Prólogo

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Braderan
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Prólogo

Mensaje por Braderan » 23 Ene 2012 16:12

Bueno, hace relativamente poco empecé a escribir la que pretendo que sea mi primera gran novela. De momento sólo he escrito el prólogo, pero me gustaría compartirlo. Más que nada, para ver en qué puedo mejorar, qué tipo de fallos cometo, si peco en exceso de algo, lo que sea. Así podré pulir esos defectos antes de meterme de lleno en la historia.



1

Todos estaban muertos a su alrededor. El manto oscuro de la noche cubría la escena ante la que se encontraba, siendo las estrellas los únicos testigos. Cuerpos inertes, sin vida, yacían en todos los rincones posibles, junto con lo que parecían trozos de chatarra. Algunos, como los que estaban a su lado, parecían competir por ver cual estaba en la posición más extravagante.
Mientras contemplaba el macabro espectáculo, escuchó unas voces a lo lejos que se iban acercando poco a poco.
-Que no, Alfred. Si quieres, vuelve tú solo a casa.
-Pero Mónica…-atajó sin convicción el hombre, con la sensación de estar recorriendo el corredor de la muerte.
-¡Mira! –gritó de repente la mujer. -¡Es un bebé! ¿Pero cómo puede estar este crío en un lugar como éste? –dijo, mientras lo cogía en brazos.
Los dos adultos se lo quedaron mirando: ella, con ojos de madre; él, con cobardía y desconfianza.
-¡Debe ser un regalo del cielo! ¡Dios ha oído nuestras plegarias!
-Yo más bien diría que el que las ha escuchado ha sido el mismísimo diablo –intervino el hombre, ya mayor, mientras miraba los cadáveres que les rodeaban.
-¡No digas estupideces! ¿Es que acaso no lo ves? Hace años que pedimos la oportunidad de tener un niño, ¡y hoy se ha cumplido!
-No me fío, Moni. ¿Es que soy el único que tiene ojos? ¿Qué hacen aquí todos estos muertos? Además, ¿qué ha sido la explosión de hace un rato? Y explícame que diantres hace éste bebé aquí solo, siendo el único superviviente de lo que sea que haya pasado aquí –dijo, señalando con mano temblorosa al bebé. -¡Seguro que es el hijo de Satanás!
-Calla, bobo, no digas chorradas. Seguro que esto es otra prueba de las nuevas máquinas esas para la guerra. ¡Esos cacharros sí que parecen provenir del demonio!
-Y ese relámpago de antes no ha sido normal. Además, mírale el pelo... ¡Es azul! ¿Cuándo has visto a un niño así?
-Azul, como el cielo de donde ha caído.
-Pero, Moni, el bebé…
-¡Alfred, no quiero oír nada más! –le cortó ella, levantando suficientemente la voz como para dar por terminada la conversación y volver a casa. Él la siguió a unos pasos de distancia, temeroso, sin apartar la vista del bebé.

* * *

Tenía una especie de murmullo en su cabeza, pero no le dio la menor importancia. Estaba de pie, sólo ante el portal de un cementerio. La verja, vieja y oxidada, estaba abierta, incitándole a pasar para descubrir qué se encontraba más allá. Adelantó el pie derecho, luego el izquierdo y, sin saber cómo, estaba andando, adentrándose en el tétrico lugar.
Mientras avanzaba, tenía la sensación de estar en un sitio prohibido. Giraba la cabeza constantemente, mirando a un lado y hacia otro, pero no veía nada. Ni siquiera una sola tumba, algo que indicara que estaba en una necrópolis. Sin embargo, estaba en una. Lo sabía.
Pese a la extensión del lugar, caminaba recto, como si intuyera que encontraría algo tarde o temprano siguiendo en esa dirección. Y así fue.
A través de la fina niebla, divisó una pequeña zona vallada muy lejos de dónde se encontraba. Quiso detenerse, pero sus pies se movían solos. El murmullo se hizo algo más fuerte, lo suficiente como para ser una molestia. Una fuerza misteriosa lo empujaba a seguir. Quizá era la curiosidad, que le había ganado la batalla al miedo. Se estaba acercando lentamente, cuando pudo distinguir una pequeña forma rectangular.
Al llegar a la pequeña área protegida, pudo confirmar que lo que había visto a lo lejos era una lápida. Ésta estaba sola, pero parecía que no por mucho tiempo. Tenía unas pocas tumbas vacías cerca, como si esperaran recibir pronto a sus siguientes huéspedes. La niebla se había vuelto más densa. Intentó abrir la puerta vallada, pero estaba completamente cerrada. No tenía mucha altura, por lo que podría saltarla sin complicaciones.
Estaba a solo unos pocos centímetros de hacerlo, cuando el murmullo que tenía en la cabeza dejó paso a lo que parecía ser una voz. Retrocedió unos pasos y contuvo la respiración durante unos segundos, agudizando el oído, pero no escuchó nada más. Quizá se lo hubiera imaginado. Sí, seguro que el miedo le había jugado una mala pasada. Avanzó de nuevo un poco y, esta vez sí, pudo oírlo perfectamente.
-Ven - le dijo.
Era como un leve susurro. Empezó a girar sobre sí mismo para encontrar el origen de la voz. Pero era inútil y, en el fondo, lo sabía. Se quedó paralizado unos instantes, hasta que volvió a escucharlo.
-Ven - repitió.
Esta segunda vez, la voz vino acompañada del chirriar de la puerta. Seguía sin haber nadie, pero la modesta verja metálica se abrió completamente, invitándole a pasar. Se dispuso a obedecer, cuando…
De repente, se despertó. Tenía la frente perlada de sudor. ¿Había sido todo un sueño? Parecía tan real… Aún podía ver la niebla, sentir la soledad que le transmitía ese lugar.
Se frotó los ojos y parpadeó un par de veces para volver al mundo real. Estaba en un callejón, con la cabeza recostada en la pared y con un pequeño y fino cartón haciéndole las veces de manta. Se levantó, salió del callejón y echó un vistazo a su alrededor. Lo que hasta hace poco había sido una bonita y próspera ciudad, ahora sólo contaba con casas destruidas. Un panorama desolador, de los que tanto se veían últimamente por culpa de la guerra.
Empezó a andar por la ciudad fantasma mientras notaba una especie de murmullo en la cabeza.

* * *

Ya no le quedaba nada. Su joven mujer y el hijo que albergaba habían muerto delante de sus propios ojos, poco después de haber sido violada. Y lo hicieron los que hasta hace poco habían sido sus amigos. La amistad y la compasión eran unos valores que hacía mucho que habían desaparecido en ese mundo invadido por una guerra que duraba siglos. Lo comprendió cuando tuvo que mirar toda la escena, atado a una silla y sin poder hacer nada. Su cabeza aún reproducía constantemente la escena.
-Lo siento, Garian, pero ya sabes como funciona este mundo. Cada uno tiene que salvar su propio culo – le había dicho uno, mientras otros dos le ataban y un último abusaba de su mujer. –El gobierno quiere probar la efectividad de una nueva arma justo en esta zona y nos ha pedido que matemos a todos los habitantes de este pueblo. La verdad, no entiendo porqué, ya que morirán de todos modos, pero quién sabe que planean. La cuestión es que nos han prometido un sitio en el ejército si les obedecemos, con todo lo que eso conlleva. Ya sabes: comida, un techo seguro y el poder dormir tranquilo cada noche, sin el temor a morir. Y ya se sabe que ese es el mayor privilegio al que uno puede optar en estos tiempos que corren.
Algo más tarde, cuando todos habían terminado con su mujer, le pegaron un tiro y la dejaron ahí. Los cuatro futuros soldados se plantaron delante de él, mirándolo.
-Bueno, ya solo quedas tú –dijo el mismo de antes. Parecía que los otros tres solo estaban ahí para cumplir sus órdenes y asentir a todo lo que decía. – ¿Qué podemos hacer contigo? – se preguntó mirando hacia arriba, buscando una respuesta, una muerte adecuada para él.
Garian los observó. Spike, intentando encontrar aún la solución a su propia pregunta, parecía disfrutar con la escena. Los otros tres, en cambio, tenían un gesto preocupado. El gobierno empezaría con sus prácticas en cualquier momento y ellos seguían ahí, decidiendo qué hacer con un hombre cuyo futuro ya estaba sellado. Finalmente, Spike bajó los ojos de nuevo y se encontraron con los de la víctima, dando a entender que había dado con la sentencia apropiada. Sonreía mientras pronunciaba las palabras.
-¿Qué te parece si te dejamos aquí mismo? No creo que se quejen por dejar vivo solamente a uno. Así tienes tiempo de rezarles a todos los dioses que conozcas.
Dicho esto, los cuatro salieron de la casa. Spike, el último en salir, se detuvo un momento en la puerta y se giró hacia Garian.
-Sin rencores, ¿eh? –dijo, dedicándole una sonrisa burlona.
Y así seguía, inmovilizado. Ahora solo esperaba la hora de su muerte. Pero daría lo que fuera por poder vengarse. Lo que fuera…

* * *

La pequeña muchacha andaba sin rumbo fijo. Parecía un alma errante, con los ojos perdidos en la distancia. Miraba sin ver. Aún tenía presente el recuerdo de tan trágico suceso.
Cuando quiso darse cuenta, el cielo ya había oscurecido. Echó un vistazo rápido a su alrededor con la esperanza de ver algo diferente, pero la realidad la abofeteó. El paisaje era el de siempre: edificios derrumbados, calles destrozadas y cadáveres por doquier. Nunca cambiaba nada allí donde fuera y eso no le ayudaba a olvidar lo que había ocurrido.
Algunas gotas de agua empezaron a caer, mojándole la cara. Buscó un lugar para resguardarse, pero no había nada que pudiese hacer la función de techo en aquel lugar desolador. Se sentó apoyándose en una pequeña pared que aún se mantenía en pie, con la esperanza de que el tiempo no empeorara más, pero el destino volvió a darle la espalda y la lluvia cayó cada vez con más fuerza, mientras las gotas se mezclaban con las lágrimas en su rostro.

* * *

Nathan estaba sentado en una piedra, viendo cómo sus compañeros cargaban con los cadáveres de aquel pequeño pueblo y los amontonaban en un rincón. Uno de ellos se giró hacia él.
-Oye, novato, ven aquí y ayúdanos –le dijo con reproche el soldado.
Aunque fuese en ese tono, era el único que se había dignado a hablar con él en todo el día. Consciente de quien era, lo habían ignorado incluso cuando se sentó a descansar. Pero Nathan sabía que la razón de toda esa indiferencia era su padre, todo un general del ejército. Y ellos, simples soldados, temían el decirle cualquier cosa que molestara al hijo del general Skart y ser fusilados.
-Ilusos –se dijo Nathan para sus adentros. –Si mi padre se enterara de que me ha ocurrido cualquier cosa, no movería ni un solo dedo. Incluso apostaría a que seria yo el fusilado, por débil y por ensuciar el nombre de su familia.
Viendo que no se levantaba, el soldado fue hacia él sin titubear un solo instante.
-Maldita sea, ¿quieres levantarte y ayudarnos con todos estos fiambres? –le espetó, malhumorado.
-Lo siento –respondió Nathan en seguida al tiempo que se ponía de pie.
-Tú eres el hijo del general, ¿verdad? ¿Te crees que por eso te librarás de esta mierda de trabajo? A mí me da completamente igual quien sea tu padre, así que si te han enviado aquí cargarás muertos como todos nosotros, ¿entendido, novato?
-Sí, señor –contestó sorprendido. Habían pasado de ignorarle a mandarle órdenes.
-Y no soy señor, soy Zack. Por desgracia, aún soy un simple soldado como tú.
-Entonces, ¿por qué…?
-Déjate de charla y ponte a trabajar –le cortó Zack, sin dejar que terminara la pregunta y volviendo a su labor.
Nathan, aún atónito, le siguió y empezó a cargar con los cadáveres.

* * *

Endoreth se puso las vendas con sumo cuidado. Estaba en una estancia completamente oscura, pero movía las manos con agilidad y firmeza, como si lo hubiera hecho toda su vida. Tenía prisa, aunque eso no hacía que le prestara menos atención a su labor. Se vendó toda la cara, dejando sólo los ojos al descubierto. Dio un suave tirón a los vendajes para asegurarse de que estaban bien sujetos. Tenía que asegurarse del todo. Se puso los guantes y salió a la calle.

El sol deslumbraba en un cielo azul tranquilo. Pero aquella calma parecía ser el contrapunto de la ciudad, donde un sinfín de gente corría asustada. Pese al alboroto, no podía pensar en nada más. Era muy arriesgado hacerlo de día, pero no le quedaba otra opción. Era ahora o nunca, así que empezó también a correr mezclándose con la gente. Por fin iba a dejar ese infierno, tras tantos años de sufrimiento y dolor. Iba a escapar.


* * *


Lesha estaba sentada sobre la arena, contemplando el mar. Era lo único que le tranquilizaba cuando estaba nerviosa. Divisó un barco a lo lejos, apenas un punto negro en el horizonte. Últimamente sólo se veían barcos, decenas de ellos. Se imaginaba subiendo a uno, pasando los días entre las inmensas aguas, navegando y explorando. ¿Cómo sería el mundo exterior? Desde luego no lo sabía. Ni lo sabría nunca. Su deber estaba allí, o eso le decían todos.

El sonido de las campanas interrumpió sus pensamientos y le devolvió a la actualidad. El constante repiqueteo indicaba que ya era la hora. Por un momento se había olvidado, pero ahora volvía a temblar, como si el frío se hubiese apoderado de sus huesos. Apoyó la barbilla sobre las rodillas, abrazándose a sí misma, pero seguía tiritando. Estuvo así unos minutos, hasta que finalmente se levantó y se puso a andar. No serviría de nada dejar pasar más tiempo. El ritual igual se celebraría, más tarde o más temprano.

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lucia
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Re: Prólogo

Mensaje por lucia » 23 Ene 2012 21:11

Yo le veo dos problemas:
Las cacofonías: recorrer el corredor y el adentrarse en lo tétrico.
Demasiados personajes dispersos en demasiado poco tiempo.

Braderan
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Re: Prólogo

Mensaje por Braderan » 23 Ene 2012 21:35

¡Gracias lucia!

Sobre los problemas que comentas, tienes toda la razón en el primero. Aún no lo he corregido y cuando escribo no me doy cuenta de esos detalles.

Sobre el segundo, esta hecho adrede. Al ser el prólogo, quiero explicar la situación en la que esta cada personaje y luego ir desarrollando cada trama poco a poco dedicando cada capítulo a un personaje. Una especie de Canción de Hielo y Fuego.

Repito, muchas gracias. :D

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Saber
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Re: Prólogo

Mensaje por Saber » 24 Ene 2012 00:10

Hay muchas oraciones que suenan extrañas.
En las partes narradas, tengo la sensación de que alguien que está viendo una película, me está contando lo que ocurre en ella, y no de estar leyendo un libro.
Después hay fallos típicos de los escritores novatos -yo también lo soy- como: «Tenía una especie de murmullo en su cabeza». Eso te vale como idea a ti, al escritor... pero cuando plasmas eso a través de la escritura... tiene que estar mejor expresado. «Una voz susurró palabras incomprensibles dentro de su cabeza. No le dio importancia, estaba acostumbrado». Lo de que estaba acostumbrado me lo inventé... porque otra cosa que llama la atención, es el comportamiento de los personajes. ¿Escuchas murmullos dentro de tu cabeza y no le das importancia? Para que no se la des debe haber una razón... por eso lo de que estaba acostumbrado. De todas maneras era sólo un ejemplo...
Pues nada más... sólo quería darte mi opinión, por si te ayudaba. Por desgracia no puedo hacerlo de forma realmente efectiva, porque mis conocimientos son escasos.

Suerte con tu historia.

Braderan
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Re: Prólogo

Mensaje por Braderan » 25 Ene 2012 16:57

En cuanto a la narración, quería hacerlo más o menos así en el prólogo, el cual solo sirve para saber en qué situación se encuentran los personajes, nada más. Y a partir de ahora empezar con la narración propiamente dicha.

Y sobre lo otro que comentas tienes toda la razón del mundo, jaja. Se nota la poca (casi nula) experiencia. Porque claro, en la cabeza de uno mismo todo es muy bonito, pero si luego no puedes transmitirlo de igual manera...

¡Muchas gracias Saber!

PD: cuando tenga el primer capítulo lo colgaré, a ver qué tal. :oops:

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