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NotaPublicado: Jue Oct 15, 2015 11:45 am 
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Cruela de vil
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La caída de Tadso
(o Por qué los ángeles niños juegan al fútbol)


Era una cálida tarde de mayo y el cielo estaba lleno de nubes blancas que parecían hechas de algodón. Todos los ángeles niños se encontraban en clase de vuelo, salvo Tadso, el más pequeño del grupo, que aprovechaba la falta de vigilancia para saltar entre las nubes. «Hasta que no tengas alas no puedes jugar de esa manera», le había advertido Anguni, el guardián de los ángeles niños. Pero él era demasiado impaciente y, sin tener en cuenta los consejos del maestro, un día más se divertía con aquel juego tan peligroso.

Después de dar un par de saltos magníficos, Tadso se encontraba envalentonado y, aunque la distancia era demasiado grande, cerró los ojos, contuvo el aliento y saltó. Con el pie izquierdo rozó apenas el borde de la otra nube y, al notar el cosquilleo entre los dedos, abrió los ojos justo en el momento en el que su cabeza se hundía en aquella masa de vapor. Atravesó la nube a ciegas y, al salir por la otra cara, notó que estaba mojado; y lo que era aún peor, que no tenía nada debajo de los pies. Sin perder ni un segundo empezó a mover a gran velocidad los dos pequeños abultamientos que tenía en la espalda —es decir, las futuras alas—, pero el ángel niño continuó cayendo en picado. Por fortuna, además de travieso, Tadso era muy valiente y aquella interminable caída le pareció la aventura más emocionante de su vida.

Mientras tanto, a setenta aleteos de allí, en mitad de la clase de vuelo, uno de los alumnos vio pasar por su lado una nube a la que le faltaba un trozo con la forma del cuerpo de Tadso. Extrañado, levantó el ala derecha y, en cuanto el maestro Anguni le dio permiso para hablar, se lo contó. Acostumbrado a las travesuras de Tadso, en un primer momento Anguni no le dio demasiada importancia; luego, en cambio, vio que el agujero atravesaba la nube de lado a lado y comprendió que la trastada había sido esta vez más grave. Reunió a los ángeles niños que ya podían volar y, tras darle una serie de consejos, empezaron a rastrear el cielo en busca de Tadso.

Aquel atardecer el mar de nubes era inmenso y tardaron tanto tiempo en atravesarlo que, cuando por fin consiguieron asomarse por la parte de abajo, ya se había hecho de noche y solo pudieron ver a lo lejos las luces de las ciudades. Bajar a oscuras con aquella panda de novatos era demasiado peligroso, pensó Anguni, y empezó a mover las alas para avisar a sus alumnos. Y como el maestro era ya viejo y tenía unas alas muy grandes, produjo con ellas un ruido enorme. Los ángeles niños acudieron de inmediato y, al enterarse de que no buscarían más a Tadso hasta que se hiciera de día, mostraron su descontento agitando también las alas. Pero ellos las tenían aún muy pequeñas y solo lograron producir un zumbido similar al de un enjambre de moscardones enojados.

:chupete: :chupete: :chupete: :chupete: :chupete:

Esa misma tarde, los habitantes de Segocia se hallaban muy atareados. La temperatura había subido mucho en los últimos días y los segocianos estaban limpiando la ropa de abrigo antes de guardarla. En la plaza del pueblo, cuatro topos tenían agarrada por las esquinas la alfombra del gran salón del ayuntamiento. La estaban sacudiendo a conciencia y, en una de las sacudidas, una mancha oscura apareció en el centro del rectángulo. Al pronto pensaron que era la cagada de un pájaro y, viendo que se hacía cada vez más grande, se horrorizaron. Pero sintieron entonces un fuerte tirón en las patas delanteras y el horror se transformó en curiosidad por saber qué era aquello que acababa de caer del cielo.

Antes de seguir con la historia, conviene recordar a los lectores que, si bien Segocia es un pueblo archiconocido entre los topos, casi ningún humano sabe dónde está. Los hombres suelen atravesar Sierra Morena muy deprisa sin sospechar que, para ir a Segocia, en Despeñaperros hay que salirse de la autovía, detener el coche en un área de descanso y, con los ojos cerrados, esperar a que se haga visible el sendero de luz por el que se entra en El Sur de la Realidad. Pero los hombres nunca tienen tiempo suficiente y solo conocen Segocia gracias a lo que les comentan los pocos afortunados que han estado en ese pueblo. Yo tengo la suerte de ser muy amiga del cartero de Segocia, que es quien me ha contado que, como allí todos los objetos son de cristal, en los días soleados el resplandor en sus calles es insoportable. De hecho, los segocianos están casi ciegos y, para no perder la poca vista que les queda, viven bajo tierra, en madrigueras que ellos mimos excavan con las patas delanteras. Y esa es la razón de que el subsuelo de Segocia sea un laberinto de túneles por el que los segocianos pueden ir de madriguera en madriguera sin poner una pata en la calle. Es más, para evitar que los topos sientan la tentación de salir al exterior, las madrigueras de Segocia están provistas de toda clase de adelantos y comodidades. Sin embargo, a los segocianos les encanta salir a la calle y, en cuanto los vigilantes se despistan, abandonan sus guaridas y se suben a las ramas de las enredaderas de cristal que hay a las afueras del pueblo. Luego se colocan en la frente una pata a modo de visera para protegerse los ojos del sol y miran a lo lejos. En Segocia existe la leyenda de que van a llegar de Oriente tres camellos cargados de gafas de sol con las que los segocianos podrán salir a la calle los días soleados; y como no quieren quedarse sin gafas, vigilan la llegada de la caravana desde lo alto de las enredaderas. Una costumbre absurda puesto que, como ya sabéis, los topos apenas ven y, de no ser porque en lugar de un hocico normal tienen una trompa con la que lo toquetean todo, tendrían que usar bastón.

Hechas estas aclaraciones, volvamos a la plaza del pueblo, donde un objeto extraño se acaba de estrellar y, por si acaso fuese también de cristal, los topos han depositado la alfombra en el suelo con mucho cuidado… No hubo ruido de vidrios rotos ni chillidos de dolor, lo que causó a los topos un gran alivio. Olisquearon varias veces el aire y, tras comprobar que el olor del recién llegado no era conocido, lo toquetearon con sus largos y sensibles hocicos. Parecía un cachorro humano, pero tenía en la espalda dos extraños bultos recubiertos de plumas que les hacían dudar. Los segocianos son muy responsables y, ante la duda, decidieron informar a las autoridades. Pero, como además de responsables los topos son también unos cotillas, mientras uno avisaba en el ayuntamiento, los otros tres fueron dando la noticia de madriguera en madriguera. Y en un periquete, las calles de Segocia se llenaron de topos que acudían a la plaza para ver al fenómeno.

Casualmente, los ancianos del pueblo estaban esa tarde reunidos y, tras escuchar al mensajero, dieron la orden de que llevaran a su presencia al recién caído. Lo colocaron sobre una mesa y empezaron a examinarlo con sus arrugadas pero expertas trompas. Gracias a su enorme sabiduría, llegaron a la conclusión de que los dos pequeños brotes plumosos de la espalda eran unas alas sin acabar. «¡Un cachorro humano con alas!», exclamaron sorprendidos. Pero alguien recordó que, siendo pequeño, su abuela le había contado que en el Cielo existía una clase rara de hombres que en vez de sexo tenían alas. Los ancianos volvieron a palpar el cuerpo del desconocido y, al comprobar que no tenía pito ni tampoco raja, dieron el misterio por resuelto.

Una alborotada muchedumbre se hallaba congregada en la plaza y el griterío era ya insoportable. Pero en cuanto se abrió la puerta del balcón del ayuntamiento y los segocianos vieron salir al anciano se hizo un gran silencio. Era el topo más viejo del pueblo y, por tanto, también el más sabio. Apoyó las robustas patas delanteras en la baranda, asomó la cabeza y, con un chillido ceremonioso, les comunicó a los segocianos que el visitante llegado del cielo era un ángel niño.

:chupete: :chupete: :chupete: :chupete: :chupete:

Como ya habrán imaginado los lectores, el veloz bólido que se estrelló contra la alfombra del ayuntamiento no era otro que Tadso, el travieso ángel niño protagonista de esta historia. Esa noche la pasó Tadso en la madriguera de uno de sus salvadores; era padre de diez topos muy revoltosos y, acostumbrado al jaleo de sus hijos, pensó que tener en casa uno más no sería ningún problema. Cuando llegaron a la madriguera y Tadso vio que se metían bajo tierra, se asustó mucho porque creyó que Anguni no sería ya capaz de encontrarlo nunca. Solía ser muy charlatán y juguetón y, sin embargo, al verse rodeado de oscuridad, se acurrucó en un rincón y se hizo el dormido. Pero los diez traviesos topos, felices de tener un nuevo compañero de juego, empezaron a hacerle cosquillas con la trompa y no lo dejaron en paz a hasta que Tadso aceptó jugar al escondite por las galerías de Segocia. Y se lo pasaron tan bien jugando juntos que, cuando llegó la hora de acostarse, ninguno quería irse a la cama y la mamá topo les tuvo que reñir a los once.

Al día siguiente era domingo y, como amaneció muy nublado, los padres segocianos dejaron que sus hijos salieran de las madrigueras a jugar. Siempre que la falta de sol lo permitía, la reunión dominical era en la gran explanada de cristal que hay a las afueras del pueblo. Después del desayuno, Tadso y sus nuevos amigos acudieron al lugar de la cita. Al poco de llegar ellos empezó el partido y también el griterío. Un fin de semana más, los vecinos de los alrededores de la pista taparon con barro la entrada de sus madrigueras para no quedarse sordos con los chillidos.

Tadso no sabía jugar, pero estuvo un rato mirando desde fuera del campo y, como era un ángel niño muy listo, aprendió en seguida. El juego consistía en correr detrás de una bola hasta que conseguían tenerla delante del hocico; luego se la pasaban a algún compañero de equipo o bien corrían con ella hacia una de las dos porterías que había en los extremos del campo. Delante de cada portería había un topo con guantes y casco que no dejaba que la pelota entrase dentro. Pero a veces fallaba y, cuando eso ocurría, los jugadores del otro equipo chillaban «¡Goooooool!», tan fuerte que el chillido se escuchaba en todas las madrigueras de Segocia.

Además de los fuertes alaridos para anunciar los goles, Tadso notó que los topos daban chillidos más flojos cada vez que golpeaban la bola con el hocico. Chillidos que, en cuanto empezó a jugar y los escuchó más de cerca, supo que eran de dolor. Es más, como su buen corazón lo obligaba a quedarse parado cada vez que escuchaba uno, sus compañeros de equipo comenzaron a protestar. Por suerte, un topo vestido de negro hizo sonar entonces un silbato y todos los jugadores dejaron también de correr. El capitán del equipo se acercó a Tadso y le riñó. Aparte de para disculparse, el ángel niño aprovechó la ocasión para enterarse de por qué golpeaban la bola con la trompa si eso les hacía daño, a lo que el capitán le respondió que la culpa era del cartero de Segocia.

Por lo visto, mi amigo el cartero es quien se encarga de devolver los paquetes equivocados que de vez en cuando llegan al pueblo. Para hacerlo, sube hasta Despeñaperros con la moto, la aparca al borde del sendero luminoso de Segocia y, sin necesidad de cerrar los ojos —como el resto de los segocianos, también mi amigo está casi ciego—, espera a que aparezca ante él la autovía por la que podrá entrar en La Realidad, que es donde vivimos nosotros. Y según le contó el capitán del equipo a Tadso, al regreso de uno de esos viajes, el cartero les llevó de regalo a sus hijos un balón de cuero. Al domingo siguiente amaneció nublado y mi amigo aprovechó para hacerles una demostración de cómo jugaban con él los hombres. Ni que decir tiene que ese mismo lunes los topos se llevaron el balón a la escuela y enseñaron a jugar a sus compañeros.

El nuevo juego se puso rápidamente de moda. Al principio los segocianos jugaban tal como lo hacemos los humanos. Pero los topos no están acostumbrados a correr a dos patas y, en cuanto levantaban una de ellas para chutar, se caían de espaldas. Al final del partido siempre había espaldas lastimadas y patas rotas. Incapaz de atender a tantos lesionados, el médico de Segocia mandó una queja a las autoridades. Después de una acalorada discusión, los ancianos del pueblo decidieron guardar el balón en la caja fuerte del ayuntamiento. Los topos más pequeños se pusieron muy tristes, y sin su alegre griterío la vida en Segocia se volvió muy aburrida. Viendo que el desánimo se estaba convirtiendo en una terrible plaga, los ancianos decidieron hacer un trato con los segocianos: los más pequeños podrían jugar de nuevo al fútbol pero a condición de que nunca levantaran las patas del suelo. Y por eso, a pesar de que les causaba dolor, los topos de Segocia solo golpeaban el balón con la trompa.

En cuanto se enteró de cuál era el problema, Tadso escuchó en su interior una voz que le ordenaba hallar una solución. Pero era la primera vez que le tocaba trabajar de ángel y no sabía cómo hacerlo. De hecho, estaba tan agobiado que al reanudarse el juego no fue capaz de hacer ni un solo buen regate. Después de varios fallos imperdonables, sus compañeros de equipo se quejaron de que iban a perder el partido por su culpa. Como no quería hacerles esa faena, Tadso decidió abandonar el campo de juego. Una vez fuera, imitando lo que tantas veces había visto hacer a su maestro, se arrodilló en una de las bandas y, con las manos juntas a nivel del pecho, se dedicó a pensar en cuál podría ser el mejor remedio.

:chupete: :chupete: :chupete: :chupete: :chupete:

Mientras tanto, en el Cielo ya había amanecido y Anguni dio la orden de reiniciar la búsqueda. Volaron hasta donde el compañero de Tadso había visto pasar la nube agujereada. La víspera el viento desplazaba las nubes lentamente hacia el suroeste y, basándose en esa pista, el empollón de la clase hizo varias cuentas de cabeza y concluyó que, cuando Tadso tuvo el accidente, se hallaba jugando en El Llano de los Cúmulos. Una deducción muy acertada, pensó Anguni, puesto que era allí donde se formaban las nubes entre las que a Tadso le gustaba saltar. El angelical sabiondo siguió haciendo cálculos y dedujo que, en el momento de la caída, El Llano de los Cúmulos se hallaba sobrevolando el gran río que hay al sur de la Península Ibérica. Y sin perder ni un segundo, Anguni dio la orden de iniciar el descenso.

La bajada fue larga y emocionante. Se cruzaron con nubes de muchas formas y colores, con aviones grandes y veloces, y con una gran variedad de pájaros. Al mediodía estaban ya lo suficientemente bajos como para ver lo que ocurría en el valle del Río Guadalquivir, que era donde según el empollón de la clase había caído Tadso. Siguiendo las instrucciones de Anguni, la bandada de ángeles de dispersó un poco y, cuando el maestro exclamó «¡¡Adelante! », iniciaron el rastreo. Trescientos aleteos más tarde, los rastreadores se encontraban ya sobrevolando el valle de Segocia. Abajo se veía mucho movimiento y, por eso, a uno de los angelotes le llamó la atención una figura que permanecía quieta en una postura muy sospechosa. Descendió un poco más y ya no le cupo la menor duda.

El maestro lo escuchó gritar el nombre de Tadso y, tras asegurarse de que no era una falsa alarma, avisó al resto de sus alumnos aleteando. Los ángeles niños acudieron de inmediato y, al enterarse de la buena noticia, mostraron su alegría moviendo también las alas. Tadso se hallaba justo debajo, pero tan concentrado en dar con un remedio que no notó cómo una enorme sombra oscurecía el campo de juego; sí oyó, en cambio, el familiar zumbido de las alas de sus compañeros. Y es que, aunque parezca increíble, ni los chillidos de los jugadores ni el barro que taponaba las entradas de las toperas impidieron que el aleteo de los ángeles niño se escuchara en toda Segocia. ¿Un enjambre de moscardones en mayo?, se preguntaron sorprendidos los topos. Y como ellos son animales tan curiosos, salieron de las madrigueras justo a tiempo de presenciar el aterrizaje de los compañeros de Tadso.

:chupete: :chupete: :chupete: :chupete: :chupete:

Antes de levantar el vuelo, el maestro Anguni agradeció a los segocianos lo bien que se habían portado con Tadso. Como regalo de despedida, les prometió buscar un remedio para que los topos más pequeños pudieran jugar a la pelota sin hacerse daño. Anguni siempre cumplía su palabra y lo primero que hizo al llegar al Cielo fue informar del problema a los arcángeles. Gracias a su gran sabiduría, los arcángeles comprendieron que necesitaban un balón que fuera a la vez compacto y ligero y se lo encargaron a los ingenieros celestiales. Y mientras los ingenieros fabricaban un balón de polvo intergaláctico y le colocaban un par de alas laterales, Tadso enseñó a sus compañeros las reglas del juego que los hombres practican en los cinco continentes del planeta Tierra. Luego llegó la hora de probar el invento y el susto que se llevaron los ángeles niños fue tremendo. El primer balón alado se hinchó poco a poco con la humedad y acabó explotando. Los ingenieros celestiales decidieron darle una mano de pintura impermeable y el siguiente balón fue ya un éxito. Así, pues, fabricaron una gran cantidad de balones y comenzaron con los preparativos del viaje de entrega.

Casualmente era otoño y, como los cormoranes blancos estaban a punto de realizar su migración a El Sur de la Realidad, sobre ellos recayó el encargo de guiar los balones alados hasta Segocia. Al enterarse de que la expedición estaba a punto de partir, los ángeles niños le pidieron al maestro bajar también ellos a la Tierra. La celebración de un partido entre los segocianos y sus alumnos le pareció a Anguni una magnífica idea. Y como el guardián de los ángeles niño no estaba dispuesto a perderse el espectáculo, colgó el cartel de «Cerrado por vacaciones» en su nube y se puso a la cabeza del enjambre de moscardones angelicales.

Tras la entrega de los balones alados a los topos, los cormoranes blancos pusieron rumbo a su dormidero de invierno a orillas del Guadacristal, que es el nombre del río de Segocia. Antes de posarse en tierra, se dieron el primer chapuzón de la temporada y, como el agua estaba ya muy fría, durante el baño no dejaron de mover las alas por miedo a que se les congelara su bello plumaje blanco —los cormoranes de Segocia son pájaros de cristal transparente, pero tienen el cuerpo recubierto de un plumón blanquecino al que deben su nombre—. Después de ese primer chapuzón, se posaron en la arena de las orillas y empezaron a poner orden en sus cristalinas plumas. El tintineo de los picos peinando el blanco plumaje se escuchó un otoño más en Segocia. Al oírlo, los topos ancianos suspiraron aliviados: aquel agradable tintineo les recordaba que habían superado otro soleado verano sin perder del todo la vista y sin quedarse sordos con el griterío de los domingos.

Y mientras los cormoranes se peinaban las plumas, en la explanada de las afueras de Segocia un balón alado pasaba de trompa en trompa sin que se escuchara ni un solo chillido. Aquel primer partido entre los topos de Segocia y los ángeles niños fue un éxito rotundo. Se lo pasaron tan bien que acordaron celebrar un encuentro anual coincidiendo con la fecha de la caída de Tadso. Esa es la razón de que ahora, cada mayo, se celebre en Segocia un campeonato de balóntrompa, una nueva modalidad del balompié o fútbol que se practica en La Realidad; y esa es también la razón por la que en los días nublados Anguni, que ya es viejísimo y tiene unas alas tan grandes que ni siquiera las puede mover, ordena a las apisonadoras celestiales que aplanen las rechonchas nubes de El Llano de los Cúmulos. Se genera así una enorme llanura blanca en las que las nuevas bandadas de ángeles niños sueñan, mientras se entrenan, con su primera victoria sobre el invencible equipo de los topos de Segocia.


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NotaPublicado: Vie Oct 23, 2015 11:00 am 
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Dragonet
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Registrado: Vie Nov 14, 2008 2:54 pm
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Ubicación: Logroño
Una historia muy entretenida y con un marcado carácter infantil, me ha gustado mucho, sobre todo la idea de los nombres para diferenciarlos de los lugares reales :lol:

Me ha parecido muy simpática, además los topitos caen geniales :D y el final está muy bien al no hacer que los ángeles sean los ganadores :lol:

Por cierto, los emoticonos con los chupetes son un puntazo que aumentan el carácter infantil del relato :lol:

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Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano.

:101: RECUENTO 2017 :101:


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NotaPublicado: Vie Oct 23, 2015 12:56 pm 
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Bacteria

Registrado: Mié Jul 09, 2008 1:18 pm
Mensajes: 5407
Con este me ha pasado al revés que con otros. La historia, aunque es original, no me ha enamorado locamente, pero me gusta mucho el estilo desenfadado y ágil con el que está escrito y los toques de humor. Qué pena que no se veían los chupetes en el Kindle.


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NotaPublicado: Vie Oct 23, 2015 2:56 pm 
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Diosa de ébano
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Registrado: Mar Oct 14, 2008 6:30 pm
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No soy lo que escribo; soy lo que tú sientes al leerme.


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GANADOR del V Concurso de relatos
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Registrado: Lun Abr 13, 2009 8:43 pm
Mensajes: 4255
Ubicación: Los Madriles
Ey, ¿a ti también te contó esta historia mi primo? Es la mejor de mi pueblo.

Lo que pasa es que mi primo narra ciertos fragmentos de forma más cortitos, para agilizar la narración. Pero, oye, que es la mejor historia de mi pueblo y la que a todo topitito se le cuenta sea Segocia o no.

:60: :60: :60:

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leyendo: 4,3,2,1 - Paul Auster
leyendo cuentos: Zuñiga, O´Connor, Fitzgerald, Chéjov, Matute


Última edición por Topito el Sab Oct 24, 2015 9:44 am, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Vie Oct 23, 2015 4:47 pm 
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Registrado: Lun Abr 05, 2010 9:35 pm
Mensajes: 12344
Ubicación: En las ramas del jacarandá...
Ella:
¡Quiero saltar entre las nubes y caerme como Tadso en Segocia! :alegria:

El fútbol me parece aburrido, pero jugar al balóntrompa con los topos debe ser divertido. :D

Quiero que los cormoranes me traigan el próximo otoño un balón alado de polvo intergaláctico. :60:




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El esfuerzo para llegar a las cimas basta
para llenar un corazón de hombre



Los hilos de Ariadna :60: El niño del tirachinas

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Agüita y fanguito de mis entretelas forever


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Mensajes: 2921
Ubicación: En los brazos de Ares
(Jo, ni en el mundo de la Fantasía me libro del fútbol :| )

Encuentro muy entrañable al angelito :60: La historia en general, por la forma de narrarla, y por el ritmo, me ha recordado los capítulos de Arale :mrgreen: Los topitos, bastante simpáticos (aunque chillones :noooo: )
Me gusta ver expresiones chocantes en un cuento infantil, al menos para muy peques ("la cagada de un pájaro"...) :lol:
A grandes rasgos, un trabajo muy correcto :60:

Posible rango de edad: 7-9 años.

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"Yo no sigo a Tanis. Sólo vamos en la misma dirección" (Raistlin Majere)

Runners aquí: che-niata


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NotaPublicado: Dom Oct 25, 2015 5:48 pm 
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Ubicación: Perdido en mis pensamientos
Me ha gustado autor/a. La idea es buena y, aunque a un niño/a posiblemente no le atraiga el tema de los ángeles, sí que has sabido hacer que Tadso en sí resulte atrayente por su carácter. Además, hay que añadir el tema del juego de pelota y los segocianos, que creo son elementos también suficientemente atrayentes. A pesar de todo creo que es un pelín largo, aunque no sé yo por dónde le metería la tijera. :wink:

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Imagen Pon un tigre en tu vida.


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NotaPublicado: Dom Oct 25, 2015 7:38 pm 
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Mensajes: 9184
Ubicación: En algún lugar entre Lothlorien y Solaris.
Uy, que cuentecito más chulo e imaginativo :D . Aunque sí es verdad que empieza fuerte, luego se me vuelve un poco monotono y aburrido, pero es que no ayuda mi fobia a todo lo que tenga que ver con el futbol. Así que no es culpa del cuento. Me gusta mucho Segocia (que me ha hecho gracia) y todo lo relacionado con este lugar. Se podría decir que has creado una historia constumbrista, para niños, y que tanto gusta por estos lares.


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NotaPublicado: Dom Oct 25, 2015 10:50 pm 
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Ubicación: Barcelona, la más bonita del mundo.
Habla el niño del ascensor:

--Angelitos y fútbol. Mis dos temas favoritos-le digo al engendro.
--A mí me ha gustado mucho. Además salen topitos y me ha gustado que inventen una pelotita para que los pobres no se hagan daño en sus hociquitos. También me ha gustado mucho que las cosas sean de cristal y que todo brille y que haya partidos de fútbol entre los topos y los angelitos.
--Voy a vomitar.
--¿Y por qué los ángeles no tienen pito ni rajita?
--Bah eso es mentira. Cuando tu madre ponga el belén míralos de cerca, verás como sí que tienen. Por cierto, Mario, ¿has oído rumores en el cole sobre la verdadera identidad de sus majestades los reyes magos?
--Ya sé que son los padres. Si pensabas joderme ya no puedes.
--Estoy creando un monstruo.

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"Ningún hierro puede despedazar tan fuertemente el corazón como un punto puesto en el lugar que le corresponde."

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Berlín, esas cosas se ponen en Spoiler, me acabas de hundir en la miseria :cry: :cry:

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Ubicación: Barcelona, la más bonita del mundo.
Sinkim escribió:
:whoa: :whoa: :whoa: :whoa:

Berlín, esas cosas se ponen en Spoiler, me acabas de hundir en la miseria :cry: :cry:


¿No sabias que los reyes son los padres? :cry:

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Uhmmmmmmmmmm. No sé bien cómo comentar este relato. Me gusta, pero me gusta como adulta y además aquí quiero hablar de mi nacionalidad, porque aunque hay historias para niños muy universales, hay otras que creo que solo aplican para un país o región (a menos que se adapte para otros lugares), y creo que éste es, hasta ahora dentro del concurso, el que más me ha hecho reflexionar sobre el tema. Si yo le doy esto a mi prima de doce años, no entenderá muchas expresiones y conceptos, pero no estoy segura de si en España sí.

Por ejemplo:

Citar:
...esperar a que se haga visible el sendero de luz por el que se entra en El Sur de la Realidad.


Sendero es muy fácil de explicar, pero no estoy segura de que esté en el vocabulario de los niños de 10-12 años de mi país, porque no es una palabra que los adultos aquí usemos mucho, lo que es diferente en España (y Europa en general) donde se practica mucho senderismo, según sé. El vocabulario de los niños acá es en un porcentaje muy alto demasiado pobre (también de los adultos) porque hay altos niveles de analfabetismo.

Eso por mencionar una palabra, pero ahora me surgen más preguntas en relación a "El Sur de la Realidad". ¿A qué edad uno entiende qué es "la realidad"? Es uno de los conceptos más abstractos que tenemos y soltarlo en un relato para niños, como se pretende aquí, ya no me hace mucho click ni en México ni España, Japón o Tombuctú.

Citar:
El Llano de los Cúmulos...


Aquí otro ejemplo. Es que un niño o adulto "promedio" de mi país lee esto y me avienta el libro en la cabeza.

Lo rescatable es el tema del fútbol, cosa que enamora a muchos niños, pero... sí, que creo que viéndolo desde aquí, una mexicana tomando en cuenta a la infancia de su país, y pensando en el uso de conceptos tan complejos sin dar mayor explicación, creo que no considero esto un relato infantil.

Dicho todo ese rant, agrego que adoré por completo a Tadso y los topitos.

_________________
Aquí yace un pájaro.


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NotaPublicado: Lun Oct 26, 2015 12:19 pm 
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Murciélago
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Lectura vigesimoctava: La caída de Tadso

(+Si te estás meando, Piruleta, te aguantas)
+Hola a todos, hoy venimos con las perspectiva de Jilguero y Mister Sogad. A vér qué dicen:
Jilguero escribió:
Tadso, un niño muy callado y mosodosito, incluso un tanto repelente, sale del colegio y en el camino de casa da un traspié y se golpea la cabeza con el bordillo de la acera. A partir de ese momento, le cambia el caracter y se convierte en el niño más querido de la clase.
Sogad escribió:
Tadso era una colonia de hormigas rojas que había conseguido conquistar y someter todo el territorio de la parcela veintidós del cafetal de la Hacienda La Verdad. Todos los bichos de la parcela debían hacer regalos a Tadso para que los ejércitos de la colonia no los atacaran. Pero la reina de Tadso, Horomida la Magnífica, deseaba conquistar la parcela treinta, la de las Higueras, así que reunió un gran ejército, forjó alianzas con todos los bichos que pudo encontrar y empezó a conquistar parcela tras parcela hasta llegar a la treinta. En la parcela treinta gobernaba una alianza de tres colonias de hormigas negras que en cuanto vieron aparecer el gran ejército de Horomida les lanzaron higos maduros con catapultas de ramitas secas. El ejército de Horomida lejos de asustarse empezó a devorar los higos conforme caían. Así, cuando cayó la noche, Horomida y su ejército estaban tan llenos de higos que no pudieron moverse cuando las hormigas negras atacaron. desaparecida Horomida y su ejército Tadso, la colonia más magnífica de todo el cafetal, acabó destruida por los bichos que habían estados sometidos a su poder.

+Me encantan esos microrelatos que se monta el colega.
+Respecto al relato, no ha sido mi preferido, pero está bien. Algunas cosas no me han gustado, como referirse al lector, una redacción un poco homogénea muy todo el rato igual (no sé explicarme aquí :oops: ). Está bien, pero no me has atrapado, autor. A este, por cierto, Eyre ha dicho que no. Cosas que pasan.


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Traducción al español por Huan Manwë para phpBB España