola de corrientes lo expulsó de la cima de los escalones y del espacio entre las cortinas como a un insecto ante un ventilador

La puerta parecía aburrida, diminuta y extranjera comparada a lo que acababa de vivir. No necesitó abrirla, siguió avanzando hasta pasar atreves de ella como lo haría un fantasma. En cuanto llegó al otro lado fue cubierto por las luces de los reflectores, no podía ver el origen de estas, pero sabía que existían.

El suelo de madera del escenario rechinaba bajo sus pies sintiéndose mal mantenida, con astillas clavándose en la planta de sus pies, sus hombros se encogieron despreocupado ante el dolor, su cuerpo dio un salto hacia delante en un baile de victoria, sus labios se abrieron para susurrar algo airosamente.

Con un movimiento de caderas provocó que los reflectores se alejaran de él, formando un cuadrado perfecto a unos tres metros a su izquierda. Giró en un volantín ridículo hacia donde debían estar los espectadores. Solo había oscuridad, tan pura que parecía algo sólido, pero era igual que los reflectores, ellos estaban allí, sin ser vistos, queriendo ser impresionados.

No conto los pasos hacia el cuadrado porque no hubo ninguno, golpeo sus tobillos dos veces contra el suelo y su cuerpo se elevó levitando, moviéndose fluidamente hacia su objetivo, tomándose su tiempo. Una vez en el centro del cuadrado sus pies tocaron de nuevo el suelo, miró hacia arriba. En el techo existía un agujero de unos cinco metros, desde su sitio en el centro del cuadrado emitió un silbido hasta que algo comenzó a emerger del agujero. Era una cabeza, al principio escapaba a la vista, envuelta en sombras, sin embargo fue bajando lentamente revelando un cuello largo y flexible, con movimientos asombrosamente similares a los de una serpiente.

La cabeza tenía un rostro mal proporcionado, las orejas y los labios no eran simétricos, la nariz era pequeña y mal formada, pareciéndose más a dos agujeros hechos con un picahielos que a otra cosa; los ojos eran perfectamente redondos, con una expresión en blanco fría e imperturbable.

El descenso frenó sobre su cabeza, a solo un par de centímetros de esta se encontraba el rostro, abriendo y cerrando la boca, señalándole así que se apartara. Al hacerlo evitó darle su espalda, decidiendo rodearla, permitiendo que siguiera su dirección hasta que el rostro estaba chocando con el suelo.

Le tomó cinco pasos darse cuenta de que ahora llevaba dos botas negras, arañaban considerablemente el suelo de madera y eran por lo menos tres tallas más chicas de lo necesario, pero sus ojos sonrieron y hasta dio un pequeño salto en celebración fingida. Cuando ya estaba enfrentado el otro lado de aquel cuello, la cabeza había comenzado a dar golpes contra el suelo hasta romperlo y atravesarlo, dejando solo el cuello móvil ocupando todo el espacio entre el techo y el suelo; vio una pequeña puerta, como la del repostero de una cocina. Al poner su mano sobre la manija, la apretó hasta que sus dedos se pusieron blancos y jaló de ella abriéndola.

La sorpresa no había sido pequeña, no esperaba que salir fuera tan fácil, creyó en todo momento que algo iba caer sobre su cuerpo o que el piso se iba abrir debajo de sus pies, pero nada, solamente abrió la puerta, asombrándose mientras su cuerpo se deformaba y pasaba atreves de ella.

Era de día y la casa era de las que dejan entrar luz, todos los pasillos le estaban hablando o más bien mostrándole la historia del lugar, de la familia que vivía allí. Era un matrimonio ya mayor, ella tenía 57 años y el 62. Llevaban unos treinta años juntos, habían tenido tres hijos. El menor no llegó a los diez años gracias a un tumor en el cerebro y los otros dos ya se habían marchado para vivir de forma independiente.

La esposa estaba en la concina preparando el desayuno, fue fácil pasar sin que ella lo notara, porque estaba seguro de que no lo podía ver. Una alfombra cubría todo el piso de madera, lo que le generaba gran satisfacción, en especial porque una parte de su superficie gris estaba cubierta con distintas manchas, las cuales siempre le habían fascinado. Lo que le daño un poco los nervios fue la escalera, en ese momento particular no les tenía mucho afecto. Ya no había necesidad de contar pero lo hizo cumpliendo con la costumbre. Le tomó 12 pasos llegar al segundo piso, tres menos que la ultima vez, creyó recordar algo que tal vez fuera importante, lo ignoró, pensando que era mejor concentrarse en el futuro.

La habitación principal estaba abierta y en el suelo a poca distancia de la puerta había un montón de ropa aparentemente vacía, su orden era perfecto, era casi como si alguien la hubiera estado usando pero hubiera desaparecido de un momento a otro dejando la ropa atrás. Alguien más habría tenido que tener muy buen ojo para ver que había algo dentro de la ropa, pero él lo había sabido aun antes de entrar en la habitación.

Apuntó su mano izquierda hacia la cosa en el suelo, una especia de sonido como el de alguien pujando comenzó a salir de sus orejas, su mano empezó a temblar, primero despacio, luego con más velocidad hasta que uno apenas podía verla. La ropa se infló lo suficiente como para dejar que lo que estaba en su interior saliera. Se movía como si alguien lo estuviera jalando, pero muy suavemente y con mucho cuidado, casi con cariño. Una vez completamente alejado de la ropa o cualquier cosa que pudiera afectar su visión era imposible no verla sin pensar en una silueta. Los movimientos de su mano se volvieron tan fuertes que parecía a punto de explotar, su frente estaba llena de sudor. La silueta comenzó a levantarse del suelo hasta estar completamente erguida, entonces se infló, como fuera un globo, mientras más se inflaba se volvía más complicada, la pierna derecha tenía una cicatriz, los brazos y el pecho tenían considerable cantidad de vello, una nariz apareció, igual que orejas y parpados sin ojos. Era una piel, completamente vacía, la piel de un hombre, teniendo en cuenta el detalle que acababa de aparecer entre sus piernas, de unos 62 años.

Su mano dejo de moverse, su frente se secó y los sonidos de sus orejas se detuvieron, una sonrisa poco confiable apareció en sus labios, sus ojos no dejaban de mirar lo que tenían delante con gran expectativa. Levanto la mano derecha, con un movimiento del dedo medio, un cierre apareció en la piel, desde la punta de la cabeza hasta el último centímetro de los testículos y se abrió.

Al suspirar lo hizo enérgicamente, se dirigió al único espejo en la habitación y observó con gran cuidado su rostro por última vez, al dar media vuelta su ropa comenzó a pegarse a su cuerpo, de tal forma que cuando terminó esta parecia parte de su piel. Se paró dando la espalda a lo que ahora parecía un disfraz, juntó sus dos manos y las movió rápidamente de arriba a abajo. Grietas comenzaron a aparecer por todo su cuerpo, el calor era insoportable, todas sus venas si inflaron hasta el punto en que chorros delgados de sangre salían disparados contra los muebles o el techo, pero al hacer contacto las manchas desparecían. Todos sus órganos internos se liquidificaron, el resto de su cuerpo explotó, quedando los trozos pegados en las paredes, sin desaparecer. El disfraz seguía allí imperturbable, casi esperando. Todas las manchas y pedazos iniciaron movimientos, al principio solo temblaban, pero pronto se elevaron en el aire, en el centro de la habitación, formando una masa color rojo gigantesca, que comenzó a dar vueltas suspendida en el aire hasta que se percató de la piel pendiente y se lanzó hacia su interior.


El reloj de la cocina marcaba las nueve y media de la mañana, Felipe siempre salía a las siete en punto de la casa, al principio le había restado importancia al que se quedara dormido, últimamente no se estaba sintiendo bien, había tratado de ocultárselo pero ella se había dado cuenta casi inmediatamente. Esa mañana al despertarse y ver que el seguía durmiendo a su lado, pensó que era algo bueno, que tal vez con un buen día de descanso volvería a la normalidad, pero los ruidos provenientes de arriba la habían asustado, era un miedo irracional, ella sabía eso, aun así no se movió de su silla, inclusive pegó su mirada al suelo, esperando a que algo los hiciera callar.

Los sonidos de alguien bajando las escaleras interrumpieron sus pensamientos, llevó su mirada a la puerta y vio a Felipe, con su camisa blanca, su saco verde, su pantalón oscuro, con los zapatos que combinaban, maletín en mano, sus gafas de montura delgada y una sonrisa que ella no comprendía del todo.

- Buenos días cariño, hoy tengo que salir corriendo, llevo más de una hora de tardanza- la forma en que hablaba era más rápida de lo usual, la besó apuradamente en los labios y fue a la vitrina al costado del refrigerador en busca de su termo, lo llenó con café como siempre lo hacía, antes de salir casi corriendo y todavía sonriendo de la casa, puso su mano encima del hombro de ella, como siempre lo hacía cuando pasaba detrás de donde estaba sentada; y lo apretó afectuosamente, solo que esta vez lo hizo con más fuerza, casi haciéndole daño.
Última edición por jacobi102 el 16 Oct 2011 19:48, editado 1 vez en total.

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lucia
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Re: A 15 pasos de distancia

Mensaje por lucia » 16 Oct 2011 12:07

La introducción del teatro es demasiado larga. De hecho, a punto estuve de dejarlo. La parte en que él se mete en la piel de Felipe es la única que tiene algo de intriga e interés, ya que la otra recuerda un pelín demasiado a El lobo estepario, pero sin su calidad.

jacobi102
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Re: A 15 pasos de distancia

Mensaje por jacobi102 » 16 Oct 2011 19:42

tomado en cuanta, pero que parte en concreto sacarias tu de la introduccion, que parte ya te parece innecesaria o tediosa.

lo de la comparación con El lobo estepario si no ha sido aproposito, ya que no lo he leido, lo unico que he leido de Hesse es Demian.

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Re: A 15 pasos de distancia

Mensaje por lucia » 16 Oct 2011 19:54

La comparación es la que me ha surgido por lo del teatro, pero no es algo concreto, es el global el que me resulta tedioso.

jacobi102
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Re: A 15 pasos de distancia

Mensaje por jacobi102 » 16 Oct 2011 20:03

es importante para mi saber eso, en la introduccion puse algunas ideas que tengo hace tiempo y es bueno saber si funcionan, o en este caso, no sirven.

karen mendoza prada
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Re: A quince pasos de distancia

Mensaje por karen mendoza prada » 18 Nov 2011 18:06

:o a mi también me ha parecido un texto bastante largo y casi lo dejo, pero bueno, creo que no debería haber tanta descripción, porque hay mucha más de la necesaria y la historia debería basarse en hechos concretos, porque así se pierde el hilo de la historia. :lista:
:o Eso es todo, te mando un abrazo querido, que te encuentres bien, bye :hola:

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Vientoo
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Re: A quince pasos de distancia

Mensaje por Vientoo » 19 Nov 2011 23:03

No he podido continuarlo. Lo siento
¡y hay tantos textos por leer!
Último relato en "los foreros escriben" "La mirada (1º)"

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