La isla de los repudiados

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IgorHerndez
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La isla de los repudiados

Mensaje por IgorHerndez » 16 Mar 2012 23:16

Buenas noches, os invito a leer mi último relato :wink:

La Isla de los Repudiados
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A lo lejos empiezo a ver la isla. Otra vez se impone ante mis ojos, maldita como siempre, necesaria para mi familia y la humanidad. Trabajo como barquero desde hace un par de años, y pese al tiempo que me quita, éste es el único trabajo que he podido encontrar. Pensaréis que digo esto tal vez por que vivamos en época de crisis, o en un lugar alejado de la humanidad. Nada de eso es cierto. Escribo desde otra época, otro tiempo y lugar. No puedo explicar cómo es que estáis leyendo mis palabras. Sólo pido mente abierta.
Como iba diciendo, éste era el único trabajo decente que encontré. Mi familia vive lejos de aquí, en la única población humana en varias millas. Hace tiempo una gran guerra sucedió, un combate entre naciones por lo único que ha sabido mover a las personas en estos último tres milenios de historia: el dinero, el poder, el mandato sobre los semejantes.
¿Cuántos fueron los que perecieron? Los medios de comunicación sufrieron una censura extrema, y aunque no la hubieran sufrido, no habría dado tiempo a contar los muertos. Las armas de destrucción masiva que todos dimos por perdidas aparecieron, pero en el lugar que menos esperábamos: en nuestros propios gobiernos, los mismos que habían asegurado haberse deshecho de todo armamento nuclear.
Mentira. Todo era un conjunto de falsedades para ganarse el cariño del pueblo. Jugaron con nuestras creencias, confianza y felicidad.
Pero no me voy a preocupar mucho en describir cómo llegamos a esa situación. Dado que estoy escribiendo desde el futuro, pronto lo descubriréis. Veréis las primeras señales y entonces diréis: “Todo lo que ponía en aquel texto era verdad”. Pero será demasiado tarde. El futuro de la humanidad está escrito, y nada podéis hacer por evitarlo.
Bajo la barca puedo sentir la marea meciéndome de un lado a otro. Mientras tanto, la forma de la isla se ha vuelto más nítida que nunca. Ya puedo ver el puerto en el que cada día me esperan para recibir el material. Pocos sabemos lo que de verdad sucede en la isla, de ahí viene la gran cantidad de sueldo que recibo. Compran mi tiempo y mi silencio. Sólo mi mujer conoce mi secreto.

Por fin he llegado al puerto. Salen ha recibirme:
- Por fin has llegado, pensábamos que nunca lo harías -comenta una chica de unos veinte años-. Mi padre sigue enfermo, y mi madre pregunta si conseguiste las medicinas.
- Hacemos lo que podemos, así que esto es lo que hay -digo bajándome de la barca. En el puerto hay otras personas. Me suenan sus caras, pero no sé ni cómo se llaman. No importa. Queremos el mínimo trato con ellos... Entre todos me ayudan a descargar las cajas que llevaba en la barca-. Aquí está todo lo necesario para tratar la enfermedad de tu padre. Para cualquier cosa sobre salud ya sabéis, hablad con el médico y el me lo dirá en la próxima visita.
- Mi padre está enfermo también -dice un chico joven. Tampoco recuerdo su nombre pero sé que es hijo del médico-. No puede ejercer como tal, así que si tenemos algún problema nuevo, ¿qué haremos entonces?
Miro al chico sin saber qué decir. Aunque es de noche y casi no hay iluminación, puedo sentir la ira e impotencia en sus ojos a partes iguales. Ellos no tienen la culpa de que sus padres fueran repudiados, pero así se decidió el día del último juicio, y como en todas las disputas, hay ganadores y perdedores. Aunque últimamente dudo que alguien ganó aquel día.
- Lo hablaré en el poblado y veré que puedo hacer, aunque ya sabéis cómo está todo últimamente -comento.
- Claro que lo sabemos. ¿Cómo no íbamos a hacerlo? -responde el chico, con aire enfadado. Sus ojos están a punto de soltar lágrimas. Está enfadado, seguramente con ganas de tirarme la caja que tiene entre manos. Pero yo llevo una pistola encima, y eso lo saben. Por eso no me hacen nada. Nosotros tenemos el poder.
- Tranquilízate chaval, ya os diré lo que deciden en el poblado en la próxima visita.
De repente se hace el silencio, pero la actividad no se detiene. Hacemos lo de todos los días, descargar cajas repletas de alimentos y medicinas, acompañadas de varias garrafas de agua mineral. Aunque sean repudiados no dejan de ser seres humanos.

Regreso a la costa y el sol empieza a asomar en el horizonte. El mar, que antes estaba algo revuelto, se ha calmado. Es como si el comienzo de un nuevo día fuera algo digno de respetar. Los pájaros cantan dándole la bienvenida, las plantas lloran rocío por la emoción de un día más de vida, el aire siente escalofríos de sólo pensar que aparecen vienticuatro horas llenas de posibilidades, oportunidades de hacer del día algo para recordar. Y nosotros, los seres humanos, la forma de vida inteligente sobre la faz de la tierra, autora de grandes desgracias y sorprendentes buenos proyectos... nosotros, cada mañana, nos preguntamos por qué el mundo es así. ¿Cómo hemos podido terminar de este modo?
Llego al pueblo costero del que partí hace algo más de dos horas. Es un lugar abandonado que sólo sirve para dejar los barcos descansar. Las tiendas están vacías, y se pueden ver cadáveres (o lo que queda por ellos) por las esquinas de los edificios. Los buitres y ratas devoran la poca carne putrefacta que queda alrededor de los huesos. El aire es nauseabundo, pero es así como hemos escogido vivir. Justo donde había dejado aparcada mi bicicleta hay algo parecido a un cráneo humano.
Pedaleo en dirección al poblado, ansioso por llegar y poder abrazar a mi mujer y mis dos hijas. A estas horas empezarán a levantarse, y aunque yo vaya a dormir, visitarles es lo que más feliz me hace del mundo.
El trabajo de la isla a veces me tiene tan ocupado que no tengo tiempo para verlas. La mayor parte del tiempo estoy visitando poblados cercanos con los que realizar trueques de alimentos. Y si no, estoy en alguna que otra asamblea general acordando qué hacer con los repudiados de la isla.
Pero todo esto me da igual. Por fin regreso a casa. Corro a través de las tristes calles medio destruidas hasta nuestro hogar, y allí están ellas, mi mujer e hijas. Las abrazo, las beso, les doy todo mi cariño.
Desayunamos juntos y nos reímos recordando tiempos mejores. Las niñas no saben por qué vivimos como lo hacemos. No tienen la memoria histórica que nosotros llevamos grabada a fuego. Son felices, son jóvenes, infantiles, puras. No han cometido ningún acto criticable hasta la fecha.
Ayudo a mi mujer a recoger la mesa. Colocamos los platos apilados con los que aún están por fregar. Aún no ha llegado el cargamento de agua, pero no nos importa. Aún hay un poco de agua almacenada. Además, por fin estamos juntos. Aunque sea por un día, estamos juntos.
Las pequeñas salen a la calle a jugar. No hay escuelas. La educación la impartimos nosotros, las familias. Nos ayudamos de los libros que encontramos en las escuelas, y todos juntos acordamos eliminar todos los libros de historia. La versión oficial es que todo es así desde el principio de los tiempos. La versión no oficial, todos la conocéis (o conoceréis).
Mi mujer y yo estamos a solas en la habitación. Hace sol, pero corremos las cortinas y creamos un ambiente íntimo. Hacemos el amor como si el mañana no existiera. Nos decimos ‘te quiero’ de mil formas posibles. Sonreímos, somos felices. Por la noche me tocará irme, pero no pienso en ello ahora. Caigo rendido y me duermo.

Despierto y está atardeciendo. Mi mujer está haciendo café de puchero. Su aroma me trae buenos recuerdos, a cuando la humanidad vivía en paz y no existían islas para repudiados. Esos tiempos jamás volverán.
- Buenas tardes, cariño -digo mientras entro a la cocina. La beso en la mejilla mientras ella sonríe.
- Buenas tardes. Si esperas un momento te serviré un café.
- De los que a mi me gustan.
- De esos.
Siempre decimos lo mismo, y nunca me cansaré de decirlo. Su voz es tan dulce que, junto a la risa de mis hijas, es lo único que me hace sentir humano en un mundo de destrucción como en el que me encuentro.
- Tendrás que irte pronto, ¿verdad? -me pregunta con voz triste.
- Sí, hoy tengo que viajar a un par de aldeas a por medicamentos. La gente de la isla está enfermando.
- ¿Otra vez? -pregunta ella sorprendida-. ¿Quién ha sido esta vez?
- El médico -mi mujer, al oír eso, lanza un suspiro lastimero al aire-. A veces tengo una idea en mente.
- Cuéntame -dice mi mujer dándome una taza de cafe calentísimo.
- No sé si comentar a los poblados cercanos la posibilidad de sacar a gente de la isla.
- ¿Cómo se te ocurre semejante cosa? -responde enfadada-. ¿Acaso has olvidado lo mucho que hemos luchado nosotros y nuestros padres por llegar a donde hemos llegado ahora?
- ¿Pero a qué hemos llegado? Es inhumano tener a esas personas allí encerradas, pero es cierto que es lo mejor para todos nosotros... Lo que de verdad me parece inhumano es tener también a sus familias allí. Ellos no tienen culpa de nada.
- ¿Acaso la tuvimos nosotros cuando empezaron las guerras?
- No, cariño, pero lo que quiero decir es que...
- ¡Déjame hablar! -me interrumpió de forma brusca-. Lo que quiero decir, es que si todos nosotros decidimos encerrar a aquellas personas allí, fue para hacerles pagar todo lo que hicieron a la humanidad.
- Sí, pero nadie tuvo en cuenta que enfermarían. Creo que la situación se nos ha escapado de las manos.
- A ellos se les escapó cuando empezaron las guerras nucleares, cuando mataron a tanta gente sólo por dinero y poder. La pena que les impusimos era vivir ellos y sus respectivas familias encerrados en la isla de los repudiados. Eso fue algo que acordamos entre todos -mi mujer ya se ha calmado, pero aún noto un poco de tensión en sus palabras.
- Lo sé... lo siento, sólo fue una pequeña idea que me vino a la cabeza hoy... -intento disculparme.
- Te comprendo. Tú siempre has tenido un corazón noble, pero ha llegado el momento que podamos decidir con plena libertad nuestro futuro. Por eso nos levantamos contra el poder aquél famoso veinte de abril del año dos mil cuareanta y tres.
- Tienes razón -miro el sucio reloj que colgaba de la pared-. Tengo que irme ya. Espero volver a verte pronto.
- Yo también lo espero. Ten cuidado.
- Lo tendré.

Abandono el poblado dejando atrás a los tres amores de mi vida: mi mujer y mis dos hijas. Mi mujer tiene razón, pero a veces siento que lo estamos haciendo mal. Estuvo muy mal ocultar información al pueblo, manipularnos, usarnos para fines militares y económicos de manera sádica.
Por eso se levantaron mis padres contra el poder, por eso yo les seguí. Por eso se dio un movimiento a nivel mundial para retomar el poder pedido hace tiempo, y por eso, todos juntos, decidimos condenar a los principales presidentes del país a vivir excluídos de la sociedad.
Tal vez yo no llegue a ver a la humanidad en su pleno esplendor antes de que llegue mi muerte, pero lucho por que mis hijas si lo vean.
Pedaleo velozmente a través de los desolados parajes nucleares, siempre con esa imponente presencia invisible en el horizonte: la famosa isla de los repudiados.

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Espero que os haya gustado.
Un saludo, Igor :roll:
Última edición por IgorHerndez el 17 Mar 2012 03:40, editado 1 vez en total.

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Megan
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Re: La isla de los repudiados

Mensaje por Megan » 17 Mar 2012 02:19

Me ha gustado Igor, está bien narrada y el tema es muy interesante, sólo pido que esa situación, tan visible en éstos tiempos, no se haga realidad.

Saludos y gracias por compartir tus escritos :D

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Re: La isla de los repudiados

Mensaje por IgorHerndez » 17 Mar 2012 03:44

Megan escribió:Me ha gustado Igor, está bien narrada y el tema es muy interesante, sólo pido que esa situación, tan visible en éstos tiempos, no se haga realidad.

Saludos y gracias por compartir tus escritos :D


Yo también lo espero, pero a decir verdad, viendo el comportamiento de ciertos gobiernos, ciertos revolucionarios, ciertas sociedades... es decir, del mundo en general, llego a ver posible una situación como ésta... tal vez si una guerra nuclear de por medio, pero si un asedio absoluto a las grandes organizaciones, a partidos políticos, reyes, etc... es una situación bastante complicada, y no sabemos cómo acabará la cosa...

Eso sí, muchísimas gracias por tus comentarios :-)
Un saludo muy fuerte

PD: he tratado de poner sangría al texto de alguna forma, pero cuando pongo espacio al principio de cada linea, cuando lo publico/edito veo que sale como si no existiera ese espacio... :? lo hago más que nada para que sea más agradable de leer, más... estético. Si no, pues nada :hola:

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lucia
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Re: La isla de los repudiados

Mensaje por lucia » 17 Mar 2012 17:43

Como la tienes está bien, Igor.

Por cierto, que los que quedaron en tierra no son mucho mejores que los de la isla, lo que pasa es que casi ninguno se ha dado cuenta de ello. :roll:

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Re: La isla de los repudiados

Mensaje por IgorHerndez » 17 Mar 2012 23:33

lucia escribió:Por cierto, que los que quedaron en tierra no son mucho mejores que los de la isla, lo que pasa es que casi ninguno se ha dado cuenta de ello. :roll:


Uy, pues eso me parece interesante! A mi parecer están en peor situación los de la isla porque están controlados por los de "afuera", que ya serán malos o buenos, pero tienen cierto grado más de libertad que los que están "capturados".

Aunque pensándolo bien, en el ámbito moral ganan los de la isla, o mejor dicho, ganan los hijos de los de la isla, los que desean el cambio. Los de afuera lucharon por conseguir un cambio, y cuando lo lograron, otros desean un nuevo cambio... algo así como una eterna revolución.

Un abrazo y muchas gracias :hola:

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