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NotaPublicado: Lun Ene 28, 2013 4:52 am 
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DESBARRE EN EL ORFANATO ABRETELIBRENSE

Un relatillo dedicado a la Ranita Dori, en el que también participan otros amigos foreros :D
Disculpad los que no estéis... he escrito esto en una tarde, no ha dado para más :oops:


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Pasaba ya la medianoche cuando la tormenta arreciaba sobre el viejo orfanato. La lluvia golpeaba con inusitada furia contra los muros de piedra y, como un auténtico ser viviente, la edificación entera se estremecía con el restallar de los relámpagos. Hacía mucho tiempo que Dori lo sabía: un corazón latía en las entrañas de aquel lugar, pues todas las noches escuchaba su palpitar. Ella cubría su cabecita dorada con las ropas de cama e intentaba pensar en cosas hermosas... pero nunca conseguía escapar de aquel tenaz y oscuro latido que retumbaba en los muros, suelos y hasta en su propia alma.

Oyó el fru-frú de unas ropas al removerse y, al poco, reconoció las tenues pisadas de unos piececitos que, ligeros, se alejaban. Irremediablemente muerta de curiosidad, Dori retiró la manta que cubría su cabeza y miró a su alrededor. No vio nada, pues la oscuridad reinaba en el dormitorio de las niñas. Sin embargo, un relámpago estalló tras las ventanas en ese instante, iluminando la sala. Dori distinguió la inconfundible melena plateada de Blanquita justo en el vano de la entrada. La acompañaba Berlín, inconfundible también, pues sujetaba en la mano su fiel compañero: un látigo que consistía en unas tiras de terciopelo burdamente cosidas, al que con adoración llamaba Manolo.

Blanquita y Berlín se alejaron pasillo abajo tomadas de la mano, con Manolo detrás. Dori, decidida, saltó de su cama y, enfundándose las zapatillas, salió tras ellas...

—¿Qué se traerán entre manos estas dos? ¡Yo no me quedo sin saberlo! —susurró Dori, avanzando con la diestra apoyada en el frío muro.

Pero no llegó muy lejos, pues justo cuando pasaba ante los aseos comunitarios, unos brazos la rodearon, tirando de ella hacia el interior de la habitación. Un grito de terror murió en la garganta de Dori, puesto que una fuerte mano cubrió su boca, acallándola. Aterrada, empezó a temblar, creyendo que aquello lúgubre que vivía en las entrañas del edificio había venido al fin a por ella.

—Tranquila... soy yo —susurró junto a sus rubios cabellos una familiar voz—, no grites, ¿vale?

Los brazos que la retenían se alejaron y Dori se dio la vuelta. A la luz de un nuevo relámpago que acababa de restallar vio el rostro de Gava, que se sonreía socarronamente cual perro pulgoso, y a Ukiah, quien permanecía estático e impasible, mirándolos con los codos levemente apoyados sobre un mugriento lavamanos.

—¡Vosotros dos teníais que ser! ¡El chucho y el robotillo! ¿Qué hacéis fuera del dormitorio a estas horas? —bramó Dori, un poco molesta por la broma.
—¡Vaya quién fue a hablar! ¡Dori la exploradora! —terció Ukiah.
—¿Cómo? ¡Seréis ggggrrrrññññ...!
—¿Qué hacías tú andando por aquí, guapa? —preguntó Gava, cambiando a modo conciliador.
—Yo... yo estaba siguiendo a Blanquita y a Berlín. ¿No las habéis visto?
—Pues no —dijo Gava, enarcando con interés una ceja. Aquello se estaba poniendo interesante. En su desbocada imaginación empezaron a desfilar imágenes de Berlín, Blanquita, Dori, el látigo Manolo y él mismo...
—¡Humanos! —pensó Ukiah en voz alta—. Jodíos sacos de mocos y complejos varios... Y sin embargo, ¡qué aburrido sería el mundo sin ellos!

Los tres salieron de los aseos y continuaron pasillo adelante, en dirección a la escalera principal. Seguro que encontrarían a Blanquita y a Berlín en el jardín, danzando bajo la tempestad y recogiendo hierbajos para sus conjuros, ¡menudas brujas estaban hechas! Fue entonces cuando los tres pudieron escuchar claramente unos aullidos que parecían proceder del mismísimo infierno. Hacía tiempo que se rumoreaba que, bajo el orfanato, se abría una extensa red de catacumbas, cuya entrada se desconocía. Esos rumores también decían que cualquiera que entrara en aquel submundo, jamás lograría liberarse de los hilos ponzoñosos con los que era retenido.

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—¡Vaya grito! ¿Se estará depilando la madre superiora, sor Lucía? —preguntó Gava.
—Ya te gustaría a ti verlo... —apuntó Ukiah, socarrón.
—Sssshhhh... ¡SILENCIO! —exclamó Dori, contrariada—. Un respeto por sor Lucía, ¡que es la jefa suprema! Vosotros reíros, que os va a echar a la calle...
—¡Leñe! Cuando la exploradora se enfada da miedito, jaja. Ahora me gustas más, princesa.

Entre exabruptos y risitas contenidas llegaron a la planta baja. Escucharon de nuevo un horripilante aullido que provenía de las dependencias de la cocina. Todo estaba oscuro como garganta de lobo, por lo que decidieron tomar unos candiles. Dori avanzó hacia la despensa, con la intención de inspeccionar el lugar, cuando distinguió el brillo de unas pupilas turquesas. Retrocedió tan deprisa que a punto estuvo de caer. Chilló.

—Sssshhhh !!!!! No grites, compañerita, que vas a delatar nuestra posición —dijo Estrellita, avanzando hacia ellos.
—¡Coño! ¡Esto está más transitado que el primer día de rebajas en el Corte Inglés! —exclamó Ukiah, que se lo estaba pasando en grande.
—¿Y qué haces tú aquí? —preguntó Dori a Estrella, sintiendo el loco cabalgar de su corazón—. Casi me matas del susto.
—Pues estoy haciendo lo mismo que vosotros, compañeritos lindos: chafardear y enredar —se rió—. Mirad, he descubierto unas manchas de sangre en la escalera del sótano. Venid a ver, venid...

Estrella hizo un ademán con la mano, indicándoles que entraran en la despensa. Todos dirigieron sus miradas ansiosas hacia el suelo, donde una trampilla levantada dejaba ver las tinieblas del sótano. Alumbraron la trampilla con sus candiles y, en efecto, distinguieron unas manchas rojas sobre los peldaños de madera que descendían al abismo. Ukiah, orgulloso de demostrar que no se arredraba ante nada, como todo buen bilbaíno, se lanzó escalera abajo. Lo siguió Gava, por supuesto, que no quería ser menos. Y tras ellos, temerosa, empezó a bajar Dori.

Estrellita, ¿tú no bajas? —preguntó Dori, insegura, mirando hacia atrás.
—Sí, claro, yo te sigo. Anda, baja tú...

Y entonces, un ruido resonó sobre ellos y comprendieron, demasiado tarde, que la traviesa Estrellita les había tendido una burda trampa: ¡estaban encerrados! Dori escuchó cómo la traidora se carcajeaba más allá de la trampilla. No obstante, pronto entendieron que no quedaba otra que seguir descendiendo hacia las lúgubres catacumbas.

Alcanzaron el suelo y, sobre las losas de piedra, distinguieron un reguero escarlata que conducía hacia delante. Gava, muy caballeroso, tomó a Dori del brazo cuando ésta empezó a dar muestras de que le temblaban las piernas. Entonces, reaccionando veloz, Ukiah la tomó del otro brazo. De esta guisa siguieron avanzando. Poco después escucharon, proveniente del fondo, un alegre canturreo, una especie de canción de cuna. En ocasiones, cuando el canturreo se detenía, llegaba hasta ellos el murmullo de unas voces, así como unas risitas que, al parecer, no podían ser del todo retenidas.

—¡Ésa es Berlín! —dijo Gava—. Que sí, que la reconozco a la jodía.
—No lo dudo, ya sé que Manolo y tú sois íntimos —comentó Ukiah, dándole por una vez la razón a su compañero, sin que eso sirviera de precedente, por supuesto.

En ese instante, Gava resbaló y cayó de bruces contra el suelo. El golpe que su cabeza dio sobre la piedra resonó en el lugar como un presagio funesto. Su cuerpo quedó aovillado sobre las sucias losas, inerte. A la luz del candil, Dori vio con horror cómo el rostro de Gava se había cubierto de sangre. Pero lo que más aterrorizó a nuestra protagonista fue contemplar a Ukiah, que estalló en demenciales carcajadas. Ella arrancó a correr, desesperada, con la intención de escapar de toda aquella locura.

—¿Os habéis vuelto todos locos? ¿Qué queréis de mí? ¡Dejadme! No, NOOOOO !!!!!!!!!!!

Al fin, distinguió a lo lejos el brillo de unas luces titilantes y, sollozando de alivio, hacia ellas se encaminó, creyéndose salvada. No estaba preparada para la escena con la que se encontró. Unas vastas estanterías cubrían los muros de aquel sector del sótano: eran las míticas catacumbas abretelibrenses. Hileras de libros podridos atestaban los estantes, acombándolos bajo su enorme peso. Algunos de esos libros estaban encuadernados con piel animal y humana, procedente de los pobres infelices que, como ella, se habían aventurado hacia aquel tenebroso lugar.

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Había velas dispuestas aquí y allá, derramando sin cesar gotas de cera caliente que, chorreando desde lo alto de los estantes, creaban fantasmagóricas estalactitas que descendían hacia lamer el frío suelo. En un rincón distinguió a Berlín, que se balanceaba provocadoramente en un columpio con un grueso volumen sobre las rodillas. La saludó con la mano, soltando una risita.

Dori dio un respingo y, alejándose de Berlín, reparó en un ornamentado espejo dorado que enseguida captó su atención. Sin poder resistirse, fascinada, dirigió su diestra hacia él; de repente deseaba acariciarlo con todo su ser. Sus pupilas se sumergieron en aquella superficie que de inmediato dejó de devolver su reflejo. Varias sombras negras asomaron y tiraron de ella con fuerza hacia el otro lado...

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Más risitas sonaron a su espalda. Fue entonces cuando Dori reaccionó y, por poco, logró escapar del embrujo del espejo. Se giró y vio a Blanquita junto a su madre, un ser grotesco que sonreía bobaliconamente mientras con los brazos simulaba acunar a un bebé inexistente. Ante ellas humeaba un enorme caldero. Detrás, colgando precariamente de la pared, un cuadro mostraba una colorida escena: un alegre delfín retozaba entre jirones de espuma blanca, mientras una hada-sirena cabalgaba sobre su lomo.
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Hilos de agua salada rezumaban desde el marco, impregnando el muro de piedra y una parte del suelo.

La madre de Blanquita extrajo algo del caldero y se lo llevó a la boca. Empezó a masticar con ansia evidente y un hilillo de baba cayó desde la comisura de su boca desdentada. Soltó un gruñido de satisfacción.

Blanquita avanzó unos pasos hacia Dori, buscó entre sus ropas de colegiala y, haciendo un mohín, extrajo algo que mostró en la palma de su mano: eran unas ancas de rana bien torneadas y tostaditas, crujientes.

—Están muy sabrosas, a mi madre le encantan —aseguró Blanquita.

Dori, que a esas alturas estaba a punto de desmayarse, escuchó entonces las voces de todos los compañeros del orfanato abretelibrense que, prorrumpiendo en risas, exclamaron al unísono:

FELIZ CUMPLEAÑOS, RANITA DORI !!!!!!!!!!!! :luxhello: :228: :beso: :beso:

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Capítulo 2 - Autor : Estrella de Mar

La Ranita acabó desmayándose justo encima del Robotillo, dejándolo manco del brazo derecho, por lo que quedaba incapacitado para torturar niños en el futuro.
—La mano de los cubatas, nooooooo! —bramó con lastimeros gritos.

El Robotillo, en su caída, empujó a la Berlinesa, y esta en un acto reflejo esgrimió a Manolo contra Gava, por ser el que estaba más cerca. Gava, huyendo, corrió como Pulgoso en celo detrás de Jazmín, y cayó también, agarrándose a lo primero que encontró. Era el hábito de sor Lucía, que despertada por tanto barullo, había aparecido de repente, rezando por que fueran depravados los que interrumpían su casto sueño.

Sor Lucía, viendo su hábito desgarrado, se desmayó al comprobar que su conjunto rojo pasión de lencería fina había quedado al descubierto.

Repentinamente, ante tan curiosa imagen, apareció un humo negro y comenzó a materializarse. Se adivinaba una figura tenebrosa.
—¡Es Kassio, la bella dama de las Tinieblas! —anunció, horrorizada, Berlinilla.
—El murmullo zurriagador de Manolo la habrá atraído —dijo el Robotillo, con semblante espeluznante.
—¡Oh, Ábrete mío! ¡Sácanos de aquí, o nos llevará al otro lado del tenebroso espejo! —imploraba Gava a todo el panteón abretelibrense, aterrorizado.
—¡Rápido, despertad a la Rana! Su veneno repele a los poderes oscuros —soltó Ber, escondiendo a Manolo.
—¡No se despierta! —informó Gava— ¿Y si pruebo dándole un beso? —sugirió.
—¿Y para qué? ¿Qué te crees, que se convertirá en princesa? —le contestó el Robotillo. ¡Deja de pensar en guarrerías y haz algo! ¡Me he quedado sin mi brazo de cubatas, stupid!
—Ya te pondremos otro, llorica —contratacó Gava.
Mientras nuestros protagonistas dejaban pasar valiosos minutos dilucidando esas importantes cuestiones, La Dama de las Tinieblas ya se había materializado del todo. Tenía un tamaño colosal, su negra melena serpenteaba alrededor de su cuello, y sus ojos despedían el fuego del infierno.
—Dadme a Manolo —rugió con una voz de ultratumba.
—Ni lo sueñes —costestó la Berlinesa, apretando a su Manolín contra sus turgentes pechos—. Por encima de mi cadáver.
—Pero… ¿qué haces, loca de la vida? —le susurró Robotillo, que había cogido su brazo y se había escondido detrás de una silla—. Dale lo que pide, o nos volatilizará a todos.

Berlinilla se sumergió en profundas reflexiones para emerger segundos más tarde alzando la cabeza muy dignamente y anunciar:
—Está bien, te lo daré. Pero con una condición.
—Habla —dijo Kassio, que ya estaba empezando a perder la paciencia, y no tenía intención de aovillarse.
—Manda a toda esta panda de locos al subforo de las almas que vagan en pena.
—¿Estás segura? —preguntó La Dama—. Sólo unos pocos elegidos han podido salir de allí.
—Que así sea, aún les pasa poco. Por culpa de sus vainas me he quedado sin mi adorado Manolito.

Nuestros amigos casi se quedan turulatos oyendo cómo se decidían sus destinos.
A Gava se le pusieron los pelos del lomo como clavos, escondió el rabo entre las piernas y empezó a gemir como un cachorrito.
La Rana, que acababa de despertarse justo a tiempo para no poder hacer nada, nunca había lucido ojos más saltones.
Y al pobre Robotillo se le incendiaron los circuitos y tuvo que ponerse en suspensión, aun a riesgo de perder todos sus datos acumulados a lo largo de milenios abretelibrenses. Un prolongado irrintzi fue lo último que se escuchó.


Capítulo 3 - Autor : Ukiahaprasim

Y cayeron.

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Cayeron deslizándose por un túnel tenebroso, cayeron a lo largo de una oscuridad insondable, y cuando parecía que todo llegaba a su fin, siguieron cayendo.
Y durante buena parte del trayecto, el único sonido que les acompañó en su caída, fue el desgarrador lamento de Berlín.
— ¡Mi Manooooooooooooloooooooooo! — gritó — ¡Kaaaaaaaaassio Traidoooooooooraaaaaaaa! — y continuó sus gritos hasta que la falta de aliento primero y luego el propio aburrimiento pudieron con ella.
— ¿Ya? —Preguntó Ukiah — ¿te vas a estar calladita ya? Que la verdad, la caída aburre, pero chica, tanto grito aburre más aun.
— ¿Qué? ¿No se ve el final todavía?— preguntó Gavalia.
— Aun no parece — respondió Dori, que aprovechando su pequeño tamaño se había subido a la cabeza del robot, aduciendo que con sus grandes ojos podría hacer mejor de vigía.
—Oye, pues a mi me avisáis cuando lleguemos — gruñó Gavalia, y enroscándose sobre si mismo se puso a dormir.
Y siguieron cayendo.

Un buen rato después, de manera imperceptible al principio, pero de forma más acusada después, la pendiente fue disminuyendo paulatinamente, y con ella, la velocidad a la que bajaban.
—Grnf, no escapes, querida — murmuraba Gavalia entre sueños — si sabes que no puedes vivir sin mí.
— Despierta ya, chucho — gruñó Ukiah, largándole una patada.
— ¡Eh!, tranquilo hombre de hojalata, si yo solo estaba … —empezó a protestar Gavalia
— No, si ya sabemos “lo que estabas” — cortó Berlín — como si alguna vez estuvieras a otra cosa.
—¿Queréis callar de una vez? — Ordenó Dori desde lo alto de su atalaya— creo que al fondo se ve algo de claridad. Perdón, Ukiah —añadió.
—No ef nada ‘ujer, ‘ero fi facas el anca ‘e mi ‘oca, ‘ejor — respondió — Gracias. Y si ahora haces el favor de trepar un poco más arriba, en vez de sentarte en mitad de mi cara, igual hasta vería yo también algo.
—¡Oye!, como si fuera culpa mía — dijo la rana, mientras intentaba encaramarse en lo alto del robot — si no fueras tan presumido y no te aceitaras tanto, no estaría todo el rato resbalando.
—Lo siento, la próxima vez tendré en cuenta que puedo acabar con una rana sentada en mi cabeza, y hasta prepararé unas moscas para que puedas almorzar.

Entre tanto, poco a poco, su caída se había ido ralentizando hasta acabar parados en mitad de una enorme caverna cuyos límites apenas podían entrever.

—¡BIENVENIDOS AL FORO DE LAS ALMAS EN PENA! — Atronó una lúgubre voz — ¡DONDE IMPERA EL LLANTO, EL DUELO Y EL QUEBRANTO!

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—Lo que nos faltaba, una voz en off — dijo Berlín
—En off y en verso — repuso Gavalia — No me extraña que haya tanta pena, lo que me extraña es que con tanto ripio quede algo de alma.
—¿QUERÉIS HACER EL FAVOR DE ASUSTAROS AUNQUE SEA UN POQUITO? — Gritó la voz — ¡QUE POCO RESPETO! ASÍ NO HAY QUIEN CREE UNA BUENA AMBIENTACIÓN.
—¿Estrellita? — Preguntó Berlín — ¿Eres tú? ¿Qué haces aquí?
—¿Y desde cuando los equinodermos tienen alma?— añadió Ukiah
—¿Y porque hablas en mayúsculas? — remató Dori
—Ejem, en realidad no son exactamente mayúsculas — intervino una nueva voz — sino versales, y se suelen usar principalmente ..
—Jodo, el que faltaba — exclamó Gavalia — que me aspen si no es el Isma.
—¿Alguien quiere hacer el favor de explicarme que demonios está pasando aquí? —gritó Dori al borde del histerismo, aun encaramada en la cabeza de Ukiah e manteniendo un precario equilibrio en la superficie resbaladiza. — ¿o me voy a tener que poner seria?
—En realidad, Dori, no hay mucho que te podamos contar — intentó aclarar Isma mientras ambos salían de entre las penumbras — ya que nosotros mismos no lo entendemos. Lo único que te puedo decir es que alguien se ha apoderado de nuestros cuerpos, y ha encerrado nuestras almas en estos pasadizos que hay bajo las mazmorras del foro.
Al acercarse poco a poco, el grupo entero pudo contemplar que Isma y Estrella no era en realidad más que sombras semitransparentes, sin sustancia ni consistencia.
—Hala … que pasada — dijo Gavalia mientras miraba alucinado como su mano traspasaba el cuerpo de Isma como si fuera un espejismo, y poniendo una sonrisa lobuna añadió— Como aprenda el truco ya verás que cara se le queda a Fabian cuando ...
—¡Gavalia, para quieto ya! —Ordenó Berlín — Continuad, continuad.
—La historia es bien fácil de contar, aunque yo todavía no consigo entenderla — dijo Isma — Un día me desperté tumbado en una especie de altar, y rodeado de unos fantasmagóricas sombras verduscas que salmodiaban algún tipo de canto o hechizo. Al principio no podía moverme, pero poco a poco noté como una fuerza tiraba de mí con fuerza, y conseguía levantarme. Pero al darme la vuelta, puede ver como mi cuerpo seguía allí, atado e inmóvil. Al poco rato, una de las sombras me señaló con el dedo, y un fuerte torbellino se apoderó de mí, y me arrastró hasta aquí donde me encontré con Estrella.
—A mi me sucedió otro tanto — intervino Estrella de Mar — Yo llevaba ya unos cuantos días aquí cuando llegó Isma, y desde entonces hemos intentado en vano encontrar una salida.
—Este… perdonad un poco … —le interrumpió Ukiah — ¿cómo que “días” y “desde entonces”?... ¿Cuánto tiempo lleváis ya aquí?
—Pues no se decírtelo a ciencia cierta —contestó Estrella de Mar — porque aquí es muy fácil perder el sentido del tiempo, pero yo diría que hace mas de dos semanas que llegó Isma, y antes yo estuve sola al menos un par de días más.
Un silencio absoluto se hizo en la sala, mientras Gavalia, Berlín, Dori y Ukiah se miraban entre si, hasta que finalmente tuvo que ser Berlín la que formuló la pregunta que flotaba ominosamente en el aire.


— Entonces… — balbuceó — ¿Quiénes son los Isma y Estrella que llevan con nosotros desde entonces?

[CONTINUARA]

Lease, lo dejo aqui para que otro lo continue... :boese040:


Capítulo 4 - Autor : Ranita Dori

- Muy bien -dijo Dori - esto ya no tiene gracia, yo no me creo esos cuentos de los dobles y las posesiones, sobre todo si no son un cuento de Ororo!. Berlín deja de chuparme el lomo!!!
- Yo no debería estar aquí. Los robots no tenemos alma!
- Pues lo de las ranas tampoco está muy demostrado todavía.
Un gemido cortó la discusión entre ellos, de repente una nube azul se elevó desde las sombras para dejar paso a David (que cada vez se parecía más a su avatar) que intentaba vocalizar mientras se llevaba una mano transparente a su mandibula.
- ¿Qué ha pasado? ¿Qué hago aquí?
- Leñe!! Cuidado que la "P" puede venir de "pesadilla". Mira que si es el culpable de todo...
- ¿David has visto a Manolo?
- Calla Berlín, que no es el momento!
- David, soy Estrella, me ves?
- Pero... pero.... eres transparente ¿Qué te ha pasado?
- Lo que nos vamos a reir cuando se mire en el espejo.
- Ukiah te sigue faltando un brazo, eres manco, calla!
David paseaba la mirada por todos, sin estar seguro de dónde podía dejarla, al final acertó a mirar su propia mano y no necesito decir nada para que en su rostro se reflejar el terror más absoluto. Isma decidió intervenir:
- A ver, no pasa nada, mira Estrella y yo estamos igual que tu, no sabemos que ha pasado, pero lo importante es que Berlín, Ukiah, Gava y Dori están aquí y podrán ayudarnos.
- Flipo, pretende que les ayudemos un robot defectuoso, un chucho, una rana y una...una... Berlín tu que eres????
Isma hizo cortar la intervención de Gava solamente con la mirada.
- David, tranquilo ¿que estabas haciendo hace un segundo?
- ¿Yo? Estaba ayudando a ordenar los libros de la séptima biblioteca de la tercera letra del alfabeto, me agaché para colocar correctamente uno de los volúmenes de la recopilación del décimo milenio cuando sentí un fuerte golpe en la nuca y no puedo recordar más.
- Vale, esto es como una novela de misterio y de esto sé un rato -la ranita se acercó a David - ¿Quién es el verde encargado de la tercera letra que estaría contigo?
Callaron todos un momento para recordar pero no era su fuerte estar atentos a las lecciones de historia abretelibrense. En estos momentos les ayudó mucho recordar el himno de abretelibro y pudieron recitar la estrofa adecuada:
La C se destina a las cobras
La C cobra importancia en el crimen
La C se encuentra en las cimbras
de la C se encargará para siempre LIFEN


Capítulo 5 - Autor : Gavalia

-¿Bueno qué... nos ponemos en marcha de una puñetera vez, o seguimos todos con cara de haba preguntándonos por el sexo de las lagartijas tibetanas?. Humanos... cuando vuesas mercedes avisen, me ponen un telegrama, de momento sigo pasillo abajo por mi cuenta. -un olor irresistible sacudió el olfato de Gavalia "coñes!!! me huele a hembra conocida... quizá sea Jazzzzzzz y seguidamnete se perdió en la oscuridad de uno de aquellos profundos pasillos que conformaban aquel extraño laberinto de almas en pena y olores estimulántemente raritos... snif... snifff... y un ladrido lejano fue lo último que se escuchó y supo del pulgoso de Gavalia.

Un lamento intenso y lastimero, sacudió los oídos de los presentes en aquel oscuro y maligno recinto en el que se encontraban vivos y fantasmas.

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-¡¡¡Gavaliaaaaaaaa.... ven aquí ahora mismo.... maldito perro!!! -Dori se moría de miedo pensando en que clase de ser podía haber emitido tan lastimoso quejido. ¿De dónde provenía el mismo?. ¿Quién lo emitía? que narices estaba sucediendo....

-Puede ser la voz de Pedrito. Ese chico no anda muy bien de la cabeza -comentó Ukiah mientras intentaba poner en marcha sus sistemas de automantenimiento y reparaciones varias.

-Suena como si a alguien le estuvieran desollando el alma -observó Berlín.

-Jodo que rebuscado es eso, Berlín. ¿No podías haber utilizado un simil menos terrorífico? -inquirió David, que ya salía de su desconcierto al respecto de lo que le estaba pasando... bueno lo intentaba... sólo está en tu cabeza... se decía para sí mismo mientras observaba como otra figura se iba conformando delante de sus narices... y no era Estrella... aunque sin duda era una mujer con el cutis pelín grisaceo, los cabellos desordenados, unas tetas importantes... y una sonrisa desdentada... lo que nos faltaba... Carmen!!!!

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Lo siento pero esto de tener poco tiempo me impide avanzar más en este descalabro de aventura...
Siguiente, ea!!


Capítulo 6 - Autor : Berlín

--Ama, debo deciros que esta gentuza os está tomando por el pito del sereno.
--Manolo hijo, cada día te tomas más confianzas. Deberías conocer tus obligaciones y dejarte de vainas filosóficas.
Berlín, en un recodo del oscuro pasillo platicaba con su fiel Manolo, mirándolo fijamente y acariciando sus múltiples lenguas lacerantes con sus dedos de largas uñas de color sangre de perro.
--Yo de ti agarraría al chucho y lo estamparía contra la pared y luego le propinaría unos cuantos latigazos con mi lengua lasciva. Sabes cuánto lo desea, Ama.
-- Pero Manolo, sabes que camina del lado de esa presumida de Carmen Jones. Ella y sus contoneos de maremoto; ella y sus libidinosos pechos, que siempre anda enseñando. ¿No te has fijado, querido Manolo, de qué manera se inclina para evitar las telarañas enseñando el nacimiento de sus pezones erizados? ¿Y de qué manera frunce sus morritos de fresa para enloquecer al robot aceitoso? ¡Pero si hasta el mismísimo Isma, etéreo y casado para más inri, anda medio enajenado cada vez que ella se acerca desnuda y le pregunta, con la mirada enfebrecida, qué camino hemos de seguir por la gruta!
--Pero Ama, no permitas que el monstruo de los celos perturbe y nuble tu maravillosa y brillante sensatez.
--¡Tienes razón!
Berlín, esquivando los melíferos e insinuantes pechos de Carmen agarró al chucho por el pelo del lomo y lo estampó contra la pared de la gruta.
--¡A mi pies, perro del infierno! ¡Ahora sabrás quien es la maléfica Berlín!
--¡¡Guauuu, guauuu, guauuuu, gu gu gu guaaauu!!
Esto, para los legos en el argot perruno, quiere decir:
--¡Oh, hermosa y rutilante Berlín, no me azotéis, si sabéis cuánto amor os profeso!
Berlín, haciendo caso omiso de los aullidos del can, desenrolló a Manolo y bajando generosamente la cremallera de su corpiño negro, para respirar mejor, comenzó a azotar al chucho, que, extasiado y con la baba resbalando por un lado de su hocico, no apartaba la vista de sus pechos oscilantes, que bajaban y subían al compás de su ofuscación.
Un brazo metálico la tomó fuertemente por la muñeca y Berlín giró su hermosísimo rostro: era el robot de las narices, siempre tan tocapelotas, que le dijo así:
--Bruja, no deberías azotar al perro, recuerda que es el único con un olfato decente en esta tribu de locos, que nos puede guiar hasta el final de la gruta—dijo sensatamente el metálico compañero--. Además, no quiero ruborizarte, pero creo que está bastante “complacido” con el tema de los azotes: observa sus genitales.
Efectivamente el animal, con los ojillos en blanco y un reguero de baba deslizándose por su pecho peludo, tenía una erección canina descomunal. Tal era su tamaño que no sabiendo cómo taparse tomó lo primero que vio: una Estrella de mar.

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Capítulo 7 - Autor : Kassiopea

—Manoooooooooloooooo —balbuceaba Berlín, debatiéndose en sueños. Su cabeza se removía sobre el musgo que cubría el suelo y sus brazos, tratando de alcanzar algo que solo existía en el mundo onírico, se alzaban inquietos mostrando sus garras de gata. Agarró con la diestra algo duro y, de inmediato, abrió sus brillantes ojos verdes.
—¡Coño con la humana descarada! —rezongó el robotillo—. ¡Haga usted el favor de soltar mi brazo!

Hacía un rato que nuestros amigos, en su deambular, habían llegado a una gran caverna subterránea. Impresionantes estalactitas y estalagmitas abarrotaban el lugar y, en el centro de la cueva, brillaban las aguas negras de una laguna. En la superficie de aquellas aguas, periódicamente, habían observado que se formaban grandes burbujas que, en unos minutos, estallaban en miles de gotitas que caían sobre ellos como lluvia. Musgo fosforescente verde cubría por igual paredes y suelo, por lo que la visibilidad había aumentado notoriamente.

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Un poco apartados del grupo tras una barrera de imponentes estalactitas, dos figuras conversaban animadamente en la intimidad. La primera, con las orejas en punta y la lengua colgante en un continuo movimiento pendular, observaba con adoración evidente a la segunda, la cual destacaba sin duda por la hipnótica fascinación que solía provocar en los demás y, en especial, por su mayúscula “pechonalidad”.

—No te preocupes, reina mía, encontraremos la salida. ¡Ya dije yo que mis infalibles narices habían detectado agua muy cerca! —comentaba Gava en aquel momento, deshaciéndose en lisonjas y sonrisas.
—Estoy ansiosa por reunirme con mi creadora, una tal Ororo, ¿no la conocerás tú? He de ajustar cuentas con ella —afirmó con rotundidad Carmen Jones. Una mueca de rencor asomó a sus labios sensuales y medio putrefactos.
—Ah, ¿sí? —atinó a decir Gava, que en aquellos momentos contemplaba embelesado cómo un gusano reptaba sobre las mullidas lomas de la delantera de la mujer.
—Como si no hubiera sido suficientemente vilipendiada en vida, ¡va la muy pécora y me condena a levantarme de mi propia tumba! ¡Qué se habrá creído esta Ororo! —exclamó Carmen, cerrando los puños con fuerza y levantándolos sobre la cabeza—. ¡Voy a enseñarle qué pasa cuando te metes con los muertos!
—Vaya, qué razón tienes... —comentó bobaliconamente Gava, sin apartar ni un ápice sus ojos del sinuoso cuerpo de aquella mujer, que, furiosa, no paraba de bambolearse. El gusano, con tanto movimiento, resbaló hasta quedar colgando de un enhiesto pezón.
—Yo soy buena, ¡soy bueeeeeeeena! —exclamó finalmente ella. A continuación apresó el gusano haciendo pinza con dos de sus dedos esqueléticos y se lo llevó a la boca.
—¡Por supuesto que eres buena! —convino él, mientras ella se relamía. Luego, teatralmente, Gava se genuflexionó ante Carmen—. A tus pies, querida mía.

Un ruido ensordecedor arrancó ecos de las paredes de la caverna, provocando el estupor general. Todas las conversaciones privadas quedaron acalladas. Se trataba del robotillo, que había puesto a la máxima potencia sus altavoces de última generación.

—¡ATENCIÓN, POR FAVOOOOOOR! COMO BUEN MAESTRO DE CEREMONIAS QUE SOY, ME VEO EN LA OBLIGACIÓN DE INFORMAR SOBRE UN HECHO DE VITAL IMPORTANCIA.
—¿Qué ha ocurrido? —preguntaron varios a la vez.
—¡Jodo, qué forma tan desagradable de interrumpir! —opinó el chucho.
Berlín, ¡deja de chuparme el lomo! —exclamó la vocecita de Dori.
—¿Quién ha fumado? —quiso saber Estrellita.
—¡Vaya potencia! Amigo mío, ¿qué tal una de Manowar? —propuso Isma, metalero duro hasta en su desmejorado estado actual.

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—¡SILENCIOOOOOOO! BERLÍN TIENE ALGO IMPORTANTE QUE CONTAROS.
—¿Yo? ¡Ah, sí! —dijo la Berlinesa, que había estado tan pendiente del chucho y de la no-muerta que había perdido el hilo de la conversación. Se aclaró la voz y empezó a cantar—: Uno, dos, Manolo viene a por ti. Tres, cuatro, cierra bien la puerta. Cinco, seis, toma el crucifijo...
¿¡Berlín!? —interrumpió Estrellita—. Yo quiero de eso que has fumado.
—Ejem, perdonad —dijo, lanzando una mirada atravesada que hizo que el chucho se estremeciera—, ahora recuerdo... He soñado con Manolo. Ayyy, mi Manoliiiiín !!!!!!! Bueno, en realidad no era un sueño, ¿sabéis?... Manolo puede comunicarse conmigo a través de los sueños. Me ha dicho que puede acceder a los pensamientos de la traidora Dama de las Tinieblas y que, gracias a eso, ha obtenido una importante información.
—¿Qué te ha dicho? —preguntó con interés David Pesadilla.
—¡Estamos salvados! —exclamó la Ranita, ya viéndose lejos de tanto desbarre.
—Habla, mujer —ordenó Ukiah, cansado de tener que soportar a semejante pandilla de neandertales insufribles.
—Ha dicho literalmente: el dedo os señala el camino.
—¿Y qué narices significa eso? —quiso saber Gava.
—¡Y yo qué sé, niño! Habrá que resolver el acertijo...

Media hora después todos seguían sentados sobre el musgo rumiando el posible significado del acertijo. Estrellita, que estaba deseando hundir sus piececitos en el agua, se acercó a la orilla y tomó asiento sobre una roca. Desde aquella posición pudo disfrutar de una nueva perspectiva de la cueva. De improviso lanzó un prolongado irrintzi, gesticulando animadamente para reclamar la atención de los demás.

—¡Qué tripa se os ha roto, leñes!
—¡Ahora que estaba yo tan concentrado en mi diseño rupestre! —se quejó David, alejándose con desgana del mural que había empezado a dibujar.
—¡Ya lo tengo! —exclamaba Estrellita, extendiendo su propio dedo—. Mirad desde aquí, compañeritos. ¡El dedo nos señala el centro de la laguna!

Y, en efecto, todos lo vieron. Una gran estalactita descendía desde lo alto de la caverna, señalando las aguas negras. Aquella estalactita, curiosamente, tenía la forma de un dedo gigantesco. Nuestros protagonistas lanzaron vítores y se abrazaron entre sí; comprobar que el acertijo se correspondía con la realidad había renovado sus esperanzas. En un momento dado, Ukiah se encontró con el chucho entre sus brazos, pero rápidamente se libró de él, empujándolo con desagrado.

—¿Y ahora qué? —inquirió el robotillo.
—¡Con las ganas que tenía yo de darme un chapuzón!

Y habiendo dicho esto último, Estrellita se lanzó al agua cual experta sirena. Tras ella fue Isma, que ya tenía ganas de entrar en acción. Todos los demás permanecieron en la orilla, expectantes y jaleando a los intrépidos nadadores. La primera en llegar justo debajo de la estalactita-dedo fue Estrella, que sonrió al ver al metalero muy retrasado. Ella no lo sabía, por supuesto, pero si Isma se hallaba tan distanciado era porque en aquellos momentos se estaba librando una dura batalla en su interior: irresistibles cantos de sirenas bellísimas lo asediaban y tentaban, impidiéndole el avance. Nuestra Estrellita, como era mujer, ni siquiera podía oír esos cantos. Creyendo que no había problema alguno, ella se zambulló, en busca del fondo.

Dentro del agua, Estrellita se transformaba en un auténtico equinodermo. Nadie como ella podría haber realizado aquella misión. Descendió y descendió y aún no había alcanzado el fondo de esa laguna de aguas negras. Sin embargo, podía distinguir a miles de criaturitas fosforescentes que le daban la bienvenida, alumbrándole el camino. Al fin alcanzó el lecho marino, repleto de corales verdes, rojos y azules. Ella, que era tan buena orientándose como nadando, sabía exactamente dónde estaba el lugar que el dedo gigante señalaba.
Efectivamente, entre los corales encontró esto:

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Estrellita, tan asombrada por el descubrimiento que a punto estuvo de recuperar su forma humana, comprobó que se trataba de una piedra tallada con forma de estrella de ocho puntas. Consiguió sujetar la piedra y poco a poco empezó a ascender, pero el objeto pesaba más a cada momento. Haciendo un esfuerzo supremo aguantó, pues era consciente de que dentro de poco, cuando la profundidad descendiera, podría volver a su forma humana sin peligro. Buscaba a Isma desesperadamente con sus ojillos, ¿dónde se habría metido aquel metalero melenudo?

Al fin pudo transformarse y el peso de la piedra se tornó más liviano, pero se sentía taaaan cansada... De puro agotamiento se desmayó, pero poco después Estrellita sintió que unos brazos fuertes la rodeaban y, juntos, alcanzaron la superficie de la laguna. Las pupilas violetas de Estrella se abrieron y contemplaron el rostro de David mientras, tiernamente, la recostaba en la orilla. Ella sonrió y él le devolvió la sonrisa. Luego, el chico dirigió su mirada hacia el regazo de Estrella, donde ella seguía aferrando fuertemente la piedra tallada.

—Lo siento, los cantos de las sirenas me retuvieron —comentó entonces Isma, arrodillándose junto a su compañera—, ¿estás bien?
—Me siento muy cansada... Gracias, David.
—¿Cómo conseguiste evitar tú los cantos de Parténope? —preguntó Isma a David.
—Pues no sé, yo me eché al agua y no me molestaron... estarían muy ocupadas contigo.

Todos miraron a Isma y él se ruborizó. Estrella suspiró por última vez y sus ojos se cerraron. La piedra, liberada de la presión de sus manos, cayó sobre el musgo fosforescente. David corrió junto a su compañera, temiéndose lo peor. Una cacofonía de incrédulos balbuceos llenó la caverna. Dori empezó a llorar, suavemente. Ukiah la abrazó. Aunque él nunca lo admitiría, un corazón humano latía en su interior.

Y en aquel instante, cuando todo parecía más perdido que nunca en aquel lugar de dolor y penitencia, la estalactita con forma de dedo se desprendió de la bóveda, hundiéndose en las profundidades de la laguna. El nivel del agua aumentó, cubriendo la piedra que Estrellita había estado sujetando. Nuestros amigos se subieron a unas rocas. El último en hacerlo fue David, que tomó a Estrella entre sus brazos. Entonces ocurrió algo aún más sorprendente: aquella estrella de piedra empezó a brillar, desprendiendo iridiscentes rayos de luz desde su interior. A continuación estalló. La caverna entera se estremeció y todos se abrazaron, asustados.

Hubo una explosión de luz que momentáneamente los cegó y, cuando los ojos humanos volvieron a la normalidad poco después, pudieron distinguir la contoneante silueta de una mujer que emergía de las aguas, cual Venus renacida.

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La mujer, avanzando con el porte altivo de una diosa, se dirigió hacia ellos, que habían quedado mudos de asombro. Las aguas de la laguna, que hasta entonces habían sido negras, se volvieron azules. La espuma blanca se arremolinaba junto a las piernas de la diosa, adorándola y rindiéndole homenaje. La luz, que había llegado a iluminar todos los rincones de la cueva, ahora iba declinando, concentrándose en la figura de la desconocida. Entonces, mirándolos con unas penetrantes pupilas color turquesa que todo parecían saberlo, ella habló:

—Soy Inanna, la diosa del Cielo, de la Tierra y del Inframundo. Llevo aquí eones, esperando que alguien me liberara de la maldición de la Dama de las Tinieblas, que me castigó por superarla en gracia y belleza. ¡Deberá pagar por ello, la maldita! Os doy las gracias a todos. ¿Hay algo que pueda hacer por vosotros?
—Mujer... digo, señora... Nos gustaría escapar de aquí —se atrevió a sugerir el robotillo.
—Pero nuestra amiga... ella fue quien liberó la piedra —dijo David, bajando sus ojos hacia Estrella, que languidecía inerte en sus brazos.
—Oh, ya veo... Es una dulce Estrella de Mar, maravillosas criaturas donde las haya.

Inanna acarició con las yemas de sus dedos el perfil de Estrella, dejando sobre su pálida piel un rastro húmedo. De inmediato, el color volvió a las mejillas de la chica y sus ojos se abrieron de par en par. Inanna, mientras sonreía mirándola, cubrió sus enredados cabellos con coloridos corales, caracolas, estrellitas y caballitos de mar.

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—Gracias, querida. Sin ti no habría sido posible —dijo la diosa con humildad.


- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -


Mientras todo esto sucedía en las profundidades de las catacumbas, dos figuras con auras verdosas conversaban en uno de los despachos del viejo orfanato. En la puerta del cubículo rezaba el título de General aunque el visitante que lo acompañaba en aquella ocasión era el experto en Histórica.

—Por ahora es conveniente que las cosas sigan tranquilas, no conviene levantar sospechas. Aplacemos los rituales hasta la próxima luna.
—Pero me fastidia tenerlo que aplazar todo. Al fin y al cabo nadie sabe nada, tan sólo ha corrido un estúpido rumor...
—¿Un estúpido rumor? Sabes muy bien que Lifen te vio. Tan solo habría que sumar dos y dos para llegar a la conclusión de que tienes algo que ver con la desaparición del tal David Pesadilla. No sé por qué ya me temía yo que ese chico nos traería problemas...

Tras la puerta, alguien se detuvo a escuchar. Ahora ya no había duda, estos dos eran los responsables de los últimos sucesos extraños. Lifen se alejó, decidida, dispuesta a contárselo todo a sor Lucía, la madre superiora.


(CONTINUARÁ...)


Capítulo 8 - Autor : Estrella de Mar


Lifen llamó a la puerta del despacho de sor Lucía.

—Madre superiora, ¿puedo pasar?

Sor Lucía, interrumpida en su meditación, se vio obligada a posponer el éxtasis místico que había alcanzado a través de sus puros pensamientos pecaminosos.

—Adelante, hermana Lifen, pase —concedió sor Lucía.
—¿La molesto, madre?
—No te preocupes, estaba sumergida en mi meditación sobre el consuelo que nos proporciona la castidad y la pureza, pero ya la continuaré esta noche, durante mis rezos nocturnos. ¿De qué se trata, hermana Lifen?
—Sospecho que alguien de mi Orden está realizando conjuros mágicos que están afectando a algunos foreros del orfanato, madre.
—Eso es imposible. La Orden Esmeralda es incorruptible y le guía la mano del Señor. Es una vergüenza, hermana, que pienses esas cosas perversas de los compañeros de tu propia orden.
—Pero, madre, yo vi…
—¿Tú qué ibas a ver, hija de mi vida? Si cada vez que lees los Salmos necesitas una lupa gigantesca. Nada, nada, hermana. Vuelve a tu subforo y rézame treinta y tres ave marías y once padres nuestros. Recondúcete, hermana, o te asarás en el fuego del infierno abretelibrense.
—Sí, madre.
—Que la santidad de Nuestra Señora vaya contigo.
—Y con usted, madre.

Sor Lucía se quedó reflexionando. ¡Les dije que fueran discretos, que no los viera nadie!, pensó.
Decidió que tendría que reconducir a la Orden Esmeralda. Su falta de cautela debía de ser castigada, cuarenta azotes en el trasero bastarían. Se imaginó el culito respingón de Ciro, y sintió unos infernales calores muy agradables.

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La Dama de las Tinieblas estaba confusa. Su adorado Manolo había desaparecido de repente. La Berlinesa le había tendido una trampa. Le entraron unas ganas irrefrenables de devorar alguna criatura. De repente, le vino la imagen de aquel robot sin brazo, resultaba muy apetitoso. Pero, ¿cómo lo comería?
Estaba dilucidando esta cuestión cuando la Diosa arquera apareció muy alarmada.

—Mi querida Nini, ¿a qué debo el honor de tu visita?
—Se trata de mi criatura, tenebrosa dama. Mis arqueros me han informado de que ha sido liberada por los desechos humanos y la piltrafa robótica que mandó al subforo de las almas perdidas.
—¿Cómo la han podido encontrar? -bramó la hermosa y oscura diosa, conmocionada.
—Habrán descubierto la piedra mágica. Estamos las dos en peligro, se querrá vengar por haberla hecho presa. ¿Qué vamos a hacer?

La Dama de las Tinieblas reflexionó durante unos minutos. De pronto sus ojos se quedaron en blanco, su cuerpo entró en trance. Al volver en sí, su rostro resplandecía con una maliciosa sonrisa.

—Tendremos que invocar al espíritu de Ororo.
—¿¡Ororo!? ¿El ángel caído? Pero... eso... eso sería condenarnos a una muerte segura. La última vez que la invocamos hubo una guerra mundial entre subforos.
—Es lo que me ha dicho La Voz Maligna al entrar en trance. Dice que ella nos ayudará. ¿Dónde la tenemos escondida?
—En el subforo de los relatos de los concursos —respondió Nini.
—Sácala de ahí y tráemela.
—No podemos, hace tanto tiempo ya que está allí que nadie recuerda en qué relato se la encerró.
—Pues pregunta al delfín, el bibliotecario abretelibrense, él seguro lo sabrá.
—Pero el delfín no mora en estas profundidades. Tendremos que subir a cazarlo.
—Adelante, arquera, llévate a todas las legiones oscuras. Recuerda que Inanna ya anda libre.

Una vez estuvo sola, la Dama de las Tinieblas se puso a pensar lo que haría para vengarse de esos espantajos que habían liberado a Inanna.

Al perro lo castraré y le haré tragarse sus pelotas. Y luego me lo comeré yo a él.
Al robot le inyectaré un compuesto que lo reducirá a una simple tostadora.
A la Berlinesa, que me arrebató a Manolín, la condenaré a servirme mojitos, que nunca probará.
A la rana la enviaré a una charca putrefacta, repleta de sapos deslenguados y barriobajeros.
A los etéreos los enviaré a la mente de Alejandro Sanz, para que malvivan en sus melodías.
Y al David Pesadilla lo encerraré en el primer Trending Topic que encuentre.

No, no, no, no me gusta, pensó decepcionada. Falta más ensañamiento.
No importa —se dijo—. El ángel caído Ororo me dará más ideas.

Continuará...


Capítulo 9 - Autor : Nínive


Nínive caminó presurosa hacia sus aposentos. Ardía en deseos de empezar la búsqueda de Ororo y saldar cuentas pendientes. Por fín le haría pagar por aquello. Había pasado tanto tiempo...

―¡Deja de revolotear por los rincones y muéstrate!―Ordenó con impaciencia.
―Lo siento, ama. Estaba buscando algún mosquito que comer―respondió contrito el murciélago.
―No sé por qué te conservo conmigo, rata inmunda. No me vales para nada, siempre estás pensando en lo mismo. Me tenía que haber quedado con el torturador, no contigo, lástima que se lo cargaran en la última misión.

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La arquera se paró enfrente de un viejo baúl mientras el murciélago se posaba suavemente en su hombro. Ratpenat abrió sus ojillos medio ciegos de par en par.
―¿Vais a coger el arco Mistral? Pero....¿dónde vamos?―balbuceó presa del pánico.
―Vamos a por Ororo.
―¡Noooo! ¿Os acordais de qué pasó la última vez?
―¡No me lo recuerdes, Ratpenat! Llevo sufriendo sus consecuencias mucho tiempo. Haz algo útil y traemé al esclavo.
―¿Al esclavo?―El murciélago cada vez tenía más miedo.
―Sí―afirmó Nínive con una sonrisa de suficiencia.―Él será mi arma secreta. Ororo no sabe de su existencia, ni de lo que es capaz de hacer. ¡Venga inútil!

Ratpenat voló veloz rozando el techo de la gruta y, mientras se dirigía hacia la celda del esclavo, lanzó una mirada llena de odio hacia su ama. «Algún día me suplicarás clemencia, maldita. Y puede que el momento haya llegado más pronto de lo pensaba»

Sin saber lo que el murciélago estaba pensando en aquel momento, Nini sacaba de su funda un arco bellísimo. De madera negra como la noche, la cuerda dorada refulgía con destellos que se reflejaban en ella. Cogió una sola flecha, tan negra como el arco y la guardó en el carcaj.
Estaba preparada. Ororo sería suya y completaría su venganza.

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Un ruido de pies arrastrándose centró su atención. Ratpenat había cambiado a su forma humana y daba tirones la una cadena que rodeaba el cuello del esclavo. Una mordaza de cuero cubría su boca impidiéndole hablar. Sus ojos destilaban odio cuando vió a Nínive.

―Bienvenido, Gisso―arrastró las sílabas despacio, regodeándose en el "bienvenido".―Tenemos trabajo que hacer. No me mires así, tú te lo buscaste cuando tu relato infecto quedó por encima del mío en aquel concurso. ¡No sé cómo pudiste atreverte! Ahora harás lo que yo te ordene. ¡Y cuidadito con intentar escaparte! Tengo espias donde menos te lo esperas. ¡Ratpenat! Convoca a las huestes oscuras. ¡Nos vamos!

Nínive agarró fuertemente las cadenas de Gisso mientras le daba una patada en el trasero para hacerle andar. Tenían un largo camino hasta la morada de Eleanis, el delfín.


Continuará, compañeros, cuando el tiempo me lo permita...


Capítulo 10 - Autor : Ororo


Mientras tanto, en algún lugar perdido del subforo de las almas en pena, un numeroso grupo de talentosos escritores trataba de encontrar una solución…

-¡Una jirafa!
-¡Un cervatillo!
-¡Una rata penada!
-¡Un niño!
-Sí, parece un niño.
-¡Claro! La respuesta es: un niño.

Ukiah se separó de la antorcha que proyectaba la sombra de su mano en la pared muy cabreado.
-¡Ciertamente no teneis ni puta idea! –gritó casi llorando- Es un pavo. ¡Un pavo!
-¿Un pavo? ¿Dónde?
-¿Qué dices?
-¡Un pavo he dicho! ¡Y se acabó!

Gavalia empezó a reírse moviendo los hombros espasmódicamente ante el monumental cabreo del robot y pidió turno para jugar a las sombras chinescas.

-Se acabó por el momento. –Anunció Inanna con voz melódica y aterciopelada- Hemos descansado suficiente. Estrella está recuperada y podemos continuar hacia el paradero de kassiopea, la Dama de las Tinieblas.
-¿Ya? Pero yo quiero más pescado!!! –profirió Dori saltando sobre los inflados pechos de Carmen Jones mientras ésta se limpiaba los pocos dientes que le quedaban con una larga espina.
-Yo… también me he quedado con hambre… -dijo David, agotado tras el salvamento lacustre.
-Me vais a hacer acabar con todos mis compañeritos de la laguna, descerebrados! –dijo alterada Estrella- Ya sé que necesitais alimentaros, pero comprended mi situación. No puedo hacerlo ni una sola vez más –e irrumpió en un llanto salado y coralino.
Seguidamente, sin que nadie la viera, entregó a David las pocas carpas asadas que había guardado en secreto para él.
-Comer, comer… -añadió Ukiah- malditos humanos dependientes…
-A ver si nos calmamos todos –ordenó Isma con su vozarrón macarra- Berlín, deja de lamer el lomo a esa piedra y ven con el grupo, que aún te acabarás ahogada en tu propio vómito.
-¡Guau! No sabía que Isma tuviera ese vozarrón –dijo Dori exaltada saltando cada vez más alto sobre los pechos de una impávida Carmen Jones - Como siempre da la imagen del responsable del grupo…
-Oídme todos. Hemos de continuar. –Su voz de barítono se extendía por cada recoveco de la gruta-Sé que estais hambrientos, sé que estais cansados, pero teneis que sacar fuerzas.

Mientras el resto del grupo hablaba entre susurros pasando del pesado de Isma y queriendo echar una siestecita antes de continuar, éste se acercó a Berlín que bebía de la orilla del lago sedienta a tope y le contó sus planes. Berlín recobró enseguida la sonrisa y sus ojos de gata brillaron en la oscuridad del subforo.
Se colocaron al frente del grupo y, caminando, comenzaron a cantar a dúo el Highway to hell de los AC/DC.
La gruta se estremeció y el grupo de talentosos escritores, al ritmo de la melena de Isma y de los gritos despiadados de Berlín, como ratoncillos zombis guiados por un flautista, les siguieron hacia inmensidades desconocidas...

---

En otra dimensión, Ororo dejó de jugar con Caín y Abel y, asintiendo para sí entre barrotes de relatos de concurso, supo que alguien, pronto, iba a morir...

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Para este Sant Jordi, el recopilatorio del concurso infantil ya disponible en Amazon

Leed en Los foreros escriben: Desbarre en el orfanato abretelibrense


Última edición por kassiopea el Mié Feb 13, 2013 6:15 pm, editado 11 veces en total

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NotaPublicado: Lun Ene 28, 2013 2:53 pm 
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Ranita
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AY KASSIO!!!!!!!! Me encanta!!!!!!!!!!! Es precioso!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

MUCHISIMAS GRACIAS!!!!!!!!!! Tengo que releerlo más veces!!!!!!!!

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Capítulo 11 - Autor : Ororo


En un universo paralelo donde los gritos insondables y capitulados no aovillaban a nadie, Ororo remataba con un machete una muesca en la página 2 de El escritor, justo entre las palabras robots e inteligentes.

-Hummm… recuerdo este relato… Ayrween… la mariposa leonada… Hace tanto tiempo que no sé nada de ella… Sé que estuvo encerrada como yo, en esta dulce y apergaminada cárcel de relatos. ¿Escapó? ¿La trasladaron a Enlaces y promociones? Era buena con las palabras… sí, se la habrán llevado allí.

Pero es que Ororo recordaba muy poco. El halo mágico de los relatos de todos los concursos del foro era hipnótico, deslumbrante, caótico… distorsionaba su mente. Se dedicaba a jugar con las letras y las palabras y era feliz, pero en realidad era un juguete manipulado al antojo la semántica y la ortografía.

-Til, til, tilde! Aquí, aquí y aquí -. Y así pasaba los días.

De pronto, creyó ver una sombra atravesando Sideris velozmente y concentró todos sus sentidos en ella.

-Uhu! –gritó- Hijo de Eón. Oobi. Venid a mí.

De debajo del colchón, entre sombras, los ojitos perlados de Uhu parpadearon curiosos. De la tierra de la maceta de geranios, emergió el Hijo de Eón, masticando una raíz. Como un meteoro, un Oobi impactó contra el suelo de la celda y se incorporó sin mostrar ningún tipo de dolor.

-Hay alguien ahí afuera. Ayudadme, criaturas y contadme qué veis.

Uhu soltó una carcajada con fondo de campanillas y saltó juguetón encima del Oobi que, impertérrito, dirigió su paso constante en tiempo y espacio dispuesto a colarse entre los barrotes. El Hijo de Eón, más independiente, paseó su cuerpo serrano por toda la celda dejando huellas negras por toda ella.
Los tres se asomaron con cautela, cuando, de pronto, el Oobi sintió algo en la parte más alta de su cuerpo y alzó una extremidad para ver qué era.
-¡Ja, ja, ja! –rió Uhu- Se te ha cagado una paloma!
-Bajo tierra no ocurren estas desgracias… -comentó el Hijo de Eón haciéndose el interesante.
El Oobi, sin comprender el curso digestivo de los alimentos, lamió la mancha y dejó su extremidad como nueva.
-¡Pero tío! ¿Qué haces? –dijo con asco el Hijo de Eón-. Desde que Pangea comenzó a desestructurarse no había visto algo igual.
Pero el Oobi no le escuchaba y miraba hacia arriba.
Una ráfaga de viento con aroma de alpiste llegó a todos ellos, incluida Ororo, que había vuelto a desconcentrarse y leía con la lengua fuera Interpretaciones. Alzó la vista y un espectacular ave dorado como el sol de invierno descendió elegantemente hasta el suelo.

-Jilguero ha venido para informarte, querida Ororo.
-¿Le pegamos? ¿Le pegamos? ¿Le pegamos? –Preguntó ansioso Uhu.
-Quietos, seres imaginarios. Aunque quisierais no podríais hacerle nada. Recordad que habéis salido de la mente enferma de los escritores más talentosos del foro. Habla, jilguerito. ¿Te has cambiado el color de las plumas?
-Así es, Ororo. Jilguero se ha decidido esta vez por el rubio dorado. Cree que favorece su encanto personal.
-Y así es, querido amigo.
-Gracias, después de probar el tinte azabache de Blanquita y confundirle todos con un cuervo, lo tuvo claro. Nunca más volverá al salón de belleza de Becerruelo.
-Y bien que harás.

Los tres seres imaginarios, aburridos, comenzaron a jugar a piedra-papel-tijera al mejor de cinco.

-Además de mostrarte su plumaje, Ororo, jilguero viene con noticias frescas. ¿No vas a invitarle a algo?
-Claro, claro. ¿A cuál prefieres de los tres? –Ofreció señalando a Uhu, el Oobi y al Hijo de Eón.
En ese momento, jilguero se paralizó. Recordó que el rampero le había gustado mucho más tras una lectura reciente y cayó en un dilema alimenticio-moral muy gordo, puesto que el Hijo de Eón era el que más bueno estaba...

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Capítulo 12 - Autor : Nínive


Nínive ya no aguantaba más los quejidos de Ratpenat. Menos mal que podía descargar su frustración contra Gisso, el esclavo. Con cada colleja, se resarcía de su atrevimiento y evitaba la tentación de estrangular al murciélago, que aún podía serle útil.

―¿Ya llegamos, ama?¿Ama, ya llegamos?

Ratpenat, una palabra más y de la patada que te doy te mando derechito con la recua de zombies de Alejandro Sanz―amenazó Nini con la voz crispada por el cansancio.―Ya diviso la "Casa de los placeres prohibidos". Nos queda poco. Te advierto una cosa, rata, entramos en terreno neutral. No quiero tonterías. La Zona es el único lugar donde da igual quién seas, o a que bando pertenezcas, puedes adentrarte entre miles de relatos oscuros, extraños, clandestinos. Nadie te dirá nada, nadie te mirará por encima del hombro; lo que allí hagas, allí se queda. Por eso la persona que lo regenta es tan respetada, por unos y por otros.

―¿Y quién ostenta tanto poder?―Se interesó Ratpenat entrecerrando los ojillos. Sus pensamientos iban encaminados en otra dirección. A lo mejor podría huir cuando entraran en territorio neutral.

Ayrween, sacerdotisa de las letras. Seguro que Eleanis está en uno de los cubículos viciándose con algún relatillo volátil. Espero que no esté demasiado relajado o no se acordará de dónde está la maldita Ororo. Mete la pata y te acordarás de mí lo que te quede de tu repugnante vida.

El murciélago alzó el vuelo y divisó un círculo de luz mortecina al fondo del pasadizo por el que discurrían.

―¡Veo algo, ama! Una luz al final del corredor.
―Bien, hemos llegado. Creo que será mejor que te quedes fuera, vigilando al esclavo, mientras yo hablo con Ayrween. Recuerda que te marqué con mi código de barras y puedo seguir todos tus movientos. Pero, te vas a portar bien, ¿verdad?―susurró la arquera con voz aterciopelada.
―¡Mierda!―Pensó Ratpenat.―Me había olvidado del maldito código de barras.

Nínive dejó mascullando al murciélago y se aseguró de que Gisso estuviera bien atado y con la mordaza bien prieta. Después se dirigió a la puerta que se adivinaba tras la luz amarillenta. Golpeó tres veces.

―¿Quién quiere acceder a la "Casa de los placeres prohibidos"?
Nínive, diosa arquera.
―¿Juras respetar las reglas de la zona neutral?
― Lo juro.
―Puedes pasar.

La puerta se abrió lentamente y Ratpenat pudo divisar una hermosa jóven de cabellos dorados y rostro delicado, que le observaba con unos ojos que refulgían como estrellas. Se movía como una bailarina, con los movimientos sinuosos de unas curvas sensuales.
El murciélago se quedó boquiabierto, embobado con aquella aparición y se sobresaltó cuando la puerta volvió a cerrarse, separádolo de aquella bella mujer, con un chasquido seco.

―Mi querida Nínive―saludó Ayrween rozando sus labios contra la mejilla de la arquera.―Hacía mucho tiempo que nos honrabas con tu visita. ¿Has venido a por tu dosis de....?
―¡No!―Cortó tajante Nini .―Ahora no tengo tiempo para eso, sacerdotisa.
―Es una lástima, he recibido unos volúmenes que están ardiendo, tu ya me entiendes. ¿Y quien mejor que tú para probarlos?― Ayrween bajó la voz, tentadora.
―Vengo en busca de Eleanis. ¿Está en el cubículo de siempre?―Y en susurro añadió:―guárdame uno de esos para la próxima visita. Necesitaré relajarme después de mi misión.
―¡Vaya! La Dama de las Tinieblas debe estar tramando algo importante....El otro lado también está animado. Un grupo del orfanato del sor Lucía....¡Ah! No puedo decirte nada. Eso sería violar las leyes que me han impuesto. Ja, ja, ja―rió traviesa la mujer.―No voy a dejar que me encierren de nuevo. Ahora soy neutral. ¡Sígueme! Te acompañaré donde está Eleanis. Acaba de llegar, asi que aún está fresco y resbaladizo.

Las dos damas recorrieron los pasillos de aquella estancia plateada, adornada por letras escarlatas que refulgían en las paredes. Lámparas de pergamino iluminaban el camino que transcurría recto, jalonado por habitaciones cerradas a ambos lados.

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Pronto llegaron ante una puerta con un cartel en lo alto donde se leía: "Hábitat de las doradas".

―¿Cómo puede aguantar la invasión de las doradas cada noche?―Preguntó Nínive con interés.
―Todos tenemos vicios ocultos, mi querida Nínive. A unos les apasiona la acción de las doradas, y otros prefieren quemarse....Entra ya. No creo que quieras que Eleanis esté demasiado....ya sabes.
Nini abrió la puerta y una nube de pequeñas gotas de oro comenzó a invadir su cuerpo.


Capítulo 13 - Autor : Ukiah


— YEAH, WHERE IN HELL IS THE FUCKING BOT? / CARAJO, ¿DONDE COÑO ESTÁ LA TOSTADORA? — se oyó en la profunda oscuridad de la sala donde el grupo descansaba.
— ¡Isma! — Ladró irritada Estrellita, girando violentamente su equinodérmico cuerpo hacia él, mientras la sombra de un elástico tirabuzón seguía a duras penas su brusco movimiento — Vaya susto me has dado.
— Lo siento (mi amor) — balbuceo contrito Isma — No lo puedo remediar (me delato por bocazas), el muy cabrón no cerró bien la puerta al marchar, y cada dos por tres (sale seis) se me cuela el eco de alguno de esos fantasmas del Valhalla musical.
— Isma tiene razón — intervino David — ¿Dónde está el robot?
— No sé, no puedo verlo — dijo Gavalia, mientras alternaba frenéticamente su mirada lasciva entre el látigo de Berlín y los opulentos senos de Carmen — Ni tampoco olerlo.
— Vaya novedad — carraspeo por lo bajo David.
— ¿Decías algo? — preguntó Gavalia.
— Nada, nada… era una flema — repuso David — y encima sordo — añadió para si mismo.
— Dejadme, dejadme a mí— gritó con voz chillona la ranita Dori mientras daba saltos alborotados — con mi vista de lince podré localizarlo mejor que vosotros.
El resto del grupo esperó expectante mientras la rana, abriendo desmesuradamente sus ya de por si saltones ojos, giraba sobre si misma en silencio.
— Este… — dijo Dori al cabo de un rato — ¿os importaría levantar las piernas? Qué me tapáis todo el ángulo de visión.
— Claro, si es que sin atalayas..— Dijo Isma — Súbete (a mi tren azul) encima mío, si quieres.
— ¡Oye! ¿Pero que te has creído? — Chilló histérica Dori — No te quieres enterar..
— Yeh, yeh...
— … de que el problema está en vuestras piernas — continuó Dori mirando con saña a Isma— no en mi altura.

Mientras tanto, muy lejos del barullo organizado por el grupo, Ukiah avanzaba con paso firme por el laberinto de túneles. Sus pasos metálicos resonaban con fuerza mientras seguía su camino con decisión, con la seguridad que le proporcionaban sus sensores infrarrojos y la confianza en el trayecto que le proporcionaba el mapa virtual superpuesto en su campo visual.
Al girar en una bifurcación, una enorme sombra salió de las penumbras para interponerse en su trayectoria, obstaculizando con su cuerpo completamente el paso.
— Buen trabajo, Betia —dijo aprobadoramente Ukiah — De momento no hay riesgo de que nadie aparezca por aquí, así que puedes abandonar temporalmente la vigilancia, y acompañarme a ver al resto. Tengo noticias que daros.
Sin decir palabra el gigantesco cyborg de combate, se hizo a un lado para dejar pasar a Ukiah y fue tras él en silencio, dejando entre ambos una distancia de un par de metros, la distancia adecuada para una mejor protección ante ataques inesperados.
Ukiah sonrió para sí mismo, satisfecho. Betia Tria era perfectamente capaz de hablar pero, dado su entrenamiento, sólo lo hacía cuando era realmente necesario. Una virtud que el robot apreciaba, en especial después de llevar un tiempo con los seres humanos, tan incapaces de permanecer callados como de dejar de respirar.
Unos metros más allá, el pasadizo se abría nuevamente en una amplia caverna. En silencio, y mientras Betia Tria se colocaba automáticamente en una posición estratégica que le permitía dominar tanto la gran sala natural como el pasadizo por el que habían llegado, Ukiah se dirigió al centro de la misma, y sentándose en el suelo en posición de meditación, dijo en voz baja:

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—Venid, Hermanos.
Poco a poco, de las sombras de las paredes empezó a destacar un bulto informe que, a medida que se soltaban de su mutuo abrazo, se fue concretando en tres formas que se acercaron poco a poco entre chirridos de engranajes y el crepitar de la electricidad estática.
—Salud, Maestro-estro-tro
Ukiah, levantó la vista hacia las tres patéticas criaturas que se encogían ante su presencia. Evidentemente, había sido Marsi la primera en hablar. Si por el fuera, la hubiera dejado abandonada entre los restos de la nave estrellada, pero era obvio que los otros dos nunca la hubieran abandonado. Tampoco ellos eran mucho mejores, pero los patéticos esfuerzos de los humanos de alcanzar un nivel superior a través de la mecanización de sus cuerpos solían causar en él un curioso sentimiento de piedad y al verlos allí indefensos, tirados, abandonados a su suerte una vez que habían servido a los indignos propósitos de sus creadores, no pudo menos que apiadarse de su suerte y reparar los destrozos en las partes mecánicas de Molly y Kostas. Desde entonces le seguían como los corderos siguen a su amo.
Sin duda, Betia (al que habian encontrado más tarde) era con diferencia el mejor de ellos, no en vano era casi íntegramente robótico. Incluso su unidad pensante era de naturaleza IA, pero lamentablemente su arquitectura se basaba en un soporte orgánico que limitaba drásticamente su potencialidad. Ciertamente, Daniel Hart había sido el único que capaz de desarrollar una inteligencia heurística significativa pero, nuevamente, los caprichos veleidosos de la voluntad humana se habían impuesto a su propia superioridad natural.
« ¿Qué hacemos aquí, Maestro? » preguntó Kostopoulos, mostrando orgulloso y a todo color la representación virtual de si mismo que ahora podía usar, gracias a las mejoras realizadas en su implante.
—En realidad no lo sé, amigos — dijo el robot — Nuevamente nos vemos envueltos en los asuntos baladíes de los humanos, en sus absurdas rencillas y patéticas conspiraciones. Según parece, varios de ellos, cada uno por su lado, han convertido su ya de por sí hinchada vanidad en un peligroso desvarío, y ahora están enfangados en ajustar cuentas unos con otros.
— ¿Y cual es nuestro objetivo, Maestro? — preguntó Betia Tria con su mente táctica, provocando una sonrisa de aprecio en Ukiah
—Observar, soldado, mantenernos al margen y observar — dijo el robot con una mueca irónica. — Tengo la sensación de que los humanos se dirigen a su propia Perla, y esta vez seremos nosotros los que estaremos allí, observando, para disfrutar con su fracaso.


GUÍA DE PERSONAJES Y LUGARES (HASTA EL MOMENTO) - Autor : Tadeus Nim

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Kekos (por orden de aparición/mención)

-Ranita Dori.
-Blanquita.
-Berlín.
-Manolo.
-Gava.
-Ukiah.
-Estrellita.
-Sor Lucia.
-Kasio(pea).
-Isma.
-Fabian.
-Lifen.
-Pedrito.
-David Pesadilla.
-Carmen Jones.
-Ororo.
-Inanna.
-Ciro.
-Ninive.
-Ratpenat.
-Gisso.
-Eleanis
-Cain y Abel.
-Ayrween.
-Uhu.
-Hijo de Eon.
-Oobi.
-Jilguero.
-Betia Tria.
-Marsi.
-Molli.
-Daniel Hart.
-Kostopoulos (Kostas).


Localizaciones (por orden de mención)

-Dormitorio del orfanato
-Catacumbas abrelibrenses.
-Subforo de las almas que vagan en pena.
-Túnel tenebroso.
-Caverna (del dedo). [-el apellido es cosa mía-]
-Despacho de “general”
-Despacho de Sor Lucia.
-Aposentos de Nínive.
-Universo paralelo.
-La casa de los placeres prohibidos.
-Zona neutral.
-Hábitat de las doradas.
-Valhalla musical.
-Laberinto de túneles.
-Caverna (de las sombras). [-el apellido es cosa mía-]
-Perla.

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Capítulo 14 - Autor : Ororo


En menos de lo que Eleanis tardó en cubrirse, el cuerpo de Nínive comenzó a brillar cubierto al completo por las doradas. Toda su piel destilaba reflejos ambarinos y su belleza se convirtió en insoportable. Eleanis, ante tal prodigio de la naturaleza, olvidó que estaba desnudo y empezó a frotarse los ojos y a guiñarlos de forma espasmódica.

-Diosa arquera, ¿eres tú? –tartamudeó.
-Así es, Eleanis –contestó ella-. Vístete y cuéntame cómo encontrar a Ororo.
-Como gustéis… -contestó mientras dirigía una mirada lasciva al último número de Divas y cuero que le ofrecía Nínive.
-Espero que te complazca mi regalo… Berlín aparece en el desplegable interior sólo con Manolo.
-Será… suf… suficiente por el momento… -acertó a decir Eleanis cargándose de amor.

Sobre la única mesa del cubículo, Eleanis desplegó un mapa viejo y descolorido del que salió un escarabajo. A la Arquera se le encendió la mirada y una sonrisa mostró sus dientes negruzcos.

-Ven aquí, pequeñito… tú también puedes serme muy útil.

Tras unos minutos de discusión sobre si les convenía el camino más rápido o el más corto, llegaron a la conclusión de que harían lo que a Nínive le viniera en gana. Así que, todos contentos, continuaron con sus respectivos quehaceres.

Nínive salió de la habitación, se despidió rápidamente de Ayrween que hojeaba ansiosa un ejemplar de Jara y sedal e instó a Rat y a Gisso a recorrer el camino lo más rápidamente posible.

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En otro lugar no tan alejado, jilguero parecía dispuesto a picotear algo. Tras meditar la propuesta de Ororo, los ruidos de tripas producidos por el hambre le hicieron decidirse.

-Hijo de Eón, jilguero te creó. No cree que pueda metabolizarte bien. Te libera.
-Uhu, tienes más pelo que jilguero. Tras un estudio morfológico no tiene más remedio que desecharte.
-Oobi. Sé que no gritarás ni intentarás defenderte ante el ataque de jilguero. Tu naturaleza anodina y saber que no chillarás cuando te almuerce, le tranquilizan.

Tanto Uhu como el Hijo de Eón retrocedieron y pidieron permiso a Ororo para compartir sus palomitas mientras presenciaban el cotidiano acto de la supremacía animal a la oobiana.

Jilguero desplegó sus alas y apareció majestuoso. Justo comenzaba a salivar cuando…

-¡Alto!

Una efigie dorada y estéticamente perfecta apaciguaba su respiración apoyada en su magnífico arco. El sudor de la bella arquera empapaba su túnica y aturdía el ambiente.

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-Lo que faltaba…- masculló el ave- A jilguero se le ha quitado el hambre.

El Oobi, sin comprender nada, permaneció inmóvil mirando de lado a lado.
La tensión reinaba en el ambiente. Nínive se recuperaba de la caminata mientras lanzaba furiosas miradas a Ororo. Gisso, sediento de cualquier tipo de sangre, ideaba cómo iba a descuartizar a cada uno de los seres de la estancia. Rat olisqueaba el escarabajo que Nínive había recogido en la morada de Ayrween.

-Esto no es para ti, sanguijuela! –exclamó la Arquera.

Tras unos segundos silencio, una bola de paja pasó rodando por el misterioso lugar hasta dar con algo… En efecto, en la celda contigua a la de Ororo había algo o alguien que había impedido su libre circulación.

-¿Quién anda ahí?- preguntó frunciendo el pico el jilguero.
-Gisso, corre, mira a ver quién es –ordenó Nínive quitándole la mordaza.

<<¡¡Gisso desencadenado!!>>- pensó para sí imaginando la sangría que iba a provocar.
Corrió hacia el espacio contiguo cuando un hilo de voz suplicó:

-No.. no… ¡No! ¡Alto! –las palabras temblaban en la boca de ukiah.
-¿Porr qué debería pararrrr? –masculló Gisso a un palmo de la cara del robot.

En ese momento, miró detrás de él y descubrió a tres hermosos reciclados junto al robot de guerra Betia Tria, distracción que permitió que se lanzara un ataque contra él. Un destellante y ramificado rayo azulado impactó contra Gisso y lo desplazó varios metros. Ukiah, conmocionado, sólo pudo apuntar:

-Gracias, Ororo. Te debo la vida. Haré todo lo que tú me digas. A tus pies…

-Alguien más se acerca. Jilguero oye música –se anunció.

Ororo añadió una comilla española más a su colección de conquistas y, poniendo los ojos en blanco, se preparó para un nuevo ataque frente a la extasiada mirada de Nínive, cegada por el fogonazo.




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Me alegra que te haya gustado, Ranita. Yo me divertí mucho escribiéndolo :D :D

Ayyy, ¡si has puesto el enlace en tu firma! ¡Qué ilusión! :128: :lengua:

Si te animas a escribir una continuación, ya sabes... ¡A las catacumbas del foro! :mrgreen:


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Leed en Los foreros escriben: Desbarre en el orfanato abretelibrense


Última edición por kassiopea el Mié Feb 20, 2013 6:48 pm, editado 4 veces en total
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Oye pero me ha encantado imaginar a Berlín pequeñita con un látigo al que llama Manolo!!!!!!!

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¡Kassio! :meparto: :meparto:

¡Qué arte más grande, compañerita! :lol: He disfrutado un huevote leyéndolo. Ya echaba de menos estos desbarres. Amenazo con continuarlo.:boese040:

Ranita, ha quedado comprobadísimo que te asustas por ná. :mrgreen:

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Ranita
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Joer Estrella y que tu tienes una mala idea que pa qué!!!

Si al final yo creo que la mas buena era Berlín y mira que eso es difícil!

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:cumples: :cumples: :cumples:

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Jo que guay... ¡¡ soy malo, maloso !! con la ilusion que me hace...
:128: :128: :128: :128: :128:
¿puedo atizarle otra vez? ¿puedo? :twisted: porfa, porfa, porfa, porfa...

Ukiah

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ukiahaprasim escribió:
¿puedo atizarle otra vez? ¿puedo? :twisted: porfa, porfa, porfa, porfa...

Ukiah

No.

Pero esta parte tuya me ha encantado!
—¡Humanos! —pensó Ukiah en voz alta—. Jodíos sacos de mocos y complejos varios... Y sin embargo, ¡qué aburrido sería el mundo sin ellos!


Ah y esto es muy mio, siempre he sido la pelota!
Un respeto por sor Lucía, ¡que es la jefa suprema! Vosotros reíros, que os va a echar a la calle...

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Dori25 escribió:
ukiahaprasim escribió:
¿puedo atizarle otra vez? ¿puedo? :twisted: porfa, porfa, porfa, porfa...
Ukiah

No.

joooooo!!!!!.... :evil: :evil: Se acabó la fiesta..
Al menos espero que alguien haya sacado fotos...
Dori25 escribió:
Pero esta parte tuya me ha encantado!
—¡Humanos! —pensó Ukiah en voz alta—. Jodíos sacos de mocos y complejos varios... Y sin embargo, ¡qué aburrido sería el mundo sin ellos!

muy mio, si...

:60:
Ukiah

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En serio: creo que la única persona sensata de este lugar soy yo. :cunao:

Esto es una provocación para el bueno de Manolo. Que sepáis que lo tengo a base de tilas, porque me lo habéis puesto nerviosito y no para de balbucear palabras ininteligibles (creo que tiene ganas de lamer la espalda de cierto chucho).
No sé, ciertamente, cuánto podré contener su furia. Así que, osados abretelibreños o abrelibrenses, no destapéis la caja de los truenos. Es un consejo de la bruja Berlín, aquella que un día escribió el prólogo de un libro maldito.


Kassio, la capitulada, sensata y numerada comentarista: te adoro.

¡Que bonito ese delfín y que hermosa esa hada! Todo en conjunto me parece un homenaje precioso y divertido a esa rana, ese anfibio pelotudo que no se cree que ayer, a las seis de la mañana, habían 3 hilos abiertos en su honor:y uno era mio. :cunao:

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Y yo creo que aunque él temía a la negrura de mis cuadros, me sabía buscando ser otra cosa y conocía mis motivos.(Santiago Caruso, pintor)

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NotaPublicado: Lun Ene 28, 2013 6:09 pm 
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Ranita
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Berlín escribió:
¡Que bonito ese delfín y que hermosa esa hada! Todo en conjunto me parece un homenaje precioso y divertido a esa rana, ese anfibio pelotudo que no se cree que ayer, a las seis de la mañana, habían 3 hilos abiertos en su honor:y uno era mio. :cunao:

Ya, ya, ya, ya...

Berlín escribió:
Esto es una provocación para el bueno de Manolo. Que sepáis que lo tengo a base de tilas, porque me lo habéis puesto nerviosito y no para de balbucear palabras ininteligibles (creo que tiene ganas de lamer la espalda de cierto chucho).

Que manía con lamer a los animalitos!!!!

Jo, es que no se me pasan las ganas de leerlo!!!: Me ha hecho muchísima ilusión Kassio!!!

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NotaPublicado: Lun Ene 28, 2013 6:16 pm 
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Como diría Topito OMG!!!!!

Una historia escalofriante. Lo más aterrador: los personajes, que parecen reales :lol: :lol:

Propongo un próximo concurso de relatos de fecha indeterminada cuyos personajes sean los participantes de los concursos. A ver qué historia se le ocurre a cada uno :P
Después del de primavera y para antes del verano!

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NotaPublicado: Lun Ene 28, 2013 6:37 pm 
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Ubicación: Pueblito costero
Citar:
Propongo un próximo concurso de relatos de fecha indeterminada cuyos personajes sean los participantes de los concursos. A ver qué historia se le ocurre a cada uno :P
Después del de primavera y para antes del verano!



Ororo, te voy a recomendar una clínica de desintoxicación. :mrgreen:

¡¡¡por mi vale!!!

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NotaPublicado: Lun Ene 28, 2013 6:46 pm 
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Ranita
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Berlín escribió:
Citar:
Propongo un próximo concurso de relatos de fecha indeterminada cuyos personajes sean los participantes de los concursos. A ver qué historia se le ocurre a cada uno :P
Después del de primavera y para antes del verano!



Ororo, te voy a recomendar una clínica de desintoxicación. :mrgreen:

¡¡¡por mi vale!!!

¿Qué te mola la clínica, dices?

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NotaPublicado: Lun Ene 28, 2013 6:50 pm 
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Ubicación: Aovillada en la Luna
Ororo escribió:

Propongo un próximo concurso de relatos de fecha indeterminada cuyos personajes sean los participantes de los concursos. A ver qué historia se le ocurre a cada uno :P
Después del de primavera y para antes del verano!

:babear: :babear:
Me apuntoooooooo :lol:

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