CP IX - Le jardin extraordinaire(fuera votación)stradivarius

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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lucia
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CP IX - Le jardin extraordinaire(fuera votación)stradivarius

Mensaje por lucia » 17 Abr 2014 13:03

LE JARDIN EXTRAORDINAIRE
(El jardín del olvido)




Le jardin extraordinaire, conocido hoy como el jardín del olvido, toma su nombre del estado de abandono en el que hace años se encuentra, abandono que sin embargo todavía deja ver parte del esplendor que en su día lo distinguió como extraordinario.
Los orígenes de le Jardin extraordinaire se remontaban a casi un siglo de existencia y había sido un regalo, hecho al pueblo, por uno de los primeros emigrantes salidos de él y que había hecho fortuna durante la construcción del canal de Panamá, trabajando primero en la Draga Corozal y montando con las ganancias uno de los hoteles más lujosos de la zona. El nombre en francés fue una concesión al idioma natal de su esposa Lilian, una francesa buscavidas que a la postre terminaría por arruinarle.
Yo solía acudir al jardín al caer la tarde a sentarme en un destartalado banco de piedra cubierto en su casi totalidad por la hiedra, allí, fumaba parsimoniosamente mi vieja pipa de espuma de mar mientras mis pensamientos divagaban por el laberinto nunca bien explorado de una memoria que en lo concerniente al presente se me hacía cada vez más olvidadiza.
El jardín quedaba apartado de las primeras casas del pueblo como a unos quinientos metros. Además del jardín se conservaba la casi totalmente derruida estructura de una pérgola que, en sus buenos tiempos, debió acoger las confidencias de amor de muchas parejas que acudían a sentarse en el banco circular del que hoy ya no quedaban si no algunas piedras en pie.
Los parterres formando caminos y encrucijadas cuajadas de flores de las más diversas especies apenas eran hoy un montón de boj yedra y malas hierbas informes, todo entremezclado y cubriendo prácticamente la totalidad de los pasillos. Un par de enormes palmeras destacaban solemnemente de entre un pequeño bosque de árboles de decenas de especies diferentes, algunos resecos y podridos, otros mezclando sus ramas y hojas entre si formando una barrera vegetal apenas penetrable.
Todo esto daba al jardín el aspecto de los viejos recuerdos que, entre telarañas de otras vivencias, conservamos en lo más profundo de nuestro cerebro.

A mí me gustaba dejar vagar la mente por los vericuetos de una memoria ya gastada que sin un orden determinado iban aflorando solos y en los que me complacía o disgustaba según fuera el caso. Aquel atardecer de un cálido y húmedo verano, como tantos otros atardeceres, me senté en el banco de piedra y cargué con la facilidad que da la fuerza de la costumbre mi vieja pipa; con ceremoniosa parsimonia encendí un fósforo de madera, no me gustaban los modernos encendedores de gasolina o de gas, el aroma dulzón y a maderas aromáticas de las primeras bocanadas invadieron mi olfato y mis papilas produciéndome esa vaga sensación de entrar en otro estado de conciencia al que me llevaba, sin duda, el alo humeante y espeso de aquel tabaco holandés que tanto apreciaba.
No había transcurrido más de un par de minutos cuando algo fuera de lo habitual en el paisaje, que sin ver miraba distraído, llamó mi atención haciendo que forzando la vista tratase de averiguar desde mi posición, que era aquel bulto informe que se entremezclaba con la crecida hierba, el tojo y otros pequeños arbustos que apenas dejaban entrever ese pequeño cambio que había llamado mi atención.
Espoleada mi innata curiosidad me levanté y lentamente me acerqué en la dirección de aquella forma. No hube de dar muchos pasos para que, con la pipa en una mano y el bastón en la otra, quedase parado ante lo que parecían dos grandes sacos de esparto cerrados con una gruesa cuerda, dos envoltorios de unas proporciones considerables , digamos que casi dos metros de largo por setenta centímetros de ancho . Con la punta del bastón hice un pequeño reconocimiento hundiéndola en varios puntos distintos sin que la sensación que me transmitía la madera ayudase gran cosa a identificar su contenido.
Por un momento y sin entender el porqué, una extraña sensación ya conocida hizo que mis sentidos se pusieran en alerta y mis músculos se tensaran. Desconcertado busqué en el bolsillo derecho de mi americana la pequeña navaja suiza que me acompañaba siempre y con la que solía desmenuzar las astillas que, de cuando en vez, encontraba en mi tabaco de pipa. Extendí la pequeña hoja con el índice y el pulgar de mi mano izquierda y apoyándome torpemente en las rodillas me agaché y clavé la navaja en más o menos la mitad de uno de los bultos, me sorprendió la facilidad con la que la hoja se había hundido. No había rasgado apenas veinte centímetros cuando, un hedor insoportable, me hizo parar de inmediato y alzarme con enorme esfuerzo apoyándome con ambas manos en la empuñadura de plata de mi viejo bastón. Retrocedí unos pasos sin quitarle la vista de encima a los más que extraños bultos.
El sol comenzaba a perderse por un horizonte escarlata, el jardín era una paleta de tenues colores con predominio del malva, que poco a poco se iba tornando azul oscuro, estaba anocheciendo, yo plantificado delante de aquellos bultos hediondos con la pipa apagada en la boca y las dos manos sobre el bastón había perdido la noción del tiempo. El ruido de alguna pequeña alimaña me sacó del ensimismamiento en el que me había sumido. Lentamente y sin darme la vuelta fui retrocediendo hasta notar contra mis pantorrillas la dureza de la piedra del banco, me senté e inclinado apoyé el mentón sobre el dorso de mis manos entrelazadas sobre la empuñadura redonda del bastón.
Así permanecí hasta que las sombras lo cubrieron todo y ya no lograba distinguir los negros bultos.
Volví a cargar la pipa y al fumarla comencé a sentirme ligeramente reconfortado; extraje mi viejo reloj de bolsillo que, con una ligera presión sobre la corona, se abrió permitiéndome sus agujas fosforescentes comprobar que efectivamente era muy tarde, las dos y diez de la madrugada, cerré el reloj y lo devolví a su sitio en el bolsillo del raído chaleco.
Fue entonces cuando, ante mis ojos y como si estuviese viendo una película en blanco y negro, ocurrió todo.
De la espesura del fondo norte del jardín dos figuras se aproximaban pausadamente hacia la pérgola que, ante mis atónitos ojos, volvía a ser la que yo había conocido cuarenta años antes. Sin reparar en mi presencia se sentaron uno frente al otro con las manos cogidas, al hombre no podía verle la cara pues me daba la espalda, a la mujer la luz lechosa de la media luna le daba al rostro un tono blanquecino en el que, como enormes esmeraldas, destacaban unos ojos verdes que yo había conocido muy bien. Hablaban entre ellos como si yo no estuviese allí. La conversación sonaba a súplica por parte de ella y a enérgica determinación por parte del hombre, ella le rogaba paciencia y una corta espera, él no transigía en su petición, tenían que irse ya, ahora, el barco zarpaba al amanecer y no quedaba tiempo para perderlo en dudas ni inseguridades. Se besaron apasionadamente, la decisión parecía haber sido tomada y la determinación del hombre había ganado la resistencia de la mujer.
Entonces lo vi surgir de entre las sombras, la figura alta de un hombre de la que no alcanzaba a ver el rostro, con sigilo se acercaba a la pareja que permanecía abrazada, ajena a lo que pudiese ocurrir en su entorno. El brazo derecho extendido de la sombra terminaba en el cañón de un revólver al que un tenue rayo de luna arrancó un destello de plata.
Los dos disparos sonaron como cañonazos en mis oídos dejándome un fuerte zumbido y una sordera momentánea. Vi caer a las dos figuras abrazadas aun y oí los presurosos pasos de la sombra perdiéndose en la dirección por la que había aparecido. Al poco y tal y como había desaparecido volvió la sombra a hacerse presente, esta vez arrastraba lo que desde mi posición me parecieron dos grandes sacos.
Con no poco esfuerzo logró separar y meter a cada uno de los amantes en sendos sacos que cerró con una gruesa cuerda amarrada con un fuerte nudo. Sin descanso desapareció y volvió al cabo con un pico y una pala, con vigor se puso a picar justo delante del banco donde yo estaba sentado, al pie de un viejo sicomoro, ignorándome por completo. Cuando el agujero le pareció lo suficientemente profundo arrastró uno a uno los sacos con los cuerpos y los arrojó a la fosa, sin detenerse cubrió con la tierra removida el agujero, con la pala alisó la tierra y cubrió con hojas y ramas el lugar del enterramiento.
Hecho esto y ya con las primeras luces del alba asomando en el horizonte, cuando la sombra se giró para irse pude verle la cara. Las mansas lágrimas que resbalaron por mis mejillas hicieron que de golpe volviese a la realidad, la ensoñación había terminado.
Treinta años fue la condena, treinta años con sus días, noches, horas, minutos recordando y reviviendo una y otra vez la atrocidad de mi acto.
Hoy, en el cuarenta y un cumpleaños de los asesinatos, los viejos fantasmas volvieron una vez más a visitarme, puntuales como cada año.
Lentamente, apoyando con mis dos manos el peso de mi cuerpo sobre la empuñadura del bastón me levanté y emprendí el camino de vuelta a mi solitaria casa. Un camino mil veces recorrido, un camino sembrado de dolor. Los primeros rayos del sol de una radiante mañana acompañaban el lento caminar de mi cuerpo, mi alma, hecha jirones, había quedado para siempre unida a la agreste vegetación del jardín del olvido, le jardín extraordinaire.

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Re: CP IX - Le jardin extraordinaire

Mensaje por doctorkauffman » 17 Abr 2014 13:12

muy bonito y bien narrado, sin florituras excesivas, aunque se abuse de lo parsimonioso.
eso sí, me ha recordado muchísimo a una leyenda que dejó plasmado botticelli en sus cuadros. no recuerdo el nombre. se desarrollaba en un banquete de bodas.

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Re: CP IX - Le jardin extraordinaire

Mensaje por Gavalia » 17 Abr 2014 14:28

También lo encuentro bien narrado y me gusta la intimidad que transmite. Me hubiera gustado saber algo más sobre el asesinato porque desde mi punto de vista sin esos datos el protagonista queda algo cojo en el contexto de su reflexión (malo maloso, frustrado, víctima, loco, criminal, cornudo parece lo más obvio) :?
Buen trabajo
-¡Qué felices éramos hace quince años!
-Pero si en ese entonces no nos conocíamos.
-Por eso María, por eso... 8)

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Re: CP IX - Le jardin extraordinaire

Mensaje por Juanfran » 17 Abr 2014 16:09

Menuda historieta te has marcado :cunao: Y sí, a mí también me ha resultado parsimonioso.

Yo también abogo por una cornamenta :cunao:

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Re: CP IX - Le jardin extraordinaire

Mensaje por Gisso » 17 Abr 2014 18:56

Primer relato leído y no está mal, pero me deja unas cuantas dudas entre tanta parsimonia. El relato en sí me ha gustado, me ha tenido expectante a pesar de su lentitud y el giro final no está nada mal. Pero hay algo que se me escapa...
Los dos bultos que encuentra, ¿son los mismo que entierra él o es simplemente que están limpiando y por eso le vienen recuerdos? Porque si es así, ¿cómo que, después de cuarenta y un años y estando en la cárcel treinta, no han descubierto los bultos? Deberían de haberlos descubierto, digo yo, sobre todo para poder encerrarlo. Y el hedor, al solo quedar huesos, no creo que fuera tan fuerte...
No sé, a lo mejor no lo he pillado bien...
Aun así, en un principio, me había imaginado a una especie de Tolkien fumando en pipa con parsimonia :cunao: . Es un bonito relato, pausado, con cosas que no me cuadran y que tal vez con una explicación lo vea de otra forma.
Suerte
Última edición por Gisso el 18 Abr 2014 19:55, editado 2 veces en total.

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Re: CP IX - Le jardin extraordinaire

Mensaje por Tolomew Dewhust » 17 Abr 2014 19:08

Lo siento pero a mí no me hizo "tilín". No lo he encontrado demasiado original.

Buen relato, eso sí, bien escrito y entretenido pese a su lentitud.
Tengo un castillo con ventanas a la mar y una puerta sin portal,
si te gusta, es tu castillo.

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Re: CP IX - Le jardin extraordinaire

Mensaje por Fernando Vidal » 17 Abr 2014 19:47

La historia es interesante pero la narración casi me cansa en algún momento, quizás por el hecho de tratarse de un texto en primera persona sin diálogos. Lo que más me agradó fue el final, lo que menos la descripción del jardín antes de detallar la historia en sí. :)
«Soy un investigador del Mal, ¿y cómo podría investigarse el Mal sin hundirse hasta el cuello en la basura?» Informe sobre ciegos.

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Re: CP IX - Le jardin extraordinaire

Mensaje por noramu » 17 Abr 2014 19:57

Me ha gustado e ritmo pausado del relato muy en concordancia con el protagonista. También la descripción tanto del jardín como del personaje y el planteamiento de presentar la historia de ese pasado que cada día abruma al protagonista desde el presente. Estoy de acuerdo con lo que apunta Gisso de algún tema de contenido.
Quitando un error por el que el autor se debe estar tirando de los pelos :lol: y un párrafo que se me ha hecho de difícil lectura ( si le interesa al autor más adelante ya le comentaré cual) me ha parecido bien redactado.

Gracias por compartir y suerte :60:

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Re: CP IX - Le jardin extraordinaire

Mensaje por Yuyu » 18 Abr 2014 20:24

Bonita historia de amor, engaño y mala conciencia. Me gusta la idea y la trama. Hay algunas frases y descripciones que se me hicieron un poco pesadas. Buen relato. :60: :hola:
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Re: CP IX - Le jardin extraordinaire

Mensaje por Sinkim » 18 Abr 2014 22:54

Me ha gustado mucho, me ha parecido muy bien escrito y la historia mantiene el interés hasta el final :D :D

Gisso, yo entiendo que en realidad los sacos no están ahí sino que es su conciencia la que le hace verlos :lol:
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:101: RECUENTO 2017 :101:

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Re: CP IX - Le jardin extraordinaire

Mensaje por Emisario » 18 Abr 2014 23:18

Buena historia, también me confunde el hecho de que los cuerpos aún estén allí, y hediondos, a no ser que ya estuviese en la "ensoñación" cuando los vio.
Te han hecho ver lo de la parsimonia, pues tú mismo la mencionas ( "con ceremoniosa parsimonia encendí un fósforo" y "allí, fumaba parsimoniosamente mi vieja pipa") Las figuras literarias no debieran repetirse, pues las matas (esto es en mi opinión, no es que esté escrito en manual alguno). Algún fallo ortográfico, como lo del (alo humeante y espeso) que aunque la palabra existe, de seguro has querido poner (halo). Y otras cosillas menores. En cuanto al relato en sí mismo, me ha gustado, tiene ese aire nostálgico propio de las buenas historias.

Enhorabuena, y suerte :hola:

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Re: CP IX - Le jardin extraordinaire

Mensaje por jilguero » 19 Abr 2014 13:03

:164nyu: :-D :wink:
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Re: CP IX - Le jardin extraordinaire

Mensaje por albatross » 19 Abr 2014 18:01

Buena ambientación, buen ritmo, agradable lectura.
No obstante, la historia queda algo incompleta al no dejar más datos sobre el móvil de los asesinatos o al menos la relación entre el asesino y las víctimas.
El jardín casi se puede palpar, eso está muy bien.
Enhorabuena.

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Re: CP IX - Le jardin extraordinaire

Mensaje por Gisso » 19 Abr 2014 18:05

Bueno, Albatross, yo creo que el asesino es el "cornuo" :cunao:

Enviado con el poder de mi mente desde el Más Acá

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Re: CP IX - Le jardin extraordinaire

Mensaje por albatross » 19 Abr 2014 18:23

Gisso escribió:Bueno, Albatross, yo creo que el asesino es el "cornuo"


Claro, eso se intuye, pero: ¿no te han quedado la ganas morbosas de conocer los detalles de la infidelidad?

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