11 cortos

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aljamod
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11 cortos

Mensaje por aljamod » 18 Mar 2012 22:48

¡Hola!

Acá van unos cuantos cortos (11) en total, en su mayoría escritos entre los años 2006 y 2010.
Muchas gracias


¡Ah!


Notó que sus pulsaciones aumentaban, mientras su cuerpo se recargaba de una energía que hacía mucho no sentía, pero que conocía muy bien. Esa sensación de libertad y poder que le invadía parecía convencerlo de que podría alcanzar cualquier meta que se propusiera.

Desde un cielo despejado el sol daba vida a su sombra, que moviéndose a buen ritmo, se deslizaba sobre la hierba amarillenta que flanquea la angosta carretera zigzagueante que termina perdiéndose entre el monte que anuncian los primeros eucaliptos, que ahora le ven pasar.

¿Cuánto hacía que no salía a correr? ¿Dos años? ¿Tres quizá? Eso ya no interesaba. Lo importante era que marchaba, consumiendo metros, quemando calorías, oxigenando la sangre, reactivando los músculos de sus piernas y las células de su cerebro.

El airecito tibio de la tarde acariciaba su cuerpo perlado de transpiración.
¿Por qué motivo había dejado sus aeróbicos a un lado? ¿Falta de tiempo? ¿Cansancio? ¿Ausencia de motivaciones? ¿O por aquella lesión que nunca curó bien, y que le hizo pegar un grito y rodar por el asfalto?


Empleado del Señor


Mi nombre no importa. Basta con decir que soy empleado del Señor, del Sr. Manuel, propietario de la carnicería en la cual trabajo desde hace un par de años. El confió en mí y en mis aptitudes, ya que soy Médico especializado en medicina forense, carrera que me llevó nueve años finalizar, aunque no ejerzo. Y si bien llegué a considerar seriamente la idea de ejercerla, a la prostitución, porque sé que hay dinero seguro, el tiempo pasó y no me decidí. Ahora, con 38 pirulos, creo que ya es algo tarde.
Cuando mi mujer se enteró de que esa idea estuvo rondando por mi cabeza desde antes de casarnos, puso el grito en el cielo y me preguntó por qué diablos no lo había hecho.
Intenté calmarla diciéndole que si bien el tamaño de mi sin hueso era imponente, me parecía un poco antihigiénico usarla con cualquier desconocida.
Ella me respondió que tenía razón, pero que eso no me impedía ganar algún dinerillo extra, pues lo único que tenía que hacer era bajarme los pantalones, agacharme y quedarme quietito, dándole la espalda a cualquier desconocido.
Totalmente indignado, y levantando mucho la voz, le retruqué que para puto yo no servía. Ya había probado fresco, mamado y drogado, y ninguna de las tres veces me había gustado.
Su grito alcanzó entonces el cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter, y hecha una furia me echó el vale cuatro diciéndome que tampoco le gustaba la pocilga de mierda en la que vivíamos, y sin embargo, ahí estaba todos los días.
Todos los días nos gritábamos, para poder oírnos, porque nuestra casa estaba ubicada entre una sala de maquinitas y un boliche de Salsa.
Salsa para vivir, salsa para ser feliz dice una canción de Los Twist, y bailando un twist de Chubby Checker nos conocimos en un baile de disfraces. Ella llevaba un gracioso disfraz de bruja, y yo, uno de Rock Star.
A mí me sedujo ver como montaba su escoba, y a ella mi lengua a la Gene Simmons. Y no era de utilería.
Siendo un niño mis padres me llevaron al médico, porque hablaba con un poco de acento frrancés, arrrastrando demasiado la letra errre. Y la doctora creyó que cortando mi Frenulum Linguae arreglaría el inconveniente.
Luego el problema fue otro, aunque cuando a los doce años de edad conocí a Kiss, ya no me sentí tan solo, y unos años más tarde, cuando conocí a la que sería mi esposa, ya no volví a estar solo jamás.
Jamás pensé que el disfraz de mi mujer era en verdad su atuendo de todos los días, ni que su escoba volara de verdad.
Ella tampoco imaginó que mi ropa de cuero y tachas, y mi cara pintada como la de un murguista, era lo que usaba a diario.
A diario me solicitaba que utilizara en ella mi lengua, porque aseguraba que la hacía volar más que su escoba, que últimamente estaba perdiendo algunas pajas. De las pajas no voy a hablar, porque considero que es algo muy íntimo.
Pero si de confesiones se trata, he de hacer la mía.
Una tarde corté varias de las cuerdas que unían las pajas de su escoba, y cuando esa noche se fue a una reunión con sus colegas de la infancia, cayó al suelo desde inestimable altura.
Cuando llegó el momento de realizar el reconocimiento de su cadáver no tuve problema alguno. Me limité a mirar a mi colega y asentir con la cabeza.
Su nombre era Alicia Blair. Su nombre de bruja claro, no el real. El mío no importa. Basta con decir que soy empleado del Señor.


Crimen en una noche de verano


Agazapados al costado de la ruta, no lejos de la estación de servicio y, amparados por la impunidad que les otorga la noche, pacientemente esperan el paso de sus víctimas.

Les llevó un par de horas de estudio, y antes de eso, unos cuantos días de observación, pero han planeado cuidadosamente esta operación que los llevará hacia su objetivo: los corazones de sus víctimas.

En el instante preciso comienza la calculada maniobra, que no dura más de un par de minutos. Trepan al camión que ha partido desde la estación y lentamente asciende el largo repecho.

Las víctimas son tiradas hacia la banquina, donde minutos después, son devoradas. Nada como los rojos y frescos corazones de unas cuantas sandías maduras, en una calurosa noche de verano.


Las brasas de las colillas


Había ejecutado aquella maniobra muchísimas veces. Al terminar de fumar un cigarrillo, acostumbraba tirar la colilla hacia arriba y se distaría viéndola caer y esparcir a su alrededor pequeñas brasas de intenso naranja.

Con el transcurso de los años comenzó a prestar atención a la forma en que se dispersaban las brasas alrededor de la colilla. Caían tanto más cerca como más lejos, se desperdigaban en cualquier dirección y lo hacían en diversos tamaños e intensidades; si había viento, éste levantaba las brasas y producía un determinado efecto luminoso que dependía de su intensidad, y, tirar la colilla durante el día, producía resultados diferentes que tirarla por la noche.

Algún tiempo más tarde creyó ver patrones en las formas en que se dispersaban las brasas, por lo que comenzó a relacionarlas con sucesos que ocurrían a diario. Desde entonces se gana la vida en esos menesteres. De igual forma en que algunos lo hacen con la borra del café, con naipes, piedritas o caracolitos, él lo hace con las brasas de las colillas.


Los ojos del loco


Siendo pequeño contemplaba la luna sentado detrás del vidrio de la ventana, casi siempre sucio y con un agujero que en las noches de invierno dejaba pasar chorros de viento helado.

Una noche quiso contemplarla desde más allá del vidrio, y comenzó a sentarse sobre un viejo cajón desvencijado, semicarcomido vestigio de un tomatal que unos años atrás hubo frente a su casa.

Durante la tardecita de un día otoñal, decidió que a partir de aquella noche que se aproximaba la contemplaría desde más cerca, y cuando el atardecer murió, partió siguiendo a la luna.

Desde entonces se lo ve vagar por las noches, recorriendo los rincones más oscuros de la ciudad, aunque hasta ahora nunca pudo alcanzarla. Cuanto más quiere acercarse, la luna más se aleja.

Dicen que ella siente temor de que ese loco, que la viene siguiendo desde hace algunos años, pueda eclipsarla con el fulgor desmesurado de sus ojos. Desde siempre -dicen que dijo una vez-, he sido eclipsada únicamente por el sol, y a él le debo el brillo que da vida a los ojos de ese loco.


El mal genio de Dionisio


En una fresca tarde de septiembre compré una botella de vino tinto que se encontraba solitaria en un estante del Supermercado de la esquina. Por la gruesa capa de polvo que la recubría, supuse que tenía varios años de envasada, pero al ver que decía Tannat cosecha 2011, con gran perspicacia deduje que allí eran poco afectos a la limpieza.

Al llegar a casa tomé una copa y me dispuse a descorchar la botella del preciado líquido, dispuesto en primer término, a paladear esa marca que aún no conocía, y posteriormente, a comprobar si había mucha borra en el fondo del envase.

Apenas destaparla me invadió su aroma penetrante, aunque no conseguí distinguir los "aromas a frutos rojos y negros muy maduros, especias y chocolate amargo, que se acentúan cuando se estaciona por algún tiempo", descripción que lucía la etiqueta plateada.

Lo que sí pude notar, fue un extraño y ligero vaho que salió de la botella, y que luego se transformó en una densa humareda que tomó una forma humanoide que no resultó ser otra cosa que un Genio, con claros signos de estar completamente borracho.
A continuación me alentó a elegir tres favores que me concedería gustosamente, con la única condición de que bebiera solamente una copa de vino.

Totalmente irritado y a la velocidad del rayo vacié en el fregadero el contenido íntegro de la botella, consiguiendo así la inmediata desaparición del insolente y malvado Genio.
Presuroso volví al Supermercado y compré la botella del Tannat de siempre, la cual comprobé, contenía poco borra en el fondo.


Lo volveré a hacer


Mientras la observo durante unos instantes, el tiempo suficiente como para quedar hipnotizado por ese brillante y perfecto disco luminoso visible en el cielo de la noche de este lado del mundo, por mi mente sobrevuela un fantasma que, desde la prehistoria de los tiempos, me enseña antiquísimas imágenes de adoración al segundo sol.

El Sol, que fue transmutado en diferentes Dioses que durante milenios ciñeron las coronas de infinidad de Reyes, pero que para nuestros más remotos ancestros era portador de la esperanza de un nuevo día luego del terror que para ellos resultaba ser la noche, finalmente aparece en el horizonte. Entonces el tatara-tatara abuelo de Li-Bo se arrodilla y agradece a su protector, que lo ha librado de los peligros de la oscuridad impenetrable.

Esa temible oscuridad de las noches era interrumpida cada veintiocho días, cuando el cielo era dominado por aquella esfera que algunos milenios más tarde, y con la invención de la escritura, pasó a ser conocida como 月亮 o القمر. Siglos después de que el latín la simbolizara como Luna, terminó conservando la misma denominación en el castellano que llegó a todos nosotros, hispanoparlantes del tercer milenio y descendientes del tatara-tatara abuelo de Li-Bo.

El breve período de hipnotismo me abandona y aparto brevemente mis ojos de la luna. Por mi mente cruza la idea de que gracias a ella, uno de mis más remotos ancestros se salvó de ser devorado por una fiera que lo acechó durante el transcurso de una noche pretérita de todo el tiempo que ha transcurrido para que hoy pueda estar aquí.

Si el segundo sol no hubiera asomado en el cielo de la noche, el tatara-tatara abuelo de Li-Bo, no hubiera contado el cuento, y por consiguiente, su fantasma no podría haberme visitado en el transcurso de esta noche del 19 de marzo de 2011 en que, luego de cruzar a la vereda de enfrente, pude observar ascendiendo lentamente sobre el tejado de mi casa, la enorme Luna Llena que el tiempo me ofreció.

Sí, ha transcurrido muchísimo tiempo desde aquella noche del aullido primordial, y yo estoy aquí y ahora. Escribiendo lo que sentí hace unos instantes, en esta noche de marzo en que he contemplado una súper Luna sobre el tejado. Y seguramente, más tarde lo volveré a hacer.


Lo he vuelto a hacer


Cruzo la calle y, bastante más alta sobre el tejado de mi casa, vuelvo a mirar la luna, que como ahora está más lejana ya no se ve tan enorme como un par de horas antes. Pero vuelvo a posar mis ojos en ella, y lentamente vuelvo a entregarme a sus encantos, que entre sonrisas me cuentan…

Poco a poco las sombras cercanas se difuminan, mientras la luna va asomando en el cielo. Lentamente ha tomando posesión de la noche, y todos en la aldea nos sentimos aliviados.

El fuego ya ha sido encendido y en breves instantes se dará comienzo a la fiesta.
La luna nos protege de la jauría que finalmente se desentendió de nosotros.
Alrededor de la gran hoguera los tambores resuenan, y la ofrenda se inicia.

La dicha se apodera de todos. Cantamos, danzamos, bebemos, comemos y fumamos con los sentidos puestos completamente en el aquí y ahora. Los lobos se fueron y nuestro miedo más atroz se esfumó. En unos momentos la fiesta será total, y comenzaremos a aullarle a la luna.


El sexto


Me repugna su estúpida mirada de ojos idiotas y extraviados. Me asquea la expresión de su rostro, y en él, el negro agujero de su boca abierta en una mueca torcida que me exaspera. Su parloteo vacilante no es más que un sordo y escalofriante gruñido casi porcino, y hasta un cerdo tiene mejor aliento.
Su cuerpo es otra cosa, pues posee la agilidad de una gacela. Una que está hundida en el río atrapada entre las fauces de un hambriento cocodrilo que, de todos modos, la soltará y partirá en busca de otra presa cuyo sabor no sea tan intolerablemente nauseabundo.
Pero lo peor de todo es cuando ríe y suelta esa carcajada infame que atormenta mis oídos y me lastima tanto, que hasta parece que en cualquier momento fuera a desmayarme. Duele como hace un par de minutos, cuando ella fue elegida Reina y yo, como una vaca, quedé rumiando la sepia y seca amargura del pastizal, al quedar como primera princesa.


El apretón de manos


Estaba en serios problemas económicos. Una larga serie de hechos desafortunados, sumados a los intensos vaivenes que se producían en la economía del país, causados por la creciente inestabilidad del sistema financiero regional producida por la avidez de las grandes empresas multinacionales, cuyos estudiados movimientos de ajedrez hacían temblar las estructuras de muchos gobiernos en el mundo entero, algunos de los cuales, en ocasiones, terminaban desmoronándose sin más, colocaron a mi empresa, y con ella a sus trescientos empleados, las familias de éstos y a mi propia familia, al borde de la quiebra.

No tuve entonces otra opción que acudir a una institución financiera a fin de solicitar un empréstito que trajera consigo una refrescante brisa con la cual aliviar la temperatura de los estados de situación patrimonial, cuyos números estaban en rojo.

El gerente de la Institución me recibió en su oficina con una gran y brillante sonrisa que iluminaba todo el recinto, estrechándome largamente la mano.
Y al cabo de unos instantes no supe definir claramente donde finalizaba mi brazo ni donde se encontraba su mano.


El grito primario


Antes de los grandes maestros de la literatura, antes, mucho antes, cuando aun no se inventaba la imprenta que divulgaría sus palabras, antes, cuando aun no existían los símbolos y puntos de la escritura, cuando incluso no se había llegado a garabatear la primera letra del primer alfabeto, e incluso un poco antes, cuando aun no se había pronunciado la primera palabra, alguien, un Adán perdido en los remotos orígenes de la especie humana, un eslabón olvidado en la memoria colectiva del mundo, un día, o una noche, abrió los ojos y gritó.
Y su brutal y desesperado alarido aun resuena en nuestro interior.


* * * * * * *

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lucia
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Re: 11 cortos

Mensaje por lucia » 19 Mar 2012 21:02

Mas que once cuentos cortos parecen 2 o 3 cuentos cortos y varios retazos.

aljamod
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Re: 11 cortos

Mensaje por aljamod » 19 Mar 2012 22:19

lucia escribió:Mas que once cuentos cortos parecen 2 o 3 cuentos cortos y varios retazos.


¡Je je! Gustos son gustos, y opiniones son opiniones. Tan solo eso. De todos modos, muchas gracias por comentar.

PD.
Para ti, y tan solo para ti, el título es "3 cortos y 8 ultra cortos".

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lucia
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Re: 11 cortos

Mensaje por lucia » 20 Mar 2012 20:47

3 cortos y 8 trozos :lengua:

aljamod
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Re: 11 cortos

Mensaje por aljamod » 23 Mar 2012 02:00

lucia escribió:3 cortos y 8 trozos :lengua:


Mira, en parte, debo darte la razón.
Ocurre que tengo un texto bastante extenso (aprox 70 páginas en word), que en parte está conformado por "cortos" (trozos :D ) escritos años atrás.

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lucia
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Re: 11 cortos

Mensaje por lucia » 23 Mar 2012 20:44

Y ahora te las ves y te las deseas para conjuntarlos, ¿no?

aljamod
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Re: 11 cortos

Mensaje por aljamod » 25 Mar 2012 03:17

lucia escribió:Y ahora te las ves y te las deseas para conjuntarlos, ¿no?



No, eso no me sucede. Al menos en el caso anterior, los cortos fueron cayendo solitos. Lllegaba a un punto determinado del relato y decía: acá viene bien tal o cual. :D

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