El esnobismo de las golondrinas - Mauricio Wiesenthal

En principio incluye biografías, autoayuda, libros de viajes, arte y otros que no sean ensayos o de divulgación.

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Protos
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El esnobismo de las golondrinas - Mauricio Wiesenthal

Mensaje por Protos » 15 May 2007 21:18

"Tal vez no exista libro que convierta tan claramente la aventura de los viajes en un camino de iniciación como este. Verdadero Bildungsroman, esta obra de Wiesenthal -a la vez rigurosa en los datos, novelada en la trama y espléndida en su estilo literario- se presenta como una exposición vívida, vibrante y muy sentida de un recorrido tanto geográfico como espiritual.

Es la historia de un joven que aprende a vivir en la escuela de los viajes, en los libros, en la búsqueda de sus maestros, para hallar al fin su propio camino. De Viena a Londres, de Sevilla a Versalles, en los lujosos vagones del Orient-Express o a bordo del Queen Elizabeth, este libro nos lleva por un mundo crepuscular y romántico que "a veces sólo se encuentra ya en las cartas de la poesía". Wiesenthal nos propone descubrir los hitos de nuestra cultura con una sonrisa esnob en los labios, como un vuelo de golondrina que pasa el verano en Estocolmo y el invierno en Marrakech, porque "ser libre es saber huir de los que quieren cazarnos" y El esnobismo de las golondrinas es la odisea vital de un escritor que busca un camino de libertad allende su educación burguesa de viejo europeo".


Recién empezado (llevo 150 páginas, de las 1150 que tiene) y ya estoy deslumbrado por la hermosa manera que posee el autor de describir, es este momento, la ciudad de Viena. Una prosa magnífica en la que vierte todo el romanticismo que le transmite la ciudad, aunque con la ligera nostalgia provocada por haber perdido el esplendor que poseyó en otro tiempo. Realmente estoy encantado con el viaje que estoy haciendo gracias a este libro, y aún me quedan tantas ciudades.....
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madison
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Mensaje por madison » 15 May 2007 21:34

Que buena pinta tiene, lo quiero leer :wink:

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Protos
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Mensaje por Protos » 15 May 2007 23:18

Es fantástico, Madison. Está cargado de anécdotas y curiosidades. Me ha encantado la pasión con la que cuenta la historia de Sissi, o la de la Bella Otero.

Una maravilla.
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madison
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Mensaje por madison » 16 May 2007 17:42

Veo que es de edhasa, a ver si esta tarde lo encuentro :wink:

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merxe
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Mensaje por merxe » 16 May 2007 18:30

Ya me habéis picado, :twisted: :twisted: :twisted:

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madison
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Mensaje por madison » 16 May 2007 18:41

Merxe que perdida estás, precisamente hoy te he nombrado en el hilo del general que he abierto :lol:

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merxe
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Mensaje por merxe » 16 May 2007 20:47

Espero volver a entrar tan amenudo como antes, es que he tenido unas semanas con demasiado lio en el curro y casa. :wink:

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madison
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Mensaje por madison » 16 May 2007 21:35

he ido a comprar el libro y estaba cerrado :cry:

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Richar Elis
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Mensaje por Richar Elis » 17 May 2007 00:54

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Mauricio Wiesenthal, un barcelonés que escribe en castellano (por mucho que en la Fnac se empeñen en colocarle entre la literatura extranjera), un hombre sin fronteras, que empezó a viajar a los 22 años de la mano de Jean Cocteau, su introductor en París, una estancia en la que conoció a Ionesco, Paul Morand, Malraux, Coco Chanel, y Anna Freud entre otros. Os recomiendo también su ‘Libro de réquiems’–que a ritmo lento, por el boca a boca, ya va por los 10.000 ejemplares–. El libro que aparece ahora, ‘El esnobismo de las golondrinas’, del que Protos ha sabido abrir apetito, está emparentado con aquél, y es otra maravilla para el deleite.
Un libro que se abre con la siguiente dedicatoria:


“Cuando Mungo Park exploraba el Senegal tuvo que soportar muchas privaciones. En cierta ocasión le ataron a un árbol, a la entrada de un poblado, sin dejarle nada de comer ni de beber, mientras los hombres de la tribu se mofaban de él. Y, en la noche tormentosa, sólo las mujeres –incluso una vieja mendiga que vivía de la caridad– vinieron a traerle leche y comida, como dicen que las golondrinas le quitaron las espinas a Cristo. A ellas, a mis amigas, a mis golondrinas, las que me encontraron en el camino y me ayudaron en días difíciles. Ellas no se conocen entre sí, pero sus nombres están reunidos en mi corazón”.


En la página siguiente nos presenta la obra, con el título ‘Hola y adiós’, empieza así:


“Este libro para amantes de los viajes no es una guía de monumentos y catedrales. Trata, por el contrario, de cafés y mercados, tertulias y fuentes, artesanos y artistas, sombreros y carreras de caballos, maletas y hoteles, melones y sabios, princesas y costureras, islas y antiguas ciudades. Podría comenzar como el cuento del Príncipe Feliz:
Una noche voló obre la ciudad una pequeña golondrina. Seis semanas antes sus amigas habían partido para Egipto; pero ella se quedó atrás, pues estaba enamorada del más hermoso de los juncos.
Este libro habla de viajes, pero no es un libro de viajes. (…) Quizá no es un libro para gente seria. Por eso lo he titulado 'El esnobismo de las golondrinas'; es decir, pasar la primavera en París y el invierno en Marrakech. Simplemente: cambiar de hotel, de camarote, de comidas, de clima, de café, de amigos; huir incluso de la patria, del fisco y de la familia. No se trata tanto de viajar, como de irse. Ser libre es saber huir de los que quieren cazarnos.”


El buen viajero, nos alecciona Wiesenthal, no busca la verdad sino la belleza, y, a veces, “funde las imágenes en su recuerdo y crea una ciudad nueva”.


Así describe su época: “Nací en 1943 en el momento en que la vieja Europa agonizaba. Y, quizá por eso, me he sentido heredero –heredar es ser responsable– de los ideales, el dolor y la culpa de mis maestros. Cuando edité media docena de ejemplares de mis memorias, sólo para mi familia, pensé que el título más apropiado para estos recuerdos de mi vida era: Llegar cuando las luces se apagan. Ésta es la idea que tengo de la época que me ha tocado vivir. Y el tema principal de mis libros ha sido siempre la preocupación por esta Europa que se nos va muriendo y apagando entre las fiestas y los fastos de la burocracia que la gobierna. Ésta es la Europa de los viajes supersónicos, del bienestar económico, de la globalización, de los nuevos ricos, del optimismo de las vidas triunfantes... o sea: una suplantación de Estados Unidos”


Respecto al esnobismo, dice entre otras cosas: “Ser esnob no fue nunca barato ni fácil. Y no me importa que éste parezca un libro esnob, pero no quiero que sea «alegre», en el sentido vacío, frívolo y estúpido que hoy se da a esta palabra”. Aunque “Quizá este libro es también un poco cínico. El esnobismo es una actitud distante, estética y filosófica, que provoca, naturalmente, el rechazo de todos aquellos que prefieren adaptarse a las convenciones para sacar provecho en cualquier situación. Lo que más odia un oportunista es la independencia del esnob”.


Wiesenthal nos lleva allí donde quiere, así camina a continuación: “Viajando, uno aprende a marcharse, a despedirse, a decir adiós. En Oriente me enseñaron que las golondrinas, hijas alegres de la felicidad, son también el símbolo de la separación. Por eso este libro debería tener un fondo melancólico, ya que –como decía Madame de Staël– «viajar es uno de los más tristes placeres de la vida»”. Repasa luego todo lo que a desaparecido de la vida europea, porque o nos vamos nosotros o se van las cosas, “se van como se fueron aquellos coches que nos llevaron por el mundo”, y así “se fueron también aquellos barcos que nos llevaron hacia la noche del mar, como pájaros raptados por el viento, como amantes dormidos en sábanas negras”, y se fueron, se van, “se vuelven irreconocibles aquellos hoteles”, “los viejos cafés donde nos fuimos convirtiendo en escritores, deshojando las flores, malgastando la vida y soñando en la gloria”, porque, dice Wiesenthal, “el café fue siempre el hogar de los que vivimos de alquiler”, pero aunque las prisas del tiempo se lleven “los recuerdos de aquellos viajes de nuestra juventud lejana... un buen viajero sabe que, cuando se pierde un tren en la vida, no hay más remedio que coger el siguiente sin mirar su destino…”


Y llegando al final de la presentación: “No digamos más. Éste es un libro parsimonioso, lento, oceánico, escrito como el vuelo de las golondrinas. Hay libros para gente que come rápido y otros para gente que gusta de saborear. Tengo razones para sospechar que los partidarios de la lectura rápida –en cierto modo, fast food– no tienen paladar literario. Leen para informarse, que es un propósito práctico que no tiene nada que ver con el arte. Porque el gusto es siempre un rodeo; o sea, golondrinas, lirios y pavos reales... Para los que tienen prisa hay también pizza express”.


Mauricio Wiesenthal, descendiente de una familia originaria de Hamburgo, es biznieto de músicos, nieto de editor y litógrafo e hijo de catedrático. De niño, gracias a su padre, ya había conocido en Antibes al poeta griego Niko Kazantzakis. Un amigo de la familia le llevó a visitar a Pío Baroja. Su abuelo protegió a muchos artistas, como a Serge Diaghilev en su ruinosa empresa de los Ballets Rusos.
Siendo muy joven, comenzó su carrera académica como profesor de Historia de la Cultura en las universidades de empresariales y medicina de Cádiz pero, como ya hemos dicho, a los 22 años se fue a vivir a París, y comenzó así su vida viajera, para costearla ha escrito un sinfín de obras divulgativas, sobre medicina, historia, más de una docena de libros de viajes y numerosas guías y reportajes, de arte, gastronomía, enología, como experto enólogo fue galardonado en 1992 con la copa de oro de los enólogos de Cataluña, mantiene, entre sus muchas aficiones, la de la fotógrafía, no puedo evitar pensar que se triplican los emolumentos de un reportaje si el autor realiza además las fotografías, en definitiva, un free-lance de lujo, que ha podido ganarse la vida con las fotografías que vendía a Gamma y a Viva, o con los reportajes que escribía para Vogue en Francia o para Hogar y Moda en España. En sus propias palabras: “He sido mi propio mecenas y he tenido que trabajar mucho para mantener al artista caprichoso que llevo en mi alma como un parásito”.


“Los vinos son la materia carnal del recuerdo, la vendimia del tiempo perdido, el terciopelo de la memoria, la burbuja de las niñas en flor. Un buen vino es la “obertura” insustituible de la fiesta gastronómica, el estímulo de los sentidos, el mejor pretexto para la convivencia cordial de la buena mesa, y el más elegante adorno que puede lucir una mujer en sus manos”. (Tomado de su ‘Manual del vino’)


Voy a copiaros unos párrafos del primer capítulo de esta obra de más de mil páginas, ‘El esnobismo de las golondrinas’, y os pido que acudáis a su cita, el capítulo se titula ‘Violines desde el Danubio a Viena’:


“Leyendo a Goethe me aficioné a recorrer los ríos. Con una mochila y una flauta anduve, en mi juventud, las orillas de los ríos. Ser europeo es vivir en un pequeño continente que puede recorrerse a pie. Y el pie es, también, una medida de la poesía”.


“A orillas del Danubio, en la vieja Ulm, nació Albert Einstein, matemático, físico y violinista nómada que buscaba las llaves del Universo, igual que el judío errante. Se dio cuenta enseguida de que nuestra vista es pequeña para las dimensiones del mundo y de que nuestros movimientos son torpes para las magnitudes del tiempo. Fue él quien descubrió que los vagabundos del espacio somos viajeros del tiempo. O sea, que en el camino de Venecia se encuentra uno a Proust y en un café de Viena puedes citarte con Zweig, y por Sevilla –envuelto en una capa remendada– anda todavía Cristóbal Colón”.


“La cultura europea, desde Vermeer, fue la cultura de los interiores. Pero la vida moderna, al desahuciar al europeo de sus viejas habitaciones para hacernos habitar en apartamentos de diseño funcional, nos ha expropiado también nuestra Weltanschauung: nuestra visión particular del mundo”.


“Por aquí anduvo en 1877 Rimbaud, vendiendo recuerdos kitsch: cordones de zapatos, llaveros y cositas prácticas para gente muy Biedermeier. Pero no tenía otro remedio porque, nada más llegar a Viena, un cochero le había robado la cartera. Y no podía recurrir como otras veces a su madre, porque estaba muy enfadado con ella y se había largado de casa gritando: "Merde à la daromphe, je pars pour Vienne!". La llamaba con este apodo, que era una deformación de daronne, la patrona, igual que el absomphe era el ajenjo. Verlaine hizo un dibujo en el que se ve a Rimbaud desnudo, en el momento en que el sinvergüenza del cochero escapa fustigando a los caballos. Si yo le hubiese conocido le habría recomendado que viajase con una cartera falsa, especial para los ladrones, con cheques de un banco inventado –La Banque National de Parmerde– y con retratos de la novia de otro. Pero su historia acabó muy mal, porque le detuvieron por pelearse con un policía, le expulsaron del país por indeseable y tuvo que regresar a pie hasta Francia.
Rimbaud era el Count Basie de la orquesta de swing de mis sueños, el loco que nunca comenzaba ni acababa de la misma manera. Tocaba el piano con dos dedos y, cuando se detenía súbitamente, dejaba al mundo sumido en el silencio. Pero Rimbaud llegaba más lejos: cuando daba por acabado el concierto, quemaba todos sus manuscritos.
A escondidas, sin que la vieja dama me viese, leía a Rimbaud cuando me sentía atrapado en el pantano de Viena y necesitaba prendre le large: huir para no perder la loca juventud de mi alma. No se puede vivir sentado ante una taza de té cuando uno tiene sueños de escritor esnob y maldito. Y, menos aún, cuando uno no quiere hacer segundas ediciones de Gide, sino una poesía ingenua, torpe, verdadera y dolorida, como la que yo escribía entonces.
Para llegar a Rilke tenía que pasar por Rimbaud. Pero nunca acabé de escribir aquel libro, silvestre y amargo, que fui dejando a trozos en las servilletas y en las facturas de los cafés. Además de su título, La santa leyenda negra, recuerdo unos malos versos que querían ser una canción modernista para el abanico de Sissi:

Silente silfo,
fugaz silueta,
quetzal sin nido,
serpiente negra.
En tu abanico
vuelan tormentas:
quebrando lirios, frunciendo telas,
silbando silbos, ondeando sendas.

–Disculpe, señor –me dijo un día la camarera–, pero no sé por qué rompe usted cada día estos poemas.
Y, como me ocurre tantas veces con las personas que me ofrecen su ternura o su afecto, me sentí indigno. Pero el pueblo vienés es así, capaz de guardar los versos que rompe un desconocido en el café. Creo que no hay cultura más auténtica que esa manifestación popular de "culto" que va unida a la delicadeza de los sentimientos.
Y, ahora, al cabo de los años, no sé si aquella muchacha conservará su mirada pura de luz de luna y aquellas servilletas rotas de La santa leyenda negra que es lo único que puede quedar de unos versos que, felizmente, olvidé”.


Y ahora uno más breve, del capítulo ‘La Dublín de James Joyce’:


“A él [Joyce], que era tan amargo y tan pesimista, le dolía en el alma la derrota de Wilde, la victoria de las lágrimas, la flagelación del Rey de la vida, la fiesta callejera de la crucifixión. Porque también Joyce, en sus tinieblas, tenía momentos en que era cautivador”.


Y perdonar la extensión.

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Mensaje por madison » 17 May 2007 10:38

La extensión es genial Richar.
Por cierto leí tu crítica sobre la vida de Samuel Jhonson, y me encantó además porque ya la habia comprado y me agradó saber que a ti también te parece un libro interesante. :wink:

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Mensaje por madison » 17 May 2007 18:36

Ya lo tengo!!!!!! :D :D
Le tengo unas ganas locas, porque seguro que está genial :lol:

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merxe
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Mensaje por merxe » 18 May 2007 09:30

Espero tus comentarios madi :wink: :wink:

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Protos
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Mensaje por Protos » 18 May 2007 21:38

Espero que te guste, Madison. A mí me está sorprendiendo gratamente en cada página.


Richar, se agradece la información. Lo cierto es que tenía pensado informarme sobre el autor de tan magnífica obra. Gracias por el trabajo.


:wink:
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Richar Elis
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Mensaje por Richar Elis » 19 May 2007 12:58

Protos escribió:Richar, se agradece la información. Lo cierto es que tenía pensado informarme sobre el autor de tan magnífica obra. Gracias por el trabajo.
:wink:


_Sinceramente, gracias a ti, Protos, por haber dado el pie.
Se trata de un autor que descubrí en la Biblioteca Municipal hace menos de un año, por casualidad, buscando a no sé quien cuyo apellido empezaba por 'W', y el título 'Libro de Requiéms' atrapó mi curiosidad, tras ojearlo lo tuve en casa los quince días correspondientes, pero antes de que acabara el plazo ya lo había comprado, es otra deliciosa joya. Wiesenthal es un autor único, un molde cerrado.
Nosotros hemos perdido el antiguo hábito de ir a conocer en persona a los maestros, me gustaría tener el valor de hacerle una visita, pero no lo tengo. Además, nuestras vidas atadas no nos lo permiten (excusa). En fin, historias. Un abrazo.

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madison
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Mensaje por madison » 20 May 2007 20:01

Protos no sabes como te agradezco que hayas abierto este hilo.
El libro es una maravilla, estoy abducida con su lectura, como tú bien dices cada página es mas deslumbrante.
Todavía estoy muy al principio, puesto que no he salido de Viena, pero da igual, no quiero que se acabe este capitulo, habla de todos los escritores que adoro empezando por zweig, rilke, lou-andrea salomé, kafka y otros que ahora pienso leerlos puesto que no los conocía.
Además este autor a sido para mi un grandescubrimiento......
seguiré contando, pero discrepo con eso de que es una lectura lenta, yo no puedo parar
merxe vas a alucinar con el :wink:

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