Nijhalem, el intrépido (Novela de Ciencia Ficción/Fantasía)

Espacio en el que encontrar los relatos de los foreros, y pistas para quien quiera publicar.

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Evenesh
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Re: Nijhalem, el intrépido (Novela de Ciencia Ficción/Fantas

Mensaje por Evenesh »

Debo ser muy torpe pero sigo sin pillarle el punto a lo que me quieres decir ¿que van van muy sobraos? ¿que debería poner alguna acotación al segundo hombre para que se vea que es serio? Aclarame lo de ser creativo a la hora de afrontar un problema. Como yo lo entiendo son soldados profesionales y no les va a servir de nada ponerse nervioso, de hecho, Nijhalem tiene casi 50 años y este segundo hombre ronda los 40, presupuse que tendrían suficiente experiencia como para afrontar la situación de ir a un planeta nuevo con la calma que debe dar la madurez.
Si no, dime cómo lo harías tú, porque he leído tu comentario mil veces y me sigo quedando a medias :cunao:

Gracias por comentar :alegria:
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lucia
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Re: Nijhalem, el intrépido (Novela de Ciencia Ficción/Fantas

Mensaje por lucia »

Van de sobrados al decir que ellos van a salvar al mundo.

Lo de la creatividad es paralelo al no ponerse nervioso visiblemente. Es el ser capaz de reaccionar allá donde los protocolos no llegan, y hacerlo de forma mínimamente eficaz. La parte de los no nervios hace que es respuesta no sea aturullada.
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Evenesh
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Re: Nijhalem, el intrépido (Novela de Ciencia Ficción/Fantas

Mensaje por Evenesh »

Tendré en cuenta tus recomendaciones, ahora seguiré con la historia :cunao:

CAPÍTULO 3

El sargento guió a ese aspirante por entre las instalaciones de la intendencia hasta que llegaron a un campo de entrenamiento. Por el camino, como era frecuente, se encontró con varios soldados que llevaban atadas varias bestias salvajes, capturadas en otros planetas para realizar experimentos en ellas. Debían ir atadas porque al principio las bestias se escapaban e incluso en una ocasión una de ellas atacó a un hombre, quien se salvó de milagro. Desde ese día se creó la norma de que todos los soldados debían llevar su uniforme reglamentario en la base, a excepción del casco, porque las bestias eran tan pequeñas que apenas podían saltar.

El aspirante se quedó mirando un gran terreno donde no había nada y se extrañó mucho.

—¿Qué hacemos aquí?

—¿No reconoces este lugar?

—No —el aspirante miró hacia todos lados.

Nijhalem entendió enseguida que ese aspirante no había sido entrenado en esa base, porque era la única explicación para que no supiera lo que era aquel espacio. Cada uno de los soldados de esa plataforma había pasado bastante tiempo en simuladores parecidos a ese, ya que era un modo excelente de entrenarse.

—Creí que habías sido entrenado en esta base.

El aspirante se quedó mirándolo y le hizo un gesto de negación, luego Nijhalem se acercó a la consola, tecleó una serie de órdenes, y unas líneas verdes aparecieron en el suelo y de ellas fueron apareciendo unos hologramas que imitaban los objetos del planeta de origen copiado.

—Es un sistema especial que reproduce cualquier condición de batalla de cualquiera de los mundos conocidos.

Cuando el aspirante vio eso se sorprendió mucho, porque él había sido entrenado con métodos corrientes en otra base y nunca había visto ese sistema.

—Increíble, aunque me imagino que no será útil si por ejemplo uno tiene que acercarse a su enemigo cubriéndose —señaló el aspirante a los hologramas que tenía delante de él.

—Eso es lo mejor, todo lo que nos rodea ahora mismo tiene las mismas características que las reales en sus respectivos planetas.

—Asombroso.

—Sin embargo, la munición utilizada no es real ya que este sistema también sirve para enseñar a jóvenes cadetes, y no quedaría muy bien en nuestro expediente la muerte de alguno de ellos.

—Entiendo, será difícil meterse en el papel de esa forma.

—Pues debes hacerlo porque si te hieren, en la vida real será más que una simple bola roja —dijo el sargento cargando su arma con las susodichas bolas.

El aspirante se acercó al armario, de donde vio coger a su superior el arma, asió una de ellas y luego la cargó con bolas amarillas siguiendo las recomendaciones del examinador.

Cuando estuvo listo se posicionó frente a Nijhalem.

—Bueno, esto es lo que tienes que hacer. Te vas a poner al otro extremo del campo y yo me quedaré aquí.
Tienes que conseguir, a través de toda tu experiencia, dispararme tres bolas amarillas en el traje espacial.

—De acuerdo, entendido.

Nijhalem había llevado tanto su traje de batalla que sabía bien las consecuencias de recibir más de tres impactos en el traje. Había visto a muchos compañeros morir en batalla sólo porque el traje empezó a perder oxígeno y murieron asfixiados. Para él esa muerte era una deshonra y se negaba a morir de esa forma, por eso esa máquina era de extrema utilidad tanto para soldados jóvenes como para experimentados.

Antes de que empezara el ejercicio el sargento recordó que no lo había informado acerca del traje espacial, y era muy importante que el aspirante conociera sus limitaciones.

—Hay una última cosa que quiero decirte.

El aspirante se volvió hacia el hombre, pues ya se disponía a ir hacia su parte del campo.

—Por si no lo sabías este traje está compuesto de un material llamado biodensiométrico. Gracias a él hemos conseguido confeccionar estos trajes, los cuales, reciben actualizaciones anuales ante posibles mejoras balísticas del enemigo.

—Sí, algo de eso me comentaron cuando me dieron mi traje reglamentario, aunque ahora me ha quedado más claro —el aspirante golpeó el traje con su puño y notó que era más duro que otros que había llevado.

—Muy bien, ahora colócate en tu puesto y cuando oigas una sirena será el comienzo de la prueba.
Recuerda, nunca intentes atacar a un adversario de frente, ya que por lo general nuestros enemigos son más fuertes que nosotros.

Al aspirante le pareció muy fácil todo aquello dicho por uno de los soldados con más renombre de todos los tiempos, pero en definitiva tendría que vencerlo en ese simulacro de guerra, algo que se le antojaba muy difícil.

La última fase del simulador estaba llegando a su fin. En ella el suelo se elevaba varios metros para imitar la profundidad del suelo y el sargento pudo observar que el hombre se sorprendió mucho, y le recordó a algunos cadetes primerizos que incluso se asustaban. También recordó la primera vez que él usó el simulador y era verdad que imponía un poco estar suspendido sobre el aire, pero por suerte uno se
acostumbraba rápidamente.

—¿Esto es normal? —Se asustó un poco el aspirante.

—No te preocupes, cuando el suelo se eleva al máximo para reproducir condiciones de batalla, unas paredes falsas rodean todo el espacio con el fin de no caernos.

—Increíble.

El candidato vio que todo el suelo se iluminaba de verde y eso sólo podía significar que hasta el mismo suelo adquiría las propiedades del planeta en cuestión. No fue hasta un rato después que pensó que aquel sistema era perfecto incluso para planificar estrategias.

Cuando los dos estuvieron en sus puestos la sirena sonó y se escondieron tras unos muros irreales. El aspirante sabía que no podía hacer ruido, además debía recordar la posición del sargento para llegar hasta él, aunque no estaba seguro de que siguiera en el mismo sitio, pero tenía muchas ganas de demostrar lo que valía y se le olvidó lo que le había dicho Nijhalem, y quiso acabar con la pelea demasiado rápido. Cuando llegó a la posición del sargento, lo vio allí en el suelo y le disparó bolas amarillas que impactaron sobre una chaqueta y unos pantalones camuflados en una gran piedra. Como estaba demasiado oscuro no se dio cuenta de que había caído en una trampa, cuando sin previo aviso recibió las tres bolas rojas de una sola vez en su traje.

—Acabó el juego, ahora te has quedado sin munición, has caído en una trampa y ya estarías muerto.

El hombre se desilusionó mucho pero el sargento le dijo enseguida:

—No te preocupes, yo tengo demasiada experiencia para que me puedas vencer.

—Me he dado cuenta de ello. Bueno, supongo que ya puedo irme —dijo con desilusión.

—No, —respondió él de manera tajante— te quiero en mi tropa de asalto.

—Pero ¿por qué? Si he fallado.

—Cierto, pero este juego sólo sirve para ver las debilidades de los cadetes y aspirantes; antes de partir yo me encargaré de instruirte.

—¿De verdad, señor? Apenas puedo creerlo.

—Sí, hay algo muy valioso en ti y eso es tu disposición, además no olvides que yo una vez fui un cadete y, aunque ya estoy lejos de mi juventud, sé lo que es querer defender tu patria.

El hombre estaba tan emocionado que por poco se echó a los brazos del sargento, pero éste, que se había dado cuenta, se apartó bruscamente.

—¿Cómo te llamas, chico?

—Jukhel, señor —respondió sin poder borrar la sonrisa de alegría.

—Muy bien, Jukhel, ahora te vas a ir a descansar tanto como puedas mientras sigo eligiendo a nuestra tropa de asalto.

—Pero yo quiero seguir entrenando.

—Es imposible, ahora tienes que descansar, hazme caso.

El aspirante lo miró y supo que si se lo estaba diciendo era porque tenía una buena razón para hacerlo, así
que decidió no discutir más. Antes de irse le dio su número de soldado.

Mientras se iba, el sargento se quedó mirándolo y evocó su propia juventud, cuando él también era un soldado con más ímpetu que sesos, pero el tiempo lo había puesto en su sitio, sin duda la edad le había dado una perspectiva de la vida que nunca tuvo. Eso motivó que ahora fuera muy precavido y ya nunca se lanzara a la aventura sin pensar en las consecuencias, porque, por algunas decisiones equivocadas había perdido a amigos y familiares a lo largo de su vida.
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lucia
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Re: Nijhalem, el intrépido (Novela de Ciencia Ficción/Fantas

Mensaje por lucia »

Y ahora el candidato se comporta casi exactamente en el campo de entrenamiento que como lo hubiese hecho el otro, como un pardillo total. Me esperaba algo diferente y a alguien menos joven y con algo mas de experiencia :lista:
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Evenesh
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Re: Nijhalem, el intrépido (Novela de Ciencia Ficción/Fantas

Mensaje por Evenesh »

Gracias por el comentario :alegria: . Ya corregiré lo que me has puesto porque ahora estoy muy liado ya que voy a publicar un libro y estoy prestándole toda mi atención. Sigo con la historia :cunao:

Sin embargo, a parte de ese pequeño defecto, Jukhel tenía el espíritu adecuado para ser soldado. De hecho, él pensaba que no todo el mundo estaba preparado para serlo, ya que su trabajo exigía de éstos rapidez de decisión y mucha versatilidad para llevar a cabo las misiones.

Nijhalem también pensó en por qué los comandantes estaban exentos de entrar en batalla y se quedaban en la Tierra a salvo, pero eso había sido así desde que cumplió los diecisiete años y ese hecho no se discutía. Para él era pura cobardía de los comandantes y por eso rechazó puestos superiores al suyo o cercanos a ese.

El bravo sargento se acercó a la consola, apagó todo el sistema y volvió a su despacho en la intendencia.
Cuando llegó, vio a una mujer baja, con pelo corto hasta los hombros y que también llevaba un traje de soldado.

—¿Qué haces aquí? —Preguntó el hombre con rudeza.

—Soy una nueva aspirante.

—¿En serio? —Respondió él con sorna.

—Sí, estoy deseando ponerme a sus órdenes.

El sargento se puso a su lado y se dio cuenta de que apenas le llegaba por el pecho y le dio la impresión de que estaba muy canija, y además era una mujer. No tenía problemas con éstas, de hecho siempre se había tenido por un hombre muy tolerante, pero era de la opinión de que una mujer no podía ser soldado por su falta de complexión y fuerza.

—Mira, no quiero ser grosero, pero vete de aquí antes de que te rompas una uña.

Ella lo miró desafiante, tanto, que nunca había sentido una mirada así sobre su persona. De alguna manera había conseguido intimidarlo un poco, aunque no le dio importancia a ese hecho y recuperó la compostura enseguida.

Al ver que la mujer seguía allí de pie, delante de él, volvió a decir esta vez un poco más molesto:

—Vete de aquí antes de que empieces a llorar —se rió.

—Exijo mi derecho a ser examinada como un hombre —hinchó el pecho y se quedó allí de pie.

—No creo que puedas ni siquiera pasar la primera prueba.

—¿No será que tiene usted miedo? —Se rió ella.

—¿Miedo de qué?

—De resultar un misógino y un machista —sonrió ella poniendo las manos sobre su cintura.

Nijhalem hizo acopio de toda la paciencia que pudo encontrar para seguir hablando con aquella persona tan desagradable. Según las normas espaciales para la igualdad una mujer podía ser examinada como un hombre si ésta lo exigía, pero pensaba eliminarla rápido ya que lo había insultado.

—Está bien, supongo que estarás informada de nuestra misión en el planeta remoto.

—Sí, lo sé todo acerca de ese planeta —se puso más seria.

—¿Está dispuesta a arriesgar su vida para intentar solucionar el problema de los hombres?

—Por eso me hice soldado, me gusta luchar para solucionar los problemas de los humanos —corrigió ella con desagrado.

—Relájese un poco, no he querido decir que sea la raza de los hombres —acompañó las últimas palabras con un gesto de ambas manos hacia él mismo.

—A veces me cuesta no ver ofensas en ese tipo de comentarios —respondió sin poder ocultar su enfado.

Al sargento no le hacía falta tener información sobre ella, porque estaba claro que había sufrido algún tipo de discriminación por su sexo, pero a él no le importaba eso y menos aún viendo que la disposición de la mujer era buena.

—Estoy dispuesta a dar la vida por la raza humana —dijo viendo que el sargento se había quedado muy pensativo.

La mujer parecía que hablaba con mucha convicción, cosa que ni el propio Nijhalem sabía si era buena o no. De hecho, según las leyes de los soldados espaciales para la igualdad, si su candidato, en este caso candidata, cumplía los requisitos estaba obligado a elegir a dicha candidata para su tropa de asalto.

—Parece usted muy competente…

—Delbringer —respondió ella muy orgullosa.

Según tenía entendido, Delbringer era otro de esos soldados que habían destacado por su gran valor y por su carácter decidido y fuerte, pero no podía tratarse de la misma Delbringer que tenía delante, ya que era jovencísima.

—¿Es pariente o algo parecido?

—No, soy la teniente Delbringer, condecorada en multitud de batallas —le guiñó un ojo— Supongo que alguien como usted no se esperaría que, además de ser teniente y estar por encima de usted en el escalafón de mando, Delbringer fuera una mujer, y no una cualquiera, sino una que usted ha calificado de incapaz por su sexo.

—Yo no he dicho que tenga nada en contra de las mujeres, sólo tengo dudas razonables sobre si una mujer sería una buena elección, eso es todo.

—Seguro que sí, ¿acaso cree que es la primera vez que me encuentro con un misógino?

—Su forma de hablar me está cansando, le he dicho que me da igual que sea usted mujer, hombre o extraterrestre —gritó el sargento.

Ante la reacción del hombre la teniente dio un respingo hacia atrás y su cara se tornó en una mueca casi desagradable.

Nijhalem estaba muy molesto, porque no sólo había tenido la osadía de insultarlo, sino que lo llamó misógino, algo que no se creía para nada. Sin embargo, él era el responsable de aquella misión y le dijo con bastante aspereza:

—En esta misión la cadena de mando no importa. Yo soy el que decide quien va conmigo o no y desde ahora le prometo que usted no estará dentro.

—No puede hacer eso, cerdo —gritó ella furiosa.

—Por supuesto que sí, teniente, ahora le deseo que tenga muy buenas tardes —volvió a sentarse en su silla a esperar al siguiente candidato.

—Ahora comprendo por qué nadie quiere trabajar con usted —dijo con sorna.

—Se equivoca, soy uno de los mejores, todo el mundo quiere estar a mis órdenes.

—Eso no es del todo cierto, de hecho sé que ha recibido a un enfermo mental y un hombre que ha demostrado su valía.

—¿Cómo sabes eso?

—Porque los he visto, claro, y además cualquier otro jefe de pelotón ya habría recibido por lo menos cien visitas.

—Eso es porque soy muy exigente.

—Ya lo creo que sí, acaba de desaprovechar la oportunidad de tener en su tropa de asalto a una teniente
legendaria sólo por su estúpido orgullo masculino.

—Si ya ha acabado, puede retirarse.

—Sí, ya he acabado, siento haber perdido mi tiempo —se fue de allí dando un portazo.

El sargento se había quedado con una sensación rara, era como si su condición de hombre le hubiera impedido darle una oportunidad a alguien que estaba preparada de sobra. Aunque en este caso no tenía nada que ver con eso y lo sabía; no le gustaba tener dudas sobre cualquier aspirante que se presentara ante él, porque en el campo de batalla tendría que confiar en ese aspirante y debía estar muy convencido de su elección.

Durante el resto del tiempo no recibió a nadie y supo que ella tenía razón: cualquier otro jefe de pelotón habría recibido cien visitas más, mientras que él apenas recibió a dos personas y media decentes. A pesar de eso decidió esperar otro rato por si apareciera alguien más.

Después de tres horas sin recibir más aspirantes dio por finalizado el día y se fue de la intendencia. Al pasar por el campo de entrenamiento vio que estaba activado y pensó que alguien se lo había dejado encendido. Sin embargo, cuando se acercó pudo ver a Delbringer practicando con un enemigo fantasma y el ruido de sus pasos la sobresaltó.
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lucia
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Re: Nijhalem, el intrépido (Novela de Ciencia Ficción/Fantas

Mensaje por lucia »

:lol: :lol: Buena muestra del machista que no cree que lo sea. De libro, además :lol: :lol:
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Evenesh
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Re: Nijhalem, el intrépido (Novela de Ciencia Ficción/Fantas

Mensaje por Evenesh »

Bueno, pues cuando corrija esta historia tendré que remodelar esa parte porque para nada quería que el sargento fuera un machista, sólo que dijera que una mujer no tiene tanta fuerza como un hombre, por regla general, claro. Y eso no es machismo sino simplemente la verdad.

CAPÍTULO 4

—Me ha asustado, sargento.

—¿No es un poco tarde para seguir aquí, Delbringer?

—Sí, pero no me espera nadie en casa y por eso me aferro a lo único que me mantiene cuerda.

Nijhalem se dio cuenta de que estaba empapada en sudor y que sin duda llevaba allí horas y pensó que en muy pocas ocasiones había visto tanta dedicación en un soldado, a parte de él mismo. La teniente siguió con los objetivos que se había marcado en aquel simulacro y mientras tanto él siguió observando.

La mujer había programado el entorno de batalla para simular una tierra que el sargento había pisado muy pocas veces: la de un planeta de fuego donde había escasas zonas de tierra y la lava podía salpicarla en cualquier momento.

Nijhalem se fijó en su traje y vio que lo tenía intacto, era muy buena señal porque eso denotaba que tenía buenos reflejos, ya que el entorno era impredecible. Además, tenía que tener cuidado con su rival fantasma, la cual, seguía intentando dispararle sus bolas rojas virtuales.

De repente, la teniente acorraló a su enemiga falsa, le disparó tres pelotas amarillas en medio del cuerpo y el juego se reinició solo. El sistema estaba programado para que nada más darse las condiciones adecuadas de victoria volviera a un menú, mientras todos los objetos falsos permanecían en la misma posición parpadeando a intermitencias.

—Ya veo que ha ganado el juego.

La plataforma fue bajando poco a poco y las paredes falsas, que impedían que uno se cayera, iban desapareciendo lentamente para volver a mostrarle a Delbringer la realidad sin ese filtro verde, de cuyo color eran las barreras. Ella hincó su mirada en Nijhalem y éste notó que le sostenía la mirada, sin duda aquella mujer no era como las demás y supo que tenía delante a una auténtica guerrera. En cuanto la plataforma estuvo de nuevo en su posición se dirigió al sargento:

—Sí —respondió de manera escueta.

Habría sido tonto por su parte no darse cuenta de la preparación que tenía aquella mujer, y por eso tuvo que rectificar la decisión tomada en su despacho.

—¿Todavía quiere ir conmigo al planeta desconocido?

—Sí, ¿por qué?

—Porque voy a examinarla.

—Si esto es una broma ya puede dejar de tomarme el pelo.

—Es en serio, reconozco que no me he portado bien en mi despacho, aunque eso ha sido sólo porque no me gusta dudar de ningún aspirante, otra cosa es lo que usted entendiera.

Y ella pensó que aún le habría faltado mucho para portarse bien, aunque era cierto que ese hombre no había dicho una sola palabra en contra de las mujeres, y pensó que quizás se había pasado con sus comentarios en su despacho, pero ella no era mujer de pedir disculpas e intuyó que él tampoco necesitaba oírlas.

Dejó de pensar en todo aquello y ahora debía concentrarse, porque era su oportunidad para demostrar lo que valía. Algo que no escapó a la mirada del sargento fue que Delbringer apenas podía dejar de sonreír y se sintió reconfortado, porque vio un deseo auténtico de ser útil en la misión y eso era ni más ni menos lo que estaba buscando.

—Está bien, ¿qué tengo que hacer?

—Con usted pasaré a la segunda prueba.

—De eso nada, yo quiero el mismo trato que los demás.

—Porque la primera consiste en que el aspirante tenga una fuerte determinación y usted ha cumplido eso de sobra —Nijhalem le hizo un gesto con las manos para que se calmara.

—Vaya con Nijhalem, el frío e inaccesible sargento ha caído rendido ante mis habilidades.

Él se rió porque se le notó que aquella mujer lo había impresionado, por lo menos en la habilidad demostrada en el campo de batalla virtual. La incógnita ahora era si sería tan buena como decían las historias sobre ella. Él era bueno pero Delbringer tenía fama de ser como un fantasma, además poseía una amplia experiencia que también le había sido reconocida.

—De acuerdo, Delbringer, haremos una prueba estándar.

—Entendido, uno contra el otro, el que reciba tres disparos en su traje está muerto.

—Sí, eso es —asintió contento.

Delbringer fue a su posición riéndose; parecía muy segura de la victoria. Mientras tanto Nijhalem se tensó para luchar contra ella por primera vez en su vida. Debía tener los cinco sentidos alerta porque había oído que era muy hábil en combate, aunque dudaba que fuera tan buena como él.

El sargento se acercó a la consola y programó un terreno sobre unas montañas. Había muchas rocas para usar de escudo, pero el terreno estaba limitado a unos metros que se disponían en un suelo recto por completo que, no obstante, tenía algunos rescoldos.

—¿Le parece bien el entorno?

—Por mí perfecto.

Nijhalem fue hacia su posición y empezó el juego después del ritual de la plataforma que tan bien conocían ambos soldados. Luego se escondieron detrás de unas piedras y ninguno quería precipitarse. Mientras que
Delbringer se fue moviendo poco a poco entre las piedras, el sargento se quedó en su posición intentando pensar en la forma de vencer a alguien tan fuerte como ella. Lo único que se le ocurrió por unos momentos fue disparar, pero debía tener en cuenta que sólo tenía tres pelotas rojas en su rifle y debía administrarlas bien para no quedarse sin ellas. La solución fue arrastrarse hasta la siguiente piedra y echar una visual; a simple vista la teniente había desaparecido, pero no iba a engañarlo así de fácil, por eso sacó un pequeño espejo de su traje y lo puso en uno de los laterales de la piedra y por allí vio cómo se acercaba la teniente. Con un ágil movimiento salió unos instantes de su escondite y le disparó una bola roja al casco de
Delbringer, quien no pudo esquivarla y la manchó con pintura roja. Su intención era dispararle el resto de las bolas, pero Delbringer fue rápida y se escondió de nuevo.

—Delbringer, me pregunto si esa herida —gritó Nijhalem riéndose.

La teniente se dolió en el suelo porque aquellas bolas imitaban el dolor de los disparos recibidos en el campo de batalla. La primera vez que usó ese sistema le pareció muy buena idea, pero al haber recibido ahora un pelotazo en la cabeza ya no le gustó tanto. De cualquier manera, entendía que era preferible que el simulador fuera lo más real posible, porque así los soldados estarían mejor preparados. Claro que eso no le calmó la rabia por haberse dejado estampar una de esas bolas rojas.

—¡Venga aquí a averiguarlo! —respondió ella furiosa.

—No, gracias —dijo el bravo soldado curtido en mil batallas.

La mujer ignoraba cómo la había visto y sin embargo, debía haber hecho algo mal porque localizó su posición a pesar de que se estaba acercando con mucho cuidado. No veía ninguna solución a ese juego porque además no tenía suficiente espacio para maniobrar puesto que, si se salía de los límites, sería descalificada al momento, algo que no entraba en sus planes.
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lucia
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Re: Nijhalem, el intrépido (Novela de Ciencia Ficción/Fantas

Mensaje por lucia »

Aquí va mejor. Aunque lo del espejo me suena haberlo visto ya en alguna peli del oeste :lol:
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Re: Nijhalem, el intrépido (Novela de Ciencia Ficción/Fantas

Mensaje por Evenesh »

Bueno, una pequeña referencia no creo que sea tan importante sobre todo cuando le viene bien a la escena, en mi opinión al menos. :cunao: De todas formas acabo de convertir este libro en un relato de treinta páginas porque lo he vuelto a releer y ya no me gusta cómo lo dejé; creo que como relato corto funcionará mucho mejor. De todas formas lo seguiré subiendo :cunao:

De pronto se le pasó por la cabeza la única solución viable, ya que si por algo se caracterizaba era por ser ingeniosa en batalla; eso la salvaría en aquella ocasión.

El sargento miró hacia su enemiga pero no vio nada y se tensó de nuevo, luego volvió a mirar por el cristal pero no estaba allí, y como decían las leyendas parecía haberse esfumado como un fantasma.

De pronto, vio que la mujer salía de su escondite y se quedaba de pie en el camino. Al ver esto, Nijhalem le gritó:

—¿Qué le pasa, Delbringer, acaso se da por vencida?

—Me temo que sí, acabo de darme cuenta de que mi arma no funciona —respondió la teniente con desilusión en la voz.

Por las palabras de la mujer parecía estar diciendo la verdad, pero como no la conocía su primera reacción fue desconfiar. Además, también le pareció raro que su rifle se hubiera estropeado porque a él nunca le había pasado algo similar. Claro que no dejaba de entender que todo lo que creaba el ser humano podía ser falible, aunque había leído mucha historia humana y sabía que cuando algo fallaba lo más probable era que fuera por un error humano.

—¿No me estará tomando el pelo, verdad?

—Le digo que mi arma no funciona, acabe de una vez el juego, a lo mejor llego a mi casa para la hora del té —dijo esta vez más desilusionada que antes.

El hombre dudaba mucho que le estuviera mintiendo y por eso optó por lo que le pareció más lógico: acabar con aquel juego. Con un rápido movimiento salió de su escondite y disparó las dos últimas pelotas rojas que se dirigieron a toda velocidad hacia su objetivo. Como la mujer no podía saber a qué velocidad iban los proyectiles, cubrió su cuerpo con una delgada piedra escondida en su espalda, unos segundos antes de que el sargento disparara. Era un riesgo calculado que la piedra sólo le cubriera el torso, y de hecho una de las balas impactó en una de sus piernas.

Cuando Nijhalem vio aquello supo que se había precipitado y que ahora estaba indefenso, aunque para él no tener munición nunca había significado estar muerto.

—Lo siento, sargento, ha desperdiciado sus tres disparos —dijo la mujer en tono triunfal.

—Ya veo que eres muy astuta —se rió él.

—Yo no he hecho nada, para mí no supone ningún problema engañar a los hombres.

Nijhalem estaba muy contento porque cada vez le convencía más la idea de llevarla con él, ya que su actuación lo había engañado por completo, aunque eso no valdría con un enemigo que la atacaría con ferocidad, pero al menos aquella experiencia le demostró dos cosas: que era una niña muy astuta y que no era otra idiota más con un arma.

Después de reflexionar unos momentos, volvió a centrarse en el problema y esto era algo que lo caracterizaba, porque mientras otros soldados ya habrían perdido la compostura, su cerebro estaba ideando todavía la manera de ganar ese juego a pesar de haberse quedado sin munición.

—No cantes victoria, el juego todavía no ha acabado —volvió a esconderse tras la misma piedra de antes.

Aunque había combatido mucho no le había pasado muy a menudo quedarse sin balas, pero en su opinión las armas sólo servían para que los soldados no pensaran, o lo hicieran menos.

Era consciente de que la única solución posible era quitarle el arma a su oponente, pero eso no sería fácil porque estaba en clara desventaja.

En ese momento se acordó de que en su traje se había hecho compartimentos donde guardaba múltiples distracciones, y recordó que en uno de esos bolsillos llevaba un pequeño juego de humo. Cogió la bomba de humo entre sus manos y le dijo a la teniente:

—Muy pronto terminará el juego —se rió él.

—¡Qué curioso, eso mismo estaba pensando yo! —Respondió ella con superioridad.

El examinador salió un instante de su escondite, dispersó la bomba de humo y se tapó la boca para no respirar una sustancia que podía irritar las mucosas de una persona normal. Unos momentos después Delbringer no podía ver nada y Nijhalem, quien había tomado aire suficiente, se aproximó hacia ella, le quitó el rifle, la golpeó con su mano en el casco y cayó al suelo unos metros más atrás.

Al bravo sargento se le acabó el aire y al poco empezó a toser muy fuerte, pero estaba muy acostumbrado a luchar en todo tipo de condiciones y por eso esperó a que el humo se disipara. Retrocedió unos pasos, previendo cualquier reacción por parte de la mujer, aunque al ver sus botas en el suelo supuso que apenas se encontraba en condiciones para hacer nada.

El sargento siguió tosiendo un buen rato más, pero asió el rifle con todas sus fuerzas pues era consciente que de esa forma, de haber estado en un combate real, acababa de salvar su vida.

Cuando el humo se disipó, vio que Delbringer seguía en el suelo. Después de respirar aire limpio se acercó a la teniente y le disparó tres veces en la armadura, lo que produjo tres manchas de color amarillo en el traje de la teniente.

—Vaya, no —se dolió ella por los recientes pelotazos.

—El juego ha acabado.

—Lo sé, enhorabuena por la victoria. Tengo que reconocer que tiene usted recursos.

La mujer se fue levantando del suelo muy poco a poco, mientras sintió las típicas punzadas eléctricas provocadas por las sustancias que conformaban la pintura de las bolas. No eran lo bastante potentes como para hacer que una persona se desmayara y sin embargo, sí servían para que los perdedores no olvidaran que acababan de fracasar en su intento.

Cuando todo volvió a su lugar quiso irse de allí, pero el sargento sabía reconocer lo bueno cuando lo veía, y no era tan orgulloso como para no saber lo que tenía que hacer.

—Un momento, Delbringer, ¿a dónde va?

—Puesto que he fracasado en la misión, no tengo nada que hacer en la intendencia.

—Vaya a descansar y ya la llamaré cuando empiece el entrenamiento.

—¿De que está hablando?

—Quiero que venga conmigo, ha demostrado usted inventiva a la hora de defenderse de mis disparos, me ha engañado, y además me ha hecho desperdiciar mis tres disparos.

—¿Me está hablando en serio? —Se sorprendió ella.

—Por supuesto que sí.

La teniente quiso abrazarlo pero él se apartó bruscamente. Por regla general no le gustaba el contacto con otras personas, sin embargo, sí le tendió una mano. Ella supo apreciarlo y correspondió el gesto apretando su mano lo más fuerte que pudo. El sargento le mostró una sonrisa muy débil y le dijo:

—Enhorabuena.

—Muchas gracias, —respondió muy contenta— pero quiero hacerle una pregunta.

—Hágala.

—¿De dónde ha sacado esa bomba de humo? Que yo sepa no es reglamentaria del traje.

—Bueno, a estas alturas debería saber que para un soldado las medidas establecidas siempre pueden ser insuficientes —le enseñó varios bolsillos que parecía haber hecho él mismo, aunque estaban tan mal cosidos que por poco se echó a reír.

—Entiendo, es de admirar su versatilidad —dijo con admiración.

—Gracias, —respondió él de manera seca— ahora váyase a descansar hasta que haya seleccionado al cuarto y último miembro.

—De acuerdo, que descanse.

—Lo mismo le deseo —le respondió él mientras iba a la consola a apagar el sistema.

Después de todo lo ocurrido con Delbringer, se dio cuenta de que a veces era demasiado inflexible, pero no podía hacer nada; llevaba años siendo así y ya no sabía ser de otra manera. Cuando todo estuvo apagado
se fue a su casa y allí descansó, ya que había sido un día muy largo.

A pesar de todo estaba satisfecho porque de momento eran dos en el equipo y además tenían muchas posibilidades, aunque les faltaba que les inculcara su opinión sobre la guerra y sus técnicas secretas.

Delbringer fue hasta su casa pasando las viviendas de los soldados más distinguidos, los barracones y el campo de batalla que había dejado atrás. Todo ello estaba emplazado en una ciudad aérea, propiedad del ejército, que se encontraba muy lejos de la contaminación de la superficie del planeta.

Cuando entró en su casa ordenó que se encendiera la luz por medio de la voz, y enseguida fue a abrazar a su compañera más antigua. No se la podía llamar una compañera en toda regla, ya que era una muñeca de trapo a la que le faltaba un ojo, pero la había tenido desde que sus padres adoptivos se la regalaron.

A veces le parecía una tontería pero cada vez que conseguía cualquier éxito era la primera a quien se lo contaba, aunque no habría permitido que la vieran así para que no dijeran que estaba loca.

La infancia de esta mujer no había sido fácil y por eso hacía todo lo posible por no pensar en el pasado, pero esa muñeca le evocaba sentimientos muy agradables a pesar de parecer más un muñeco de pesadilla que otra cosa.

Muchas veces pensaba en sus padres adoptivos y debía reconocer que hicieron una magnífica labor criándola, a pesar de no ser su verdadera hija. No obstante, siempre supo del rechazo que sufrían otras niñas en su misma situación, pero por suerte ella siempre fue querida y se sintió feliz al lado de aquellos que le proporcionaron un futuro. Por desgracia ya hacía varios años que habían muerto, pero ella siempre guardó el mejor recuerdo para con aquellas personas que, además, le proporcionaron un hogar sólido.

Ahora debía centrarse en la misión. Se sentía muy nerviosa por estar en la tropa de uno de los soldados más veteranos y curtidos en batalla.

El sentimiento de exaltación no la dejó dormir por un rato, pero luego el cansancio pudo con ella y se durmió.
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lucia
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Re: Nijhalem, el intrépido (Novela de Ciencia Ficción/Fantas

Mensaje por lucia »

Hubiese estado bien que le afectase el humo mas también a Nijhalem :twisted: :twisted:
Un libro es un mundo por descubrir.

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Evenesh
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Re: Nijhalem, el intrépido (Novela de Ciencia Ficción/Fantas

Mensaje por Evenesh »

Jajaja ya veo que no te cae muy bien Nijhalem. Si te digo la verdad no sé muy bien qué voy a hacer con esta historia, pero es posible que le afecte mucho más el humo :twisted: .En fin sigo con la historia :cunao:

CAPÍTULO 5
Nijhalem estuvo toda la noche despierto pensando en cómo sería el planeta al que tendrían que ir. No tenía miedo, sólo le causaba una tremenda curiosidad que le impedía conciliar el sueño.

Estuvo observando hacia el cielo que se veía encima de aquella ciudad volante, propiedad del ejército, y se mantuvo mirando a un punto fijo durante un buen rato.

Cuando se cansó fue hasta el sofá, se sentó en él y allí se puso a buscar algún programa interesante en la televisión. Solía hacer esto las pocas veces que no podía dormir bien, porque de hecho siendo joven nunca había tenido problemas de esa índole, sólo ahora le costaba más trabajo conciliar el sueño.

En la mayoría de las cadenas emitían series que intentaban calmar a los ciudadanos por la situación de la Tierra. En otras cadenas del gobierno salían diciendo que la situación no era tan mala y unas cadenas más adelante echaban unos dibujos que llevaban el mismo mensaje que todo lo demás, esta vez dirigido a las mentes más influenciables de las casas.

Siguió cambiando de canal mientras pensaba que todo aquello le daba asco, cuando en el fondo a cualquier ciudadano que fuera inteligente le bastaba con salir a la calle y ver cómo la niebla, producto de la suciedad acumulada de fábricas y similares, cubría todo a su alrededor.

Al fin llegó a una cadena donde estaban echando reportajes de animales y estuvo viéndolo un rato como hipnotizado, cuando de repente, salieron en pantalla unas ovejas que se marchaban de una granja por su propio pie. En realidad era una película de serie B y el argumento le recordó a la antiquísima película Rebelión en la granja sólo que con actores reales, unas ovejas que querían irse al monte a vivir su vida y un par de personajes desencadenantes para la acción. No le pareció una película buena, sino más bien una forma de intentar distraer al pueblo sin demasiados medios. Se notaba que las ovejas eran muñecos y el supuesto llano por donde se escapaban de la granja, no era más que un decorado; le pareció más un teatro de marionetas mal hecho que otra cosa.

Después de ver una media hora de la película, y aburrido por su soporífero argumento mal llevado, apagó la televisión y se durmió allí mismo en el sofá.

Al día siguiente, el sargento se levantó del sillón, fue a la cocina, se sirvió un café solo en un vaso largo y se lo bebió de un solo trago. Le gustaban las bebidas fuertes, y más si conseguían darle un mínimo de energía a las siete de la mañana.

Después de desayunar se puso su traje reglamentario y fue a la intendencia, donde lo esperaba una larga cola. No sabía cómo pero imaginaba que la noticia de que sólo quedaba una vacante para su tropa de asalto había volado entre los cadetes de todos los barracones, que no eran pocos. Esa era la única explicación posible a la escasa afluencia de cadetes los días anteriores. A Nijhalem le costaba entender a los seres humanos porque, si tan interesados estaban en ir al lejano planeta, deberían haberse presentado ante él con anterioridad.

Cuando lo vieron se quedaron muy callados y lo observaron sorprendidos. A su paso la cola humana se fue dividiendo en dos para dejarle paso y no dejaba de resultarle curioso que, a pesar de ser alguien desagradable y frío, los cadetes todavía quisieran ir con él. Al fin llegó a la puerta, se dio la vuelta y le dijo a la concurrencia:

—Quiero que entréis de uno en uno. Cuando veáis salir a un aspirante esperareis cinco minutos exactos antes de entrar.

La gente lo escuchaba muy atenta pero había algunos cadetes que lo estaban imitando burlonamente y él lo vio, por supuesto que lo vio. Ante esa falta de respeto dirigió su mirada a esos impertinentes soldados y volvió a hablar:

—El que no cumpla estas reglas que sepa que no estará en mi tropa de asalto, y no sólo eso, sino que por su culpa ninguno de los presentes tampoco —y una sonrisilla afloró en sus labios.

Cuando los impertinentes oyeron aquello se calmaron, porque les había dicho con subterfugios que de no hacerlo serían descalificados. A buen seguro nadie querría ser el responsable de que todos los allí presentes se quedaran sin la posibilidad de acompañar a Nijhalem, porque eso y estar muerto debía ser muy parecido.

Esa era la idea del sargento, y por eso lo había hecho, pero el caso era que nadie los había obligado a estar allí, él se limitó a informar sobre la misión. Así esperaba, además, librarse en la primera ronda de aquellos que no estuvieran seguros de querer ir a un planeta del que hace poco no se tenía conocimiento.
Como él había supuesto el número de aspirantes se redujo casi a la mitad, pero quedaba tanta gente que tuvo que pensar una nueva prueba para que la selección, o más bien la eliminación masiva, fuera más rápida.

La jornada empezó y tuvo que recurrir a unos test que tenía en su despacho, eran apenas diez preguntas, pero por medio de un ordenador éste podía dar un retrato aproximado del candidato y, para su desgracia, todos ellos eran demasiado temerarios. No se podía ser tan temerario ni individualista en el ejército, porque al fin y al cabo tus compañeros podían salvarte la vida en cualquier momento.
Sin embargo, sólo vio a muchos jovencitos que lo único que le prometían eran muchos problemas añadidos y quería evitar eso a toda costa.

Así continuó el resto del día pero siguió viendo candidatos sin experiencia, que algunos eran demasiado arrogantes, otros muy impulsivos y otros que el ordenador dictaminó que debían estar locos.

El gentío se fue reduciendo hasta que no hubo nadie y sintió más que nunca que necesitaba un café solo, pero después de esa jornada se lo tomaría triple.

Fue a la máquina y sacó uno, y luego pudo ver algunos cadetes pequeños entrenando en el campo de entrenamiento. Le sorprendió que los estudiantes fueran cada vez más jóvenes y pensó que dentro de poco se enviaría a la guerra a bebés con sus chupetes en ristre para que mataran cruelmente al enemigo.

Volvió a su despacho y se tomó el café en su silla, y sorbo a sorbo sintió que lo sacaba de un sopor propio de un día espantoso. Nunca le había gustado el trabajo de oficina pero debía escoger a un cuarto miembro para su tropa y todo aquello era necesario.

De repente, apareció por la puerta un hombre a pecho descubierto. A pesar del insólito hecho de ver a un soldado entrar sin armadura no se dejaría impresionar por su imponente físico, que era lo que intentaba ni más ni menos aquel individuo.

—¿Quién eres tú?

—Soy Lekham —respondió el guerrero con una voz suave, impropia de su físico.

El sargento pensó en ese hecho pero pensándolo bien tampoco era tan aguda como para ser de mujer.

—¿Cómo se te ocurre presentarte así ante mí? Los soldados cada vez son más incompetentes —declaró con desprecio.

—Voy así porque no necesito armadura.

Por supuesto, ante la insólita revelación se quedó observándolo y pensó que aquel hombre era tonto, ya que iban a ir al espacio; no se trataba de ninguna excursión dominical.

—Me parece que eres demasiado arrogante, soldado.

—No soy un soldado —respondió el aspirante, esta vez con una voz mucho más grave.

Ese hecho hizo que Nijhalem pensara que aquel hombre dominaba a la perfección sus cuerdas vocales, porque había cambiado un tono de voz muy agudo por otro mucho más grave en apenas unos segundos.
Aunque por supuesto estaba especulando, porque ni siquiera tenía idea sobre si un cantante experto sería capaz de hacer eso.

—Lo siento, amigo, a las misiones sólo pueden ir soldados.

—No puedo dejar que partáis sin mí —dijo con mucho misterio.

—¿Cómo dices?

—Me necesitarás en tu tropa de asalto —se rió.

—¿Cómo estás tan seguro?

—De alguna manera sé que será así.

Nijhalem pensó enseguida que aquel individuo estaba intentando quizás intimidarlo, pero en el fondo sabía que el aspirante ocultaba algo raro. Estaba tan calmado que parecía estar diciendo la verdad y le hizo replantearse su respuesta inicial.

—Lo siento, pero nadie que me guarde secretos podrá venir conmigo.

—Eso es ridículo, todo el mundo guarda secretos, incluso tú.

—¿A qué te refieres? —Preguntó el sargento, intrigado.

—¿Acaso crees que no sé a cuantas personas inocentes has matado?

El sargento sintió de repente que la cabeza le iba a estallar y miró al aspirante con rabia.

—No sé cómo sabes eso pero esa etapa de mi vida ha terminado.

—Lo sé, pero nadie tendrá que enterarse de su pasado si me lleva con usted —sonrió el aspirante.

—De modo que es un chantaje, ¿no?

—No, es una oportunidad para que salve a Jukhel y Delbringer.

—¿Cómo sabes sus nombres? No se lo he dicho a nadie.
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Re: Nijhalem, el intrépido (Novela de Ciencia Ficción/Fantas

Mensaje por lucia »

Estás cortando a todos los personajes por el mismo patrón, con pequeños detallitos que los diferencien nada mas.
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Re: Nijhalem, el intrépido (Novela de Ciencia Ficción/Fantas

Mensaje por Evenesh »

Lo siento, lo único que puedo decir es que fue una historia que hice en el Nanowrimo de 2014 y no me pilló demasiado fino después de escribir los tres meses anteriores 210.000 palabras en forma de tres libros cortos, y este cuarto. De todas formas, estoy tomando cartas en el asunto y he transformado esto en un relato corto que está bastante mejor.
Muchas gracias por tus comentarios :alegria:
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Re: Nijhalem, el intrépido (Novela de Ciencia Ficción/Fantas

Mensaje por lucia »

De nada :lol: :lol:
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Re: Nijhalem, el intrépido (Novela de Ciencia Ficción/Fantas

Mensaje por Evenesh »

—No se preocupe, no hay ninguna fuga de información, es sólo que yo tengo cierta habilidad para leer la mente. Respecto a los aspirantes sólo saben que queda una plaza libre, y por supuesto ninguno de los dos escogidos les ha dicho a nadie que están en su tropa de asalto —declaró Lekham sentándose en una silla.

Nunca se había topado con alguien tan misterioso y no le gustaba que no le estuviera explicando casi nada, al fin y al cabo él era el responsable de la misión y tenía derecho a saber todo sobre los soldados elegidos para su tropa.

—Puedo notar tu confusión, Nijhalem —dijo el aspirante de repente—. Si te sirve de algo te diré que soy amigo y que quiero ayudarte, aunque también has de saber que no soy humano.

Nada más oír eso Nijhalem cogió su arma sin pensar y encañonó a aquel maldito extraterrestre. El sargento ni siquiera recordó la parte del discurso de Lekham que le decía que era amigo y quería ayudarlo, eso se debía a que había visto caer a muchos soldados bajos sus órdenes. En la mayoría de los casos hombres y mujeres que habían demostrado su gran valor en el campo de batalla.

—No te muevas, maldito, no sé cómo tienes la desfachatez de venir a la Tierra siendo un alienígena.

—¿Acaso no has oído que vengo ayudarte? —Respondió Lekham como si el estar encañonado no fuera ninguna amenaza para él.

—Claro que sí, y luego utilizarás tus tretas para invadir la Tierra.

—No sea ridículo, sargento, ¿para qué iba a querer mi raza este planeta?

Nijhalem estaba predispuesto en contra de Lekham y no quería seguir oyéndolo, de modo que apretó un botón azul de su comunicador y llamó a dos soldados para que lo detuvieran.

—Yo no haría eso —advirtió Lekahm sin exaltarse ni lo más mínimo.

—No estás en condiciones de decir lo que debo o no debo hacer.

Los soldados llegaron muy rápido y Lekham chasqueó la lengua contra el paladar, estaba claro que aquel tozudo sargento no iba a dejarle otra alternativa. Aunque al menos se calmó porque no iba a matarlos, él no estaba allí para matar a los terrícolas.

—Rápido, soldados, llévense a este hombre de aquí —ordenó Nijhalem.

—¿Con qué cargos, señor?

—Es un extraterrestre potencialmente peligroso —les gritó.

Lekham se levantó y miró con fijeza a los hombres del bravo sargento, luego alzó sus brazos hasta formar un ángulo recto y los hombres cayeron al suelo sin conciencia.

—¿Qué les has hecho a mis hombres? —Se acercó a ellos y comprobó que aún tenían pulso.

Mientras tanto Lekham volvió a sentarse en la silla y se quedó allí sin responder nada, algo que exasperó a Nijhalem.

—¡Te he hecho una pregunta y quiero que me respondas! —Gritó el sargento.

—Eres un estúpido, te dije antes que venía en son de paz y tú me insultas soltándome a tus perros.
Nijhalem no podía evitar mirar a sus hombres y pensó que tal vez debería haberlo escuchado mejor, aunque sólo fuera para que no dijeran que tenía prejuicios.

—No te preocupes por ellos, los he sumido en un sueño del que despertarán más descansados de lo que tú estás ahora.

El sargento volvió a sentarse en la silla y desde luego tenía que reconocer que aquel extraterrestre no parecía hostil, sin embargo, había conocido a tantos que sí lo eran que le costaba trabajo no pensar en él como en un enemigo.

—¿Cómo sé que no me engañas? —Preguntó con desconfianza.

—No puedes saberlo, pero de donde yo vengo la palabra que uno empeña vale mucho, no como en este mísero planeta.

—Si tan miserables os parecemos ¿por qué no nos dejáis morir?

—No podemos hacerlo porque queremos evitar que seres extraordinarios, como tú y la teniente Delbringer, y muchos otros, mueran.

Al bravo sargento le daba la impresión de que hablara de él como uno hablaría de su mascota y por supuesto no le gustó, pero se calló su opinión porque no quería que se supiera que fue un mercenario que mató a inocentes por dinero. Aunque bien era verdad que él era muy joven e inexperto, y la promesa de riqueza y fama lo espoleó con fuerza.

—No puedo aceptarle en mi tropa así sin más, tendrá que pasar una prueba.

—No se preocupe por eso; venía preparado.

Viéndolo, el sargento pensó que no parecía preparado en absoluto. No obstante, ambos accedieron a llevar a cabo la prueba porque les convenía.

Antes de irse apretó el botón verde de su comunicador y enseguida informó a la enfermería de que en el despacho de Nijhalem había dos heridos en un accidente sin importancia.

Lekham miró al sargento y éste lo vio enarcar una pequeña sonrisa que a Nijhalem no agradó demasiado.
Después de eso cortó la comunicación, después de dar las gracias a los sanitarios a través del aparato, y acto seguido miró a Lekham con una expresión muy dura.

—No sé si lo sabes pero por mucho menos que esto —señaló a sus hombres aún en el suelo—, se han formado consejos de guerra.

La sonrisa de Lekham se evaporó de su cara, aunque el sargento sabía que le iba a responder, al parecer el extraterrestre era tan superior a él que se podía permitir el lujo de decir todo aquello que quisiera.

—Y no sé si sabes que no estáis muertos sólo porque una mayoría de nosotros acordó que muchos de los vuestros merecíais vivir por estar en la excelencia de los humanos —le contestó el extraterrestre en tono frío.

—¿Estabas tú en ese grupo?

—Piensa un poco, si yo no hubiera estado en ese grupo ni siquiera me habrían dejado venir a la Tierra.

—Parece que sois un pueblo ingenuo.

—¿Por qué lo dices?

—Podrías haber mentido a la hora de ser seleccionado.

—No, en mi mundo tenemos unos detectores de mentiras tan eficaces que detectan incluso si has tomado dos tostadas en vez de una para desayunar.

El sargento lo miró unos momentos y en su interior estaba sorprendido por las revelaciones, por lo general los extraterrestres que había conocido jamás habrían dejado vivir a una raza para preservar las posibles personas excelentes que hubiera en ella. Por ese motivo rebajó un poco el tono con él y se centró de nuevo en la selección, porque por un momento se le había olvidado que si lo seleccionaba tendría que confiar en él como en otro ser humano más.

Al cabo de dos minutos los sanitarios llegaron al despacho de Nijhalem y preguntaron a los dos hombres sin mirarlos:

—¿Qué ha pasado aquí?

El sargento miró a Lekham y éste se estaba riendo, y de alguna manera le contagió la risa, aunque tenía que pensar algo que decir porque tarde o temprano tendría que explicar ese suceso tan extraño.

—No lo sabemos, de pronto vinieron y luego se pegaron entre ellos.

Lekham descruzó sus manos e hizo un movimiento de barrido hacia ambos soldados y les borró la memoria.

—Es lo más absurdo que he oído nunca —dijo uno de los enfermeros quien ya había terminado de subir al segundo enfermo a una de las camillas.

Los enfermeros se fueron de allí sin mediar más palabras y volvieron a quedarse solos.

—No me gusta nada tener que mentirles a mis hombres.

—Eso no ha tenido ninguna importancia, además, acabo de borrarles la memoria a los soldados. Cuando despierten creerán lo que se les cuente, de modo que desde cierto punto de vista usted no ha mentido.

El sargento lanzó un gruñido pero eso dio paso a una pequeña sonrisa porque ese ser parecía tener muchas capacidades. Esto hizo que pensara en la afirmación de Lekham de que iba a necesitarlo en su tropa de asalto y pensó que quizás tuviera razón. No solía hacer caso de las señales pero aquella era tan clara que no pudo evitar escucharla.

Nijhalem se levantó de la silla y le ordenó al aspirante que lo siguiera hasta el campo de entrenamiento. Una vez allí preparó uno de los terrenos más difíciles que pudo imaginar y fue a cargar su rifle con bolas rojas, cuando el aspirante le gritó:

—¡Utilice munición real!

—¿Está usted loco? Eso no está permitido en esta base militar.

—Por favor, use munición real —rogó esta vez el aspirante.

El sargento pensó que le convenía saber de qué era capaz ese extraterrestre, pero de ser un loco trastornado tendría que ocultar su cadáver y borrar todas las huellas sobre él. No le gustaba cómo se estaban desarrollando las cosas, pero el aspirante seguía allí de pie implorante.

—Está bien, lo haré bajo su responsabilidad.

—Me parece justo —respondió Lekham en tono normal.

El hombre cogió su metralleta y la cargó con balas reales mientras que el aspirante empezó a hacer unos ejercicios de calentamiento. Esto reforzó su teoría de que aquel tipo estaba loco, porque ni siquiera había cogido un rifle.

—Ya estoy listo —dijo el aspirante.

—Yo también, que comience el juego.

Nijhalem se escondió entre unos matorrales falsos y se confundió con las hojas, gracias a su traje. Sin embargo, no tardó en descubrir que Lekham no se había escondido, ni había tomado medida alguna para defenderse. El sargento pensó que así no le serviría para nada, porque de esa forma no era más que un blanco fácil.

Nijhalem salió de su escondite y le disparó una ráfaga de balas. Cuando estaban a punto de impactar en el objetivo, Lekham se transparentó ante sus ojos y las balas traspasaron su cuerpo e impactaron en uno de los arbustos falsos que hacían de pared.

Jamás habría esperado encontrarse a un individuo como ese, y fue entonces cuando supo con más certeza que aquel hombre no era tal, sino que, como había dicho, venía de otro planeta.
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