La Creación

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EPyeP
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La Creación

Mensaje por EPyeP » 22 Jun 2012 00:27

¿Quién sabe por qué? Hay ocasiones en las que el hombre, simplemente, necesita escribir. Lo necesita, siente el impulso impaciente que es el hambre del alma. En el fondo de su conciencia, en lo más profundo de cada una de las células de su cuerpo, nota arder las palabras, que son la forma de los pensamientos. Unos pensamientos que, aun viejos como la conciencia, ni están ni han estado allí. Que sólo empiezan a tomar forma cuando la tinta inexorable los clava a la blancura de una hoja, como un cuchillo, un bisturí que rasga la pálida carne, atrapando y liberando a un tiempo el espíritu que habita en todas las cosas, que es todas las cosas, pero que no es desvelado al mundo más que a través de los febriles trazos de una mano que actúa por cuenta propia, plasmando unas ideas que se encuentran en la mente, pero que esta no es capaz de conocer hasta que la tinta se las revela.

En todo ello pensaba él cuando buscaba apresuradamente una pluma. Al dar por fin con ella, la mojó en la escasa tinta que le quedaba, de aspecto grumoso y estropeado. La escritura se veía salpicada de manchas, con líneas que morían súbita y prematuramente. Echó un par de gotas de agua al tintero, y probó otra vez. Enseguida, echó un poco más y, taponándolo, lo agitó. Por fin pudo escribir con cierta soltura, sin preocuparse por la tinta que comenzaba a manchar sus dedos.

Así, actuando por puro instinto, sin reflexionar, comenzó a narrar la Historia. No estaba atendiendo a la razón, él mismo se sorprendía al repasar lo escrito. Nada de aquello importaba, nada importaba, nada existía. Sólo existía la Historia que nacía del alma del escritor que, a medida que cumplía con su cometido, iba poco a poco dejando de existir.

Y comenzó a soñar la tinta a medida que el mundo de las Ideas, más real que todo cuanto le rodeaba, atravesaba su cuerpo, tomando la forma que él mismo le daba sin conocerlo.

Y soñó con fuego, o lo que sería el fuego sin nada que quemar. Con la blancura inmensa de la energía pura, del Todo entrando en la Nada, de la existencia atravesando a lo irreal. Con un fragor mudo, el sonido esperando algo por donde propagarse. Con fuerzas inmensas que sacudían los leves esbozos de materia. Y esferas, miles, millones de esferas de todos los tamaños, girando siempre en torno a otras esferas más grandes. Y un giro de eternidad que hizo encajar los engranajes de la probabilidad, hasta que ocurrió lo imposible. Vida. Nació la vida, más brillante que las mil estrellas que la rodeaban. Y no dejaba de aumentar, creciendo, haciéndose más compleja, asimilando y perfeccionando el equilibrio del Universo. Entonces, con otro destello, la armonía encontró su freno. El Universo cobró forma y significado, se redujo y agrandó hasta ocuparlo todo, un todo que estuviera dentro de un alma. Se creó lo ilógico, lo absurdo, todo adquirió su contrario y todo, obligado a luchar eternamente contra su opuesto, se vio subordinado a lo único que comprendía y dominaba los dos extremos del espejo, aquella silenciosa explosión que, con su aparición, sacudió los más sólidos cimientos del Universo.

El Hombre. Nació el Hombre, y con él el tiempo, que dividió la fina lámina del instante en el que se había creado todo, dándole una continuidad limitada de la que, en su eternidad, carecía. Nació el conocimiento, que ocultó todo lo que se alejaba de su luz. Nació el Mal, que creó al Bien. Nació la división, la lucha, lo natural, lo artificial, lo cierto, lo falso, lo anterior y lo posterior. La mente humana comenzó dividiendo la Realidad en el Yo y lo Extraño y, partiendo de allí, extendió por ella las demás divisiones, fragmentándola como una vidriera inmensa, bella y compleja. El Hombre dio justificación y fin al Universo.

Se completó la Obra.

El Escritor, agotado y perplejo, arrojó la pluma, que rebotó por el texto, salpicando la enmarañada letra con una constelación de manchas diminutas. Sabía lo que había escrito, sabía la Idea que había escrito, pero no sabía qué significaba. Lo leyó de nuevo, y supo que era grande, era bello y estaba vivo.

Lo leyó de nuevo. Y entonces, Dios contempló lo que había creado, y vio que era bueno.


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Vientoo
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Re: La Creación

Mensaje por Vientoo » 22 Jun 2012 00:54

Empezó de forma maravillosa. Y leí esta frase:

Lo leyó de nuevo. Y entonces, Dios contempló lo que había creado, y vio que era bueno.

Y me sonó a liturgia... :shock:
Último relato en "los foreros escriben" "La mirada (1º)"

EPyeP
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Re: La Creación

Mensaje por EPyeP » 22 Jun 2012 16:00

Exactamente. Es una frase bíblica.

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lucia
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Re: La Creación

Mensaje por lucia » 23 Jun 2012 17:47

Y Dios es el escritor innombrado al principio :cunao:

EPyeP
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Re: La Creación

Mensaje por EPyeP » 23 Jun 2012 20:30

O, por lo menos, el escritor siempre es el Dios de aquello que ha escrito.

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