CI 1 - ¡Devuélvemela, es mía! - Gisso

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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lucia
Cruela de vil
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CI 1 - ¡Devuélvemela, es mía! - Gisso

Mensaje por lucia » 15 Oct 2015 14:34

¡Devuélvemela, es mía!
El gato ignoraba a Roberto Zudo, lamiéndose distraído el bajo vientre sobre el balancín de muelle del «pájaro enojado»; esa fue la principal razón por la que no vio llegar la piedrecita que le había lanzado a mala baba. Tras el susto inicial, erizó el lomo al tiempo que bufaba y, jurando venganza, desapareció entre los arbustos. Esa pequeña victoria frente al felino no le quitó el enfado, harto de tener que llegar a casa antes del anochecer por imposición de sus papaítos. Pero no, ya era mayor y ese día se iba a rebelar… aunque fuera solo. Había empezado una revuelta con sus mejores amigos al grito de «¡jugar hasta la noche no es ningún derroche!», pero tal como se iba ocultando el sol sus amigos marchaban cabizbajos y vencidos, con los pensamientos llenos de tirones de oreja, castigos y pantuflas con localizador GPS que nunca fallaban su objetivo al ser lanzadas. Él no se dejaría vencer por el miedo… o tal vez si regresara solo perdiera el postre.
—Ey, ¿te encuentras bien? —Roberto Zudo , al escuchar la voz, se giró asustado dándose de morros con una oscura figura—. Lo siento, tranqui, no quería asustarte, pero te he visto así…
A punto estuvo de salir corriendo, sin embargo, al recordar las palabras de su madre de «no debes hablar con desconocidos» hizo que se enfadara todavía más, comenzando a contarle lo que le pasaba al recién llegado tomándolo como otro acto de rebeldía.
—Vaya rollo eso de los horarios, ¿verdad? ¡Con lo divertido que sería jugar todo el día! ¿Sabes? Yo tampoco hacía caso y me pasaba el día aprendiendo magia. ¿Te enseño un truco?
A Roberto Zudo se le iluminó el rostro y asintió curioso.
—Voy a enseñarte mi mejor truco… ¡Te voy a quitar la nariz!
—Pero… pero… —dijo confundido al ver como la misteriosa figura acercaba a su cara su mano con los dedos índice y corazón en forma de garra—. ¡Eso es un truco para bebés!
—¡No! Espera y verás, seguro que no has visto nada igual.
El niño, extrañado, se dejó hacer para ver que tenía de especial ese truco tan antiguo y que su abuela le hacía sin mucha gracia. La figura agarró con ambos dedos la nariz, pegó un tirón y… ¡Qué raro! Roberto Zudo sintió que algo salía y se llevó las manos a la cara notando al momento que, de verdad, ¡le había quitado la nariz! La figura sacó un saco que llevaba oculto a la espalda, la metió dentro y se dio a la fuga a gran velocidad.
—¡Devuévemeda, eh mía! —gritó desesperado Roberto Zudo como pudo, pero el ladrón ya había desaparecido ayudado por la oscuridad de la noche.

—¡Silencio, por favor! —ordenó Pedro Medario, presidente de la Asociación de Niños del Parque de las Minas, conocido así por las trampas que les tendían las mascotas escondiendo sus necesidades en la arena… ¡cuántas bajas habían causado! —. El asunto es muy serio. Llevamos una oleada de robos de extremidades y órganos a nuestros camaradas y la situación es insostenible…
—¡Cierto! —gritó Juan Guila—. A mi primo le robaron un pie y ahora su madre está enfadada porque en la zapatería no le quieren hacer un descuento del 50% en las compras.
—A mi hermanito le quitaron… le quitaron el.. el.. pito —murmuró sonrojada Verónica Lamidad—, ahora hace pipí como yo…
—A Andrés Trábico le mangaron un ojo…
—Bueno, a él le hicieron un favor, ¡lo tenía a la virulé!
—¡Oye, que es el amigo de un amigo de mi primo segundo por parte de…!
—¡Ya está bien! —intentó poner paz Pedro Medario—. Hemos tomado cartas en el asunto para solucionar esto y hemos llamado a ¡Rafa Buloso y Enma Ravillosa! —. La sala se llenó de murmullos de sorpresa al escuchar esos nombres. Siempre que había un problema, ellos eran la solución—. No deben de tardar mucho…
—Más bien, ya estamos aquí.
Todos se giraron para ver a los recién llegados. Apoyado en la entrada de la caseta estaba Rafa Buloso mascando indiferente una barrita de regaliz con su pelo pincho y ropa deportiva, detrás de él se encontraba Enma Ravillosa, vestida de estilo gótico con mallas rotas y faldita corta, todo de color negro, llevaba una mochila con forma de calavera y una camiseta que decía: «Yo enseñé al Diablo, así que, ¡no me cabrees!». El chico observó a los asistentes, apartó la barrita para poder echar un escupitajo y, quitándose sus Guayfarer Ban, se acercó al centro de la sala comenzando a hablar.
—Tranquilos, ya estamos al día de todo lo sucedido y en breve comenzaremos la investigación. Hemos hablado con vuestro presidente de nuestros honorarios y lo que necesitamos para empezar, ¿lo habéis conseguido? —. Pedro Medario le acercó tembloroso una bolsita y que Rafa Buloso abrió enseguida para comprobar su contenido—. ¿Solo esto, ya está?
—Bueno, yo tengo uno más —dijo una niña, que se acercó dejando el objeto en la bolsita.
Rafa Buloso se fijó en otro niño que parecía nervioso y no se atrevía a mirarlos. A una señal suya, Enma Ravillosa se acercó a él y, apretándole los mofletes, le abrió un poco la boca.
—¡Vaya, vaya! Te tiembla uno, ¿no querías ayudar a la comunidad, eh? —Con un movimiento veloz, le arrancó el diente de leche que estaba a punto de caérsele, pero lo hizo con tanto ímpetu que…—. ¡Se te ha caído otro! Buen chico.
Aunque no le había dolido, el niño se llevó la mano a su boca mellada para tapársela. Rafa Buloso se acercó antes de que se pusiera a sollozar y le ofreció una barrita de regaliz.
—Chúpala despacio, tal vez no estés acostumbrado a un producto tan puro.

—No, Pica, ya te he dicho que no quiero aparecer en tu programa. Sí, puede parecer divertido pero estoy muy ocupado ahora, es temporada alta. Chao chao.
El Ratoncito Pérez colgó su B Uphone y siguió disfrutando de su coctel de Emmental y del sol sobre su sillón hinchable que flotaba en la piscina de su gran mansión. Era una buena época para la compra/venta de dientes y él la estaba aprovechando a tope. Nada podía estropearle el día…
—Señor, tiene visita.
—Buff, ahora no, estoy ocupado y te pago para que no me molesten. Si es otra vez Gustavo, que se vaya a croar sus penas sobre Peggy a otra parte.
—Señor, no parece que se vayan a… ¡Ey, esperad, no podéis…!
Un gran ¡CHOFF!, seguido de un fuerte oleaje casi hizo caer a Ratoncito del sillón. A punto de protestar por haber tirado a su seguridad a la piscina se quedó callado al observar a los recién llegados; Rafa mascando su regaliz y Enma con el pie en alto tras dar la patada.
—¿Qué forma es esta de recibir a los viejos amigos?

—O sea, ¿pensáis que yo sé algo sobre quién puede estar detrás de los robos? —habló malhumorado Ratoncito mientras se ponía una bata y entraban en la mansión.
—Bueno —comenzó a decir Rafa—, llegaste de los bajos fondos y hemos pensado que tal vez no hayas perdidos a tus contactos… también te hemos traído esto.
Ratoncito se giró y vio como Enma le mostraba una bolsita, que agarró enseguida. Al abrirla, sus ojos se abrieron e iluminaron al observar los dientes que había en su interior.
—Pero, si los quieres, necesitamos información —dijo Enma crujiéndo los dedos.
—Vale, vale —contestó Ratoncito mirando a un lado y a otro como si lo estuvieran espiando—, pero yo no os he dicho nada. Parece que algo está ocurriendo en Imagimundo, se oyen rumores de que… que… ha regresado.
—¿Quién…? ¡Ey, espera! No puede ser. El Co…
—Shsss, ¡no lo nombres aquí! Mira, id a hablar con la doctora Paloma Jareta, ya sabéis que ella estuvo presente cuando ocurrió la desgracia, hace tanto tiempo ya… Bueno, tal vez sepa algo.
Tras agradecerle la información, Rafa y Enma se marcharon dejando a Ratoncito suspirando y con su bolsa de dientes. Se acercó a una puerta oculta, la abrió y se metió por un pasadizo que le llevó a una nueva piscina llena de dientes. Ahí dejó caer el contenido de la bolsa y se lanzó.
—¡Ah, esto es vida! —dijo mientras notaba pinchacitos por todo el cuerpo.

—Bienvenidos al ascensor que lleva a Imagimundo, en breve comenzará el viaje.
El gorila botones acomodó a Rafa y Enma en uno de los ascensores acristalados que llevaban a ese mágico lugar formado por los sueños, y también pesadillas, de todos los niños del mundo; o eso es lo que se cuenta, ya que, simplemente, un día apareció el portal a ese lugar. El ascensor salió disparado al cielo, envolviéndolos en brillantes colores, nubes de algodón y estrellas cantantes de rostros sonrientes. El trayecto duró poco a Imagimundo, donde todo lo que se pudiera imaginar, allí existía. Enseguida se montaron en un Taxi-Oruga y dieron la dirección que les había dado Ratoncito, con la promesa de que, si los engañaba, Enma volvería a visitarlo. Llegaron a una pradera de girasoles silbadores donde bajaron y se acercaron a la casa que se alzaba en una colina. Esférica y medio enterrada, no dejaba de dar erráticos giros. Ambos se pararon donde se suponía que era la entrada, pero la puerta, bromista, cuando se detenía y Rafa alargaba la mano para abrirla, se reía y seguía girando con la casa. Lo repitió cuatro veces más hasta que Enma la atrapó del pomo y le prometió que «o paraba, o hacía una barbacoa con ella».
—Me encanta cuando te pones así —dijo Rafa con una sonrisita traviesa y guiñando un ojo—, un día te robaré un beso, y lo sabes.
—Ni lo sueñes —cortó tajante abriendo con fuerza la puerta, que emitió un gruñido.
El interior parecía una burbuja con habitaciones sin rincones, llena de una gran cantidad de aparatos e inventos originales y de lo más absurdos. Algo frotó la pierna de Rafa y, sorprendido, observó un bicho peludo de caparazón rojo y lunares negros con seis patas, cola y cabeza de…
—¿Qué es esto? —dijo Rafa.
—Parece, parece… —comenzó a decir Enma—, un ¡marigato! Qué lindo, ven bonito…
La chica lo abrazó y se lo llevó cariñosamente ante un atónito Rafa. Dieron una vuelta por la casa buscando a la doctora Paloma Jareta hasta dar con una habitación llena de aparatos electrónicos, tubos de ensayo y un gran espejo en una pared. Curiosos, se acercaron a él, ya que, aunque reflejaba la habitación, no a ellos. Estaban investigándolo cuando una figura apareció en el otro lado, asustándolos y haciendo caer de culo a Rafa. El marigato dio un salto y cruzó el espejo, saltando a los brazos de la figura del otro lado.
¿sièreuq èuq y sios nèiuQ? soñeuqep aloH—
—Esto… ¿perdón? —dijeron ambos a la vez.
.oglas ay ,otnemom nU .odal orto le ne abatse euq abadroca em on ,otneis oL—
La figura cruzó del otro lado poniéndose frente a los chicos; era alta, anciana y de rostro sonriente, pelo blanco, gafas de culo de vaso y bata blanca.
—Perdonad pequeños, pero no consigo hacer funcionar bien el trastero-espejo.
—¿Trastero-espejo? —dijeron, de nuevo, ambos a la vez.
—Sí, ideal para lugares donde no hay casi espacio, pero parece que todo sale al revés. —Y apretando un botón, el espejo se hizo de nuevo normal—. Bueno, bueno, bueno… Soy la doctora Paloma Jareta y ¿vosotros sois? —dijo dejando el marigato y recolocándose las gafotas.
Ambos se presentaron y luego se miraron, dudando un momento, hasta que Rafa le contó todo sobre los robos de miembros y la razón de por qué habían ido a buscarla.
—Ya veo —dijo entristecida—, parece que ha vuelto. Sentaos y escuchad…
«Hace muchos años, trabajaba junto al doctor Koichi Flado. Éramos jóvenes y con ganas de crear un mundo mejor, más fácil y agradable por medio de nuestros inventos. El portal a Imagimundo hacía poco que se había descubierto, así que nos trasladamos a este lugar, donde todo era posible, para intentar cumplir nuestros sueños, pero… Un día, algo salió mal, hubo una gran explosión y su cuerpo quedó… bueno. Intenté ayudarle pero fue imposible y con el tiempo, enloqueció echándole la culpa a todos los niños de su desgracia y, cubriéndose el rostro con medio coco, se marchó empezando a sembrar el terror entre los más pequeños».
—El resto ya lo conocéis, «que viene el Coco y se te llevará». —Abatida, se recostó mejor en el sillón. El marigato abrió su caparazón y, sacando sus alas, voló hasta posarse sobre su ama.
—Pero… ¡tenemos que detenerlo! Algo está tramando —dijo Enma.
—Ya lo intenté —suspiró recordando—, creía que lo había conseguido; ya veo que no. Soy muy vieja y no me quedan fuerzas para seguir luchando.
—Nosotros podríamos intentarlo —dijo Rafa—, pero necesitamos su ayuda.
Paloma Jareta levantó su vista cansada hacia ellos, dudó unos momentos, y al fin, sonrió.
—Tenéis valentía y firmeza, me recordáis a mí y a Koichi… —se quedó unos momentos en silencio—. Está bien, os ayudaré, pero tenéis que ir a un lugar lejano y peligroso, a la Frontera de Imagimundo. —Al ver la cara de sorpresa y preocupación de los chicos, se acercó a ellos y les acarició el pelo—. Pero tranquilos, tengo algo que os ayudará.
Ambos la siguieron mientras les contaba a dónde tenían que ir y qué tenían que hacer. Analizando la situación llegaron a la parte trasera de la casa, cuando esta dejaba de dar vueltas, y salieron a un jardín.
—Esto... no puede ser. Es un, es un… —balbuceaba Rafa estupefacto al ver lo que galopaba por el campo—, ¿lo has visto, Enma? Si es, ¡un ponicornio alado! ¡Es increíble!
Pero Enma no le hacía caso, observando hacia el lado contrario. Rafa, al ver que lo ignoraba, se giró hacia el mismo sitio y…
—¡A… lu… ci… nan… te!
—Este me gusta más —dijo Enma con una sonrisa de oreja a oreja y rebosante de felicidad.

—Aaaaaaaaaah, ¡cuidado con esos árboles…. Aaaaah!
Rafa no paraba de gritar por la velocidad vertiginosa y las peligrosas maniobras que Enma, la cual disfrutaba como una enana, le hacía hacer al dracoburón —una extraña e impresionante combinación entre un tiburón y un dragón—, sobre el que iban montados camino a la Frontera de Imagimundo. Tal como se acercaban, el cielo se oscurecía y el terreno se iba quedando plano, desértico y de color gris.
—Ya estamos —dijo Enma un poco preocupada al rebasar la Frontera. La tierra desaparecía de forma abrupta llegando a un oscuro vacío. Miraran donde miraran solo había que… ¡nada! Se contaba que los sueños de los niños tenían un límite y que más allá de la Frontera todavía no habían llegado sus fantasías para seguir haciendo crecer al Imagimundo. Y ese lugar era aprovechado por las pesadillas para esconderse y esperar su momento, por eso era peligroso llegar tan lejos. Ahora tenían que encontrar la fortaleza del Coco y recuperar los miembros robados.
—Yo no veo nada, ¿y tú?
—Yo solo veo que cada vez te estás arrimando más a mí —contestó Enma—, no te creas que me vas a robar un beso en una situación como esta… Ey, ¡espera! Creo que veo algo. ¡Allí!
En medio de la nada flotaba una pequeña montaña, tal como le había avisado la doctora, así que se acercaron con el mayor sigilo posible. Dieron un par de vueltas buscando una pequeña cueva, la cual, se suponía que era la entrada secreta al lugar.
—Creo que es eso… —dijo Rafa, señalando y aprovechando para arrimarse más.
Descendieron al lugar y se bajaron del dracoburón, ahora visiblemente nervioso, para acercarse a explorar. Era pequeña, pero lo suficiente para servir de entrada. Investigaron con atención, pero no encontraron la forma de abrir la puerta, si esta se encontraba ahí.
—Yo no veo nada, ¿seguro que estamos en el lugar adecuado? —protestó Rafa.
Enma no le hacía caso y miraba la pared pensativa hasta que un rugido la sacó de sus reflexiones. El dracoburón se puso en guardia de un salto.
—¿Qué ha sido eso? —volvió a hablar Rafa, acercándose de nuevo a Enma.
Una extraña y gigantesca criatura aterrizó frente ellos enseñando los colmillos. ¡Era un monodrilo! Sin mediar palabra se lanzó al ataque, el cual detuvo el dracoburón, y ambos se enzarzaron en una batalla sin cuartel dejando sin escapatoria a los dos chicos.
—¿Y ahora qué hacemos? —gritó Rafa a Enma para que lo pudiera escuchar. En ese momento, la cola del monodrilo golpeo el techó de la entrada de la cueva haciendo que esta se desprendiera. A punto estuvo de aplastar a Enma si no fuera porque en el último momento, Rafa, lanzándose en plancha, la empujó al interior. Poco a poco el polvo fue desapareciendo, dándose cuenta de la situación. —Vaya, creo que nos hemos quedado encerrados…
—Ejem, ejem… —carraspeó Enma. Rafa se dio cuenta de que estaba encima de ella. Sonrojado, se apartó de un salto.
Su amiga también se puso en pie y comenzó a buscar en su mochila una linterna que siempre llevaba. La encontró enseguida y, al encenderla, se dio cuenta de otra cosa que había perdida entre el resto de objetos de la mochila. Al sacarla, sonrió, y se lo enseñó a Rafa.
—¿Qué es eso? —preguntó.
—¡La solución! —y sin decir nada más, se acercó a la pared y comenzó a dibujar una puerta con el lápiz de color blanco que acababa de encontrar. Tras terminar, giró el pomo y la puerta empezó a abrirse mostrando la entrada secreta. Enma se giró a Rafa. —Para que luego digan que el lápiz blanco no sirve de nada. ¡Sigamos!

Rafa Buloso y Enma Ravillosa correteaban sigilosos por los túneles de la fortaleza, siguiendo las instrucciones que la doctora Paloma Jareta les había dado. A veces se cruzaban en su camino sombras amenazadoras y tenían que esconderse hasta que desaparecían de su vista.
—Creo que hemos llegado —dijo Rafa. Enma asintió.
Ambos respiraron con fuerza y abrieron las puertas con el mayor cuidado posible. Entraron en una gran sala, tenuemente iluminada por focos y aparatos electrónicos, justo en el medio había un gran depósito acristalado lleno de líquido y con algo flotando en su interior. Al acercarse, tuvieron que ahogar sus gritos de sorpresa y horror al ver lo que era: un niño, sí, ¡pero creado a piezas con los miembros robados!
—¿Qué estará intentando ha…? —empezó a decir Rafa, pero no pudo acabar.
—¿Qué estoy intentando hacer? —dijo una figura cubierta por una capa mientras salía de las sombras—. Muy sencillo señorito… esto… ¿Rafa Buloso? Sí, eso creo. Y su querida amiga, y peligrosa, Enma Ravillosa, ¿verdad? Sí, muy sencillo… ¡Recuperar el cuerpo que perdí por vuestra culpa, panda de mocosos, llorones y protestones! —. Al decir esto, se tiró la capucha para atrás mostrando su máscara de coco. Rafa y Enma se pusieron en guardia.
—No te dejaremos.
—¿Seguro?
Una nueva figura se interpuso, entre los chicos y el Coco, blandiendo un saco.
—Tal vez hayáis oído hablar de él —dijo entre risas el Coco—, pero por si acaso, os presento a toda una leyenda de vuestras pesadillas: ¡El Hombre del Saco!
Nada más acabar la presentación, atacó a los chicos, separándolos. Luego fue a por Enma, la cual desvió el ataque del saco con su mochila. Ambos se observaron unos momentos, sonrieron, y comenzaron a luchar.
—Esto nos deja a los dos solos…
Rafa no se dio cuenta de que el Coco se había acercado a él y esquivó la patada por muy poco. Creía que se había alejado lo suficiente, sin embargo su enemigo era muy rápido. Aun así, paró el siguiente golpe, pero no pudo detener una nueva patada, lanzándolo al suelo.
—¡Te tengo! —dijo el Coco poniéndose sobre el chico e inmovilizándolo—. Lo siento, no es nada personal, pero me falta una cosa para terminar mi nuevo cuerpo y comenzar mi venganza —y dicho esto, sacó sus garras y le atravesó el pecho sacándole el corazón.
Rafa se quedó inmóvil con los ojos en blanco. Enma al ver lo que había ocurrido iba a gritar y acercarse, pero al perder la concentración, el Hombre del Saco lo aprovechó para propinarle un golpe y lanzarla contra una pared, dejándola sentada casi sin sentido.
—Ha sido más fácil de lo que pensaba —dijo entre risas el Coco mientras se acercaba al depósito. Apretó un botón para vaciar el líquido y abrir las compuertas. Se aproximó al niño hecho a piezas, lo miró de arriba abajo y colocó el corazón de Rafa en su sitio. —Ahora, llegó el momento de que recibas mi cerebro y así tendré de nuevo un cuerpo, ¡muajajajajajaja!
El Coco, de espaldas, se quitó la máscara y cuando se iba a abrir la cabeza notó algo extraño, el corazón había comenzado a palpitar solo y el cuerpo del niño hecho a piezas comenzaba a moverse. Antes de que pudiera reaccionar, un fuerte empujón lanzó a el Coco al suelo.
—No todos los seres se mueven por su cerebro —dijo Enma mientras se levantaba—. Hay algunos que lo hacen con el corazón. —Entonces, y ante la sorpresa del Hombre del Saco, fue a por él propinándole tal mochilazo que lo lanzó junto a su amo.
En ese momento el techo comenzó a temblar y, ante los gritos de desesperación de los dos seres malignos, se vino abajo sobre ellos, enterrándolos bajo un montón de piedras y el poderoso dracoburón que acababa de hacer acto de presencia echando fuego por la boca y salvando a los chicos. Enma dio un grito de victoria y fue corriendo hacia el cuerpo del niño hecho a piezas justo en el momento que caía al suelo, cogiéndolo y acostándolo con suavidad junto a Rafa. Tenía que ser rápida si quería salvar a su amigo y, con gran delicadeza, recuperó su corazón y lo colocó de nuevo en su sitio… pero nada ocurrió. Intentó darle un masaje cardiaco, hablarle con palabras dulces, pero el corazón de su amigo no comenzaba a latir de nuevo.
—¡No! Por favor, Rafa, despierta —dijo entre sollozos mientras el dracoburón se acercaba entristecido a ellos—. Esto no puede acabar así… No… puede… ¡despierta!
El corazón seguía sin latir… esto era el fin de Rafa Buloso, pensó Enma mientras recordaba entre lágrimas todos los momentos que habían pasado juntos. Entonces, a su mente vino el gran deseo de su amigo y que siempre había intentado conseguir a cualquier precio bajo las continuas negativas de ella: robarle un beso. Y como despedida, no se lo podía negar, aunque ya no lo sintiera. Se acercó a su rostro y con gran dulzura le dio un beso. Luego, se deshizo en un mar de lágrimas sobre su pecho…
«Bu bum. Bu bum. Bu bum; bubum, bubum bubum…»
Enma se quedó sorprendida al escuchar unos latidos, primero muy débiles, luego más claros, y levantó la vista hacia la cara de Rafa, que en ese momento comenzaba a sonreír.
—Al… al… fin… —comenzó a decir muy cansado—, al final, te he robado un beso…
—¡Tonto! —dijo Enma llena de felicidad mientras le estiraba los mofletes—. Y será el último… ¡Te apesta el aliento a regaliz!
Ambos se miraron un momento y comenzaron a reír.

La normalidad volvió al Parque de las Minas cuando en días posteriores los niños fueron recuperando sus miembros. Por fin podían vivir sin tener que pagar por una zapatilla que no iban a utilizar, ver bien, o hacer pipí… bueno, como todo niño debía de hacer pipí. En cuanto a Rafa Buloso y Enma Ravillosa siguieron ayudando a todo aquel que lo necesitara, bajo un módico precio, claro está. Si había un problema, ellos eran la solución. Por último, cabe decir que pasaría mucho, mucho, mucho tiempo antes de que Rafa le robara un nuevo beso a Enma; pero eso, ya es otra historia…

















Una figura observaba a los niños del parque, con malignidad infinita y sed de venganza, oculto tras una máscara de payaso mientras les vendía helados al son de una ridícula musiquita.
«Me la pagaréis, tarde o temprano. Esto no quedará así… ¡Me vengaré!»

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Re: CI 1 - ¡Devuélvemela, es mía!

Mensaje por Sinkim » 23 Oct 2015 10:46

Una historia genial, me encanta encontrarme novela negra clásica en este concurso, además me parece que está muy bien adaptada para que pueda gustar a los niños :D

Rafa y Enma son una pareja genial y merecen tener su propia saga de aventuras, sobre todo visto ese final tan prometedor :lol: Toda la parte de Imagimundo me ha maravillado, es un derroche de imaginación brutal :o ¡Felicidades, autor! :60:
Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano.

:101: RECUENTO 2017 :101:

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Re: CI 1 - ¡Devuélvemela, es mía!

Mensaje por Gavalia » 23 Oct 2015 12:52

Devuelvemela que es mía
Es un trabajo muy currado en el aspecto imaginativo. Creas un mundo tipo Oz o algo parecido al de Alicia. Alfunas partes de tu trabajo son farragosas de leer quizá por que suceden demasiadas cosas dando sensación de precipitación. El ambiente está logrado y los personajes malos están bien perfilados y resultan bastante tenebrosos. Los buenos recuerdan un poco a Peter Pan y a Campanilla. Veo muchas similitudes con historias clásicas y eso puede ser tan bueno cono malo a la hora de la originalidad. Cumple los requisitos que espero de un cuento aunque personalmente no me ha gustado demasiado pero reconozco que es un gran trabajo. Enhorabuena y suerte.
La mamá arropaba a su pequeño niño invidente mientras le susurraba al oído...
Si no te portas bien... cambio los muebles de sitio... :twisted:

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Re: CI 1 - ¡Devuélvemela, es mía!

Mensaje por Shigella » 23 Oct 2015 12:54

Gavalia escribió: Alfunas partes de tu trabajo son farragosas de leer quizá por que suceden demasiadas cosas dando sensación de precipitación.
+1


Tengo que decir que la idea no está mal, me parece original y eso. Pero este se me ha hecho laaaargo laaaargo. Lo siento.

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Re: CI 1 - ¡Devuélvemela, es mía!

Mensaje por jilguero » 23 Oct 2015 16:01

Ella:
¡Cómo me ha gustado eso de que a los niños le robaran trozos! ¡Y qué miedo! Pero lo que más me ha gustado es la visita a la casa de ratón Pérez. :alegria:

Bueno, eso de conocer nuevos animales también ha sido guay, aunque los he visto tan poco tiempo que ya ni me acuerdo. :meditando:

Y al final han pasado demasiadas cosas, me he liado y por eso me he aburrido un poquito. :?
El esfuerzo para llegar a las cimas basta
para llenar un corazón de hombre



Los hilos de Ariadna :60: El niño del tirachinas

***********************************************
Agüita y fanguito de mis entretelas forever

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Re: CI 1 - ¡Devuélvemela, es mía!

Mensaje por Elisel » 23 Oct 2015 19:34

Muy chula la historia. Un poco truculento eso de robar miembros y órganos :lol: Lo de los nombres me ha parecido muy gracioso. Y yo quiero un marigato de esos :mrgreen:
Leyendo: Un abogado rebelde (John Grisham)

Amor Sinfónico:http://www.harpercollinsiberica.com/hqn ... ico-detail

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Re: CI 1 - ¡Devuélvemela, es mía!

Mensaje por Ratpenat » 23 Oct 2015 19:41

Lectura sexta: ¡Devuélvemela, es mía!

-Buenas tardes, Lord Fledermaus.
+Buenas tardes, doctor Piruleta.
-¿Cómo está usted?
+Pues un poco avergonzado, doctor. Fíjese que en la lectura anterior nos comimos el guión el uno al otro y acabamos tuteándonos. ¡Ay, qué mal! Si hacemos así las revisiones, van a dejar de tomarnos en serio.
-Habrá que esforzarse desde luego. Yyyyyyyy a todo esto hoy le traigo unos resúmenes fantásticos de la mano de Ororo e Iliria.
+Veámoslas.
Ororo escribió:El típico niño repelente y egoísta que se cree que el mundo es suyo. Acabará vagabundeando por las calles robando a las ancianitas.
Iliria escribió:Charlie va con su padre a la tienda de Les Gold a desempeñar su bicicleta. La típica bronca entre los de la tienda, el padre, los seguratas y el niño gritándole al dueño el título del cuento.
+Me gusta la de Iliria, doctor, se ha expresado como una valenciana, le ha faltado decir "nano" al final.
-Pero coinciden en la repelencia del niño. Ilira de forma indirecta.
+Cierto.
-¿Qué le ha parecido a usted este relato?
+Buf... Se me ha hecho pesado de leer.
-Claro, a usted no le gusta nunca nada. Es un amargado, que lo sepa.
+Pero es que el autor empieza a soltar personajes uno detrás de otro y situaciones una detrás de otra y pierdo un poco el control de lo que está pasando. Quizá un ritmo más lento, en un formato más amplio, me habría parecido aceptable.
-¡Aceptable! Anda que usted... Yo debo estar de acuerdo en que algo más largo con este argumento puede ser mejor, pero la historia no es mala. Es atractiva en su planteamiento.
+Entonces, ¿opina que ganará este?
-No, claro que no, parece hecho para niños. La política de Eyre es que sea para niños pero que no lo parezca (y es tiránica en este aspecto) así que lo habrá vetado.
+A este paso no encontraremos un ganador...

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Re: CI 1 - ¡Devuélvemela, es mía!

Mensaje por triste » 23 Oct 2015 22:28

Mmm. No me gustó especialmente. Está bien escrito y tal, pero es que aquí no se trataba de que si había niños y se llenaba de clichés, ya está, listo, ya cumplía la regla del concurso. No es así. Se trataba de relatos infantiles, es decir, para niños (y no siempre deben ser niños los protagonistas, ni siquiera humanos), así que bueh... pues eso, que no veo para nada un relato para niños aunque haya niños en él.
Aquí yace un pájaro.

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Re: CI 1 - ¡Devuélvemela, es mía!

Mensaje por Gisso » 23 Oct 2015 23:40

A pesar de su longitud, no me ha parecido mala historia. Gamberra (me gusta ese ratoncito Pérez mafioso y Enma), con un poquito de todo y rescatando viejas glorias del terror infantil. Me han hecho gracia los nombres y la mezcla de animales, donde dejas bastante a la imaginación ya que nos los describes lo justo. Me ha parecido curioso el detalle del espejo al hablar. Eso sí, el final se vuelve un poco "oscuro" y casi se me pasa el parrafo final.

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Iliria
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Re: CI 1 - ¡Devuélvemela, es mía!

Mensaje por Iliria » 23 Oct 2015 23:43

Ie, Rat, no me tengas muy en cuenta lo que puse en la excell (se me fue la pinza) :oops: :lol: Sí, a veces es difícil que no se escape algún valencianismo por ahí... :cunao:

Autor/a, creo que has creado una historia de detectives muy graciosa. Me ha gustado sobre todo la niña gótica y algo bruta. Entre el ladrón de órganos, el niño Frankenstein y el tráfico de dientes de leche... :mrgreen:
Igual es que lo leí ya de madrugada (y con sueño), pero me recordó algo a Pratchett, en el sentido de reflejar la corruptela del mundo real disfrazada de fantasía (dame una colleja si la merezco :colleja: ) Y el detalle de hablar al revés al otro lado del espejo, genial :wink: Sin embargo, creo que a ratos has dilatado un poco algunas escenas, pero por lo demás, un buen relato :wink:

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Re: CI 1 - ¡Devuélvemela, es mía!

Mensaje por Mister_Sogad » 24 Oct 2015 11:29

¡Qué buen cuento! Tiene los elementos necesarios para enganchar a los niños/as. Divertido y original.

Pero no estoy muy seguro de que mantenga todo el tiempo la atención del niño/a, quizá con una extensión menor y yendo más al grano ganase muchos enteros en esa atención. Pero vamos, la inclusión de unos protagonistas tan "chulos", y cosas como el dracotiburón dan una buena historia, creo yo. :D
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Re: CI 1 - ¡Devuélvemela, es mía!

Mensaje por IrisCornegie » 24 Oct 2015 23:13

Es genial! Por ahora el mejor sin duda! Es divertido, original, emocionante. Una buena aventura con buenos personajes y grandes dosis de humor. Y encima está bien escrito. Y aunque es largo no se hace nada pesado. Ya estoy deseando leer la continuación :D

Enhorabuena, autor :)
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Re: CI 1 - ¡Devuélvemela, es mía!

Mensaje por elultimo » 25 Oct 2015 01:04

Esto no es infantil

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Re: CI 1 - ¡Devuélvemela, es mía!

Mensaje por prófugo » 25 Oct 2015 08:15

Es de los pocos que he leido..más tarde pasaré a comentarlo como Dios manda

Y tranqui autor(a)...que a mi si me parece un relato infantil (para crios entre 10-12 años) y creo que a la mayoría también..excepto a un forero que prefiero no decir nada de él pero que por lo menos debería tomarse la bondad de explicar su "comentario" si es que se le puede llamar así..............pero mira...no te agobies...que no merece ser tomado en cuenta...asi que ánimos y ni caso. Además...este es un concurso especial y divertido...no lo olvidemos :grin:

Por cierto..te adelanto que tu criatura me ha gustado mucho ;-)

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Re: CI 1 - ¡Devuélvemela, es mía!

Mensaje por Berlín » 25 Oct 2015 09:04

Habla el niño del ascensor:

--¡Te ha encantado! No disimules. A medida que iba leyendo me entraban nauseas de ver esa sonrisa tuya llena de huecos, radiante y luminosa. Te ha encantado.
-Es que están muchos de mis cuentos preferidos: el hombre del saco, el coco, está el ratoncito Perez y...¡Frankenstein! y salen monisaurios y chocodragones y luego hay un beso como en la bella duermiente y ...
--¿Chocodragones? Creo que me he perdido o tú tienes hambre. Te llevaré a comer que te veo enjuto. Pero te ha encantado reconócelo o te hago cosquillas jaja
--Que si, que si.
--Igual este es el comienzo de una bonita amistad.
--Dios no lo quiera.
--¿Que dices, pequeño saco de mierda?
--Ná, que si hará frío afuera.
"Que escribir y respirar no sean dos ritmos diferentes"

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