CM - La mansión de Peñaflor - Ororo

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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Lifen
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CM - La mansión de Peñaflor - Ororo

Mensaje por Lifen » 17 May 2014 10:50

LA MANSIÓN DE PEÑAFLOR

Cuando Beatriz Esquiroz se trasladó a la mansión de Peñaflor con su pointer inglés y un reciente matrimonio, nunca imaginó que pudiera ocurrirle aquello. Ricardo, su marido, había recibido en herencia ese majestuoso palacete en las afueras de Guadalajara y la joven pareja había decidido trasladarse cuanto antes.

La hacienda constaba de una ostentosa casa principal, dos viviendas de menor envergadura y cientos de hectáreas de terreno boscoso con gran variedad de árboles y plantas florales. Una impresionante hilera de chopos acompañaba al viandante hasta la puerta principal de la mansión a través de un puente de piedra sobre el río Henares. Eso fue lo que más impresionó a Beatriz: los árboles desnudos meciendo sus ramas al compás del gélido viento de aquellas tierras. El sonido de las turbias aguas del río no podía sino sobrecoger el ánimo de quien por allí cruzara. El paraje, en esa época del año, era simplemente desgarrador. Las ramas intrincadas de un conjunto de fresnos se enmarañaban intentando camuflar la fachada de la casa, ya de por sí sobrecogedora. Pero los rosales florecerían en primavera y todo el jardín retomaría el esplendor que mostró el año anterior. Toto, su querido pointer y el perro labrador de Ricardo, Edgar III, corretearían con la inocencia de las bestias por la zona, haciendo las delicias de sus dueños. Las aguas del río brillarían con los azules más irisados del cielo y algunos patos interrumpirían con sus graznidos la siesta vespertina que Ricardo y ella estarían durmiendo en una improvisada hamaca. La brisa fresca arrastraría aromas de flores y de ese nuevo perfume que tanto gustaría a Ricardo. Le volvería repentinamente loco e, inspirado por la mezcla de violetas y canela, destaparía los níveos muslos de Beatriz despojándolos del suave tul de su falda. Con ardor, la besaría; con aplomo la ceñiría por la cintura y, con un descaro que ella jamás habría sabido adivinar en él, acariciaría con verdadero deseo sus prominentes pechos. Harían el amor, y el canto de los abejarucos enmudecería ante tal divino espectáculo. Pero todavía estaban en febrero, así que comenzó a preparar el equipaje con prendas más adecuadas.

El lento ritmo del invierno marcaba los pasos de Ricardo, que se dirigía hacia su buhardilla. Escritor excéntrico y presuntuoso, continuaba visitando más a menudo de lo habitual su antigua morada de soltero. Se trataba de un ático en pleno centro de Madrid que había sido testigo de tardes enteras de paseos de flanco a flanco de la estancia, de reproches cuando sus escritos no daban los frutos esperados, de cortantes carcajadas de orgullo si veía finalizada alguna de sus obras. Paseando su apuesto y envidiado perfil sobre el que caían unos pesados quevedos que, infructuosamente, intentaban amilanar la petulante nariz, podía vérsele desde los edificios de enfrente transitar por la estancia abstraído y, al mismo tiempo, feliz. Edgar III solía acompañarle en esos trances. Lapicero en la oreja y hoja de papel en mano, provocaba suspiros entre las doncellas del barrio. La buhardilla, forrada de madera y escrupulosamente desordenada, almacenaba también reliquias pertenecientes a épocas remotas cubiertas de polvo. Un globo terráqueo, atlas, enciclopedias, unos antiguos anteojos y otros objetos de dudoso valor.

Beatriz y él llevaban casados apenas dos semanas y su residencia temporal se hallaba en la casa de los padres de ella en espera de la tan deseada herencia. Un lugar donde compartían descanso y poco más, puesto que los momentos íntimos brillaban por su ausencia. Cuando no sufría su madre una jaqueca en plena noche, era su padre el que secuestraba a Ricardo para explicarle reiteradamente el proceso de restauración al que estaba sometiendo algunos de los tantos relojes que decoraban la casa.

Por motivos laborales, tampoco habían viajado a Pontevedra para celebrar la luna de miel que con tanto ahínco había estado organizando Beatriz. Ricardo había apurado hasta el último instante el tiempo del que disponía para entregar a su editorial el segundo volumen de Cuentos, una interesante trilogía sobre la creatividad y el pensamiento divergente que vería la luz en breve.

Tras el contundente y previsible enfado de Beatriz, la noticia de la cita con el notario para la adjudicación de la herencia fue recibida como agua de mayo, simbolizando la libertad tan esperada para la pareja. Por fin tendrían su propio nidito de amor; su hogar dulce hogar; en definitiva, su matrimonio consumado. Consumado a la luz de la suave luz de la luna que iluminaría la alcoba donde yacerían juntos por primera vez. Al ser todavía invierno, sus pieles entrarían en contacto con una preciosa manta de piel de zorro mientras, aovillados, se acariciarían para entrar en calor. Sería una noche perfecta tras una romántica cena a la luz de las velas en el salón principal. Después de degustar la tarta de chocolate decorada con frutos exóticos que habría conseguido su marido para el deleite exclusivo de Beatriz, subirían ansiosos la gran escalera de mármol blanco y, entre lánguidos suspiros pero como apasionadas bestias, acabarían tendidos en la misma alfombra de la alcoba. Beatriz sentiría el miembro erecto de Ricardo contra su pelvis y el impulso frenético de liberarlo cuanto antes de aquella tortura. Inexperta, jamás habría imaginado la magnitud de tal elemento físico en grado de exaltación. Llevada por las fuerzas del deseo, intentaría calmar el arrojo del mismo de la manera más delicada posible pese a la impaciencia de Ricardo que, en efecto, terminaría poseyéndola sobre la mullida piel de zorro a un ritmo desenfrenado. Beatriz despertó de su ensoñación y, tremendamente excitada, llamó al asistente de sus padres para que trasladara el equipaje ya preparado a la planta baja.

La buhardilla se mantuvo prácticamente intacta tras la última visita de Ricardo. Al contrario de lo que otros nostálgicos habrían hecho, no llevó consigo ningún objeto de valor sentimental salvo una cámara fotográfica que le regalara su padre tras su último viaje a Bruselas. Dejó atrás la elegante lupa de veinte aumentos y el monóculo que solía utilizar para declamar sus poemas y ni siquiera echó un último vistazo a la estancia al atravesar el vano de la puerta. Simplemente, apagó la luz y dio un portazo. Ya en la calle, unos pequeños copos de nieve comenzaron a darle asedio pero, manteniendo su delicado porte, continuó caminando sin acelerar el paso hasta la casa de sus suegros. A la mañana siguiente partirían hacia Guadalajara, lugar donde esperaba encontrar la calma necesaria para continuar su obra y nuevos aires que trajeran consigo la inspiración que necesitaba.

El camino hacia su nuevo destino estuvo marcado por el silencio y la tensión pese a las inquietudes claustrofóbicas de Toto y Edgar III. Beatriz se mantuvo más ausente de lo habitual y fue su marido quien se encargó de calmar a los perros en más de una ocasión mientras conducía. Bajo el elegante vestido azul marino que Beatriz había elegido para ese grandioso día, a juego con un soberbio gorro de visón, se escondía una lencería de lo más delicada. Un conjunto de encaje blanco que dejaba a la imaginación la voluptuosidad de su anatomía con una exuberante puntilla que delimitaba zonas hasta ese momento prohibidas. Acabaría rasgado por Ricardo y arrojado al suelo en el momento cumbre del descubrimiento su cuerpo, pero poco le importaría. Sería en ese preciso instante cuando le murmuraría al oído que se diera la vuelta y ella, obediente y deseosa, se giraría para gozar del extraordinario ímpetu del abrumador miembro viril de su marido.

—Qué mala me estoy poniendo, Ricardo —suspira Beatriz abanicándose con la mano.
—¿Qué te ocurre? ¿No te encuentras bien? —pregunta él sin mucho interés.
—Tengo calor, me sofoco, me mareo… Pero no te preocupes, querido, que enseguida se me pasa —responde ella.
—Si necesitas que pare no tienes más que decírmelo —añade él sin mucho entusiasmo—. Pero debe de faltar muy poco… Mira, ¡ahí está!

La presencia de la mansión desde la carretera es espectral La fachada desconchada, las ramas de los árboles rasgando el cielo con sus afilados extremos y el puente de cuatro ojos dejando pasar el agua lechosa.

—¡Me encanta! —grita Beatriz pensando en el día de pasión que le espera.
—Impresionante… —coincide Ricardo eligiendo con la mirada el ventanal de lo que será su próxima buhardilla.

El automóvil se detiene, los recién casados se apean y liberan a los perros. Ambos animales se apresuran, correteando, a investigar el nuevo lugar a donde han ido a parar y olfatean en busca del rastro de otro de su especie. En efecto, no andan equivocados, pues un mastín de oscuro pelaje acude a su encuentro.

Beatriz, divertida y expectante, observa el espectáculo y no puede más que sonreír. Por fin sus sueños se van a hacer realidad. La mansión le resulta fría y lóbrega, pero ella se encargará de crear un auténtico hogar. Ricardo extrae de su maletín la cámara fotográfica y le pide que pose con sus mascotas para recordar el feliz día. Ella, entusiasmada, se encarama al muro de piedra con Edgar III entre sus estilizadas manos.

—Toto, ven aquí tú también —solicita sonriente Beatriz.

Toto acude y el mastín, a falta de entretenimiento, se acerca a Ricardo para olfatearle.

—¡Qué haces, chucho! —espeta el escritor intentando intimidar al animal.
—¡Ricardo! —se carcajea Beatriz—. Sólo quiere jugar…

Pero su marido, irritado ante la imposibilidad de enfocar con la cámara, propina una patada al animal, que responde furioso amarrándose a la pernera del escritor. Este intenta liberarse forcejeando con el can que, testarudo, continúa mordiendo con fuerza sus pantalones, consiguiendo de un buen tirón bajárselos hasta el suelo junto con sus impolutos calzoncillos blancos. En ese momento, víctima de la tensión y el disparate, sin ser todavía consciente de su desnudez, proclama.

—¡Mira al pajarito!

Bajando la mirada a la entrepierna de su marido, eso hace la incauta.
Y así quedó retratada.
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Re: CM - La mansión de Peñaflor

Mensaje por Tolomew Dewhust » 17 May 2014 12:40

Jajaja. Qué obra de arte. Enhorabuena autor/a.

Por cierto, níveo, aovillado, declama y proclama... :wink:
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Re: CM - La mansión de Peñaflor

Mensaje por Ratpenat » 18 May 2014 13:01

Hum... A veces mira que es difícil comentar. :roll:

La redacción es correcta y se ve que, quien lo ha hecho, tiene buen hacer. Autor/a, sé que escribes de maravilla. El principio, especialmente, me parece bueno. De hecho, hasta el momento en que empiezas con los eufemismos de penes me ha ido gustando mucho.

Pero tampoco tardas mucho a emplearlos en gran medida y a recrear escenas poco originales de seducción, sexo y erótica. Y lo lamento, porque esas partes me han cortado el rollo en lo que es una prosa muy buena. No tengo nada en contra de hablar de sexo o miembros, pero tampoco me llega el modo.

Y lo lamento, porque entreveo una gran pluma detrás del relato. :60:

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Re: CM - La mansión de Peñaflor

Mensaje por jilguero » 18 May 2014 13:12

No está nada mal esta historia. Muy lograda la ambientación, el tono jocoso (basado en el ridículo casi) y el trazado del carácter de los personajes. Una prosa que a Jilguero le ha parecido buena, pero a veces premiosa por la presencia de frases muy largas.
El final, el origen de la foto, simpático, si bien a este otro pajarillo le ha resultado demasiado forzada la coincidencia entre la frase y la bajada de pantalones. Casi mejor que él no hubiera dicho nada y simplemente se nos dijera que era lo que la dama miraba.
Pero Jilguero se queda con tu buena intención de hacernos sonreír, puesto que así ha sido en su caso. :D
Un placer haberte leído :60:
El esfuerzo para llegar a las cimas basta
para llenar un corazón de hombre



Los hilos de Ariadna :60: El niño del tirachinas

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Re: CM - La mansión de Peñaflor

Mensaje por Gavalia » 18 May 2014 13:17

Para mi gusto es más que correcto. Tienes gran soltura al escribir aunque te aseguro que hasta el final me aburrí bastante. El final sale de ese tono lineal que empleas y le da un punto cómico difícil de no valorar y sonreír al imaginar la escena. Buen trabajo socio de eso no me queda ninguna duda :60:
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Re: CM - La mansión de Peñaflor

Mensaje por albatross » 18 May 2014 15:28

A mí me ha gustado. Y me ha gustado porque me ha sorprendido. Al hacernos ver cómo te desenvuelves con una correctísima prosa -bastante clásica, por otra parte- nos estás llevando al huerto, porque parece una historia muy seria que nos reserva un final trágico: una muerte, un desengaño...

Las últimas líneas acentúan esa sensación porque nos llevas a ese caserón, descrito para una tragedia, y parece que el perro va a atacar a Ricardo en serio y al final resulta que es un divertimento y nos sales con lo del pajarito. A mí me has engañado pero bien.

Buen uso, por otra parte, de las palabras en general, con una elección muy cuidada y en particular, buen uso también de las palabras obligatorias (níveo y aovillado).

Las ensoñaciones eróticas, bien medidas, ponen un poquito de pimienta al relato y le restan monocromía.

Enhorabuena.

iliada
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Re: CM - La mansión de Peñaflor

Mensaje por iliada » 18 May 2014 22:22

El último párrafo me ha hecho reir. Resulta inesperado en un relato en el que contrastan las ensoñaciones eróticas de Beatriz con el poco entusiasmo de Ricardo. Ella ve la mansión como su futuro hogar y el lugar en el que van a consumar finalmente su matrimonio y él ve la casa heredada como un sitio para de encontrar inspiración en su escritura.

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Re: CM - La mansión de Peñaflor

Mensaje por Sinkim » 19 May 2014 00:00

Me ha parecido una historia simpática, fresca y divertida y las ensoñaciones eróticas de la protagonista me han parecido muy bien contadas :lol:

El final me ha hecho mucha gracia, de hecho no me extrañaría que fuera lo primero que se te ocurrió al pensar en el fotografo que sacó la foto y luego escribieras toda la historia para llegar a ese momento :lol: :lol:
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Re: CM - La mansión de Peñaflor

Mensaje por prófugo » 19 May 2014 01:42

:hola:

Estimado(a) autor(a):

Este es el último relato que me faltaba por leer y comentar...aunque ya le habia lanzado anteriormente una vista rápida y vi que tenia humor y erotismo...por eso decidí dejarlo para el final y asi concluir con una amplia sonrisa.

Y lo lograste, me la he pesado muy bien leyendo tu criatura...desborda simpatía y travesura :twisted: ...es el típico relato que me gusta :wink:

Además...vaya casualidad..aparece Pontevedra.... que bien que te acordaras de esa ciudad tan querida por mí :mrgreen:

Enhorabuena ... y gracias por compartir este pequeño tesoro :60:
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Re: CM - La mansión de Peñaflor

Mensaje por Escritoradesueños » 19 May 2014 02:41

Tengo que confesar que hubo descripciones muy bellas y usaste muy bien los tiempos pasado-presente-futuro. Las ensoñaciones de Beatriz contrastan mucho con las pretensiones de su esposo.
Para serte sincera, autor, los diálogos no me han gustado ni transmitido y la historia es un poco empachosa ya que en sí apenas cuenta nada. Mas bien cuenta los deseos eróticos de una mujer mezclado con su esposo y sus recuerdos en su apartamento de soltero. Me ha aburrido un poco. Aunque si lo analizamos bien Beatriz vive ilusionada con un futuro y Ricardo perdido en un pasado, en recuerdos y mirando solo por él mismo. Cuando has presentado a Ricardo y has descrito que era presuntuoso y tal...hubiese preferido que el personaje se mostrase así y no que me lo tengas que contar tú, autor.
Me quedo con el final porque sin duda es lo mejor de todo el relato. Inesperado, chispeante, gracioso, juguetón, picaresco y hasta ridiculizador. Un final muy chulo, pero
el relato en sí ha sido carente de acción y por tanto poco ágil y bastante aburridillo para mi gusto.
No espero amor ni odio
ya tengo bastante con mi dolor
maldigo el episodio
lo peor es que yo fui quien lo escribió.
Me esperan los demonios
que dejan tu olvido
que juegan conmigo.

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Re: CM - La mansión de Peñaflor

Mensaje por Nínive » 19 May 2014 18:10

Si te soy sincera, me han descuadrado un poco los tiempos verbales. Empiezas en pasado con un final que hemos de suponer nos vas a contar para pasar a describir la casa. Luego continuas en pasado con la vida de soltero de los dos protagonistas ( y aquí he tenido que releer para comprobar que no me había perdido nada). El uso del futuro no me ha descolocado (aunque muy inocente no es la muchacha teniendo esos pensamientos...) Y luego nos relatas el viaje en pasado y el final en presente.
No le veo mucha lógica y puede aturdir un poco al lector.
El principio con esa descripción de la casa, alrededores y el primer pensamiento de la protagonista, me ha aburrido un poco. :oops:
Luego rompes con la tónica general de la narración en el final que es más fresco y directo. No sé... ¿poco repaso? ¿poco reposo? Porque me da la sensación de que el autor lo puede hacer mucho mejor.
Un abrazo. :60:
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Re: CM - La mansión de Peñaflor

Mensaje por Gisso » 19 May 2014 19:51

Querido autor/a, me postró ante tu forma de describir los elementos y situaciónes de tu relato. Me has parecido un Tolkien de la ¿comedia romántico-erótica-deseosa-festiva?, por llamarlo de alguna forma :cunao: . Aunque parezca un poco vacío de contenido y abultado, he disfrutado con cada descripción. No ha hecho falta echarle mucha imaginación. Tampoco se me ha hecho aburrido, aunque sí, tal vez, un poco falto de un tono más humorístico. La foto final no está mal llevada, pero le falta un poco de sorpresa. Entretenido, aunque con relleno.

Suerte

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Re: CM - La mansión de Peñaflor

Mensaje por Dori25 » 20 May 2014 12:29

JAJAJAJA que maravilla!!!!!!!
Espera que me estoy rulando por el suelo y tengo que levantarme.

He sentido la pasión, el deseo y el calor de Beatriz, aunque me he indignado con la patada que le da el gilipichis ese al perrito, y ya al final con el pajarito, :alegria: :alegria: que bueno!!!!!!!!!!!
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Re: CM - La mansión de Peñaflor

Mensaje por Ororo » 20 May 2014 15:46

Vaya titulito has elegido, autor... tan serio y tan gracioso como el relato... en ese punto medio que no se sabe si es cachondeo o no... Ese punto me ha gustado, ves? Un humor casi inexistente, pero que ahí está, en infinitesimales dosis :lol:

En serio. El relato está bastante bien escrito, el uso del lenguaje me parece muy apropiado, aunque hay frases excesivamente largas que necesitarían comas o reformularlas. La ordenación temporal del mismo es peculiar. Primero hablas de la mansión a la que al final llegan. Luego mezclas presentes en las vidas de los protagonistas con condicionales subiditos de tono. Bueno, creo que es un recurso que da cierto movimiento al relato, puesto que de no ser así habría sido demasiado clásico. Ya es clásico el lenguaje, la historia... sólo faltaba eso.

Lo que más me ha gustado son las dos visiones de los protagonistas ante la mansión de los horrores. Los dos la ven como una liberación, cuando es un desastre, cada uno por causas propias :lol:

He visto a Beatriz acalorándose, dama de alta cuna pero muy humana, pero menos a su marido. Sí, se ve que pasa de ella, pero la protagonista está claro quien es.

El final es muy gracioso, víctima de la tensión y el disparate :lol:

EN CUANTO A LA FOTO: la veo, la veo :lol: Esa sonrisa en estado de shock.
No soy lo que escribo; soy lo que tú sientes al leerme.

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Re: CM - La mansión de Peñaflor

Mensaje por Ororo » 20 May 2014 15:57

Ratpenat escribió:Pero tampoco tardas mucho a emplearlos en gran medida y a recrear escenas poco originales de seducción, sexo y erótica.
Yo las veo adecuadas para una mentalidad antigua y de recién casada que todo lo ve como en una película romántica.
Gavalia escribió:Tienes gran soltura al escribir aunque te aseguro que hasta el final me aburrí bastante.
Sí, hay mucho contraste entre las frases largas y descriptivas del principio con el momento final.
Sinkim escribió:l final me ha hecho mucha gracia, de hecho no me extrañaría que fuera lo primero que se te ocurrió al pensar en el fotografo que sacó la foto y luego escribieras toda la historia para llegar a ese momento :lol: :lol:
Tiene toda la pinta, porque el perro tirándole del pantalón... bien fuerte tiene que tirar para dejarlo así, no? :lol:
Nínive escribió:Si te soy sincera, me han descuadrado un poco los tiempos verbales. Empiezas en pasado con un final que hemos de suponer nos vas a contar para pasar a describir la casa. Luego continuas en pasado con la vida de soltero de los dos protagonistas ( y aquí he tenido que releer para comprobar que no me había perdido nada). El uso del futuro no me ha descolocado (aunque muy inocente no es la muchacha teniendo esos pensamientos...) Y luego nos relatas el viaje en pasado y el final en presente.
Lo que decía de los tiempos verbales... puede que al lector le guste el cambio o puede que no. Hay riesgo, porque al ser un relato tan corto puede descolocar.
Gisso escribió:Entretenido, aunque con relleno.
:meparto: :meparto:
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