CF 2 - El jilguero de Sierva María - Jilguero

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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jilguero
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Re: CF 2 - El jilguero de Sierva María

Mensaje por jilguero » 26 Oct 2016 21:14

Dicen que ser agradecidos es de bien nacidos y por eso, autor, he dudado en colgar este comentario o dejar como únicos comentarios los anteriores de agradecimiento. No creo ser mal nacida pero, como has presentado este relato a un concurso, toca decírtelo todo. Además, justo los textos que me gustan es donde creo que puedo opinar con más fundamento.

Que me ha encantado la historia no hace falta que te lo diga: me gustan los ladrillos con los que la has construido (supongo que los elegiste por eso, gracias, pues :08: ) y me gusta esa mezcla de racionalidad e irracionalidad que destila el texto. Como le he dicho al autor de Apoteleo, la originalidad puede radicar en crear un nuevo ladrillo o en crear algo nuevo con ladrillos previos. Tu texto es original en el segundo sentido y así lo consideraré a la hora de puntuarlo. Esa es una originalidad con la que es más difícil impactar al lector pero, como es de mi gusto, no te voy a reprochar que te hayas decantado por ella. Pero un consejito, caundo te decantas por la originalidad estructural, si además de personajes de autores consagrados quieres usar no consagrados, mejor evitar los que sean foreros porque es inevitable que los asociemos con los kekos.

He disfrutado especialmente con esa imagen de los pajaritos con las banderolas de colores ondeando al viento y me ha conmovido esa otra del pajarito acurrucado entre las manos de Sierva Maria. No me extraña que optara por sacrificar su vida junto a una niña como esa. :chino: No obstante, aprovecho para decirte que en el tramo final tiras un pelin demasiado de llegar al lector por la “patata”. Soy más partidaria de intentar lograr eso vía razón. Es más difícil, lo sé por propia experiencia, pero merece la pena intentarlo.

En mi opinión, el parrafito introductorio te lo podrías haber evitado porque yo creo que sin él se entera uno igual de la historia. Y tal vez también podrías haber omitido lo de Bernarda, con decir quién era su madre verdadera ya se sobrentiende que había una falsa. Y si algo no hace falta, lo mejor es meter tijera (Tigre, ¿dónde estás?, cada vez que menciono tijeras me acuerdo de ti). He visto por ahí un “traérmelo” que me da debería ser “traédmelo”. Otra cosa, si la historia es legible a varios niveles, tienes que procurar desdibujar las referencias de manera que el lector que va a hacer una lectura más superficial no se dé cuenta de que hay otro nivel de lectura posible porque sienta fatal (con Edelmira lo has hecho bien, pero con Gabo regular).

Lo dicho, muchísimas gracias y ha sido un placer reencontrarme con Sierva María. :60:
(lo releí el año pasado en el maratón que hubo de Gabo pero, tras leer tu texto, me da que va a caer otra vez)
El esfuerzo para llegar a las cimas basta
para llenar un corazón de hombre



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Tolomew Dewhust
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Re: CF 2 - El jilguero de Sierva María

Mensaje por Tolomew Dewhust » 26 Oct 2016 21:31

Uy, qué bien me viene este relato para colgar una pamplina inacabada -de allá por el mes de enero de este año- que no sabía donde verter... :mrgreen: Seguro que no te importa. Son, literalmente, tres párrafos (y tiene menos subordinadas que tu historia, jajajaja):

La niña camaleón

Nació en Macondo una niña que tenía por piel la cáscara de dos naranjas.

Y aquello fue más notable e hizo más ruido entre los vecinos del pueblo que el que ocasionó en su día la adquisición para la escuela, por parte del gobernador de Santa Marta, de un lote de carboncillos que incluía tizas de varios colores, con las que los críos disfrutaron de clases de dibujo, sombreado y pintura durante tres meses seguidos.

Y no hubo persona natural o jurídica que tuviera noticia por cualquier medio, ya fuera el oral o el escrito, incluido el telégrafo, que ya por entonces destacaba sobremanera como método infalible para propagar rumores, noticias e incluso disposiciones y leyes, de la existencia de la niña, a la que llamaron Rebeca porque según contaba su madre la había parido sin apenas empujar, si acaso solo un poquito, y ya la vio la matrona con los dos ojos abiertos y recién peinada saliendo del útero materno bendiciendo a los presentes e incluso a algunos de los bienes de la familia Buendía, o despachando asuntos de gran importancia con el alcalde don Gregorio, que se había personado en el acto vestido con un traje de lino tan blanco que parecía más bien un pingüino albino fuera de sitio y no un terrateniente distinguido con numerosos títulos en el bolsillo, que, bien daba ánimos a la parturienta antes del alumbramiento, bien le secaba el sudor de la frente una vez producido el mismo con un pañuelo de seda en el que relucían bordadas en hilo de oro sus dos primeras letras de cada uno de sus tres nombres de pila, porque era hombre de presagios y había intuido que en aquella fecha y en aquel sitio ocurriría uno sobrenatural y trascendente que hubiera de cambiar por siempre, no solo muchas de las tradiciones y algunas de las costumbres de las gentes de su pueblo, sino incluso su propia idiosincrasia, las creencias y los ritos de consagración, conmemoración y expiación de las penas de la comunidad apostólica y cristiana, que no quisiera conocer a la criatura, a la que, según decían, si se le apretaba solo un poco pero con extremo cuidado el abdomen o la pantorrilla izquierda, supuraba un zumo la niña dulce y delicado por cualquiera de sus muchos poros, y nunca orinó de pie ni sentada otra cosa que no fuera de esa tintura, y no le caían lagrimitas de los ojos ni evacuaba otro líquido de ningún orificio propio o ajeno, en caso de que el agraciado se le arrimara lo suficiente como para ser bendecido con aquella dicha temporal pero indefectible, que no fuese del color de la naranja, por mucho que las malas lenguas, que como en todos los sitios donde se hace fuerte la envida en Macondo también abundaban, pregonaran más tarde que una vez la vieron esputar sobre albero una sustancia viscosa que no era tan naranja como en ella venía siendo habitual o se esperaba, sino más bien tirando a calabaza parduzca en mal estado, según unos, o a zanahoria recién desenterrada y sin lavar, según otros, extremo que no consiguió establecerse como consumado y cierto en el juicio oral al que Rebeca Buendía fue sometida en el mercado de abastos primero y en los mentideros neblosos después, aquellos que no se barrían salvo con las escobas ajenas y que servían de matadero para el despelleje de gallinazos, comadres o primas no tan lejanas como a priori cabría suponer, pues a favor de la acusada vinieron a testificar, entre otros, un joven músico, ingenuo pero veraz y espontáneo, oriundo del mismísimo centro de las afueras de Macondo, protagonista indirecto por cierto del desaguisado que dio fábula a aquella patraña pues había sido este y no otro quien, intentando ganarse el favor de la niña que ya por aquel entonces se adivinaba lozana y bonita y se hallaba en edad de casamiento, había osado obsequiarla con un beso que más que alcanzarle en la diestra apenas sí consiguió remover el aire que envolvía aquella mano, hecho que ocurrió el tercer domingo del mes de en medio de la estación de las flores bonitas a la salida de la misa que oficiaba siempre y por costumbre pasados dos minutos de las doce en punto el padre Aureliano Manso Bastante, con dos vasos de vino dentro del cuerpo y otros tres aguardándole fuera, quien, precisamente en aquella ocasión en que tuvo lugar el amago de ósculo entre los dos jóvenes, justo antes acababa de advertirles durante el sermón predicado en un latín arrastrado, primitivo y obscuro, de los peligros de los rozamientos carnales más allá de los necesarios para beneficio de la especie, desde una estructura de madera que se inauguraba como altar mayor de la iglesia y que había sido financiada con los fondos que la United Fruit Company había donado a la aldea, una vez tuvo constancia uno de los gerentes de mayor renombre de esa empresa del nacimiento en Macondo de una niña con la piel de naranja en su variedad washington, manera subrepticia pero bastante legal y genuina de promover la devoción y el sentido afecto de todo un pueblo por los cítricos en general, y las naranjas en particular, habida cuenta de que no eran pocos los emprendedores que tenían puesto su ojito derecho en aquellas tierras en las que acometer la plantación de naranjos a gran escala con los que se pretendía nutrir de agrio a medio país, no hallando mejor ocasión que aquella para ganarse la voluntad de esas gentes que, por su parte, andaban ocupadas y mucho en la construcción de una línea de ferrocarril que acercase su población a las colindantes, apestada entretanto, por cierto, por el virus del insomnio que los tuvo en vilo cuatro años enteros, respetándoles si acaso el mal algunas vísperas de festivo y contadas fiestas de guardar, lo que les valió para dar un importante adelanto a la faraónica obra de raíles de metal que se traían entre manos, y, al mismo tiempo, acudir noche sí, noche también al espectáculo circense que una comparsa de gitanos ofrecía cada martes en el terraplén donde otrora tuvieran lugar las celebérrimas peleas de perros, prohibidas luego a raíz de la contienda acaecida entre los canes de don Abel Marchante, bautizados bien como Caín y Babel respectivamente, que terminó como a posteriori fuera recogido por el notable literato y librepensador mexicano Sereno Williams Luna en su “Cojera fingida de un animal desvalido”, con el segundo can lisiado de por vida, y una demanda civil por parte de su dueño hacia el propietario del primero de los animales, siendo ambos la misma persona, lo que no evitó que su litigio llegara hasta la Corte Suprema donde se resolvió con rotundo éxito y de manera insólita la referida cuestión de la ofensa, no siendo el único que declaró a favor de Rebeca Buendía aquel joven músico, como venía diciendo, sino que también lo hizo y de buena gana un lazarillo de trece años que había nacido sordo del todo y bizco de un ojo, que guiaba y hacía de sostén ycorreveydile a un señor ciego de los dos, al que su madre parió chiquito y con la voz rota y a quien nunca se le escuchó un desaire salvo cuando tuvo lugar lo que interpretó como un burdo intento, premeditado y sin compasión, de linchamiento del buen nombre de la hija de los Buendía frente al puestecillo de hortalizas de Catalina Verdura, donde entonces sí juró y perjuró a voz partida haber visto de primera mano aquel salivazo en la tierra que ocupaba el espacio que daba paso a la puerta de la iglesia, y que más naranja no hubo jamás visto otra cosa, pese a que siempre se le creyó ciego del todo, dándole a continuación réplica su novel lazarillo quien afirmó haber oído de manera muy nítida a una señora con pamela amarilla banano santiguarse y dar gracias al cielo, a la virgen y a buena parte del santoral cristiano, tras ver a Rebeca primero, estornudar con gran fuerza tras llevarse un pañuelo de seda a la boca como muestra de desaire por el osado gesto del joven intérprete o concertista, que nunca se supo, de intentar salibearle la mano, y, después, despedir una flema en el suelo más bonita que ninguna otra que aquella viera en su casta y recatada vida, pensando de hecho que más que saliva la niña gastaba jugo, y llegando a suponer, arrimando aún más leña a la hoguera, que no era sangre sino néctar de naranja y sin duda de primerísima calidad lo que ocupaba las venas de la primogénita de los Buendía, venas que por cierto nunca se le llegaron siquiera a intuir pese a la palidez de su carne, tampoco el día de su enterramiento cuando ya estaba más seca que una mojama de Cádiz, y que tuvo lugar a sus ciento veintinueve años, ocho meses, dos semanas y cuatro días de edad en las tierras colindantes a un naranjal, pese a que hubo quien afirmó que aquella maraña de vasos, arterias y conductos sanguinolentos había servido de inspiración al arquitecto que esbozó el entramado de raíles que finalmente uniría Colombia tras la sufrida guerra civil mal llamada de los Mil y Tres días.
Que Cádiz no tiene reyes solo poetas de carnaval, y para poeta, poeta... mi capitán.

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Re: CF 2 - El jilguero de Sierva María

Mensaje por Berlín » 27 Oct 2016 10:45

Los huesecillos de este pajarillo me persiguen por todas partes. Y la imagen de esa niña entrando en el convento jaulita en mano también. :mrgreen:

Anoche lo lei de nuevo. Es para Pilar, para los niños de pan y hay niñas que entran en conventos con una jaulita, o sea que es un homenaje para muchos.

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Re: CF 2 - El jilguero de Sierva María

Mensaje por Verditia » 27 Oct 2016 11:55

Un tierno cuento de realismo mágico, con dedicatoria incluida :D

Marco: Es innegable que el autor ha sido muy lector de García Marquez y compañía, y ha sabido plasmar en palabras toda una época, un mundo y un estilo. Las descripciones son exquisitas, pero lo que realmente me fascina es su vasto conocimiento sobre la época, lugar y costumbres donde sucede todo el relato. A mí me ha convencido (también debo confesar que no soy lectora de este tipo de literatura, así que mi opinión se basa en mi casi nulo conocimiento de estos grandes sudamericanos).

Personajes: Muy bien trabajados, la que más me ha gustado es la narradora, la viuda, por eso de ser vidente y por lo perfeccionista que parece ser. Lo del niño normando, supongo que en este tipo de literatura es así, pero ese enamoramiento a través de un jilguero me parece algo insólito e increíble.

Historia: Partiendo de la base que este tipo de literatura siempre se me ha atragantado (lo sé, estoy blasfemando y merezco morir sepultada por los clásicos), me ha gustado mucho. También por parte del crítico hay que hacer esfuerzos y quitarse de prejuicios, algo que vale la pena para descubrir joyas así. Que yo prefiera un tipo de literatura más sencilla y menos recargada no puede quitarle valor a un texto tan trabajado como este. Que la historia no se ajusta a mis preferencias fantásticas no quita que sea fantástico, con esos jilgueros carteros como escuadrones voladores, o ese cabello tan larguísimo a lo princesa encerrada en lo alto de la torre (que de hecho, esto mismo es), o ese fantasma final que tan desconcertada deja a Edelmira. A ver si gracias a este relato me animo a enfrentarme a García Marquez, Allende y demás, a ver si me dejan tan buen sabor de boca como este cuento (pero no prometo acabarme ninguno. Ya he dicho que los tengo atravesados...).

Nivel de fantasía: Somoza.

Me recuerda a: todo esos pendientes que tengo de los clásicos sudamericanos.
Alma de fuego, la 1ª novelucha de la saga Invocatio
https://www.amazon.es/dp/B00UQXDLCK

¡Ya la 5ª novelucha! Las heridas abiertas
https://www.amazon.es/dp/B076GMLMS5

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Landra
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Re: CF 2 - El jilguero de Sierva María

Mensaje por Landra » 27 Oct 2016 20:02

Tolomew Dewhust escribió:
Nació en Macondo una niña que tenía por piel la cáscara de dos naranjas.

:boese040: :boese040: :boese040: :boese040: :boese040: :boese040: :boese040: :boese040:
Dos más dos igual a cinco, de toda la vida.

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rubisco
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Re: CF 2 - El jilguero de Sierva María

Mensaje por rubisco » 27 Oct 2016 20:17

Tolomew Dewhust escribió:Uy, qué bien me viene este relato para colgar una pamplina inacabada -de allá por el mes de enero de este año- que no sabía donde verter... :mrgreen: Seguro que no te importa. Son, literalmente, tres párrafos (y tiene menos subordinadas que tu historia, jajajaja):

La niña camaleón

Nació en Macondo una niña que tenía por piel la cáscara de dos naranjas.

Y aquello fue más notable e hizo más ruido entre los vecinos del pueblo que el que ocasionó en su día la adquisición para la escuela, por parte del gobernador de Santa Marta, de un lote de carboncillos que incluía tizas de varios colores, con las que los críos disfrutaron de clases de dibujo, sombreado y pintura durante tres meses seguidos.

Y no hubo persona natural o jurídica que tuviera noticia por cualquier medio, ya fuera el oral o el escrito, incluido el telégrafo, que ya por entonces destacaba sobremanera como método infalible para propagar rumores, noticias e incluso disposiciones y leyes, de la existencia de la niña, a la que llamaron Rebeca porque según contaba su madre la había parido sin apenas empujar, si acaso solo un poquito, y ya la vio la matrona con los dos ojos abiertos y recién peinada saliendo del útero materno bendiciendo a los presentes e incluso a algunos de los bienes de la familia Buendía, o despachando asuntos de gran importancia con el alcalde don Gregorio, que se había personado en el acto vestido con un traje de lino tan blanco que parecía más bien un pingüino albino fuera de sitio y no un terrateniente distinguido con numerosos títulos en el bolsillo, que, bien daba ánimos a la parturienta antes del alumbramiento, bien le secaba el sudor de la frente una vez producido el mismo con un pañuelo de seda en el que relucían bordadas en hilo de oro sus dos primeras letras de cada uno de sus tres nombres de pila, porque era hombre de presagios y había intuido que en aquella fecha y en aquel sitio ocurriría uno sobrenatural y trascendente que hubiera de cambiar por siempre, no solo muchas de las tradiciones y algunas de las costumbres de las gentes de su pueblo, sino incluso su propia idiosincrasia, las creencias y los ritos de consagración, conmemoración y expiación de las penas de la comunidad apostólica y cristiana, que no quisiera conocer a la criatura, a la que, según decían, si se le apretaba solo un poco pero con extremo cuidado el abdomen o la pantorrilla izquierda, supuraba un zumo la niña dulce y delicado por cualquiera de sus muchos poros, y nunca orinó de pie ni sentada otra cosa que no fuera de esa tintura, y no le caían lagrimitas de los ojos ni evacuaba otro líquido de ningún orificio propio o ajeno, en caso de que el agraciado se le arrimara lo suficiente como para ser bendecido con aquella dicha temporal pero indefectible, que no fuese del color de la naranja, por mucho que las malas lenguas, que como en todos los sitios donde se hace fuerte la envida en Macondo también abundaban, pregonaran más tarde que una vez la vieron esputar sobre albero una sustancia viscosa que no era tan naranja como en ella venía siendo habitual o se esperaba, sino más bien tirando a calabaza parduzca en mal estado, según unos, o a zanahoria recién desenterrada y sin lavar, según otros, extremo que no consiguió establecerse como consumado y cierto en el juicio oral al que Rebeca Buendía fue sometida en el mercado de abastos primero y en los mentideros neblosos después, aquellos que no se barrían salvo con las escobas ajenas y que servían de matadero para el despelleje de gallinazos, comadres o primas no tan lejanas como a priori cabría suponer, pues a favor de la acusada vinieron a testificar, entre otros, un joven músico, ingenuo pero veraz y espontáneo, oriundo del mismísimo centro de las afueras de Macondo, protagonista indirecto por cierto del desaguisado que dio fábula a aquella patraña pues había sido este y no otro quien, intentando ganarse el favor de la niña que ya por aquel entonces se adivinaba lozana y bonita y se hallaba en edad de casamiento, había osado obsequiarla con un beso que más que alcanzarle en la diestra apenas sí consiguió remover el aire que envolvía aquella mano, hecho que ocurrió el tercer domingo del mes de en medio de la estación de las flores bonitas a la salida de la misa que oficiaba siempre y por costumbre pasados dos minutos de las doce en punto el padre Aureliano Manso Bastante, con dos vasos de vino dentro del cuerpo y otros tres aguardándole fuera, quien, precisamente en aquella ocasión en que tuvo lugar el amago de ósculo entre los dos jóvenes, justo antes acababa de advertirles durante el sermón predicado en un latín arrastrado, primitivo y obscuro, de los peligros de los rozamientos carnales más allá de los necesarios para beneficio de la especie, desde una estructura de madera que se inauguraba como altar mayor de la iglesia y que había sido financiada con los fondos que la United Fruit Company había donado a la aldea, una vez tuvo constancia uno de los gerentes de mayor renombre de esa empresa del nacimiento en Macondo de una niña con la piel de naranja en su variedad washington, manera subrepticia pero bastante legal y genuina de promover la devoción y el sentido afecto de todo un pueblo por los cítricos en general, y las naranjas en particular, habida cuenta de que no eran pocos los emprendedores que tenían puesto su ojito derecho en aquellas tierras en las que acometer la plantación de naranjos a gran escala con los que se pretendía nutrir de agrio a medio país, no hallando mejor ocasión que aquella para ganarse la voluntad de esas gentes que, por su parte, andaban ocupadas y mucho en la construcción de una línea de ferrocarril que acercase su población a las colindantes, apestada entretanto, por cierto, por el virus del insomnio que los tuvo en vilo cuatro años enteros, respetándoles si acaso el mal algunas vísperas de festivo y contadas fiestas de guardar, lo que les valió para dar un importante adelanto a la faraónica obra de raíles de metal que se traían entre manos, y, al mismo tiempo, acudir noche sí, noche también al espectáculo circense que una comparsa de gitanos ofrecía cada martes en el terraplén donde otrora tuvieran lugar las celebérrimas peleas de perros, prohibidas luego a raíz de la contienda acaecida entre los canes de don Abel Marchante, bautizados bien como Caín y Babel respectivamente, que terminó como a posteriori fuera recogido por el notable literato y librepensador mexicano Sereno Williams Luna en su “Cojera fingida de un animal desvalido”, con el segundo can lisiado de por vida, y una demanda civil por parte de su dueño hacia el propietario del primero de los animales, siendo ambos la misma persona, lo que no evitó que su litigio llegara hasta la Corte Suprema donde se resolvió con rotundo éxito y de manera insólita la referida cuestión de la ofensa, no siendo el único que declaró a favor de Rebeca Buendía aquel joven músico, como venía diciendo, sino que también lo hizo y de buena gana un lazarillo de trece años que había nacido sordo del todo y bizco de un ojo, que guiaba y hacía de sostén ycorreveydile a un señor ciego de los dos, al que su madre parió chiquito y con la voz rota y a quien nunca se le escuchó un desaire salvo cuando tuvo lugar lo que interpretó como un burdo intento, premeditado y sin compasión, de linchamiento del buen nombre de la hija de los Buendía frente al puestecillo de hortalizas de Catalina Verdura, donde entonces sí juró y perjuró a voz partida haber visto de primera mano aquel salivazo en la tierra que ocupaba el espacio que daba paso a la puerta de la iglesia, y que más naranja no hubo jamás visto otra cosa, pese a que siempre se le creyó ciego del todo, dándole a continuación réplica su novel lazarillo quien afirmó haber oído de manera muy nítida a una señora con pamela amarilla banano santiguarse y dar gracias al cielo, a la virgen y a buena parte del santoral cristiano, tras ver a Rebeca primero, estornudar con gran fuerza tras llevarse un pañuelo de seda a la boca como muestra de desaire por el osado gesto del joven intérprete o concertista, que nunca se supo, de intentar salibearle la mano, y, después, despedir una flema en el suelo más bonita que ninguna otra que aquella viera en su casta y recatada vida, pensando de hecho que más que saliva la niña gastaba jugo, y llegando a suponer, arrimando aún más leña a la hoguera, que no era sangre sino néctar de naranja y sin duda de primerísima calidad lo que ocupaba las venas de la primogénita de los Buendía, venas que por cierto nunca se le llegaron siquiera a intuir pese a la palidez de su carne, tampoco el día de su enterramiento cuando ya estaba más seca que una mojama de Cádiz, y que tuvo lugar a sus ciento veintinueve años, ocho meses, dos semanas y cuatro días de edad en las tierras colindantes a un naranjal, pese a que hubo quien afirmó que aquella maraña de vasos, arterias y conductos sanguinolentos había servido de inspiración al arquitecto que esbozó el entramado de raíles que finalmente uniría Colombia tras la sufrida guerra civil mal llamada de los Mil y Tres días.
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Re: CF 2 - El jilguero de Sierva María

Mensaje por lucia » 27 Oct 2016 20:51

Por no haber en el texto de Tolo, no hay ni puntos y coma. ¡Los únicos puntos son los de las íes! :shock:

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Re: CF 2 - El jilguero de Sierva María

Mensaje por jilguero » 01 Nov 2016 17:19

Resulta, autor, que he empezado a leer una novela (La amortajada de Mª Luisa Bombal) y me he acordado de tu relato. Arranca así:

Y luego que hubo anochecido, se le entreabrieron los ojos. Un poco, muy poco. Era como si quisiera mirar escondida detrás de sus largas pestañas.
A la llama de los altos cirios, cuantos la velaban se inclinaron, entonces, para observar la limpieza y la transparencia de aquella franja de pupila que la muerte no había logrado empañar. Respetuosamente maravillados se inclinaban, sin saber que Ella los veía.
Porque Ella veía, sentía…


De repente me he imaginado que era Sierva María y que estaba viendo al pájaro y sintiendo su calor. Y la patata se me ha encogido :60:

Por lo demás, releído. Esta vez me quedo con esta otra imagen: “entre los husecitos menudos y dispersos de la niña había otros aun más menudos y dispersos...”. :D
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Re: CF 2 - El jilguero de Sierva María

Mensaje por Isma » 02 Nov 2016 16:10

Tolomew Dewhust escribió:Uy, qué bien me viene este relato para colgar una pamplina inacabada -de allá por el mes de enero de este año- que no sabía donde verter... :mrgreen: Seguro que no te importa. Son, literalmente, tres párrafos (y tiene menos subordinadas que tu historia, jajajaja):

La niña camaleón

Nació en Macondo una niña que tenía por piel la cáscara de dos naranjas.

Y aquello fue más notable e hizo más ruido entre los vecinos del pueblo que el que ocasionó en su día la adquisición para la escuela, por parte del gobernador de Santa Marta, de un lote de carboncillos que incluía tizas de varios colores, con las que los críos disfrutaron de clases de dibujo, sombreado y pintura durante tres meses seguidos.

Y no hubo persona natural o jurídica que tuviera noticia por cualquier medio, ya fuera el oral o el escrito, incluido el telégrafo, que ya por entonces destacaba sobremanera como método infalible para propagar rumores, noticias e incluso disposiciones y leyes, de la existencia de la niña, a la que llamaron Rebeca porque según contaba su madre la había parido sin apenas empujar, si acaso solo un poquito, y ya la vio la matrona con los dos ojos abiertos y recién peinada saliendo del útero materno bendiciendo a los presentes e incluso a algunos de los bienes de la familia Buendía, o despachando asuntos de gran importancia con el alcalde don Gregorio, que se había personado en el acto vestido con un traje de lino tan blanco que parecía más bien un pingüino albino fuera de sitio y no un terrateniente distinguido con numerosos títulos en el bolsillo, que, bien daba ánimos a la parturienta antes del alumbramiento, bien le secaba el sudor de la frente una vez producido el mismo con un pañuelo de seda en el que relucían bordadas en hilo de oro sus dos primeras letras de cada uno de sus tres nombres de pila, porque era hombre de presagios y había intuido que en aquella fecha y en aquel sitio ocurriría uno sobrenatural y trascendente que hubiera de cambiar por siempre, no solo muchas de las tradiciones y algunas de las costumbres de las gentes de su pueblo, sino incluso su propia idiosincrasia, las creencias y los ritos de consagración, conmemoración y expiación de las penas de la comunidad apostólica y cristiana, que no quisiera conocer a la criatura, a la que, según decían, si se le apretaba solo un poco pero con extremo cuidado el abdomen o la pantorrilla izquierda, supuraba un zumo la niña dulce y delicado por cualquiera de sus muchos poros, y nunca orinó de pie ni sentada otra cosa que no fuera de esa tintura, y no le caían lagrimitas de los ojos ni evacuaba otro líquido de ningún orificio propio o ajeno, en caso de que el agraciado se le arrimara lo suficiente como para ser bendecido con aquella dicha temporal pero indefectible, que no fuese del color de la naranja, por mucho que las malas lenguas, que como en todos los sitios donde se hace fuerte la envida en Macondo también abundaban, pregonaran más tarde que una vez la vieron esputar sobre albero una sustancia viscosa que no era tan naranja como en ella venía siendo habitual o se esperaba, sino más bien tirando a calabaza parduzca en mal estado, según unos, o a zanahoria recién desenterrada y sin lavar, según otros, extremo que no consiguió establecerse como consumado y cierto en el juicio oral al que Rebeca Buendía fue sometida en el mercado de abastos primero y en los mentideros neblosos después, aquellos que no se barrían salvo con las escobas ajenas y que servían de matadero para el despelleje de gallinazos, comadres o primas no tan lejanas como a priori cabría suponer, pues a favor de la acusada vinieron a testificar, entre otros, un joven músico, ingenuo pero veraz y espontáneo, oriundo del mismísimo centro de las afueras de Macondo, protagonista indirecto por cierto del desaguisado que dio fábula a aquella patraña pues había sido este y no otro quien, intentando ganarse el favor de la niña que ya por aquel entonces se adivinaba lozana y bonita y se hallaba en edad de casamiento, había osado obsequiarla con un beso que más que alcanzarle en la diestra apenas sí consiguió remover el aire que envolvía aquella mano, hecho que ocurrió el tercer domingo del mes de en medio de la estación de las flores bonitas a la salida de la misa que oficiaba siempre y por costumbre pasados dos minutos de las doce en punto el padre Aureliano Manso Bastante, con dos vasos de vino dentro del cuerpo y otros tres aguardándole fuera, quien, precisamente en aquella ocasión en que tuvo lugar el amago de ósculo entre los dos jóvenes, justo antes acababa de advertirles durante el sermón predicado en un latín arrastrado, primitivo y obscuro, de los peligros de los rozamientos carnales más allá de los necesarios para beneficio de la especie, desde una estructura de madera que se inauguraba como altar mayor de la iglesia y que había sido financiada con los fondos que la United Fruit Company había donado a la aldea, una vez tuvo constancia uno de los gerentes de mayor renombre de esa empresa del nacimiento en Macondo de una niña con la piel de naranja en su variedad washington, manera subrepticia pero bastante legal y genuina de promover la devoción y el sentido afecto de todo un pueblo por los cítricos en general, y las naranjas en particular, habida cuenta de que no eran pocos los emprendedores que tenían puesto su ojito derecho en aquellas tierras en las que acometer la plantación de naranjos a gran escala con los que se pretendía nutrir de agrio a medio país, no hallando mejor ocasión que aquella para ganarse la voluntad de esas gentes que, por su parte, andaban ocupadas y mucho en la construcción de una línea de ferrocarril que acercase su población a las colindantes, apestada entretanto, por cierto, por el virus del insomnio que los tuvo en vilo cuatro años enteros, respetándoles si acaso el mal algunas vísperas de festivo y contadas fiestas de guardar, lo que les valió para dar un importante adelanto a la faraónica obra de raíles de metal que se traían entre manos, y, al mismo tiempo, acudir noche sí, noche también al espectáculo circense que una comparsa de gitanos ofrecía cada martes en el terraplén donde otrora tuvieran lugar las celebérrimas peleas de perros, prohibidas luego a raíz de la contienda acaecida entre los canes de don Abel Marchante, bautizados bien como Caín y Babel respectivamente, que terminó como a posteriori fuera recogido por el notable literato y librepensador mexicano Sereno Williams Luna en su “Cojera fingida de un animal desvalido”, con el segundo can lisiado de por vida, y una demanda civil por parte de su dueño hacia el propietario del primero de los animales, siendo ambos la misma persona, lo que no evitó que su litigio llegara hasta la Corte Suprema donde se resolvió con rotundo éxito y de manera insólita la referida cuestión de la ofensa, no siendo el único que declaró a favor de Rebeca Buendía aquel joven músico, como venía diciendo, sino que también lo hizo y de buena gana un lazarillo de trece años que había nacido sordo del todo y bizco de un ojo, que guiaba y hacía de sostén ycorreveydile a un señor ciego de los dos, al que su madre parió chiquito y con la voz rota y a quien nunca se le escuchó un desaire salvo cuando tuvo lugar lo que interpretó como un burdo intento, premeditado y sin compasión, de linchamiento del buen nombre de la hija de los Buendía frente al puestecillo de hortalizas de Catalina Verdura, donde entonces sí juró y perjuró a voz partida haber visto de primera mano aquel salivazo en la tierra que ocupaba el espacio que daba paso a la puerta de la iglesia, y que más naranja no hubo jamás visto otra cosa, pese a que siempre se le creyó ciego del todo, dándole a continuación réplica su novel lazarillo quien afirmó haber oído de manera muy nítida a una señora con pamela amarilla banano santiguarse y dar gracias al cielo, a la virgen y a buena parte del santoral cristiano, tras ver a Rebeca primero, estornudar con gran fuerza tras llevarse un pañuelo de seda a la boca como muestra de desaire por el osado gesto del joven intérprete o concertista, que nunca se supo, de intentar salibearle la mano, y, después, despedir una flema en el suelo más bonita que ninguna otra que aquella viera en su casta y recatada vida, pensando de hecho que más que saliva la niña gastaba jugo, y llegando a suponer, arrimando aún más leña a la hoguera, que no era sangre sino néctar de naranja y sin duda de primerísima calidad lo que ocupaba las venas de la primogénita de los Buendía, venas que por cierto nunca se le llegaron siquiera a intuir pese a la palidez de su carne, tampoco el día de su enterramiento cuando ya estaba más seca que una mojama de Cádiz, y que tuvo lugar a sus ciento veintinueve años, ocho meses, dos semanas y cuatro días de edad en las tierras colindantes a un naranjal, pese a que hubo quien afirmó que aquella maraña de vasos, arterias y conductos sanguinolentos había servido de inspiración al arquitecto que esbozó el entramado de raíles que finalmente uniría Colombia tras la sufrida guerra civil mal llamada de los Mil y Tres días.
Pues casi me gusta más este que el original que ha escrito el autor, quien debe estar mordiéndose la mano de pura envidia...

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Re: CF 2 - El jilguero de Sierva María

Mensaje por Estrella de mar » 03 Nov 2016 19:09

¡Qué regalo tan bonito para el pajarillo! Ahora entiendo por qué últimamente está tan charraor. :lol:

Leí hace nada Del amor, me viene al pelo. La verdad es que no me dijo mucho la novelita, por lo que no he acabado de engancharme en un principio. La historia del hijo del panadero la he disfrutado más.

Tiene mucho mérito todos los hilos que se han tejido aquí. Todo esto son las primeras impresiones de la primera lectura. Volveré, ya que la forma de narrar me parece de lo más sugerente. Y porque me da la impresión de que encontraré muchas cosas más. :wink:

Gracias por tirarte al ruedo. :chino:
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Re: CF 2 - El jilguero de Sierva María

Mensaje por Estrella de mar » 05 Nov 2016 14:44

Ese tercer párrafo de La niña melocotón es un párrafo-manta. :lol: Un poquito más de apego al lector, Caleto. :evil: :mrgreen:
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Re: CF 2 - El jilguero de Sierva María

Mensaje por Onomatopeya » 06 Nov 2016 20:43

Mis comentarios serán breves.

Está muy bien escrito, aunque resulta pedante, alejándote de la historia. Pero se ve que dominas la prosa a nivel profesional.
La historia en si es sencilla y de poca fantasía, pero nadie ha dicho que esto tenga que ir sobre brujos. A veces, ,creo que se alargan demasiado los párrafos para decir algo que con dos líneas era suficiente, porque menos es más ;)

Llevo pocas leídas, pero creo que tendrá buena nota por su calidad y profesionalidad, aunque algo menos por la historia en si misma.

Suerte
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Re: CF 2 - El jilguero de Sierva María

Mensaje por Tolomew Dewhust » 06 Nov 2016 21:18

¡¡Qué grande, autor/a!! Me has fascinado!! ¡¡Qué clase, qué pluma, qué magia!! Increíble, orgásmico, cómo me has llevado por esa trama insuperable. El que no te dé uno de sus dos puntos tiene poca idea de literatura. ¡Enhorabuena! :60:
Que Cádiz no tiene reyes solo poetas de carnaval, y para poeta, poeta... mi capitán.

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Re: CF 2 - El jilguero de Sierva María

Mensaje por zilum » 06 Nov 2016 22:10

Tolomew Dewhust escribió:¡¡Qué grande, autor/a!! Me has fascinado!! ¡¡Qué clase, qué pluma, qué magia!! Increíble, orgásmico, cómo me has llevado por esa trama insuperable. El que no te dé uno de sus dos puntos tiene poca idea de literatura. ¡Enhorabuena! :60:
:meparto: :meparto: :meparto:

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Re: CF 2 - El jilguero de Sierva María

Mensaje por Tolomew Dewhust » 06 Nov 2016 22:56

La niña del mar escribió:Ese tercer párrafo de La niña melocotón es un párrafo-manta. :lol: Un poquito más de apego al lector, Caleto. :evil: :mrgreen:
No me digas que no es lo que pega en esta época del año: una buena parrafada_manta y un chocolate bien calentito, :cunao:.
Que Cádiz no tiene reyes solo poetas de carnaval, y para poeta, poeta... mi capitán.

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