Silencio, dolor y golpes

Espacio en el que encontrar los relatos de los foreros, y pistas para quien quiera publicar.

Moderadores: kassiopea, Megan

Responder
Avatar de Usuario
moonofglass
Lector ocasional
Mensajes: 52
Registrado: 20 Abr 2011 18:56
Ubicación: Asgard

Silencio, dolor y golpes

Mensaje por moonofglass » 30 Jun 2012 00:02

El vaso cae, quebrándose en mil pedazos. Intento arreglar el desastre, me arrodillo para recoger los vidrios, pero no lo logro sin cortarme pues mis manos me tiemblan. Estoy asustada.
Escucho los gritos de mi marido, me dice que soy una inútil, que no sirvo para nada.
Yo callo. Me meto un dedo en la boca, intento hacer que pare de sangrar.
Unas lágrimas se deslizan por mi rostro, no hago ruido, no sollozo, no puedo permitírmelo, si sabe que lloro me golpeará.
Me pregunto como he llegado a esta situación, antaño él era un buen hombre, se preocupaba por mí, me regalaba cosas, era muy detallista. Vaya, todo un caballero.
Aunque si soy sincera conmigo misma, de algún modo siempre he sabido que esto iba a pasar, esa vigilancia permanente y ese control siempre me olieron a chamusquina, eran claros indicios de que algo no estaba bien, pero yo siempre me autoengañaba, asociaba estás muestras de control con un fuerte cariño. Al cabo de unos años, terminé por darme cuenta de realmente como era, que realmente no conocía con quien había compartido todos aquellos momentos, que había estado durmiendo con un completo y total desconocido, que estaba, en fin, durmiendo con el enemigo.
Cometí un error muy grave. Tan grave que nada se puede hacer ya por solucionarlo.
La niña se asoma, pregunta que sucede. Su padre le lanza una mirada helada, fría y despiadada. Un escalofrío recorre mi espalda.
-Que que sucede? hija de la gran puta!
La coge del pelo, y la lanza al piso. Empieza a golpearla. La niña empieza a llorar, yo intento hacer algo, pero solamente logro pronunciar gritos ahogados entre sollozos que ya no puedo disimular.
Me levanto, quiero llegar hasta él, detenerle. Pero los pocos metros que nos separan se sienten como kilómetros. Me siento impotente.
Miro a la niña, sus ojos están cerrados, rodeados de cardenales.
Sus mejillas que antes se asemejaban a la porcelana están rojas, llenas de lágrimas. Con sus frágiles bracitos intenta protegerse su estomago, el cual está siendo pateado cruelmente por su padre. No puedo resistirlo más. Le empujo.
-Déjala. Tiene solo cuatro años.
Y aunque tuviese diez, la verdad, me daría lo mismo. Es mi hija, maldita sea, no se merece esto. No se merece este infierno.
He intentado irme, varías veces, con ella. Pero no tengo dinero, me casé demasiado temprano, nunca he trabajado. Dependo de él totalmente.
Además, siempre lloraba, siempre, me hacía sentir culpable, me hacía creer que realmente tenía motivos para golpearme, que lo sentía mucho y que no volvería a ocurrir. Que debía comportarme como una niña buena y no recibiría ningún tipo de castigo.
En fin, se aprovechaba del poco cariño que todavía le tenía, de los restos de un profundo amor que ahora se encuentra casi en cenizas. Sabe que con dos lágrimas, dos besos y dos disculpas, este resurgirá de estas como si se trátase de una ave fénix, aunque solamente fuese para arder de nuevo unas horas después.
Le golpeo en el pecho, con toda la fuerza que tengo
-Por qué nos haces esto?
Empieza a reírse. No sé que le ve de gracioso a todo esto, no logro entenderlo.
-Crees que os merecéis algo mejor? .- dijo entre risas.- De veras? mírate, anda, me das pena. Eres una cerda, un parásito que no hace nada más que estar en casa, sin trabajar, sin hacer nada. No sé ni porqué me casé contigo, bueno, de hecho si, eras muy buena en la cama.
Eso era totalmente mentira, no trabajaba, porqué el no me dejaba hacerlo. Siempre que le propuse hacer algo, más que fuese un medio turno en la cafetería que llevaba mi tío, terminaba con un ojo morado llorando. No es que yo no hiciese nada por voluntad propia, es que me quería encadenada a él, y luego se atrevía a reprochármelo.
Me lanza al suelo, me clavo un par de vidrios en las piernas. Nada grave, pues los trozos son pequeñitos, pero duele. Mucho.
Se enciende un cigarro. Da media vuelta, va a marcharse, al bar seguramente. No nos dice nada, no se despide. Simplemente escupe en el suelo, pero se siente como si me hubiese escupido a mí en el rostro.
Da un portazo. Escucho sus pisadas, dirigiéndose hacía la puerta.
Se que cuando vuelva, estará igual o peor. Por desgracia, casi siempre, cuando se emborracha, la cosa va a peor.
"Yo soy otro" J.A.Rimbaud

Avatar de Usuario
lucia
Cruela de vil
Mensajes: 67334
Registrado: 26 Dic 2003 18:50

Re: Silencio, dolor y golpes

Mensaje por lucia » 30 Jun 2012 16:36

Lo malo no es que sea una historia de las que pasa demasiado a menudo, sino que se ajusta demasiado a los pasos que nos describen a los que no lo vivimos en primera o segunda persona como para empatizar mas allá del pobrecilla. En este caso está agravado por el hecho de que diga que podría haber ido a trabajar al bar de su tío y diga que si no se ha ido de casa es por la falta de dinero. Eso le quita credibilidad y hace que sigas pensando que está en fase de negación de autoestima.

Mas que nada, porque las que de verdad llegan a ese punto en esa situación, se van. O eso nos contaron de la asociación a la que llevábamos juguetes en la campaña navideña. Que lo difícil es hacerlas ver que esa situación no es normal y que no son una basura.

Responder