CP XI El botón del apocalipsis - Zilum

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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lucia
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CP XI El botón del apocalipsis - Zilum

Mensaje por lucia » 17 Abr 2016 22:28

EL BOTÓN DEL APOCALIPSIS


Érase la mujer más insignificante, a la que a nadie le importa su muerte. Érase la mujer que con un dedo puede exterminar a la humanidad.
Los últimos granos de arena se filtraban y Nisa esperaba con impaciencia el momento de su muerte. Tal vez podría reunirse con su marido y su segundo hijo como así dictaba su fe. Los había perdido años atrás o, más bien, se los habían arrebatado. Una bomba en el mercado. Pese a ello, se sentía agradecida por cada instante que había podido compartir con ellos. De no ser por su recuerdo, ella misma hubiera roto el reloj de arena.
Nació hace sesenta años en un país africano de tantos, de los que no despiertan el menor interés en la comunidad internacional. Un país fracturado, en el que un soberano autoimpuesto y varios grupos terroristas se reparten los trozos del pastel. Allí vivió toda su vida, ganándose el pan a golpe de aguja y dedal y, desde que perdió a su familia, sirviendo como voluntaria en una ONG exprimiendo su escaso tiempo libre.
Y por fin aquella cálida luz. El dolor desapareció, pues los calmantes que le suministraban eran escasos, aunque al menos mitigaban su agonía durante un tercio de las horas del día. Su cuerpo se desdobló y su conciencia ascendió hacia aquel brillo de paz. Ahora Nisa esperaba atravesar un túnel, tal y como le había relatado un familiar que había sufrido un paro cardiaco del que había regresado a la vida. Al final le esperarían su marido, su segundo hijo e incluso podría conocer a su propia madre.
Sin embargo, el túnel no aparecía y pronto la paz se tornó en temor. Temor a verse yaciendo de nuevo en aquel lecho, temor a seguir viviendo. No le quedaba nada por lo que luchar, ni siquiera por su primer hijo, captado por un grupo terrorista años atrás. La última vez que sus ojos se encontraron, Nisa no lo reconoció. Su hijo ni siquiera bajó la mirada ante su madre, la única persona en el mundo que lo amaría siempre, hiciese lo que hiciese. Aquel día atisbó su alma corrompida y entonces asumió que no podría hacer nada más por él.
Todo se desvaneció y de la luz se pasó a la más absoluta oscuridad. Se dio cuenta de que estaba de pie, descalza sobre una superficie fría y lisa.
—¿Hola? —preguntó con la voz titubeante, comprobando que no había perdido la facultad del habla.
También se percató de que ya no la atenazaba aquel dolor permanente en el interior de su pecho, tormento desde hacía meses, al contrario, la invadía una vitalidad que jamás había experimentado. Lejos de alegrarla, esto aumentó su desconcierto.
—¿Hay alguien más aquí? —gritó, revelando con su tono a quien quiera que la escuchara la ansiedad que se expandía por todo su cuerpo—. ¿Qué lugar es este? ¿Estoy muerta?
Nadie respondió. Solo la respiración alterada y el latido del corazón retumbando en sus oídos rompían aquel silencio teñido de oscuridad. Pensó que si se quedaba quieta acabaría por desmayarse, así que decidió comenzar a caminar. Mientras se desplazaba a tientas recordó a su amiga Luya, invidente de nacimiento, y se imaginó que lo que estaba experimentando había sido su día a día. Tal vez Nisa se había quedado ciega, pero eso no explicaría sus energías renovadas. Descartada la ceguera, su siguiente pensamiento le sobrevino como un torbellino devastador que la arrastró de la desazón a un pánico incipiente. ¿Y si se había convertido en un alma en pena, condenada a vagar en las sombras durante toda la eternidad? Como si tratase de huir de aquella pesadilla más real que la vida misma, comenzó a correr lo más rápido que pudo, bramando con rabia contra aquella nada infinita.
—¿Hacia dónde corres? —le preguntó una voz masculina, grave y carrasposa, desde el interior de su cabeza. Nisa se detuvo con brusquedad echando las manos a la frente—. Tienes que disculparme, llego con un poco de retraso.
—¿Quién eres? —inquirió jadeante—. ¿Estoy muerta?
—Tu cuerpo descansa en el lecho, pero tú estás aquí —explicó aumentando el desconcierto de Nisa—. Quiero decir… que se ha creado este plano para ti. Tu cuerpo sigue en el mundo que recuerdas y al mismo tiempo tú, tu alma, ha tomado un nuevo cuerpo. —Aquella voz hizo una breve pausa—. ¡Bah! ¡Sigues viva!
A la mujer de piel oscura le surgieron tantas y tantas preguntas que su voz se quebró cuando intentó formular una de ellas. En un momento de lucidez entre la confusión generada por aquella situación imposible, pensó que lo mejor sería guardar silencio y esperar a que aquella voz le desvelase algo más.
—Desde que has llegado no has cerrado los ojos ni un instante —comentó la voz provocando que Nisa se sonrojara. Era verdad—. Aún perdida en la mayor de las tinieblas te encomiendas a los sentidos, muy humano por tu parte. ¡Vamos! Te estoy esperando, tienes la puerta delante de ti.
La mujer estiró las manos instintivamente tratando de palpar la puerta de la que hablaba aquella voz, pero, al comprobar que no había nada, las escondió avergonzada tras la espalda. Finalmente, cerró los ojos mientras suspiraba. A Nisa siempre le había costado concentrarse, desde niña fue una mujer muy fantasiosa y eso no cambió con el paso de los años. En aquella situación su mente dispersa no ayudaba, pues no paraba de concebir teorías sobre lo que estaba viviendo o puede que soñando. Si el tiempo existía en aquel plano, transcurrieron por lo menos diez minutos de silencio sin que nada cambiase hasta que, tras grandes esfuerzos, logró vaciar su mente. Entonces la vio. Realmente estaba justo delante de una puerta que emitía un suave resplandor celeste. Nisa sonrió por primera vez. Con curiosidad giró el pomo de la puerta y la abrió para descubrir una pequeña sala.
—¡Bienvenida a la nave del apocalipsis! —la recibió aquella voz que esta vez le entró por los oídos—. Ya puedes abrir los ojos.
El que hablaba era un anciano de piel morena, cabellos canos, cortos y rizados, rasgos amables pero pícaros, vestido con pantalón y camisa de lino color pastel. Se levantó con agilidad de su asiento, un sencillo sofá verde oliva de dos plazas. Los iris castaños de Nisa escrutaron al hombre y la pequeña sala. Además del sofá y del suelo, paredes y techo irradiando aquel celeste que transportaba a cielos despejados, tan solo había un componente más, justo al final de la sala: un pequeño panel metálico con un cilíndrico botón rojo. El hombre cerró la puerta y la invitó a sentarse y fue entonces cuando por primera vez Nisa miró hacia abajo. Vio su cuerpo ataviado con un precioso vestido de tela con flores bordadas en hilo o, más bien, vio el que había sido su cuerpo en la juventud, con su piel tersa, suave y brillante. Se acarició la cara y comprobó que tampoco había rastro de la cicatriz que le atravesaba el rostro, recuerdo de aquel violador que la rajó para doblegarla.
—El Gran Jefe pensó que así estarías más cómoda —susurró el hombre con una sonrisa. La miró de arriba abajo y asintió con la cabeza en un par de ocasiones—. Estás bastante bien, si me lo permites, pero lo siento, no puede haber nada entre nosotros. Soy muy profesional y trabajo es trabajo.
—¿Quién…? —trató de preguntar Nisa, pero su voz volvió a romperse. El miedo había desaparecido reemplazado por una perplejidad abrumadora.
—Puedes llamarme Lucius —se presentó el anciano, que se acomodó de nuevo en el sofá. Nisa, aunque dubitativa, hizo lo propio—. Aquí estamos.
—¿Eres un ángel? —acertó a preguntar.
—¡Sí, un ángel caído! —respondió Lucius soltando una carcajada—. ¿Acaso me ves alas y una bonita aureola sobre la cabeza? Niña, ni siquiera oposito para ello. Verás, entre tú y yo, la he cagado unas cuantas veces, pero he ido mejorando aunque los de arriba no sepan apreciarlo. —Hizo énfasis en esta última palabra—. Vale, no está bien visto arrasar aldeas, pero en vidas posteriores no lo… —El hombre cerró los párpados con fuerza, como si sintiese un dolor punzante. Nisa lo miraba sin entender nada de lo que estaba ocurriendo. De repente, el hombre se puso en pie y comenzó a hablar sin dirigirse a la mujer, encogido de hombros y con semblante arrepentido—. ¡Vamos, si solo buscaba romper el hielo! —se justificó—. Ya sé por lo que estoy aquí, jefe, pero es que la vi tan nerviosa. —Lucius guardó unos segundos de silencio, como si escuchara—. No, de acuerdo, confesarle que he arrasado aldeas a lo mejor no ha sido una buena idea. Me centro, prometo que me centro, jefe.
Ahora Nisa pensó que estaba encerrada con un loco.
—Ya te contaré en otro momento cómo he ido progresando —le susurró a la mujer—. Pero vayamos al grano. El Gran Jefe te ha elegido, niña. ¿Ves ese botón rojo? —Lucius señaló hacia el panel metálico. Nisa asintió—. Es el botón del apocalipsis. Si lo pulsas el ser humano se desactivará.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de la mujer.
—¿Desactivar?
—Vamos, que todos los humanos la palman al instante, la cascan, la espichan, pero sin dolor, ¿eh? Un plácido sueño final. Por si no quedó claro, lo que quiere decir es que si pulsas ese botón exterminas la humanidad, ¡la extingues para siempre!
—¿Pero por qué iba a hacer tal cosa? —preguntó escandalizada con los ojos abiertos de par en par.
—¿Que por qué? —respondió con una sonrisa burlona—. Diantres, sobran motivos para exterminar esa lacra, ¿no crees? ¿No te ha bastado con la vida que has padecido para tenerlo claro?
—¿Pero hablas en serio? —Cada vez estaba más convencida de que estaba soñando—. En caso de que esto fuera real, ¿por qué me iban a elegir a mí para decidir algo tan relevante?
—Verás, —el viejo Lucius se rascó la cabeza—, el Gran Jefe pactó con los primeros humanos darles total libertad para vivir su vida, el libre albedrío, y así ha sido a lo largo de los siglos. La cuestión radica en que para romper ese pacto es necesario un nuevo acuerdo entre el Gran Jefe y un ser humano vivo y tú eres el ser humano que el Gran Jefe ha elegido.
—Pero si estoy a punto de morir, incluso puede que ya esté muerta —dijo Nisa.
—Si estuvieras muerta me ahorrarías explicaciones —susurró Lucius, percatándose al instante de su metedura de pata—. ¡Quiero decir, que si hubieses fallecido recordarías todo! —añadió apuradamente—. Sabrías que es lo que hay entre el tránsito entre la muerte y la nueva vida y recordarías todas las lecciones aprendidas en las vidas pasadas. Ahora todo esto no lo comprendes.
—¿Quieres decir que he vivido más vidas como humana? —preguntó con asombro.
—Así es el ciclo de las almas. Vives una vida, libre, pero por el camino te encuentras señales que puedes aprovechar o puedes desperdiciar. Esas señales son adversidades, personas, oportunidades, un simple sueño… —Lucius hablaba con premura, como si le molestara explicar algo que a él le resultaba tan obvio—. Cuando tu vida llega a su fin, entonces toca repasar lo positivo y lo negativo y es ahí cuando hay que centrarse en los errores para elegir o que te sea impuesta la próxima vida. El objetivo de todo esto es crecer y crecer hasta trascender y llegado ese momento se acabó la reencarnación.
—¿Y si desperdicias las señales? —preguntó la mujer, que por un momento se sentía fascinada ante las explicaciones de Lucius, fuesen o no fuesen más que una ensoñación.
—¿Eso va por mí? —bromeó el hombre con una amplia sonrisa que descubrió su desalineada dentadura falta de piezas—, porque soy un experto. Verás, niña, si desperdicias las señales te reencarnarás de nuevo, pero lo más probable es que te toque una vida donde lo pases bien jodido, no sé si me entiendes. Pero no se trata de venganza, sino de seguir aprendiendo lecciones.
—De acuerdo, creo que lo entiendo —asintió Nisa—. Lucius, entonces, ¿qué quiere el Gran Jefe de mí? No tengo intención de apretar el botón.
—El Gran Jefe ha perdido la fe en la humanidad —aseguró Lucius. Ahora su semblante era serio—. Cree que ha llegado la hora del juicio final, que no es otra cosa que juzgar cada alma individualmente.
—Pues si te soy sincera no creo que yo sea la persona adecuada, Lucius. Dile que…
—¿Insinúas que el Gran Jefe no ha elegido a la persona adecuada? —interrumpió el hombre, tras lo que soltó una carcajada seca—. Hasta yo creo que eres la persona adecuada. Humana, de corazón puro, al borde de la muerte y sin nada que te ate a la tierra. Tu marido y tu hijo pequeño asesinados. El mayor es un caso perdido, mejor no hablar de ello. Has vivido en la miseria y pese a ello has ayudado al prójimo todo lo que has podido. ¡Niña, no se me ocurre una persona más idónea para tomar esta decisión!
La mujer tragó saliva y bajó la mirada. No quería ser la responsable de aniquilar a la humanidad, pero si el que se suponía que era su dios la había elegido para tomar la más relevante de las decisiones debería empezar a asumirlo. Sus ojos se desviaron con resignación hacia el botón rojo del apocalipsis.
—Está bien —accedió Nisa con gesto triste—. Dadme unos minutos para pensarlo.
A pesar de aceptar la tarea, sabía que su decisión estaba tomada. Tan solo tendría que buscar una justificación para darle una nueva oportunidad a la humanidad.
—Un momento, niña, pero creo que te falta información —susurró Lucius, que le ofreció la mano para ayudarla a levantar. Nisa la estrechó y se puso en pie—. Sé que es mucha presión, pero piensa que nadie te juzgará por esto y seguro que el Gran Jefe te recompensará por este mal trago. ¿Estás lista para un pequeño viaje?
—¿Viaje? ¿A dónde? —preguntó desconcertada.
El anciano apoyó la palma de la mano en la pared sin soltar con la otra la de Nisa y, de repente, las paredes de la gran sala se bañaron en mil colores que se transformaron en imágenes de la humanidad. La mujer contempló la muerte de la guerra y sus negocios manchados de sangre, la manipulación de los órganos de poder al servicio de sus propios intereses, le fueron reveladas las grandes conspiraciones de la humanidad, conoció el primer mundo y se estremeció al descubrir vidas nadando en la abundancia hasta el punto de tirar alimentos o amargarse por no poseer más y más, vio a sus hermanos morir ahogados al naufragar pateras próximas a la costa… y comprendió el daño del ser humano al planeta al observar aves embadurnadas de hidrocarburos, una isla de residuos en medio del océano, chimeneas humeantes manchando los cielos o selvas taladas con sus animales huyendo. Nisa contempló todo esto y mucho más hasta que sus ojos se quedaron secos de lágrimas y su alma sumida en tristeza e indignación.
—¿Por qué? —balbuceó con la mirada perdida.
Lucius le liberó la mano.
Cuando Nisa se recompuso sus ojos se clavaron en el panel. Todo había cambiado. Caminó decidida y se detuvo frente al botón rojo. La humanidad era una lacra que había que exterminar. Generaciones y generaciones habían poblado la Tierra durante siglos, almas y almas con nuevas oportunidades de redimirse, ser mejores, crecer, trascender, pero ¿para qué? ¿Para esto? El juicio final determinará quién es merecedor de ser acogido por el Gran Jefe y el que no…
—Mi hijo —murmuró Nisa con el rostro palidecido. Se volvió hacia Lucius—. ¿Qué pasará con mi hijo mayor?
—Con tu hijo el terrorista se hará una excepción —se apresuró a asegurarle—. Supongo que llevará unos buenos cachetes, pero puedes estar tranquila.
Suspiró aliviada, aunque había algo que no la terminaba de convencer. Por una parte deseaba salvarlo de un veredicto que se presagiaba desfavorable para su suerte, pero por otro lado debía ser él el que se ganase su salvación. Sacudió la cabeza tratando de evadirse de aquel pensamiento para recordar todo lo que Lucius le había mostrado. Cuando la yema de su dedo índice tocaba por primera vez el botón del apocalipsis y se disponía a presionarlo, una repentina necesidad por comprobar qué sería de su hijo pequeño irrumpió con vehemencia desde lo más profundo de su ser. Apartó el dedo, provocando que Lucius frunciera el ceño, y sin pedirle ayuda, simplemente guiándose por su instinto, se alejó del panel para situarse frente a una de las paredes y posar su mano en ella. Cerró los párpados con fuerza pensando en su hijo pequeño e, inmediatamente, su deseo se proyectó sobre la superficie tras atravesar un túnel multicolor. Abrió los ojos y allí estaba su hijo, pero presentaba un aspecto diferente. Ya no tenía los poco más de veinte años de cuando fuera asesinado, no, ahora era de nuevo un niño de cinco. Su piel no era oscura ni sus ojos castaños, sin embargo, a Nisa le bastó una simple mirada para reconocerlo, para vislumbrar su alma. El pequeño estaba sentado en la mesa de una lujosa cocina, con sus nuevos padres cocinando alegremente mientras él dibujaba en un papel una nave espacial. Había heredado el sueño de su vida pasada: ser astronauta.
—Ahora sé que lo conseguirás —susurró Nisa, pero al momento se percató de que estaba a punto de imposibilitar ese sueño—. Lo siento, pero debo hacerlo.
Pese a este último pensamiento, se sintió complacida al reencontrarse con su hijo pequeño y percibir su felicidad. Se despidió con un beso al aire y, sin poder evitarlo, sucumbió al deseo de hacer un segundo viaje. Quería volver a ver a su hijo mayor una última vez. Había tratado de convencerse a sí misma de que había perdido la esperanza en él, pero seguía siendo su hijo. Tal vez no fuera una buena idea, pero lo hizo, pensó en él sin apartar la mano de la pared y atravesó el tiempo y el espacio hasta aparecer en…
Las lágrimas que se habían agotado manaron de nuevo en un manantial que regó la más hermosa de las sonrisas, la de una madre. Entonces lo comprendió todo.
—No pulsaré el botón del apocalipsis —sentenció tajantemente.
—¿Cómo? ¿Pero qué has visto para cambiar de idea? —preguntó Lucius con una mezcolanza de perplejidad y decepción en su semblante. Al no entrar en contacto con la mujer no había podido contemplar sus visiones—. ¡Es un trato justo!
—Dile al Gran Jefe que no pierda la fe —dijo Nisa sin apartar la mano de la pared—. Un padre nunca lo hace, por mucho que su hijo lo decepcione siempre conserva esperanza. Lucius, dile que no pierda la esperanza en su humanidad.
—¿Pero has olvidado todo el mal que te he mostrado? —replicó Lucius, irritado, alzando la voz por primera vez—. ¡El mundo se pudre! ¡No hay remedio!
La mujer le ofreció la mano libre. El anciano la agarró con desagrado y entonces pudo observar en la pared el viejo cuerpo de Nisa tumbado en el lecho del hospital con un hombre arrodillado junto a ella, llorando desconsoladamente y suplicando perdón entre balbuceos.
—Yo soy su señal —aseguró Nisa con los ojos cerrados, con esa sonrisa imborrable, con esas lágrimas—. Mi muerte será su señal y esta vez la aprovechará.
Lucius, preso de ira, se liberó de la mano de la mujer con violencia y abandonó la sala.
Cuando Nisa abrió los ojos estaba en el lecho con su hijo a su lado, tal y como le había revelado la sala celeste. El Gran Jefe le había concedido unos granos de arena más, le había regalado unas últimas palabras para que su hijo creciera y, si lo conseguía, la humanidad también lo haría.

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Landra
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Re: CP XI El botón del apocalipsis

Mensaje por Landra » 19 Abr 2016 01:57

Hace rato que lo he leído y se me ha olvidado comentarte.

El relato en sí, es fácil de leer. Quizás un poco trillado el tema en cuestión, al menos por mi parte. Y lo peor, para mí claro, es el final. Me esperaba que los mandaras todos a tomar por... que a veces pienso que es lo que se merece esta raza que simula al peor de los virus...

Un saludo.
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Re: CP XI El botón del apocalipsis

Mensaje por blinder » 20 Abr 2016 02:40

Hola Autor/a

El relato, como dice Landra, es fácil de leer. Yo sí que comprendo por qué ella no acaba con la humanidad, da una segunda oportunidad a su hijo. Aunque por otra parte sí que somos una lacra o un virus.

No he visto fallos en una primera lectura, la idea un poco rocambolesca pero se defiende bien y el final me ha gustado.

Gracias y suerte.
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Re: CP XI El botón del apocalipsis

Mensaje por Mister_Sogad » 20 Abr 2016 08:10

Vaya autor/a, no es mi temática favorita, eso te lo reconozco, pero qué bien desarrollado está tu relato, tienes oficio y no he tenido necesidad en ningún momento de abandonar la lectura o tan siquiera distraerme (esto es difícil porque últimamente me distraigo con facilidad), así que me ha gustado. Es curioso porque la historia me llama poco, cosas mías obviamente, pero creo que se me va a quedar fácilmente en la cabeza revoloteando y eso siempre es gracias al trabajo del autor/a.

Como pega... me choca lo del cristianismo aquí, seguramente porque estoy poco informado, pero te lo señalo por decir algo.

Por lo demás, buen trabajo autor/a. :60:
Imagen Pon un tigre en tu vida.

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Re: CP XI El botón del apocalipsis

Mensaje por Berlín » 20 Abr 2016 08:20

Lo dicho, creo que ya llevo demasiados concursos vividos. Verás, estos sueños hospitalarios, viajes hacia la luz, o como se les quiera llamar ya los he vivido en otros certámenes. En el tuyo hay un botón rojo y la posibilidad de acabar con el mundo y mandarlo a tomar por el culo, y como en la navidad de Dickens nuestra prota se da un paseo y viene con los pelos de punta de ver lo jodido que está todo. No me extraña, si que está todo muy jodido. Ve a su hijo pequeño y se alegra de que tenga otra oportunidad, y una vida más buena. Luego ve al otro, al descarriado, y ve que también tiene remedio y piensa que el mundo también lo tiene, y qué quien carajo es ella para decidir algo asi. Este mensaje me gusta.

En fin, conclusiones: el comienzo me parece más de lo mismo, pero lo que me cuentas al final me ha conmovido.

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Re: CP XI El botón del apocalipsis

Mensaje por Isma » 21 Abr 2016 11:10

Estupendo. Me ha gustado mucho y me ha emocionado un poquito. Me gusta que la mayor parte del texto sea un diálogo, hace que la lectura sea muy entretenida. Hay dos puntos que creo se pueden mejorar: el momento en que ella muere y queda flotando en un vacío es irrelevante, no me dice nada de ella ni contribuye a la historia; y el momento en que él le muestra la maldad y degeneración del mundo es demasiado rápido, el cambio demasiado radical como para resultar creíble. Quizás hubiera sido mejor enfocarlo de otra manera. Que ella esté cansada de tanta lucha, y él le de argumentos para convencerla, para reforzar su hastío y orientarla a que "abandone" a la humanidad a su propia suerte. Que ella estuviera indecisa, sobre todo por la magnitud de la decisión. Mejor esto que mostrarle imágenes del mundo y que ella pase de querer salvar a la humanidad a querer desatar el apocalipsis.

Si yo fuera Nisa habría querido hablar con el Gran Jefe, mirarle cara a cara. Por otro lado, si una persona ideal para la Decisión como es Nissa no ha trascendido, ¿quién trasciende? La Trascendencia, qué buen concepto para otra historia.

Me ha gustado mucho. ¡Suerte!

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Re: CP XI El botón del apocalipsis

Mensaje por Isma » 21 Abr 2016 11:11

Mister_Sogad escribió:[...] últimamente me distraigo con facilidad [...]
Tienes que probar a leer sin las gafas multicolor esas que te pones 8).

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Re: CP XI El botón del apocalipsis

Mensaje por zilum » 21 Abr 2016 17:47

¡¡Hola autor/a, he disfrutado este relato de principio a fin!! :alegria:

Y es que la temática en sí me atrae mucho (en ese sentido partes con ventaja) y la lectura me ha resultado muy fluida. Tal vez la mayor crítica que te podría poner coincide con la de Isma, y es que el final se resuelve demasiado rápido, aunque me parece un gran final, con ese giro cuando parecía que Nisa tenía la decisión tomada.

Además, me parece un buen punto el debate de qué haríamos cada uno de nosotros en esa situación. :vb_570: Yo, aunque a veces a uno le darían ganas de pulsarlo, estoy seguro (o casi, habría que verse ahí) de que no lo haría...
Mister_Sogad escribió:Como pega... me choca lo del cristianismo aquí, seguramente porque estoy poco informado, pero te lo señalo por decir algo.
Mister_Sogad, yo diría que es un conglomerado con partes de distantas creencias. Por un lado hay un dios, el Gran Jefe, como en tantas religiones; por otro hay reencarnación, eso encajaría más con el budismo y seguro que otras que desconozco; luego tenemos al Lucius, que suelta medio en broma medio en serio lo de que es un "ángel caído", así que podría representar a Lucifer, del cristianismo... A mí esa variedad me gusta especialmente y estoy deseando que el autor/a nos desvele algo más.

Y el final me da que pensar, por ejemplo, Isma, lo de que si Nisa no ha transcendido, quién trasciende, pues... ¿y si el botón del apocalipsis fuera la prueba final para ver si trascendía o incluso era ascendida a un puesto más elevado? No sé, a lo mejor es muy rebuscado y realmente era que el Gran Jefe estaba hasta los celestiales mismísimos.

Me ha gustado mucho, lo he disfrutado, autor/a!! :D
Suerte!

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Re: CP XI El botón del apocalipsis

Mensaje por Dama Luna » 21 Abr 2016 21:47

Me ha parecido un muy buen relato, resuelto técnicamente de maravilla, y yo no sé si la historia está o no muy vista, (a mí no me lo parece) pero me ha conmovido. Es difícil mover las emociones del lector en un texto tan cortito sin recurrir a artimañas tramposetas, y tú lo has logrado.
Enhorabuena, vas en cabeza en mi lista (al menos de momento)!

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Re: CP XI El botón del apocalipsis

Mensaje por Isma » 21 Abr 2016 22:40

zilum escribió:Y el final me da que pensar, por ejemplo, Isma, lo de que si Nisa no ha transcendido, quién trasciende, pues... ¿y si el botón del apocalipsis fuera la prueba final para ver si trascendía o incluso era ascendida a un puesto más elevado? No sé, a lo mejor es muy rebuscado y realmente era que el Gran Jefe estaba hasta los celestiales mismísimos.
No se me había ocurrido, pero sería un poco tramposete, ¿no? El Gran Jefe recurriendo a un pequeño engaño para saber si asciende o no a un alma. Qué va, la trascendencia debe ser intrínseca. Sí, es materia suficiente para otro relato...

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Re: CP XI El botón del apocalipsis

Mensaje por ciro » 21 Abr 2016 23:59

Parte formal: correcta.
Argumento: puff, no puedo con él. Lo siento. Tiene todo lo que no me gusta: moralina, seres todopoderosos, mezcla de reencarnaciones con dioses supremos, regañina a la humanidad, segundas oportunidades,buenismo,...Debe ser problema mio, pero me gustan más los relatos sin esperanza. Este me suena a "Que bello es vivir" y ya la he visto muchas veces en Navidades para que me siga emocionando.
El pueblo debe desconocer siempre dos cosas: con qué se hacen las salchichas y como actúan los estados

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Re: CP XI El botón del apocalipsis

Mensaje por Fernweh » 22 Abr 2016 02:08

:hola:
El relato está escrito de una forma muy fluida y engancha, y el argumento lo veo poco original, pero no por ello malo. En líneas generales me ha parecido que está todo correcto. Lo he disfrutado :60:.
" El futuro es más ligero que el pasado, y los sueños pesan menos que la experiencia porque la vida no vivida es más leve, tan leve."
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Re: CP XI El botón del apocalipsis

Mensaje por Leticiamc » 22 Abr 2016 19:37

Me ha gustado esta historia, se me ha hecho muy amena y quería saber más y más. El final me gustó quedándome una buena sensación.
Enhorabuena y suerte

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Re: CP XI El botón del apocalipsis

Mensaje por indigeitor » 23 Abr 2016 14:14

Hoy estoy vago, así que emulo el comentario de ciro. Y poco más.

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Re: CP XI El botón del apocalipsis

Mensaje por Gizuy » 24 Abr 2016 01:26

El relato está muy bien escrito. A mí me ha resultado cómodo de leer, pero ya había leído algo muy parecido antes y por eso no lo he podido disfrutar tanto.
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