Existencia... (Fantasía/Warhammer Fantasy)

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Mister_Sogad
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Existencia... (Fantasía/Warhammer Fantasy)

Mensaje por Mister_Sogad » 18 Feb 2010 10:15

EXISTENCIA...

Bajo él hay un extenso mar verde. Nunca ha navegado por el mar, pero sí que lo ha visto. Lo de ahí abajo es un mar, sí, formado por infinidad de tonalidades verdosas. ¿Y más allá?... más allá apenas se aprecia nada, el verde lo llena todo, lo ahoga...

Ese mar es la selva. Y él lo está planeando. Hacía tanto tiempo que no lo veía... ¿cuánto había sido? ¿cuánto tiempo había pasado?. Decidió alejar esos pensamientos de sí. Bajo él se extendía el preciado tesoro de su pueblo.

Acerquémonos más.

La caída en picado emborronó los contornos de alrededor. Aumentó la velocidad. Las copas de los árboles se acercaban velozmente. Tranquilas, mansas... se zambullirá en ellas. En un instante está atravesando multitud de hojas, ramas, lianas... era su hogar, no había duda, siempre lo sería. Era una lástima no poder sentir todo aquello, no poder tocarlo, no poder olerlo. A pocos centímetros del suelo frenó su descenso. Se quedó quieto, escuchando. Los sonidos, tan familiares, dejó que lo inundaran por completo. No quería pensar, no, ahora no, ¿por qué?...

¿Por qué lo habían “despertado”?, algo realmente malo debía estar pasando, y más aún cuando se había cometido un error tan grave. Las imágenes de su despertar volvieron a él. ¿Por qué el ritual lo habían realizado simples chamanes? y ¿por qué en número tan reducido?, el poder no puede venir hacia aquél que no sea capaz de contenerlo, y menos de usarlo. Y así el ritual había salido mal, nunca antes le había ocurrido esto, a pesar de que sólo había sido objeto de él en dos ocasiones más, hacía muchos, muchos años. Sin embargo... todo está escrito, todo ha de pasar por alguna razón, todo es parte del Sagrado Plan. Y, aunque no quiera reconocerlo, se alegra de estar como está, libre. Quizá por eso había decidido irse de la sala sin esperar a ver como se resolvía el problema. Pero..¿acaso hubiera podido hacer algo?. Bueno sí, podía haber alertado a la Guardia, hacerles saber de alguna manera que debían entrar. Pero ¿para qué?, para ver tres cuerpos destrozados? tres chamanes sin vida y... un esqueleto momificado?. No, los guerreros no pueden hacer nada en estos casos, su decisión había sido acertada. Lo mejor era buscar a uno de los Grandes Magos, él sabría explicarle. Pero... ¿¿por qué no había sido uno de ellos el que se ocupara del ritual??.

No, no quiere pensar en estos momentos. Se pone en marcha. Sus pies no pueden tocar el suelo pero no importa. Se desliza con suavidad mientras se deja llevar por aquél fascinante mundo. Miles de criaturas le saludan, lo sienten. Una serpiente se desliza lentamente cruzando su camino. Una señal. Desvía su atención, no quiere ningún tipo de distracción, ya habrá tiempo de hacer caso de las señales. A su izquierda un pájaro trina insistentemente, más allá otro le contesta y otro más, y otro... A su derecha algo se mueve entre las ramas. Un animal ágil...o quizá...

No, no es un animal. Un momento, parecía...sí, estaba seguro. Se eleva hacia el lugar. Puede atravesar las cosas, pero su vista no alcanza a ver más allá de los objetos, a menos que haya magia. Pero no la hay. Lo que hay es movimiento. Sí, allí, de nuevo aquella silueta...la reconoce. Vuelve a perderla de vista, pero no es tan sencillo escapar de su mirada, en su forma actual es más veloz que cualquier cosa. Mientras acelera su velocidad llegan a él otros sonidos, y estos no son placenteros, no son de la selva...aunque los reconoce también. El sonido de una batalla, una escaramuza quizá. Ya no hay necesidad de perseguir nada, sólo dejarse guiar por el sonido de lucha.

Tras atravesar un árbol de enorme tronco se detiene. Ante él encuentra lo que está alejando la paz de la jungla. Un grupo de criaturas peludas está siendo atacada por una pequeña fuerza de guerreros de su raza, ágiles eslizones con cerbatanas y lanzas. Pero son tan pocos...y los hombres rata son tantos...

En ese momento una lluvia de proyectiles se abate sobre las ratas bípedas, pero su número apenas se ve reducido. Un grupo de aquellas criaturas se divide de la maraña de pelos, portan bolas unidas con cadenas que voltean sobre sus cabezas, un extraño humo verdoso emana de diversos agujeros de aquellas bolas... Aquello no le gustaba, pues sólo podía significar una cosa. La Enfermedad estaba de nuevo presente en la tierra de los Primeros.

Mientras una intensa furia lo invade observa como el tronco de un anciano árbol es destrozado por incesantes golpes con aquellos mayales portadores de la Enfermedad. De la copa caen varios eslizones, que al aspirar el humo tóxico se derrumban en el suelo, mientras sus cuerpos se llenan de erupciones, úlceras supurantes y sus ojos se hinchan hasta estallar en una dolorosa agonía. Eso lo enfurece aún más, mira a derecha e izquierda, necesita...no, no hay ningún chamán o mago que le sirva de contenedor; ni siquiera hay grandes guerreros. Es una simple patrulla que va a ser destruida. Y él no puede hacer nada. Incontables roedores, pequeñas alimañas malsanas, ascienden ahora a los árboles de alrededor, los restantes guerreros eslizones se encuentran materialmente cubiertos de aquella plaga maldita, recibiendo cientos de mordiscos infestados. El árbol que poco antes había atravesado, y que ahora esta a su espalda es el único al que no se dirigen las pequeñas ratas. Ellas lo sienten, bajo él cientos de ojos lo miran y chillan insistentemente. Bien, quizá pudiera hacer algo después de todo.

En el árbol hay al menos dos eslizones que han visto como caían sus camaradas, y ahora están presenciando algo extraño, las ratas no les atacan. No dudan más y dan media vuelta, internándose en la selva. Eso es, piensa, esto es lo único que puede hacer para ayudar. Estos pequeños monstruos le temen, aunque no pueden verle saben que está aquí. Debe darles tiempo a los eslizones a ir a por ayuda. Pero los Hombres Rata también se han dado cuenta de que sucede algo extraño, sus ratas no deberían estar paradas, tienen una orden que obedecer, pero no se mueven. Por eso un grupo de guerreros skavens se acerca a investigar.

Si pudiera... si tan sólo pudiera usar su poder... Pero no puede, no sin un cuerpo, no sin algo que contenga su esencia. Los skavens no son como las ratas que le sienten y le temen, los skavens son algo más. ¿Una evolución?... la idea lo aturde, en cierto modo el Gran Desbordamiento del Caos que produjo la desaparición de los Ancestrales cambió muchas cosas, el orden desapareció del Mundo, animales de todo tipo se convirtieron en seres con algo de raciocinio...y maldad, la maldad lo invadió todo, lo deformó todo. La raza de los Hombres Lagarto fue creada para un fin superior, por una razón, por la Razón, pero aquellas criaturas que tiene delante... no tienen razón de ser, sólo el Caos podía crear algo que sólo quiere destruir... Chillidos a sus pies reclaman su atención. No es tiempo de pensar, no es tiempo de divagar.

Los hombres rata miran hacia arriba, pero no lo ven, quizá sí que lo sientan, pero están extrañados por el comportamiento de las pequeñas ratas. Si lo sienten no le dan importancia... De entre el grupo principal se destaca un guerrero con armadura oscura, sus chillidos parecen autoritarios, se impone sobre los demás. Ese es el jefe de aquellos seres. No entiende que es lo que están discutiendo, pero cuando los chillidos cesan cinco o quizá seis criaturas parten velozmente en pos de los eslizones fugitivos. Son veloces y se mueven sigilosamente..., debe hacer algo, pero aquí ya nada lo retiene.

Da la vuelta y vuelve a tomar altura. Cuando las copas de los árboles quedan atrás ya ha tomado una decisión. Volverá a la ciudad-templo, y lo hará rápidamente. Si aquellos hombres rata pudieran verle hubieran temblado de miedo. En un suspiro ya ha desaparecido del lugar. Su velocidad aumenta de tal modo que no distingue nada de la hermosa espesura que poco antes ha tratado de disfrutar. Después de todo debía haberse quedado en la sala de ceremonias, ahí al menos podía haber reunido información...de alguna manera.

Cuando llega a la ciudad-templo se da cuenta de muchas cosas que antes no había visto. Tenía tantas ganas de admirar la selva... Ahora ve un número extrañamente reducido de habitantes, aunque la ciudad lleva milenios en pie nunca antes la había visto tan solitaria. Los barrios de eslizones aparecen casi desiertos, sólo algunos individuos aparecen recostados sobre algún muro, o tendidos completamente en las calles, muy pocos mantienen su actividad habitual, su ir y venir. Eso es muy extraño. Se acerca a observar y pronto descubre la explicación...enfermedad. Supuraciones y pústulas están presentes en la mayor parte de los cuerpos tendidos. Más allá, un pozo de deshove aparece demasiado turbio... cuerpos sin forma flotan en su superficie... No quiere creer lo que está viendo, debe ser por esto por lo que se le ha llamado. O tratado de hacerlo. El centro de la ciudad se encuentra ya cerca, guía su rumbo hacia la Gran Pirámide del dios Sotek. Incluso ahí se percibe la plaga. Los guardias saurios permanecen en sus puestos, tan fieles como siempre, pero algunos se encuentran en unas condiciones deplorables, apenas consiguen sostener sus armas... No desea penetrar en la “casa” del Dios Serpiente, no, aún no. Se obliga a girar hacia su propio templo, de donde no debería haber huido.

Como había supuesto, aún no se han dado cuenta de lo ocurrido en el interior de la pirámide. Los guardias mantienen la vigilancia, pero ellos no penetrarán sin una orden, sin un grito de alerta. Pasa junto a ellos con resignación. En el interior de la sala todo aparece como lo ha dejado. En el centro, sobre un altar, se erige su propia carcasa de huesos, su cuerpo momificado. Las antorchas que iluminan el amplio espacio hacen aparecer extrañas sombras que danzan en su blanco cráneo. Rodeando el altar apenas se distinguen tres cuerpos violentamente destrozados. Charcos de sangre tiñen de escarlata tocados de plumas de vistosos colores, adornos dorados y varas de poder ahora inútiles para sus portadores. Siente la culpa, el ritual de reanimación es peligroso, sólo se realiza cuando algo muy grave está ocurriendo, o cuando una gran batalla está a punto de desencadenarse. Pero está escrito que el ritual ha de celebrarse con un poder mágico determinado. Él mismo ha sido despertado otras veces, y siempre ha sentido el enorme poder de la “llamada”, el enorme poder de la magia congregada. Sólo un Gran Slann es capaz de realizar el ritual por sí mismo, y, a pesar de ello luego acaba completamente fatigado. En contadas ocasiones chamanes eslizón son los que realizan el conjuro, para ello son necesarios los de más alto nivel, y en un grupo de al menos cuatro o cinco. ¿Por qué habían sido tres esta vez? debe reconocer que su poder ha sido enorme, sólo con el hecho de haber despertado su espíritu significa que se han empleado al máximo, sin embargo al menos uno de ellos ha desfallecido en el último momento. Recuerda que al despertar ha notado tres fuerzas, casi equilibradas, pero en el momento de atarlo a su cuerpo una de ellas ha flaqueado, y todo ha estallado en luz.

No es momento de recordar, debe avisar de lo que ha sucedido... y dar constancia de su presencia. Pasea con la mirada por los diferentes objetos. Es necesario un artefacto mágico al que traspasar una pequeña parte de poder, la suficiente para que se sobrecargue y explote, algo que haga mucho ruido. La idea no le gusta demasiado, todos los objetos son sagrados, tallados y trabajados con precisión, mientras se entonan cantos a los dioses. Pero la situación no parece ofrecerle otra salida.

Eso servirá. Unido a una de las varas de poder, un orbe verdoso de gran tamaño ofrece destellos lumínicos. Destellos arrancados por el movimiento de las llamas que crean extraños dibujos en las paredes de la cámara. Le insufla poder, poco a poco una macilenta luz verde se va tornando en intensa, cegadora. La superficie del orbe comienza a resquebrajarse, produciendo un extraño juego de luces. La vara tiembla, se eleva colocándose en vertical y comienza a girar vertiginosamente. La sala se ilumina, las sombras escapan a los rincones, en los muros las escenas pintadas parecen moverse.

Finalmente el orbe estalla. Una inmensa ola de luz inunda la sala de ceremonias. Es solo un instante, y luego todo vuelve a la calma, al silencio. Espera. Se pregunta si habrá sido suficiente para alertar a los guardianes. En su forma incorpórea todo le parece ir a destiempo, en estos momentos siente que nadie ha oído la explosión, que nadie vendrá... Pero no, en un momento puede sentir las fuertes pisadas de los saurios.

Entran en grupo, con las armas preparadas, enseñando los dientes y con miradas asesinas; está en su sangre, son guerreros. Cuando descubren la escena parecen desconcertados, se quedan contemplando los restos de aquellos que han sido tocados por el don de los Ancestrales, aquellos a quienes creen mensajeros de sus dioses, aquellos a quienes han jurado proteger.

¿No van a hacer nada?. Se desespera. La clase guerrera es muy útil, un instrumento poderoso para el gran Plan, pero a veces son tan... Acalla sus temores cuando los saurios se ponen en movimiento, al menos dos de ellos se precipitan afuera, mientras el resto se despliega por la estancia inspeccionando todos los rincones. Le llega un sonido de tambores, una señal de alarma. Refrena su deseo de salir a ver que pasa en la ciudad, sabe que la alarma es por lo que ha ocurrido donde él está, sin embargo hace tanto tiempo que no ve la actividad que produce cualquier cosa...

Pronto aparecen varios eslizones. Por su modo de comportarse y los adornos que surcan sus cuerpos deduce que deben ser los encargados del inventario de la Gran Pirámide, parecen alterados. No es para menos, una de sus obligaciones es la de salvaguardar todos los objetos sagrados. Con rápidas palabras y gestos ordenan la búsqueda de un chamán eslizón. Posiblemente es el que esta al cargo de la ciudad en ausencia del Gran Mago. ¿Dónde estará éste? Sus temores aumentan, una ciudad tan mermada y sin un Slann que la dirija sería presa fácil para aquellos que pretenden derrumbar el Gran Trabajo.

Aún hubo de esperar un tiempo hasta que se presentó el Chamán. Era un pequeño eslizón de un color casi albino. Escrutó todo el lugar con unos vivaces ojos negros, y lo vio. Sí, estaba seguro de que lo había visto. A pesar de no ser más que un rastro etéreo de magia el Chamán fijaba su mirada directamente en él. Bien, eso era lo que buscaba, un ser capaz de verlo y comunicarse con él, pero había tanta algarabía alrededor... en poco tiempo la sala se había llenado de saurios y eslizones, y todos estaban confusos, preocupados, hablaban entre ellos...

A una orden el Chamán impuso silenció, y empezó a tomar el control de la situación. Los cuerpos inertes de los chamanes fueron sacados reverencialmente al exterior y la sala se fue desocupando poco a poco hasta quedar casi vacía, sólo el Chamán y un eslizón encorvado permanecieron en su interior, junto a él.

- Gran Maestro Kretgar, es un honor tenerte de nuevo entre nosotros, desde el albor de los tiempos... – el Chamán le habló directamente.

-- También yo me siento honrado de estar de nuevo entre vosotros, pero algo ha pasado, las cosas han cambiado – le cortó, no había tiempo para saludos tradicionales, demasiado largos para la poca paciencia que aún le restaba.

El Chamán quedó sorprendido, quizá fuera la primera vez que le hablaban a través de la mente, pero se rehizo con prontitud. A su lado el reptil encorvado miraba confuso, él no podía oír nada, como supuso no tenía el don mágico.

- ...sí, las cosas han cambiado, debo deducir que os referís a los problemas que se ciernen contra la ciudad-templo.

-- Así es...

- Cumontú, mi nombre es Cumontú – dijo el Chamán haciendo una ligera reverencia – y éste es Patxli, Señor del Conocimiento Escrito.

Un escriba..., era extraño, los escribas solían ser eslizones ágiles y activos, sin embargo éste parecía demasiado viejo, demasiado cansado.

- Err... Gran... Gran Señor Kretgar, me siento honrado ante vuestra presencia... – el escriba trataba de inclinarse aún más de lo que su cuerpo ya de por sí encorvado le permitía.

Mientras el escriba realizaba la reverencia decidió que el tiempo era demasiado precioso como para tratar de obtener explicaciones de la manera “usual”. Sin más demora se lanzó hacia el chamán. Éste lo miraba algo confuso poco antes de penetrar en su interior. Pero era necesario... era necesario saber. Con gran esfuerzo su forma etérea penetró en el cuerpo del eslizón mágico. No quería traspasarlo sino fusionarse con él. Era necesario saber.

Sintió desorientación, caos... debía concentrarse, enfocar la información. En poco tiempo su mente estaba conectada totalmente con la de Cumontú, podía “ver” sus recuerdos, absorber el conocimiento. Lo que obtuvo lo inundó de desazón, su pueblo estaba en peligro, habían sucedido demasiadas calamidades al mismo tiempo, deshoves infestados, plagas terribles, poderes perdidos.... a pesar de todo la ciudad-templo era la única en todo el Imperio que estaba en tan malas condiciones, pero el Mal estaba extendiéndose. Deseó con fuerza que aún estuvieran a tiempo de hacer algo...

Tomó el control absoluto del cuerpo del chamán, este no opuso resistencia. Miró en derredor con su nueva condición, la corporeidad era algo tan lejano... Pero no había tiempo de pensar. Posó su vista sobre el escriba, que con mirada preocupada lo observaba.

- Tranquilo Patxli, las cosas están bien, ahora Cumontú y Kretgar somos uno... – hizo una pausa, la sorpresa de su interlocutor duró sólo un instante para inmediatamente hacer una reverencia – No hay tiempo.... debemos... es necesario comunicar algo a la Ciudad.

El viejo escriba se movió de inmediato, para su sorpresa se desplazaba de manera ágil, así lo vio desaparecer por la puerta. Bien, lo había entendido, el escriba haría lo necesario para convocar a todos ante la Gran Pirámide.

Se dirigió a la salida también, poco a poco, mirando todo lo que lo rodeaba. Acarició con suavidad la piedra grabada de las paredes, los símbolos de su pueblo.
Esperaba que aún hubiera tiempo.

* * *

La luz lo cegó un instante, era vivificador sentir el tenue calor del sol sobre la piel, y un intenso olor a vegetación... Tantas sensaciones redescubiertas... pero no se podía permitir perder tiempo, el bienestar siempre había sido su última prioridad cuando moraba en el Mundo y ahora no sería diferente. Había vuelto por una razón.

Cuando su visión se acostumbró a los rayos del astro solar avanzó nuevamente hasta detenerse al filo del último escalón del Templo-pirámide. Bajo sus pies se extendía la Ciudad, con sus calles y construcciones ordenadas astrológicamente, la Gran Pirámide en el centro, el pozo de los sacrificios, los estanques de deshove, los barrios de obreros, de guerreros, de escribas... y su gente... Allá abajo podía distinguir cientos de sus congéneres.

- Cientos... – suspiró – cuando debería haber miles...

Sus ojos recorrieron con tristeza la Gran Plaza, tiempo atrás la enorme extensión no había sido suficiente para albergar a los moradores de la ciudad, nunca antes se podía ver el intrincado diseño del suelo de la Plaza, ahora... ahora podía verlo casi por completo. Suspiró de nuevo y elevó los brazos al cielo, susurró un sencillo hechizo de iluminación, un rayo de luz blanquísima que pasó del orbe de su vara al firmamento en una fracción de segundo. Quizá no fuera necesario, pero quería atraer toda la atención de su pueblo.

Y así fue, todos los ojos lo miraron. No veía sorpresa en ellos, y eso lo desarmó, él era un Gran Slann, un... no, el no era ahora eso, no para aquellos que lo miraban, pues sólo podían ver el cuerpo de un Chamán Eslizon, Cumontú. Decidió no explicar la situación, lo importante era alertar a los guerreros, prevenir a los habitantes. Un ataque se cernía sobre la Ciudad.

Dolorosamente descubrió que todos aceptaban las malas noticias, ya habían sufrido ataques desde hacia varios ciclos lunares, y además muchos estaban enfermos. Era un espectáculo desolador, pero les siguió hablando, tratando de insuflarles valor. Pero... ¿era necesario? la Antigua Raza siempre había defendido con determinación la Gran Causa, por muy grave que fuera la adversidad...

Tras su discurso la Ciudad-templo se puso en movimiento, todos los guerreros se aprestaron para la defensa, mientras el resto de habitantes se retiraban a los Grandes Templos, pasara lo que pasara había que defender el Don de los Ancestrales como fuese, como última defensa las Grandes Pirámides-templo serían selladas con la población dentro, si el mal conseguía penetrar en estos sagrados lugares entonces todo sería protegido... todo sería destruido.

Llegó la noche y la población y sus defensores ya estaban preparados. Cuando las lunas estuvieron en lo más alto los centinelas pudieron ver millares de puntos luminosos entre la espesura. En poco tiempo la zona despejada de vegetación que conformaba una franja divisoria entre la ciudad y la selva se pobló con las formas de los odiados Hombres Rata. Kretgar los veía con claridad, la luz lunar era intensa en todo el área despejada, no estaba seguro si eso era una buena o una mala señal. Se hizo el silencio en la selva, todos los animales debían estar escondiéndose o simplemente observando.

Sin previo aviso los rátidos comenzaron a dar gritos de angustia y odio, los eslizones camaleón habían atacado. Kretgar podía imaginar una pequeña nube de dardos envenenados volando sobre los peludos roedores una y otra vez, en tiempos antiguos la cantidad de guerreros con cerbatana hubiera bastado para detener a la horda enemiga, pero en esta ocasión la respuesta no se hizo esperar, un mar de pequeños cuerpos peludos se despego de la fuerza principal skaven y empezó a cubrir la tierra con un manto de pelaje, chillidos y resplandor verdoso. Al principio era difícil poder descubrir los escondites de los eslizones camuflados, pero el ataque de las pequeñas ratas fue descubriéndolos, aquí y allá se formaban pequeñas elevaciones en el mar peludo, lugares donde iban encontrando la muerte los guerreros lagarto.

Kretgar sabía que con un número tan reducido sus guerreros deberían esperar en las estrechas calles de la ciudad, pero la muerte de los camaleones le hizo temblar de furia. Dio un golpe seco con el báculo en la fría piedra a sus pies y un rielante manojo de rayos brotó del orbe ambarino que lo remataba, en otros puntos de la ciudad otros rayos se unieron a los suyos, había sólo un puñado de chamanes, pero parecía que querían insuflar fuerza a su ataque.

Los rayos ascendieron hasta quedar encima de las ratas y luego se precipitaron sobre éstas, al instante un hedor a pelo chamuscado invadió el aire. La masa peluda comenzó a echar humo, mientras los rayos se dividían e iban pasando de cuerpo a cuerpo.

Como si aquél ataque hubiera sido una señal un enorme rayo de energía de color verdoso salió de la espesura e impactó en la escalinata de la pirámide más cercana. Kretgar contempló con sorpresa como la piedra se fundía y dejaba a su paso una depresión en la sagrada estructura. El ejército lagarto contuvo la respiración un instante antes de avanzar con rapidez contra el enemigo mientras producía un siseante desafío de cólera. Los skavens también avanzaron, apretadamente, como una masa uniforme pero desorganizada, empujándose unos a otros.

Se apresuró a bajar a las calles, un grupo de saurios lo esperaban con los dientes apretados mientras contemplaban como sus compañeros eslizones ya chocaban contra la primera línea de hombres rata. Kretgar había ideado una estrategia mientras esperaba la batalla, había pensado hacer que el ejército enemigo fuera perdiendo sus efectivos poco a poco en las apretadas calles de la ciudad-templo, hostigados por guerreros eslizón, salamandras, incluso un grupo de guerreros en terradón se había posicionado de manera que pudiera atacar en una amplia zona; y había dejado para el final al resto de guerreros, los saurios y los enormes guerreros kroxigor, que realizarían la última defensa contra lo que esperaba fueran las tropas exhaustas skavens. Pero el plan había acabado, el grueso de su ejército ya estaba en campo abierto, y los guerreros más poderosos los seguían a distancia, ya sólo quedaba una salida, debían hacer huir a los guerreros-rata, y el mejor sitio para él en estos momentos era cerca de la primera línea de batalla.
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Re: Existencia... (Fantasía/Warhammer Fantasy)

Mensaje por lucia » 18 Feb 2010 22:07

Seguirás ¿no? Que queremos saber si la existencia del Slann será breve o habrá valido la pena llamarlo. :P

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Re: Existencia... (Fantasía/Warhammer Fantasy)

Mensaje por Mister_Sogad » 24 Feb 2010 17:23

Esto...me temo que es otro de mis relatos aparcados... :oops:

Gracias por el comentario y por leerlo Lucia.
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LeReLe
Me estoy empezando a viciar
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Re: Existencia... (Fantasía/Warhammer Fantasy)

Mensaje por LeReLe » 03 Mar 2010 13:18

Relatos de Warhammer! con lo que me molan a mi, he visto que tienes unos cuantos asi que ya me los iré leyendo.

Estos skavens...espero que reciban su merecido :D
Necesito a alguien que comprenda que estoy solo en medio de un montón de gente.

:689:

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Re: Existencia... (Fantasía/Warhammer Fantasy)

Mensaje por Mister_Sogad » 04 Mar 2010 12:47

Gracias LeRele, espero que te gusten, los de más calidad (más o menos), son los que colgué hace más tiempo, ya que estoy colgando desde los más recientes a los más antiguos.
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