Tierra de fuego (relato histórico)

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Berlín
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Tierra de fuego (relato histórico)

Mensaje por Berlín » 20 Nov 2013 18:36

Aquella tarde Olvido Santos Rosario se preguntó, sorprendido, qué hacía ese descomunal cerdo solitario dirigiéndose al borde del acantilado; bufó, distraído, sopesando la idea de que el animal, tal vez romántico en sus adentros, se aproximase en exceso al borde del precipicio para contemplar mejor la hermosa vista de la bahía de Beagle. Un gritito casi ridículo brotó de su boca cuando comprobó que el animal no frenaba su marcha, así que arremangándose la sotana, corrió hacia el imprudente cuadrúpedo todo lo que sus canillas desentrenadas le permitieron. Una vez al lado del cerdo aventurero y conteniendo el resuello, Olvido se abrazó fieramente al trasero del puerco, aferrándose con toda su alma a esos dos posibles asados de cerdo deprimido. El animal gruñó, sorprendido, y se defendió de la única manera que supo: disparando a bocajarro sendas e intermitentes flatulencias atronadoras, huracanadas y pestilentes. ¡Ah! Que nadie sonría cínicamente cuestionando la férrea voluntad del párroco, pues no soltó éste a su presa, que un alma piadosa no se amilana por semejante fruslería. Por el contrario, apretó los dientes y tiró con todas sus fuerzas del rosado trasero asegurando sus pies en las piedras, mientras el animal chillaba de manera estridente, chillidos que no disuadieron a Olvido, que andaba muy curtido en este tipo de situaciones, no obstante hacía veinte años que era párroco en el lugar más apartado, peligroso y triste del mundo.

De esta manera y no otra salvó Olvido la vida al puerco y, sintiéndose responsable de su suerte, lo llamó Afortunado Santos. Luego, tras una pausada charla amonestadora y acomodando la espalda contra el tronco inclinado de un árbol-bandera, el párroco extrajo de su morral un pedazo de pan, después cortó dos generosas rodajas de tocino, que compartió con Afortunado sin desvelarle, claro está, la procedencia ni el género de la seca vianda. Bebió después un largo trago de vino tinto, mas cuando se disponía a guardar el pellejo observó la mirada lánguida de su nuevo amigo y diole de beber, que nunca pudo el cura resistir una mirada encharcada y ya lo dijo Dios: dad de beber al sediento. Afortunado bebió calmando así la sed y cuando el sol se derramó morado y lila sobre las montañas nevadas, Olvido pensó que también era el momento de solucionar el tema de la soledad del animal. Así se lo dijo al chancho y éste, que no era tonto, gruñó regocijado y anduvo todo el camino hozando feliz entre las blancas margaritas y los espinosos calafates.

Olvido Santos oficiaba misas en el penal de Ushuaia, más conocido como la prisión del fin del mundo. Siempre quiso ser cura, nunca tuvo dudas y no recuerda haber deseado otra cosa en su vida. Tan sólo una noche le visitó el maligno; fue durante una fiesta de verano: le presentaron a la flaca Cándida y esto aconteció en la sierra cordobesa en una noche cuajada de estrellas. La flaca se arrimó tanto a su cuerpo enjuto y exhalaba un olor tan embriagador a almendra amarga y vainilla que Olvido ya no recuerda cómo ni de qué manera se encontró de repente con sus manos bajo la falda de ella, mas cuando contempló los labios rojos componiendo una sonrisa lobuna, cuando se vio reflejado en los ojos más negros del mundo tembló, y, arreglando azorado las trenzas de la chica, salió corriendo saltando vallas y cruzando ríos. El viento helado e impertinente de la Patagonia lo fue empujando hasta Ushuaia y paró justo en la puerta de una extraña y estrellada fortificación de cemento. Santos se presentó allí con una biblia vieja poco después del gran motín de 1902 y allí seguía aun cuando Cayetano Godina, más conocido como el Petiso Orejudo, llegó en 1923 para pagar una condena por cuatro homicidios, varias tentativas de asesinatos e innumerables incendios.

Cuando Olvido subió a Fortunato a bordo del trenecito, en el que los penados volvían del Monte Susana tras un duro día de labor, causó una gran algarabía, todo fueron risas y palmotadas, de hecho el cura frustró varios intentos de degollamiento e incluso mordiscos infructuosos por parte de los presos a los lustrosos jamones del erizado Fortunato, pero piadoso y paciente como era el cura, los absolvió con la advertencia de que no causaran daño al chancho, pues de ahora en adelante –les informó—el animal formaría parte de la banda de música del penal. Todos vitorearon felices el nombramiento y plegaron las hojas de sus colosales navajas para mejor ocasión.

Pero este nuevo miembro no fue del agrado del Petiso Orejudo, pues desde que los médicos del penal le practicaron una reducción de orejas basándose en los estudios seudocientíficos de un tal Lombroso que afirmaba que en las descomunales orejas del asesino radicaba su gran maldad, no soportaba la visión de un ser con los pabellones auditivos intactos.

Desconocida era de todo punto la consanguineidad existente entre el cura y el preso Petiso Orejudo. Cuando Olvido Santos ingresó como párroco en el recinto, Cayetano Santos ladeó la cabeza y nada más le dijo estas palabras a su hermanastro: si hablas te rajo el cuello y te cerceno luego ese pellejo que te cuelga entre las patas.

Y es que sabía Olvido demasiadas cosas del pasado del Petiso, asuntos espeluznantes; se le ennegrecía la bilis cuando recordaba a los niños, no solo a aquellos por los que el Petiso cumplía condena, sino a los que andaban desaparecidos, sin un entierro digno. De esto habló muchas veces en la oscuridad de su cubículo con el bueno de Fortunato. El animal lo miraba con los ojos del que entiende todo pero no encuentra la manera de expresarlo y el cura le explicaba más y más sobre aquellos pequeños asesinados en terrenos baldíos, apartados de la mano del padre, desatadas las manitas puras del delantal de la madre, engañados con dulces golosinas, tal vez empujados por el viento de aquel lugar que doblaba a los árboles por la cintura. Lloró el pobre chancho cuando el cura le habló del niño Gerardo Diordano, esa pobre criatura que, engañado, caminó de la manita del monstruo hasta un lugar baldío y allí, desesperado, se resistió cuanto pudo. Pero la maldad no conoce límites y cuando el pérfido asesino comprobó la ineficacia del estrangulamiento encontró una manera aún más cruel de acabar la faena rematándolo con un clavo, que le atravesó las sienes de un extremo al otro; sí, mi querido Fortunato -le dijo Rosario Santos-, y aún tuvo la osadía de comparecer en el velatorio y pellizcar esos mofletitos abotargados, añadió.

Convirtiéronse el cerdo y Cayetano Godina en acérrimos enemigos; odiábanse a muerte y lo demostraban a la menor ocasión. No soportaba el animal la presencia menuda del asesino, ni sus ojos muertos y detestaba hasta el escalofrío Godina la mirada húmeda del bicho.

Algunas noches fue testigo el cerdo de las vejaciones que sufría Godina en la lechosa claridad de su celda, casi siempre perpetradas por un par de presos forzudos, que lo reducían en silencio a puro golpe de puño, violándolo después mientras le susurraban terribles amenazas. Cuando se iban, Godina se limpiaba la agria mezcolanza de sangre y semen que le brotaba del culo y permanecía acurrucado en un rincón temblando de ira, sumido en las más violentas ensoñaciones de venganza. Y como es este un sentimiento que funciona mejor dejándolo enfriar Godina dejó pasar los días y las noches mientras perpetraba un plan de justicia.

En aquellos días correteaba por los pasillos carcelarios una joven gatita rubia recientemente adoptada por un preso que cantaba tangos en las noches estrelladas. Alguien dijo que ese preso se llamaba Carlos y que ingresó en el penal por un lío político, aunque luego se supo que tan solo era un jaleo de faldas; el caso es que el tanguista jaranero encontró a la felina rallada casi congelada en un día de nieves terribles y cobijándola en su pecho la subió al trenecito que cada día tomaban para volver a prisión. La coqueta minina se convirtió en la alegría del penal con sus correrías alocadas enamorando así a toda la comunidad carcelaria, que babeaban de alegría al verla pasear frotándose, con su aterciopelado cuerpecito, a las piernas de los vigilantes para imprimir en ellos su aroma montuno. Fortunato, celoso por los encantos femeninos, a punto estuvo en varias ocasiones de aplastarla con su peso para infringirle una muerte lenta y dolorosa, mas cuando la gatita colgó por fin sus enormes ojos de albahaca en los del cerdo éste olvidó para siempre sus instintos asesinos y asumió que aquella damisela coqueta resultaba de todo punto adorable.

Y tan adorable era que nadie entendió por qué una mañana apareció su cuerpecito esponjoso con una cuerda alrededor del cuello y la lengua fuera de la boca. Lloraron los presos; sí, esos grandes animales musculosos se sorbían las lágrimas y los mocos, e hipaban compungidos, mas no todos, pues el Petiso orejudo conservó una leve sonrisa de todo punto maligna y delatora.

Fue Fortunato quien, plantado delante de la celda de Cayetano, chilló como sólo lo hacen los cerdos, estridente, furioso, colérico; golpeó con su cabeza los barrotes creyéndose tal vez otro animal que no era; a su rabia encendida acudió Olvido. Se miraron fijamente los hermanastros a través de las rejas y supo Olvido que era él el causante de todo ese dolor. Olvido levantó su dedo índice en silencio, un dedo acusador que bien podría haber sido una bala. Dedo que todos vieron, y a partir de ese momento solo se escucharon dientes rechinar y mandíbulas crujir. Silencio. Nadie habló porque todos sabían lo que se debía hacer. Tan solo cabía esperar una noche de luna dormida.

Dos noches después, cuando la totalidad del monstruo de cemento estrellado se recogió en el silencio, cuando los barrotes se cerraron tras los cuerpos castigados, las manos rudas de los penados se cernieron sobre el cuerpo del Petiso.

Dicen que en medio de un río de sangre una voz aterciopelada cantó el tango más triste de su vida.
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Gavalia
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Re: Tierra de fuego (relato desechado de concurso histórico)

Mensaje por Gavalia » 20 Nov 2013 22:27

Ese tipo de prosa mezcla de antiguedad y comedia socarrona me gusta bastante. Alguna que otra frase se prestó a confusión, hasta que le cojes el aire al asunto y partcipas de la humanidad de Fortunato por no hablar de la de Olvido.
Me chocó que el asesino fuera violado, pues me lo imagino feo y depravado,
pero bueno, aceptaré pulpo como animal de compañía jajajajaja
De histórico tine bien poco esposa mía, más no puedo evitar emocionarme con tus historias y esa forma tan particular de escribir.
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Re: Tierra de fuego (relato desechado de concurso histórico)

Mensaje por Isma » 20 Nov 2013 22:39

Uf... me alegro de que hubieras presentado al Divino marqués antes que este. No me ha gustado nada, lo siento, debe ser cosa del momento en que lo he leído.

Hay un error en el nombre de Cayetano, que se presenta inicialmente como Godina y luego como Santos. Y me ha extrañado mucho que presos tan peligrosos puedan ir de aquí para allá con enormes navajas.

La historia es real -he buscado lo de las orejas, que me parecía de lo más extraño, y me ha salido directamente el nombre del preso- pero no me llama mucho como tema histórico. Prefiero el marqués, más inteligente y sensual, y más atrevido como experimento.

Pero hay quienes te leeremos hasta en el fin del mundo, eso ya lo sabes :60:.

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elultimo
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Re: Tierra de fuego (relato desechado de concurso histórico)

Mensaje por elultimo » 21 Nov 2013 01:26

Me ha gustado, la historia que cuenta es interesante (y gracias a Isma, sé que es real), pero no me ha terminado de convencer. Si lo comparo con el del marqués, este me ha parecido mucho más denso que el del marqués o, por lo menos, a mí me ha costado más de leer.

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Re: Tierra de fuego (relato desechado de concurso histórico)

Mensaje por Berlín » 21 Nov 2013 07:47

Gavalia escribió:Ese tipo de prosa mezcla de antiguedad y comedia socarrona me gusta bastante. Alguna que otra frase se prestó a confusión, hasta que le cojes el aire al asunto y partcipas de la humanidad de Fortunato por no hablar de la de Olvido.
Me chocó que el asesino fuera violado, pues me lo imagino feo y depravado,
pero bueno, aceptaré pulpo como animal de compañía jajajajaja
De histórico tine bien poco esposa mía, más no puedo evitar emocionarme con tus historias y esa forma tan particular de escribir.
Un beso amor


pues yo nunca te aceptaré por animal de compañía, que lo sepas.

Era poquita cosa y bastante feo:

Imagen
La verdad es que la historia es muy interesante.
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Re: Tierra de fuego (relato desechado de concurso histórico)

Mensaje por Berlín » 21 Nov 2013 07:52

Isma escribió:Uf... me alegro de que hubieras presentado al Divino marqués antes que este. No me ha gustado nada, lo siento, debe ser cosa del momento en que lo he leído.

Hay un error en el nombre de Cayetano, que se presenta inicialmente como Godina y luego como Santos. Y me ha extrañado mucho que presos tan peligrosos puedan ir de aquí para allá con enormes navajas.

La historia es real -he buscado lo de las orejas, que me parecía de lo más extraño, y me ha salido directamente el nombre del preso- pero no me llama mucho como tema histórico. Prefiero el marqués, más inteligente y sensual, y más atrevido como experimento.

Pero hay quienes te leeremos hasta en el fin del mundo, eso ya lo sabes :60:.


También yo me quedo con el divino marqués, chico de las posaderas marmóreas. :cunao:

Un abrazo grande. :60:
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Re: Tierra de fuego (relato desechado de concurso histórico)

Mensaje por Berlín » 21 Nov 2013 07:55

elultimo escribió:Me ha gustado, la historia que cuenta es interesante (y gracias a Isma, sé que es real), pero no me ha terminado de convencer. Si lo comparo con el del marqués, este me ha parecido mucho más denso que el del marqués o, por lo menos, a mí me ha costado más de leer.


gatito, pues todo dicho. Esto demuestra que nuestra autocrítica funciona. Comparando los dos (y sin ser gran cosa ambos) también encuentro que Divino marqués es más seductor.

:beso:
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Re: Tierra de fuego (relato histórico)

Mensaje por lucia » 23 Nov 2013 15:32

También se ha colado un Rosario en vez de un Olvido.

La historia en sí es curiosa, pero creo que el tono aleja demasiado de los hechos y los animalitos no terminan de darle el punto de simpatía, por lo que resulta fría.

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Re: Tierra de fuego (relato histórico)

Mensaje por Arturo R Milliet » 24 Nov 2013 01:03

Pues a mi me ha cautivado el tono surrealista, pese a referirse a un hecho histórico. El relato nos brinda un mágico contraste entre la inaudita ternura del cerdo, que de tan sensible llegó a considerar el suicidio, y la vileza extrema a la que puede llegar un ser humano. En ese paradójico manejo del absurdo, radica el trato poético a una realidad factible que se encuentra encerrada por algo más que simples barrotes. No sé porqué, pero esas aparentes confusiones con los nombres no me lucen accidentales, aunque no logro identificar su intención.
Te presento a mi padre, el que esta a su lado es mi hijo.
Si los sumas y divides entre dos, obtendrás su promedio...
ese soy yo. Mucho gusto!

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Re: Tierra de fuego (relato desechado de concurso histórico)

Mensaje por elultimo » 24 Nov 2013 01:44

Berlín escribió:
elultimo escribió:Me ha gustado, la historia que cuenta es interesante (y gracias a Isma, sé que es real), pero no me ha terminado de convencer. Si lo comparo con el del marqués, este me ha parecido mucho más denso que el del marqués o, por lo menos, a mí me ha costado más de leer.


gatito, pues todo dicho. Esto demuestra que nuestra autocrítica funciona. Comparando los dos (y sin ser gran cosa ambos) también encuentro que Divino marqués es más seductor.

:beso:


Seguro que el hecho de que el del concurso fuera sobre un personaje conocido ayudó mucho a hacerlo más ameno. :wink:

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