El bujío de Santa Catalina (Bordeando la realidad)

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jilguero
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Re: El bujío de Santa Catalina (Bordeando la realidad)

Mensaje por jilguero » 18 Ago 2019 15:15


Cinco padrenuestros y cincuenta avemarías

Si cierro los ojos, Cata, y camino hacia atrás en el tiempo, de nuevo me adentro en una de esas largas y ventosas noches de invierno, en las que, mi santacatalina en la cabecera, los asilvestrados en los laterales, no hallábamos todos congregados alrededor del brasero. Un brasero, primero de picón, luego eléctrico, oculto bajo los faldones de la mesa camilla de siempre; la misma que fue muchos años testigo mudo de nuestros momentos de alharaca y de nuestros momento de duelo; y la misma a la que durante seis meses al año —de los que formaban parte esas largas noches de invierno— se sentaba también nuestra abuela materna, siempre vestida de negro o, en todo caso, a modo de licencia veraniega, de negro con lunarcitos blancos; mi abuela la que, con el pelo tirante recogido en un moño en la coronilla, nunca estuvo bien peinada, según decían sus hijas, hasta que se quedó viuda y fueron ellas, mi tía y mi santacatalina, las que se ocuparon de peinarla; y la misma mujer que, mientras vivió su marido, mi abuelo el del pelo también blanco y el corazón enfermo, pero que, gracias a Dios, cuando yo era niña, aún estaba vivo y olía de maravilla: a pétalos de rosas en invierno y a flores de jazmín cuando en verano llevaba una biznaga en la solapa; la misma, digo, que, mientras el corazón enfermo del abuelo no se paró, cruzaba la calle a diario para visitar a su cuñada Pepa, igualmente cana, e igualmente vestida de negro por ese pretendiente que, en una noche de tormenta, al cruzar una torrentera, se le enredó la capa en la espuela y se ahogó con su montura; esa tía Pepa, cuya casa olía al sahumerio de la alhucema con la que rociaba el brasero, y de cuya vida, tan desventurada como las de las mujeres de los dramas de Lorca, algún día hablaré con más detenimiento.

Y ese pobre Arturo, del que apenas si sabemos otra cosa que la forma tan fatídica que tuvo de morir cuando acudía a pelar la pava con la tía Pepa, se debió ahogar justo en una larga y lluviosa noche de invierno, como esa otra, de varias décadas después, en la que ahora nos hallamos inmersos gracias a las palabras. Palabras que nos describen un círculo de luz no muy generoso, en medio del cual se halla mi santacatalina presidiendo una mesa, con mi abuela sentada a su derecha, un moisés a su izquierda y cinco cabezas inclinadas sobre el tablero, mientras se esmeran en hacer los deberes del día siguiente con la punta de la lengua asomando por una de las comisuras de los labios. En el moisés está el benjamín de la casa, su niño del alma: esa especie de apéndice desgajado de su cuerpo cuando menos se lo esperaba. Un desprendimiento que nunca fue completo y que ella asumió con gusto, dejando que su pequeña sombra siempre anduviese al cobijo de la suya. Pero ese niño, al que tanto quería mi santacatalina, y él tanto la quería a ella, en esa larga y fusca noche de invierno, era todavía demasiado pequeño; y como no tenía tarea que hacer ni lecciones que memorizar, se solazaba mirando lo que hacían los cinco asilvestrados —ya en fase de domesticación— y, cuando su contento era demsiado grande, lo expresaba agitando los brazos o emitiendo sonidos guturales indescifrables.

Ese niño, Cata, es ahora un hombre cenceño y largo como una espingarda, y al que le gusta mucho rememorar anécdotas de esa etapa que pasó pegado a nuestra santactalina como si fuese una lapa. Gracias a esa mayor vinculación y tiempo compartido, sabe de ella multitud de cosas que el resto de sus hijos desconocemos. La otra tarde, sin ir más lejos, como quien no quiere la cosa, cuando nos encontrábamos entregados al placer de revivir, recordando, esos tiempos en los que mi familia tanto se parecía a la de Durrell, contó algo que me dejó boquiabierta; también con cierto cargo de conciencia por haber sido la causante de que, durante muchos años, mi santacatalina tuviera una tarea extra. Pero ella disfruta ya de esa deep peace que nos proclama Donavan y de nada vale que yo lamente haberle dado más trabajo de la cuenta. Así que más que remordimiento lo que ahora siento es gratitud por su generosidad y tesón. Desde que la recuerdo, mi santacatalina era una acérrima practicante del dicho popular de “a Dios rogando y con el mazo dando”. Aquella mesa camilla, en torno a la cual hacíamos la tarea mientras ella tricotaba un nuevo jersey o unos patucos para el más pequeño —la tele solo se encendía los sábados y los domingos—, era su forma de golpear con el mazo; y pasar a diario las cincuenta y cinco cuentas del rosario, su forma de rogar a Dios por todos nosotros. Pero lo que la otra tarde me contó su niño del alma fue que, durante muchos años, una vez terminaba de rezar el rosario de costumbre, le daba un nuevo repaso a los cinco misterios de turno por el bien del animula vagula de la más díscola de su media docena de asilvestrados, que no era otra que la que, en este momento, está tiñendo de azul tu pantalla.

Y es que, mientras fuimos pequeños, con un único rosario al día, mi santacatalina pensaba que podía tener a Dios contento y a su prole protegida. Pero aquellas seis cabecitas fueron creciendo y, sin que ella pudiera evitarlo, empezaron a tener ideas propias. En mi caso, su disciplina y su sentido de la responsabilidad me habían calado hasta el tuétano y, quizá por ese motivo, desde una edad relativamente temprana tuve una conciencia demasiado estricta. Algo cuya consecuencia más inmediata fue que acumulé sobre mis hombros más carga de la que era capaz de soportar. La primera retahíla de “pecados” me la aprendí de memoria justo la víspera de que me llevaran al pueblo para que se la soltase al señor párroco. Estaba a punto de hacer la primera comunión y me explicaron que antes había que encalar el alma, limpiándola de mis múltiples travesuras. Le solté a don Antonio la ristra de faltas y con eso superé la primera prueba sin mayor dificultad. A partir de ese día, hube de repetir la operación de tanto en tanto y la caterva de agravios la fui enriqueciendo con todo lo que mis candorosas entendederas suponían que me ensuciaba esa cosa tan misteriosa y tan delicada que era el alma. El error —si lo miro con los ojos de mi santacatalina— o la fortuna —si los miro con los míos— fue que, cuando el cura dibujaba en el aire la cruz imaginaria y pronunciaba con cierta desgana el “¡Puedes irte en paz!”, en lugar de hacer borrón y cuenta nueva, como hacían los demás, yo lo convertía en un fatigoso suma y sigue.

Pero, gracias a esa conciencia tan estrecha, una buena mañana, de forma tan imprevista como inexplicable, me desperté con una sensación de liviandad tremenda y casi de inmediato caí en la cuenta de que la causa de tanto alivio era que había dejado de creer. Ni que decir tiene que esa pérdida de fe se tradujo en que dejé de cumplir con los ritos preceptivos. Por supuesto, mi santacatalina se dio cuenta enseguida y supongo que debió asustarle mucho la idea de que yo me fuese a quedar sin esa otra vida en la que tendría la oportunidad de resarcirme de todos los reveses de esta. Fue, sin embargo, mucho más respetuosa de lo que cabía esperar en una creyente tan convencida como lo estaba ella. Solo me preguntó en dos o tres ocasiones si no iba a misa y, ante mi callada como respuesta, dejó escapar un profundo suspiro. Después de eso, nunca más volvió a hablarme del tema. Y justo porque fue tan respetuosa y nunca intentó presionarme, cuando el otro día su niño del alma me contó que ella había rezado cada día un rosario extra solo por mí, no solo me cogió de sorpresa, sino que no pude evitar sentirme un poco culpable. Un sentimiento de culpa que se ha ido, sin embargo, con la misma rapidez con la que llegó. Por eso ahora, mientras tiño de azul tu pantalla, sonrío pensando en que, a fin de tener de nuevo cerca, en esa otra vida en la que ella creía y yo no, el animula vagula de este pájaro descreído, mi santacatalina fue capaz de rezar a diario, y durante muchos años, cinco padrenuestros y cincuenta avemarías extras.


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Última edición por jilguero el 19 Ago 2019 13:35, editado 12 veces en total.
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Re: El bujío de Santa Catalina (Bordeando la realidad)

Mensaje por Gretogarbo » 18 Ago 2019 16:12

jilguero escribió:
18 Ago 2019 14:46
... mi hermano santanderino, también hortelano a tiempo parcial, con los tomates le costó arrancar, aunque luego debió dar con la variedad idónea porque yo recuerdo haberlos catado. Mi cuñada gañeguiña pone mucho empeño en lis guisantes, pero no se les dan bien.
Mis vecinos ya me habían dicho que los tomates, a no ser que estuviesen protegidos por un plástico o dentro de un invernadero, iba a ser bastante complicado que se diesen si el verano no venía espléndido, cosa que no ha ocurrido. Sin embargo, a esos mismos vecinos los chícharos (guisantes) se le dan de maravilla.
Tan pronto escardaba, sembraba o regaba en su jardín, como leía o escribía. Sólo usaba de una palabra para designar estas dos clases de trabajo: llamábalo jardinear.
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Re: El bujío de Santa Catalina (Bordeando la realidad)

Mensaje por lucia » 18 Ago 2019 20:38

Pues igual va a ser por lo que dice hexa que este año se ve menos años murciélagos que anidan en el friso del porche de mis padres. Y mira que nos costó averiguar dónde estaban aunque los oíamos bastante y los veíamos de vez en cuando. Y a estos los veíamos de día.

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Re: El bujío de Santa Catalina (Bordeando la realidad)

Mensaje por jilguero » 19 Ago 2019 11:21

Gretogarbo escribió:
18 Ago 2019 16:12
Sin embargo, a esos mismos vecinos los chícharos (guisantes) se le dan de maravilla.
Eso me dice ella, que en la huerta de su padre se daban de maravilla y por eso tiene esa fijación. Mi hermano, en cambio, mucho más pragmático, ha tirado la tolla y dice que el cultivo de los chícharos es asunto de ella (sospecho que a él no le gusta apostar a caballo perdedor).
lucia escribió:
18 Ago 2019 20:38
Pues igual va a ser por lo que dice hexa que este año se ve menos años murciélagos que anidan en el friso del porche de mis padres.
Al leer tu comentario, me he preguntado si los murciélagos crían también donde tienen los dormideros.

Aprovecho para hacer propaganda de un pueblo de la Subbética, que es la sierra de mi tierra natal (la más próxima a mi pueblo). El pueblo serreño se llama Zuheros (Rocalba en alguna de mis pamplinas) y tiene cerca una cueva muy interesante.

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Y hablando de pamplinas, Cata ya te he colgado la anécdota pendiente de mi santacatalina :wink:.
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Re: El bujío de Santa Catalina (Bordeando la realidad)

Mensaje por Gretogarbo » 19 Ago 2019 12:24

jilguero escribió:
19 Ago 2019 11:21
... me he preguntado si los murciélagos crían también donde tienen los dormideros.
Por lo que he podido leer, así es. Parece ser que es habitual que las hembras se agrupen y formen guarderías en las que quedan las crías durante su ausencia.

Lo que más me ha llamado la atención es que las cópulas de machos y hembras suelen acontecer en otoño. Las hembras tienen la capacidad de guardar el esperma (como tus cangrejas) y la fecundación y gestación no tienen lugar hasta la primavera que es cuando los insectos comienzan a proliferar y así disponen de alimento para que la producción de leche sea óptima.
jilguero escribió:
19 Ago 2019 11:21
Aprovecho para hacer propaganda de un pueblo de la Subbética,... se llama Zuheros...
¡Carallo, qué bonito!
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Re: El bujío de Santa Catalina (Bordeando la realidad)

Mensaje por Gretogarbo » 19 Ago 2019 12:52

jilguero escribió:
18 Ago 2019 15:15
Cinco padrenuestros y cincuenta avemarías
Una vez más, una pamplina maravillosa, jilguero. Es un placer leer lo que escribes.

Antes del pretendido consuelo, si es que lo necesitases, decirte que este fragmento del primer párrafo creo que es mejorable en cuanto a su sujeto:
... la misma, digo, que, mientras el corazón enfermo del abuelo no se paró, cruzaba la calle a diario para visitar a su cuñada Pepa,.... Tal y como está escrito, pareciese que la que cruzase la calle fuese la mesa camilla y no tu abuelo. Bueno, esa es mi percepción.

A lo que iba, creo que no debes sentirte culpable de nada. Tu santacatalina era una mujer de profunda fe religiosa y yo tengo el convencimiento que las personas de esa condición se sienten más en paz cuanto más rezan. Lo digo en serio, como también en serio confieso que tengo una inmensa envidia de esas personas que encuentran en el rezo un consuelo para todos sus sinsabores.
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Re: El bujío de Santa Catalina (Bordeando la realidad)

Mensaje por jilguero » 19 Ago 2019 14:01

Gretogarbo escribió:
19 Ago 2019 12:52
Antes del pretendido consuelo, si es que lo necesitases, decirte que este fragmento del primer párrafo creo que es mejorable en cuanto a su sujeto:
... la misma, digo, que, mientras el corazón enfermo del abuelo no se paró, cruzaba la calle a diario para visitar a su cuñada Pepa,.... Tal y como está escrito, pareciese que la que cruzase la calle fuese la mesa camilla y no tu abuelo. Bueno, esa es mi percepción.
Tienes mucha razón, en ese primer párrafo me atasqué mucho, justo porque mi imaginación se fue por los Cerros de Úbeda, concatenando todo aquello de lo que me iba acordando. Pero he preferido no autocensurarme ya que cuando se recuerda, al menos yo, lo hago así, en cadeneta.

Lo he modificado ligeramente, pero si tienes una sugerencia concreta que hacerme, encantada, como hizo Hexa con el título de los rabilargos/rabicondos, que me lo mejoró mucho: lo que importa es el resultado, no quien lo haya propuesto.

Gretogarbo escribió:
19 Ago 2019 12:52
A lo que iba, creo que no debes sentirte culpable de nada. Tu santacatalina era una mujer de profunda fe religiosa y yo tengo el convencimiento que las personas de esa condición se sienten más en paz cuanto más rezan. Lo digo en serio, como también en serio confieso que tengo una inmensa envidia de esas personas que encuentran en el rezo un consuelo para todos sus sinsabores.
Ya no tiene arreglo, así que borrón y cuenta nueva: ahora sí creo ser capaz. Con todo, te quiero matizar, que mi santacatalina era creyente, pero no era nada beata. Te diría que había apostado por la otra vida y ya nunca más reflexionó sobre el tema. Era muy inteligente y, justo por eso, yo nunca quería darle mis razones, para no sembrarle a ella dudas. Pero luego, precisamente en el piso en el que estoy ahora en verano, se llevó conmigo gratas sorpresas que igual la pobre hasta interpretó como fruto de su esfuerzo, cuando simplemente era porque yo tenía otra edad y mucha más capacidad para pensar en los demás. Ya lo contaré, ya, que ahora toca bajar a comer.
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Re: El bujío de Santa Catalina (Bordeando la realidad)

Mensaje por hexagono69 » 20 Ago 2019 09:09

jilguero escribió:
19 Ago 2019 11:21
Gretogarbo escribió:
18 Ago 2019 16:12
Sin embargo, a esos mismos vecinos los chícharos (guisantes) se le dan de maravilla.
Eso me dice ella, que en la huerta de su padre se daban de maravilla y por eso tiene esa fijación. Mi hermano, en cambio, mucho más pragmático, ha tirado la tolla y dice que el cultivo de los chícharos es asunto de ella (sospecho que a él no le gusta apostar a caballo perdedor).
lucia escribió:
18 Ago 2019 20:38
Pues igual va a ser por lo que dice hexa que este año se ve menos años murciélagos que anidan en el friso del porche de mis padres.
Al leer tu comentario, me he preguntado si los murciélagos crían también donde tienen los dormideros.

Aprovecho para hacer propaganda de un pueblo de la Subbética, que es la sierra de mi tierra natal (la más próxima a mi pueblo). El pueblo serreño se llama Zuheros (Rocalba en alguna de mis pamplinas) y tiene cerca una cueva muy interesante.

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Re: El bujío de Santa Catalina (Bordeando la realidad)

Mensaje por jilguero » 20 Ago 2019 09:22

¡Buenos días desde el gallinero!

He descubierto que en la zona intermedia entre la valla del edificio de la Facultad de Ciencias y la de mi centro, se atrincheran las gallinas cuando ven algún peligro. He descubierto también que le han colocado fiambreras de plástico entre la maleza y alguien las llena de agua a diario. Y he visto nuevos pollitos. Pero esta vez, Cata, palabrita del niño Jesús que no he sido yo.

hexagono69 escribió:
20 Ago 2019 09:09
Precioso jilguero a mi me encantan las cuevas me da sensación de protección cuando estoy dentro.
Me alegro. Te comunico que la frase subrayada ha ido a parar al apartado de "Brochazos personales" de las Memorias inconexas :cunao:.
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Re: El bujío de Santa Catalina (Bordeando la realidad)

Mensaje por hexagono69 » 20 Ago 2019 09:26

Paciencia señor. :quefallo:
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Re: El bujío de Santa Catalina (Bordeando la realidad)

Mensaje por Gretogarbo » 20 Ago 2019 09:55

jilguero escribió:
19 Ago 2019 14:01
... luego, precisamente en el piso en el que estoy ahora en verano, se llevó conmigo gratas sorpresas que igual la pobre hasta interpretó como fruto de su esfuerzo, cuando simplemente era porque yo tenía otra edad y mucha más capacidad para pensar en los demás.
¿Y qué más da cómo lo interpretó si el resultado fueron esas gratas sorpresas?
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Re: El bujío de Santa Catalina (Bordeando la realidad)

Mensaje por jilguero » 20 Ago 2019 11:34

hexagono69 escribió:
20 Ago 2019 09:26
Paciencia señor.
Tienes mucha razón, Hexa, ¡qué jartible es el pájaro y qué paciencia infinita hay que tener con él! Ahora bien, hay que reconocer que nos están quedando una memorias la mar de apañadas. :boese040:
Gretogarbo escribió:
20 Ago 2019 09:55
jilguero escribió:
19 Ago 2019 14:01
... luego, precisamente en el piso en el que estoy ahora en verano, se llevó conmigo gratas sorpresas que igual la pobre hasta interpretó como fruto de su esfuerzo, cuando simplemente era porque yo tenía otra edad y mucha más capacidad para pensar en los demás.
¿Y qué más da cómo lo interpretó si el resultado fueron esas gratas sorpresas?
Claro, claro, lo digo porque he sido yo la que ahora, al contarme mi hermano lo del rosario, ha comprendido su reacción de entonces.

La cosa tampoco tiene mayor misterio, así que se lo vamos a contar a Cata y a cualquier otro que lo quiera escuchar.

Resulta que justo en el piso en el que estoy en verano, fue buscado pensando en ellos, en que pudieran huir en verano del calor de Sevilla (es atroz y más para personas mayores) y, además, el pescador pudiera echar su rato de pesca en la Alameda Apodaca; y sin barreras arquitectónicas insalvables, pensando en lo que pudiera venir luego (no vino en el caso de ella, se fue pronto y sin hacer ruido; pero sí en el pescador). Pues bien, yo me encargué de montarlo para que estuviera habitable, pero ella quiso regalar unas láminas que le gustaban para ponerlas como cuadros. Muy respetuosa, no eran ninguna de temas religiosos. Pero sabiendo de su creencias, yo le hablé de una imagen de un Niño Jesús con los brazos apoyados en una cruz, que había sido de sus padres (los abuelos que salen en la pamplina), y que me traía buenos recuerdos de verla de pequeña en casa de ellos. Se puso feliz y dijo que, por supuesto se lo traía para acá. Luego tanteó algo para encima de la cama. Le comenté que su crucifijo de la casa del pueblo era bonito, y de nuevo se apresuró a decir que se lo traía para acá. Por último, me dijo: ¿Y no me puedo traer mi Virgen del Carmen? Yo le respondí, que claro que sí, pero que mejor la poníamos en tu dormitorio (esa imagen de la virgen no me gusta nada de nada). Y a cada respuesta afirmativa mía, ella me miraba con una mezcla de no dar crédito pero, al mismo tiempo, de estar feliz. Por eso digo que igual pensó que su rosario diario estaba dando fruto y que su hija la descreída ya no lo era tanto.

Y ahora que ya no está, pues ahí siguen esas imágenes que, ya no son simples imágenes, sino el recuerdo de la felicidad que le produjo colocarla en esa "tierra de infieles".
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Re: El bujío de Santa Catalina (Bordeando la realidad)

Mensaje por Gretogarbo » 20 Ago 2019 11:47

jilguero escribió:
20 Ago 2019 11:34
... a cada respuesta afirmativa mía, ella me miraba con una mezcla de no dar crédito pero, al mismo tiempo, de estar feliz. Por eso digo que igual pensó que su rosario diario estaba dando fruto y que su hija la descreída ya no lo era tanto.
Y ahora que ya no está, pues ahí siguen esas imágenes que, ya no son simples imágenes, sino el recuerdo de la felicidad que le produjo colocarla en esa "tierra de infieles".
Yo mismo, de ser hirviente creyente y rezante practicante, hubiese pensado lo mismo. Y desde luego, de ser uno más de esa familia, hubiese votado también por dejar las imágenes en el mismo sitio en el que estaban cuando ella se fue.
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Re: El bujío de Santa Catalina (Bordeando la realidad)

Mensaje por hexagono69 » 20 Ago 2019 12:21

Pues yo soy de la opinión que las cosas de los muertos deben de desaparecer con ellos quizá algunas no, pero dejarlo todo como si estuvieran allí, como que me da yuyu.

Por eso era tan magnífica la antigua costumbre de enterrar a los reyes con sus sirvientes y parientes cercanos. :mrgreen:

Amén de que el culto a los muertos seguramente fue una de las primeras y mas arraigadas costumbres religiosas, y si no eres creyente- :roll: :wink:
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Re: El bujío de Santa Catalina (Bordeando la realidad)

Mensaje por Gretogarbo » 20 Ago 2019 13:46

hexagono69 escribió:
20 Ago 2019 12:21
Amén de que el culto a los muertos seguramente fue una de las primeras y mas arraigadas costumbres religiosas, y si no eres creyente-...
No sé jilguero pero yo no he hablado del culto a los muertos, hexagono69, porque realmente no lo tengo. Ya he dicho por aquí o por allá que no comparto esa parafernalia alrededor de los muertos (misas de cuerpo presente o in sepulto, entierros, velatorios, Día de Difuntos, flores, aniversarios de fallecimiento, libros de condolencias, esquelas en periódicos, etc). No es necesario manifestarse públicamente para sentir el duelo por un ser querido que ha fallecido. Y que alguien no entienda que yo no manifieste públicamente ese dolor, incluso si no lo entiende un familiar, me la trae al pairo. Ya ni te cuento lo poco que me importa lo que opinen los demás por mi ausencia de esos actos cuando el que ha fallecido no me produce ni frío ni calor porque ni siquiera lo conocía (madre de..., cuñado de..., hermano de...), aunque eso no es impedimento para que cuando me encuentre con ese "de..." le manifieste las condolencias, sin mayor parafernalia y sin aparentar tristeza poniendo una cara de pena que no me sale de natural.

El dejar algo que fue puesto en un determinado lugar por un ser querido que ya no está o guardar algo que le hubiese pertenecido forma parte de ese duelo personal y de su recuerdo más íntimo. Pero eso se hace de una forma privada. Y en mi caso de forma tan privada que nadie sabe que guardo algo de un par de personas muy queridas y que ya se han ido.
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