Juegos secretos - Todd Field (2006)

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S_Kubrick
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Juegos secretos - Todd Field (2006)

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TÍTULO ORIGINAL: Little Children
AÑO: 2006
DURACIÓN: 103 min.
PAÍS: Usa
DIRECTOR: Todd Field
GUIÓN: Todd Field, Tom Perrotta (Novela: Juego de niños, de Tom Perrotta)
MÚSICA: Thomas Newman
FOTOGRAFÍA: Antonio Calvache
REPARTO: Kate Winslet, Jennifer Connelly, Patrick Wilson, Jackie Earle Haley, Ty Simpkins, Tom Perrotta, Noah Emmerich, Sadie Goldstein, Bruce Kirkpatrick

SINOPSIS: Historia de un grupo de personas cuyas vidas se entrecruzan de forma sorprendente y posiblemente peligrosa en parques, piscinas y calles de su pequeña comunidad. Una madre aburrida (Kate Winslet) se hace amigo de Brad (Patrick Wilson), un padre que se queda en su casa mientras la mujer de éste (Jennifer Connelly) está fuera trabajando. Por otro lado un amigo de Brad, Larry (Noah Emmerich), comienza a inquietarse por la presencia de un pedófilo (James Earle Haley) recién salido de la cárcel. (FilmAffinity)

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Ya hace un montón que no me paso por aquí, lo siento. No he encontrado ningún hilo sobre esta película, así que creo uno nuevo y lo inauguro poniendo mi crítica sobre ella, a petición de Kesito. Esta crítica la retoqué para presentarla en mi taller sobre crítica de cine, la primera que había hecho era bastante menos extensa:

'Little Children' (Todd Field)

Todos tenemos problemas, traumas y secretos

La vida occidental contemporánea recibe una nueva bofetada por parte del cine, en este caso de la mano de Todd Field y Tom Perrotta. Director y escritor de la novela, y ambos guionistas, se encargan de mostrar algunas de las mayores deficiencias de nuestra sociedad, especialmente aquellas que ocultamos o no admitimos que existen.

Los problemas sociales, de inadaptación o traumas de diversa índole son uno de los puntos más recurrentes en esta obra, todos ellos problemas padecidos en mayor o menor medida por toda la población hoy en día, aunque la mayoría no lo sepa, o peor aún, no quiera saberlo. El síndrome del penúltimo tren (bastante reciente y en el que de momento sólo ha indagado a fondo el psiquiatra Enrique Rojas) se percibe claramente en Sarah (Kate Winslet), una mujer que se siente fracasada en la vida y que decide salir de su monotonía vital con lo que considera una última oportunidad, comenzando una relación con otro hombre sin importarle que dicha relación no la lleve a ninguna parte. El síndrome de Peter Pan que Brad (Patrick Wilson) sufre es clarísimo, ya que la madurez en él es increíblemente escasa, por no decir nula (los instantes finales lo dicen todo). Su mujer, Kathy (Jennifer Connelly), es quien lleva los pantalones en todo y le dice lo que debe hacer en cada momento, tratándolo muchas veces como a un niño sin dotarle de capacidad de elección ni responsabilidad. Evidentemente nos encontramos con un síndrome de Wendy, el complementario al de su marido. No debemos olvidar al pedófilo interpretado por Jackie Earle Haley, uno de los personajes más interesante vistos en el cine últimamente, un pervertido que quiere dejar atrás ese gran problema que acarrea, pero que no puede porque la sociedad no le perdona ni da un voto de confianza. Además apreciamos el increíble amor que él y su madre se profesan, el único amor verdadero y sin fisuras de toda la película, lo que le lleva a depender totalmente de ella y no saber llevar una vida solo.Todos en ese vecindario sufren algún problema mental, ya sea psiquiátrico o psicológico, o bien esconden una afición "oscura". Hay una línea de diálogo especialmente representativa sobre todo este submundo de problemas, la dicha por Sheila (Jane Adams) durante la cena, refiriéndose a su ex: “él no quería salir con una enferma mental”. Resulta una referencia bastante directa a una realidad cada vez más asimilada por la sociedad: que todos tenemos hoy en día problemas mentales. Todd Field decidió reflejar todo este universo oculto siguiendo la estela del David Lynch de 'Blue Velvet', mediante una fotografía basada en los claroscuros y marcados contrastes (aunque nunca llegando al extremo de la obra maestra del onírico director). Nuestro compatriota Antonio Calvache hace un estupendo trabajo de iluminación, mucho más destacado en las escenas nocturnas y en algunos interiores. Todo esto se traduce en que las noches (algunos de los momentos cruciales de la historia) y algunos interiores son increíblemente oscuros (la cara oscura, la realidad), con ciertos oasis de luz muy acusados, mientras que los días son bastante luminosos (la cara luminosa, la falsedad que se encarga de ocultar a la noche). La partitura de Thomas Newman es otro importante refuerzo, con temas que van desde lo extravagante o bizarro (el esposo de Sarah), a la candidez que supone un oasis entre tanta mediocridad vital (la escena de la piscina).

Dejando de lado ese aspecto oscuro de nuestras personas, probablemente el más interesante del film, Field también hace hincapié en la vacuidad de la vida del hombre occidental moderno. Nadie en ese barrio parece llevar una vida realmente interesante, sino basadas en la total monotonía (destacable el plano de la casa del pedófilo llena de relojes, clara referencia al inevitable paso y pérdida del tiempo), vidas llenas de situaciones y diálogos intrascendentes, a la par que con una gran falsedad, intentando dar a los demás la sensación de que han triunfado en la vida, aunque en el fondo se sientan los más ineptos y desgraciados del mundo. Kathy y Sarah parecen las únicas excepciones a estas reglas, violando respectivamente la primera (parece una mujer bastante bien situada y satisfecha con su vida) y la segunda regla (Sarah no disimula su insatisfacción vital, se le nota claramente tanto en su actitud como en su expresión). Sarah, especialista en literatura, acaba justificando sus acciones basándose en la actitud de la protagonista de 'Madame Bovary', intentando convencer a otros de que la actitud de dicha mujer es la correcta, y a sí misma de que también lo es la suya propia. La escena de la tertulia literaria es especialmente representativa por mostrar diversos puntos de vista sobre dicha actitud ante la vida. No en vano la película cuenta con una voz en off, un narrador omnisciente que nos remite a la obra literaria de Flaubert, y que conoce todos los entresijos del barrio, además de explicarnos los sentimientos de los diversos personajes con más detenimiento. Es sabido por todos la facilidad para expresar sentimientos e ideas con dicho recurso, usado como un comodín por diversos cineastas, pero éste no es el caso. La voz en off es un simple refuerzo (además de servir como la referencia literaria ya citada) para aquello que visionamos en pantalla. Nada que no podamos percibir sin problemas nos es explicado de ese modo, sino que sirve para matizar o reforzar dichos conceptos y situaciones.

No es necesario destacar el importante papel que desempeña el reparto en una película de esta clase, donde imperan más las emociones que las acciones, la descripción que la narración, y en este caso tenemos a un reparto intachable desde todos los ángulos. Desde un estupendo Patrick Wilson a un magnífico Jackie Earle Haley, que realiza el papel más difícil de la película, aunque también el más agradecido, en un sorprendente regreso a la gran pantalla del que fuera uno de los niños prodigio de los 70, pasando por una Jennifer Connelly a la que el papel se le queda corto y una adorable Phyllis Somerville. Por encima de todos está una imparable Kate Winslet, que brilla en pantalla siempre que aparece, mostrando todos los posibles matices de su personaje, sin duda el que menos se beneficia de la ya mencionada voz en off porque su interpretación muestra todos los sentimientos de nuestra protagonista.

Antes de acabar, un último apunte, en este caso referente no a la película sino a los distribuidores españoles, los cuales tuvieron la genial idea de traducir el inmensamente sugerente (al igual que el póster) título inicial por un estúpido 'Juegos Secretos', más digno de un thriller de sobremesa que de una película de calado tan profundo y complejo como ésta ante la que nos encontramos. Con 'Eternal Sunshine Of The Spotless Mind' cometieron el mismo gran error, y, pese a las críticas sufridas por dicha estrategia (que acabó siendo inútil por otra parte), parece que no aprendieron la lección. Esperemos que la estúpida traducción del título no sea un impedimento para que esta película sea reconocida como lo que es, una pequeña (no por calidad, sino por medios y publicidad) obra maestra que propicia a nuestro habitual medio de vida la gran bofetada que se lleva mereciendo desde hace décadas, y que la sobrevalorada 'American Beauty' (por coincidencias de la vida, dirigida por el ahora marido de la protagonista de ésta) no fue capaz de sacudirle.
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