El bujío de Santa Catalina 2 (Bordeando la realidad)

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jilguero
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Re: El bujío de Santa Catalina 2 (Bordeando la realidad)

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La vida en tu bolsillo





La vida en tu bolsillo.jpg


Cuando me encontraste en aquel ya casi olvidado atardecer, yo era un verso suelto que se jactaba de ser libre y de amar la soledad por encima de todo.

Me recogiste con el mismo apresuramiento y con la misma codicia con los que lo habría hecho un niño que creyera haber encontrado un tesoro. Y una vez en tu mano, me contemplaste por lo menudo y en tu rostro adiviné ilusión y regocijo. No me extrañó, pues, que te apresuraras a ponerme un nombre —señal inequívoca de que pasaba a formar parte de tu vida—, ni tampoco que decidieras guardarme en la calidez crepuscular de tu bolsillo.

Venía de vivir a la intemperie y aquella vida entre penumbras azulonas se me habría hecho insoportable de no ser porque tu deseo de volverme a contemplar, cuando no de acariciarme o de hacerme partícipe de alguna confidencia, hacía que me sacaras con frecuencia del bolsillo de tu chamarra. Y después de tantos años cargando en solitario con el peso de mi destino, que alguien decidiera por mí y me diera cobijo acabó siendo un grato hallazgo a la vez que un gran alivio.

Pero esos primeros momentos de mutuo descubrimiento y fascinación nunca duran mucho. Tampoco a nosotros nos duraron: te acostumbraste a tenerme a mano y, aunque no fuera ese mi deseo —me gustaba causarte embeleso—, pasé pronto a formar parte de tu apacible cotidianidad. Y como suele ocurrir en tales circunstancias, el tedio se adueñó de nosotros. Ya ni siquiera sentías la necesidad de sacarme del bolsillo. Te bastaba con meter la mano en su interior para rozarme con la yema de los dedos y tener así la certeza de que yo seguía estando dentro.

Inmersos en aquella aparente indiferencia, aprendimos a convivir sin un mal gesto y sin el menor atisbo de amargura. Me habías convertido en esa sutil compañía que hasta los más solitarios necesitan para poder disfrutar del tiempo que pasan a solas. Yo había dejado, pues, de ser del todo libre y no tardé en darme cuenta de lo mucho que añoraba mi primigenia condición de verso suelto.

Sé que debería haberme rebelado. Pero no lo hice porque el deslumbramiento del principio quedaba ya demasiado lejos y la tentación de conformarme con aquella vida tan cómoda era demasiado grande. Se impuso poco a poco la indolencia y, conforme esta iba ganando terreno, se fue acallando mi anhelo de recuperar mi anterior estado de romero siempre avanzando por caminos nuevos.

Aquella no era una vida mala, pero sí una vida a medias. Un fuego sin llamas, un capitán sin tropa, un castillo sin almenas, una ventana sin vistas, un mar sin olas… Sobre todo a partir de que te volviste más sedentario y tu vieja chamarra azul, otrora inseparable de ti, comenzó a pasar más tiempo colgada del perchero que de tus hombros. Llegué a creer que te habías olvidado de mí y que las raras veces en las que aún me rozabas con las yemas de los dedos lo hacías por un simple acto reflejo. Y aunque en cierto modo tuviera razón, me fue de gran consuelo comprender que la culpa no era tuya ni tampoco mía.

Estábamos en invierno y en la casa había un agradable olor a leña quemada. Cuando esa vez me tocaste, tus dedos —habitualmente tan cálidos— estaban helados. Su frialdad no fue, sin embargo, lo que me sorprendió, sino el que me tocaras con la extrañeza de quien no sabe lo que está tocando. Después de no haberlo hecho durante mucho tiempo, me sacaste del bolsillo y, una vez en la palma de tu mano, me miraste con asombro. Luego me acariciaste con una ternura reverdecida y, por un momento, creí que esa era tu forma de pedirme perdón.

Mientras tus fríos dedos seguían recorriendo mis contornos, vi que achinabas los ojos tratando de hacer memoria. Pasados unos minutos que se me hicieron eternos, abriste los ojos de par en par y pude ver en tus pupilas la inconfundible luz del atardecer; y en tu cara, la ilusión y el regocijo del niño que acaba de descubrir un tesoro. De haber habido algún otro testigo, hubiera pensado que me mirabas a mí y, sin embargo, en ese momento tu mirada era tan vacua como la del ciego que solo ve lo que hay en el interior de su cerebro.

La edad había hecho mella en tus neuronas, convirtiéndote en prisionero de ese instante, fugaz y esquivo, que es el presente. Habías perdido la memoria y, con ella, a ti mismo. Y yo, ese verso libre y solitario, al que antaño pusiste nombre y guardaste en tu bolsillo como quien guarda un tesoro, era ahora la rendija entreabierta por la que, aunque solo fuera de puntillas, te podías asomar al pasado para rencontrarte contigo mismo.

Esta vez, la ilusión y el regocijo que reflejaba tu rostro no eran por haberme descubierto a mí, sino por haber descubierto al que tú eras en aquel olvidado crepúsculo. Pero verte de nuevo ilusionado y contento, como si fueras un chiquillo, conmovió mi impasible corazón de guijarro e hizo que todos esos largos años de penumbra y abandono cobraran al fin sentido.

Y por eso, pese a haber tenido que renunciar a mi genuina condición de romero, desde ese día sé que mi vida en tu bolsillo ha merecido la pena.



Romero sólo.jpg




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Re: El bujío de Santa Catalina 2 (Bordeando la realidad)

Mensaje por luchana »

¿Me decís que es una pega?
Última edición por luchana el 26 Nov 2021 11:21, editado 1 vez en total.
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Re: El bujío de Santa Catalina 2 (Bordeando la realidad)

Mensaje por jilguero »

luchana escribió: 26 Nov 2021 11:13 ¿Me decís que es una pega?
Es como los paisanos de Greto llaman a la urraca (Pica pica).

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Re: El bujío de Santa Catalina 2 (Bordeando la realidad)

Mensaje por luchana »

Me gustan cundo me las encuentro caminando a saltitos...
A veces creo oirlas, y me despiertan, paseando por encima de la rulot en la que paso el mes de agosto en Laredo.
Y sobre los saludos en la ciudad no uelo saludar, me da corte. En el barrio, cerca de mi portal a veces... Suelo ver gente que parece desconfiada. En el monte si que nos saludamos, y sienta bien.
Gracias por el verso suelto...
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Re: El bujío de Santa Catalina 2 (Bordeando la realidad)

Mensaje por luchana »

Pongo aqui la letra para los que como yo, perdemos algunas palabras del verso.


Un Verso Suelto
Luis Eduardo Aute

Siempre fui dócil al ser reclamado
Para ser cauce de alguna quimera,
Aunque ese cauce tal vez no sirviera
Para achicar todo el cieno estancado.
Fui poco amigo de la desmesura
Porque es sabido que todo en la vida
Es, más que nada, cuestión de medida
Sin renegar de una buena cintura.
Y así compongo este poema
Correcto y comedido,
Quizás algo rendido
Al canon del esquema.
Por ello pido
No ser absuelto
Por no haber sido
Un verso suelto.
No puse en duda el respeto al contrario
Aún a sabiendas de que el veredicto
Sobre el poder y la calle en conflicto
Lo dicta siempre el ladrón del erario.
Nunca me he opuesto a la luz de la ciencia
Que alumbra todo lo desconocido,
Pero quisiera saber qué sentido
Tiene esta broma llamada existencia
Fuente: Musixmatch
Autores de la canción: Luis Eduardo Aute
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Re: El bujío de Santa Catalina 2 (Bordeando la realidad)

Mensaje por jilguero »


Por sí no me había enterado, Cata, de que hace frío, hoy me han salido al paso, en mi paseo matutino, un par de tifas o aguzanieves (Motacilla alba) justo por la zona por donde días atrás vi los colirrojos tizón.

Imagen

Pese a ser aún temprano, estaban ya muy espabiladas y juguetonas. Por un momento me pregunté si aquel juego no sería el del cortejo (estoy más acostumbrada a verlas solas o, si hay más, cada una a lo suyo), pero de vuelta a casa he mirado cuándo se reproducen y es demasiado pronto para que ya se anduvieran emparejando.

Creo que no había visto ninguna desde el pasado enero en Sevilla, cuando una se cruzó en mi camino justo antes de que un bando de palomas torcaces en vuelo me hiciera rememorar a mis abuelos paternos. Esta vez, ha sido la propia pareja de aguzanieves la que me ha hecho recordar una fría mañana de mi infancia en la que, sin saberlo, me convertí en adarga. ¿Por qué me ha venido el recuerdo no lo sé, pero sospecho que porque aquella mañana, al salir de casa forrada de ropa, debí ver alguna tifa, aunque ya no lo recuerde.

Sí recuerdo, en cambio, el frío que pasé en aquel viaje en moto a Nueva Carteya y lo desagradable que me resultó la visita que allí hicimos. Igual un día de estos bordeo la realidad para regresar a aquella mañana y te lo cuento en una pamplina. :wink:

luchana escribió: 26 Nov 2021 11:27 Me gustan cundo me las encuentro caminando a saltitos...
Es verdad, las urracas saltan, aunque te diría que también las he visto caminar, solo que con paso lento y parsimonioso que no se parece en nada en el veloz de las tifas.

Por lo visto, los especies que pasan la mayor parte del tiempo en los árboles suelen saltar más entre las ramas y eso hace que hayan desarrollado patas más eficientes para saltar y, por eso, lo hacen también cuando están en tierra. Por el contrario, las que persiguen sus presas en tierra es más frecuente que corran y sus patas están mejor adaptadas a la carrera. En realidad es una cuestión de que hagan con más frecuencia una cosa u otra, pues yo creo que la mayoría hacen ambas cosas.
luchana escribió: 26 Nov 2021 11:27 paseando por encima de la rulot en la que paso el mes de agosto en Laredo.
¿Tienes una rulot o la alquilas? Lo digo porque venir con una rulot desde Ibiza debe ser más complicado que con un coche normal.
luchana escribió: 26 Nov 2021 11:36 Pongo aquí la letra para los que como yo, perdemos algunas palabras del verso.
Gracias. Elegí esta canción para la pamplina porque me gusta esa contraposición entre "Fui poco amigo de la desmesura [...]Y así compongo este poema, correcto y comedido" y ese pedir "No ser absuelto, por no haber sido, un verso suelto".

Se eligen caminos y, al hacerlo, en parte conformamos nuestros propios destinos. Pero forma parte de nuestra naturaleza el que, si somos honestos con nosotros mismos, siempre encontraremos ese punto de insatisfacción al que solo le podríamos poner remedio teniendo más de una vida. Por eso, Cata, yo de momento me he pedido dos más. Lo malo es que, desde que conocí a Soledad Silvestre , dudo si deseo pasar una de ellas en un convento de clausura, como sor María de la Isla, o en un manicomio con amplia zona ajardinada, como el de Soledad :cunao:.


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Re: El bujío de Santa Catalina 2 (Bordeando la realidad)

Mensaje por luchana »

jilguero escribió: 27 Nov 2021 13:41
luchana escribió: 26 Nov 2021 11:27 paseando por encima de la rulot en la que paso el mes de agosto en Laredo.
¿Tienes una rulot o la alquilas? Lo digo porque venir con una rulot desde Ibiza debe ser más complicado que con un coche normal.


En verano, huyendo del calor y sobre todo del infernal barullo que montan aquí los discotequeros, me voy a Laredo a un camping semiprivado donde mi hermana tiene en una parcela un modulo (lo llaman así) donde paso parte del verano hasta que me echa el frio.
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Re: El bujío de Santa Catalina 2 (Bordeando la realidad)

Mensaje por luchana »

jilguero escribió: 26 Nov 2021 11:09



Cuando me encontraste en aquel ya casi olvidado atardecer, yo era un verso suelto que se jactaba de ser libre y de amar la soledad por encima de todo.

Me recogiste con el mismo apresuramiento y con la misma codicia con los que lo habría hecho un niño que creyera haber encontrado un tesoro. Y una vez en tu mano, me contemplaste por lo menudo y en tu rostro adiviné ilusión y regocijo. No me extrañó, pues, que te apresuraras a ponerme un nombre —señal inequívoca de que pasaba a formar parte de tu vida—, ni tampoco que decidieras guardarme en la calidez crepuscular de tu bolsillo.

Venía de vivir a la intemperie y aquella vida entre penumbras azulonas se me habría hecho insoportable de no ser porque tu deseo de volverme a contemplar, cuando no de acariciarme o de hacerme partícipe de alguna confidencia, hacía que me sacaras con frecuencia del bolsillo de tu chamarra. Y después de tantos años cargando en solitario con el peso de mi destino, que alguien decidiera por mí y me diera cobijo acabó siendo un grato hallazgo a la vez que un gran alivio.

Pero esos primeros momentos de mutuo descubrimiento y fascinación nunca duran mucho. Tampoco a nosotros nos duraron: te acostumbraste a tenerme a mano y, aunque no fuera ese mi deseo —me gustaba causarte embeleso—, pasé pronto a formar parte de tu apacible cotidianidad. Y como suele ocurrir en tales circunstancias, el tedio se adueñó de nosotros. Ya ni siquiera sentías la necesidad de sacarme del bolsillo. Te bastaba con meter la mano en su interior para rozarme con la yema de los dedos y tener así la certeza de que yo seguía estando dentro.

Inmersos en aquella aparente indiferencia, aprendimos a convivir sin un mal gesto y sin el menor atisbo de amargura. Me habías convertido en esa sutil compañía que cualquier solitario necesita para poder disfrutar del tiempo que pasa a solas. Yo había dejado, pues, de ser del todo libre y no tardé en darme cuenta de lo mucho que añoraba mi primigenia condición de verso suelto.

Sé que debería haberme rebelado. Pero no lo hice porque el deslumbramiento del principio quedaba ya demasiado lejos y la tentación de conformarme con aquella vida tan cómoda —la del solitario siempre acompañado— era demasiado grande. Se impuso poco a poco la indolencia y, conforme esta iba ganando terreno, se fue acallando mi anhelo de recuperar mi anterior estado de romero siempre avanzando por caminos nuevos.

Aquella no era una vida mala, pero sí una vida a medias. Un fuego sin llamas, un capitán sin tropa, un castillo sin almenas, una ventana sin vistas, un mar sin olas… Sobre todo a partir de que te volviste más sedentario y tu vieja chamarra azul, otrora inseparable de ti, comenzó a pasar más tiempo colgada del perchero que de tus hombros. Llegué a creer que te habías olvidado de mí y que las raras veces en las que aún me rozabas con las yemas de los dedos lo hacías por un simple acto reflejo. Y aunque en cierto modo tuviera razón, me sirvió de consuelo comprender que la culpa no era ni tuya ni mía.

Estábamos en invierno y en la casa había un agradable olor a leña quemada. Cuando esa vez me tocaste, tus dedos —habitualmente tan cálidos— estaban helados. Su frialdad no fue, sin embargo, lo que me sorprendió, sino el que me tocaras con la extrañeza de quien no sabe lo que está tocando. Después de no haberlo hecho durante mucho tiempo, me sacaste del bolsillo y, una vez en la palma de tu mano, me miraste con asombro. Luego me acariciaste con una ternura reverdecida y, por un momento, creí que esa era tu forma de pedirme perdón.

Mientras tus fríos dedos seguían recorriendo mis contornos, vi que achinabas los ojos tratando de hacer memoria. Pasados unos minutos que se me hicieron eternos, abriste los ojos de par en par y pude ver en tus pupilas la inconfundible luz del atardecer; y en tu cara, la ilusión y el regocijo del niño que acaba de descubrir un tesoro. De haber habido algún otro testigo, hubiera pensado que me mirabas a mí y, sin embargo, en ese momento tu mirada era tan vacua como la del ciego que solo ve lo que hay en el interior de su cerebro.

La edad había hecho mella en tus neuronas, convirtiéndote en prisionero de ese instante, fugaz y esquivo, que es el presente. Habías perdido la memoria y, con ella, a ti mismo. Y yo, ese verso libre y solitario, al que antaño pusiste nombre y guardaste en tu bolsillo como quien guarda un tesoro, era ahora la rendija entreabierta por la que, aunque solo fuera de puntillas, te podías asomar al pasado para rencontrarte contigo mismo.

Esta vez, la ilusión y el regocijo que reflejaba tu rostro no eran por haberme descubierto a mí, sino por haber descubierto al que tú eras en aquel olvidado crepúsculo. Pero verte de nuevo ilusionado y contento, como si fueras un chiquillo, conmovió mi impasible corazón de guijarro e hizo que todos esos largos años de penumbra y abandono cobraran al fin sentido.

Y por eso, pese a haber tenido que renunciar a mi genuina condición de romero, desde ese día sé que mi vida en tu bolsillo ha merecido la pena.




Que pamplina mas bonita. Merece estar en boca de todos. Gracias
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Re: El bujío de Santa Catalina 2 (Bordeando la realidad)

Mensaje por jilguero »

luchana escribió: 27 Nov 2021 22:56 En verano, huyendo del calor y sobre todo del infernal barullo que montan aquí los discotequeros, me voy a Laredo a un camping semiprivado donde mi hermana tiene en una parcela un modulo (lo llaman así) donde paso parte del verano hasta que me echa el frio.
A los que vivimos en la costa, poder huir en el verano del barullo de los veraneantes es una suerte. Y en tu caso, además, supone una trashumancia en toda regla (lo digo por la mía que ocurre dentro de la misma ciudad).
luchana escribió: 27 Nov 2021 23:10 Que pamplina mas bonita.
Me alegro que te haya gustado. :D

La vida tiene pétalos
y un rosal donde tiemblan las historias.

(García Montero)


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Re: El bujío de Santa Catalina 2 (Bordeando la realidad)

Mensaje por lucia »

¡Qué tierno!
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Si cedes una libertad por egoísmo, acabarás perdiéndolas todas.

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Re: El bujío de Santa Catalina 2 (Bordeando la realidad)

Mensaje por jilguero »

lucia escribió: 28 Nov 2021 20:13¡Qué tierno!
No sé, Luciola, cómo logras pasarte por todos los rincones del foro. :chino:
*****


Hay casualidades, Cata, que me producen cierto desasosiego.

Ayer traje al bujío un par de versos de García Montero:
La vida tiene pétalos
y un rosal donde tiemblan las historias.


Y hoy, en el cuadro que nos propone HA!, hay uno de esos pétalos que nos mira desde el otro lado de la pantalla y que tiene en su regazo una rosa de ese rosal donde tiemblan las historias.

Intuyo que la niña quiere contarnos la suya, pero no me atrevo a adentrarme en ella porque sospecho que es demasiado dura.

Niña enferma.jpg
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Re: El bujío de Santa Catalina 2 (Bordeando la realidad)

Mensaje por Gretogarbo »

jilguero escribió: 29 Nov 2021 19:34Intuyo que la niña quiere contarnos la suya, pero no me atrevo a adentrarme en ella porque sospecho que es demasiado dura.
¡Échale ovarios, jilguero, y cuéntanosla!
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Re: El bujío de Santa Catalina 2 (Bordeando la realidad)

Mensaje por jilguero »

Gretogarbo escribió: 30 Nov 2021 10:58
jilguero escribió: 29 Nov 2021 19:34Intuyo que la niña quiere contarnos la suya, pero no me atrevo a adentrarme en ella porque sospecho que es demasiado dura.
¡Échale ovarios, jilguero, y cuéntanosla!
Cuando acabe la de la adarga, intentaré hacerte caso, Greto. Al igual que el amigo de Soledad Silvestre (la seudoprincesa de Éboli), tú sueles tener buen criterio. Y aunque la que tendrá unos ovarios como Dios manda será mi sosia aventurera (ya no sé si será la de mi segunda o tercera vida), más vale que lo intente yo porque sospecho que ella no será muy dada a escribir pamplinas.


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Re: El bujío de Santa Catalina 2 (Bordeando la realidad)

Mensaje por Gretogarbo »

jilguero escribió: 30 Nov 2021 12:54... aunque la que tendrá unos ovarios como Dios manda será mi sosia aventurera (ya no sé si será la de mi segunda o tercera vida), más vale que lo intente yo porque sospecho que ella no será muy dada a escribir pamplinas.
Pues lo tienes a güevo. Aventurera en tu segunda vida para acumular experiencias y monja u orate en la tercera para desarrollarlas.
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Re: El bujío de Santa Catalina 2 (Bordeando la realidad)

Mensaje por magali »

Anoche leyendo el principio de Leer como un profesor, de Thomas C. Foster me encontré con esto.
Desde luego, en mi trabajo trato frecuentemente con alumnos universitarios, tanto de grado como de posgrado, y esas interacciones han sido enriquecedoras, plenas, frustrantes, edificantes, decepcionantes y a veces directamente milagrosas. Los alumnos de literatura son buena parte de ese colectivo, pero gracias a los magníficos requisitos de la educación general, he tenido mucho trato con alumnos de otros campos (los biólogos son de mis favoritos), que inevitablemente aportan diferentes habilidades, actitudes y preguntas. Me hacen prestar atención.
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