Helado de pistacho (Relato corto)

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Mister_Sogad
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Helado de pistacho (Relato corto)

Mensaje por Mister_Sogad » 21 Jul 2011 18:42

HELADO DE PISTACHO

Este verano era el más caluroso que recordaba, por supuesto a mamá no le parecía así, pero Estefanía sí que estaba de acuerdo con ella. Echaba de menos a Fani, ojalá hubiera venido, porque sabía que se iba a aburrir muchísimo. Como siempre.

Otro año más de vacaciones en aquél pueblo costero. ¿Es que no había otro lugar en el mundo?. La playa estaba muy bien, pero ya era mayor para jugar con la pala y el cubo, o para pasear y pasear simplemente. Papá le decía que aquél era el lugar perfecto para descansar, ¿pero qué tiene eso de bueno?. Lo que le gustaría era divertirse, como en casa, poder salir con sus amigas, ir a la piscina. Pasarlo bien. Pero allí sólo estaban sus padres y su hermano Manu.

- ¡Vamos Lala!

- Ya voy, no vayas rápido que te vas a cansar.

Se detuvo a limpiarse el sudor de la frente. Quizás no había sido tan buena idea ofrecerse a acompañarlo a comprar “su” helado de pistacho. Lo miró mientras seguía subiendo la calle empinada. Podía ver como la camiseta comenzaba a pegársele en su pequeña espalda por culpa del sudor. Al menos mamá lo había convencido para que se pusiera la gorra, porque el sol estaba pegando fuerte. Se volvió de pronto.

- ¡Lala no te pares!

- ¡Ya, ya!. – Echó a andar de nuevo, y aceleró el paso para tratar de alcanzarlo.

Helado de pistacho. Otra de las cosas que se repetían a lo largo de los años en cada verano. Cuando llegaban las vacaciones en casa estaba claro a dónde iban a ir para huir del calor. Al pueblecito aquél de casas blancas y calles empinadas, donde el agua del mar no estaba demasiado fría, pero la playa era de piedrecitas y no de arena. Al llegar, después de un viaje que siempre le había parecido demasiado pesado, subían con el coche por una serie de calles hasta llegar a la pensión de la gran puerta de madera. Ella nunca recordaba el nombre, pero sí todo lo demás, el gran patio interior, donde se estaba fresca, los azulejos de colores, las escaleras blancas de tamaños tan diversos, y las habitaciones pequeñas pero con mucha luz. Cuando llegaron ayer noche los recibió la dueña, una señora mayor que siempre les decía a ella y a Manu que habían crecido mucho, a papá y mamá les gustaban sus charlas, según ellos la conocían desde mucho antes de que ella naciera, y de eso hacía ya dieciséis años. La verdad era que tenía montones de recuerdos de aquél lugar, y casi todos felices. Así que no era un mal sitio para pasar las vacaciones pero… aburrido.

Algunos años habían estado bien, sobre todo cuando el enano era más pequeño. Recordaba la primera vez que fueron todos a la heladería que estaba en lo más alto de la calle de la pensión. Había sido idea de papá, porque Manu y ella no le dejaban dormir la siesta así que dijo que ya que estaba despierto le apetecía un buen helado. Nunca antes le habían dado helado a Manu, lo había probado claro, pero un helado sólo para él no, así que fue fácil convencerlo para ir a la heladería, a ella le encantaban los helados así que no dudó en apuntarse. Al llegar a la tienda se pasaron un buen rato esperando a que el enano eligiera el sabor. No quería de chocolate, porque ese ya lo había elegido ella, ni fresa porque no le gustaba el rosa, ni de nata, que no tenía color. Lo del color divirtió a todos, incluso al dueño de la heladería, pues un chiquillo de cerca de cuatro años se había puesto a explicar, a su manera, el por qué unos eran buenos y otros no, y desde luego el de nata no se podía elegir, porque no tenía color.

Se le escapó una risita recordando todo aquello. A Manu ya estaba a punto de darle alcance, y el niño no había parado de andar ni un momento. Desde aquél día en la heladería habían pasado tres años, y en todos Manu no había dejado pasar la oportunidad de ir a por “su” helado de pistacho cada día que duraban las vacaciones en la playa. Porque era “su helado”, ni más ni menos. Sólo le gustaban los helados de pistacho de aquella heladería, por varias razones, una era el color, por supuesto. Aquella primera vez que eligió su helado dejó claro que debía ser el del color más chulo y que no tuviera nadie. Y fue fácil que se fijara en el de color verde, no era su color favorito, pero según él era el mejor de los que había en la tienda, además de no haber visto nunca a nadie comiéndose uno de ese color. Entre risas el dueño de la tienda preparó un cucurucho pequeño con su bola de helado de pistacho y se lo pasó a aquél niño de gesto serio y satisfecho de su elección. Al día siguiente volvieron a comprar otro helado, y aunque papá le dijo a Manu que probara otro sabor, a él no parecía importarle el resto, quería su helado de pistacho.

Y siempre pedía el mismo. En casa no claro, porque las heladerías no sabían hacerlo bien. Un año ella discutió con el enano al respecto, porque tiró entero el helado de pistacho que le había comprado. Manu le dijo que no importaba, que no quería helado, prefería esperarse al helado del pueblo. Aquél mismo verano a ella le entró la curiosidad y probó el helado de pistacho de cerca de casa, y se dio cuenta que a diferencia de aquél del pueblo el que probó tenía trozos de pistacho. Ya en el pueblo probó el que le gustaba al enano y la diferencia fue importante. Y es que no lo hacían con trocitos de pistacho, sino con trozos de fruta escarchada, o eso parecía, y estaba mucho más rico.

Al final alcanzó a Manu y le dio la mano. A él no le gustaba, pero sabía que si no ella se lo diría a mamá a la vuelta.

- Hoy me lo pediré de dos bolas. – Ni siquiera la miró al hablar, simplemente siguió mirando adelante tratando de ver el cartel de la heladería.

- Yo también, una de cada color. Podías probar hoy el de vainilla, está muy bueno.

- No.

Así de simple, para Manu no hacía falta decir nada más. Ella siempre trataba de hacerle cambiar de opinión, era como un juego, de hecho se hubiera sorprendido si él hubiera estado de acuerdo. Normalmente ella empezaba una pequeña discusión respecto a los sabores que se estaba perdiendo, tratando de picarle para pasar el rato mientras llegaban, pero esta vez se quedó callada, porque lo notaba más serio de lo habitual.

Bueno, no importaba. Se dedicó a mirar las paredes de las casas. De lejos el pueblo parecía todo de blanco, pero de cerca se notaban algunas diferencias, pero no muchas. La verdad es que esperaba no venir el año que viene, ya se lo había comentado a mamá, Fani había vuelto a invitarla a irse con ella y sus padres a casa de unos tíos, a un pueblo también con playa. Había intentado convencer a mamá el año pasado, y le dijo que cuando fuera más mayor podría hacerlo, este año le dijo lo mismo, pero al menos dijo que quizás el año que viene sí que le dejara. Y ya estaba deseando que pasara un año, tenía muchos planes para divertirse con Fani, habían ido a la piscina del barrio, pero nunca habían estado juntas en la playa y…

- No está, que raro ¿no?. – Manu se había parado y miraba a lo lejos, casi habían llegado a lo alto de la calle.

- ¿El qué?.

Miró también delante, le costó un poco darse cuenta. No aparecía el cartel de la heladería, siempre lo veían muy bien cuando estaban ya tan cerca. Sí que era extraño. Para ella el pueblo era inamovible, nada cambiaba, todo estaba tan igual siempre que… Notó como Manu le tiraba de la mano.

- Vamos, vamos.

- Sí, sí.

Sin decirse nada más los dos echaron a correr. Pronto llegaron frente a la heladería, pero estaba cerrada, con la persiana metálica echada. Alrededor de la puerta y las ventanas el blanco de las paredes había desaparecido bajo un color negruzco que a ella le recordó el color de las manchas que el fuego y el carbón dejaban en la chimenea de la casa de la abuela. Notó como Manu le apretaba la mano, estaba nervioso. Lo miró. El niño se retorcía la camiseta con la mano y tenía un gesto serio en la cara. Se mordisqueó el labio inferior preguntándose si el enano se echaría a llorar o si empezaría a gritar enfadado.

- Hoy no hay helado Laura. – dijo Manu muy bajito.

- No. – le miró extrañada, casi nunca le llamaba por su nombre, desde muy pequeño la llamaba Lala.

Echaron a andar de vuelta a la pensión. De reojo veía a su hermano muy callado y con la cabeza agachada, parecía cansado o triste. El niño le siguió hablando.

- Ya no habrá más helado de pistacho, y el año que viene tampoco estarás tú. – las palabras seguían saliendo de su boca casi en un murmullo.

Se le hizo un nudo en la garganta. De pronto pensó en todos los años que habían venido al pueblo y se dijo que en realidad se había divertido, quizás no hubiera hecho las cosas divertidas que hubiera preferido, pero había estado a gusto, y no recordaba ninguna época del año en que papá, mamá, Manu y ella estuvieran tan unidos como en verano, en aquél pueblo luminoso. Tomó una decisión. Paró en seco y Manu también se detuvo, lo miró.

- ¿Sabes qué?, podríamos buscar otra heladería, seguro que hay más en el pueblo ¿no?, hoy me apetece uno de tus helados de pistacho, así que tendremos que buscar otro sitio para comprarlo.

A Manu se le iluminó el rostro. Le sonrió y sacó el móvil. Llamó a mamá y le dijo que la heladería estaba cerrada pero que iban a buscar otra, que quedaban con ellos dentro de una hora en la plazoleta de la iglesia. Mamá le dijo que de acuerdo, que tuvieran cuidado y que no se olvidara de llamar si querían algo. Tras colgar cogió de nuevo la mano de su hermano y dieron la vuelta.

- ¿Y si no hay otra?.

- Pues la buscamos el año que viene, seguro que abren otra, ¿quién puede vivir sin helados?.

- Entonces ¿vendrás el año que viene?.

- Claro, si encontramos otra heladería me compraré un helado de pistacho, y luego iré probando los sabores, a ver si me decido de una vez por el sabor que será mi favorito, y seguro que necesito muchos días para decidirme, ¿verdad?.

- El mío es el mejor. – dijo Manu con una gran sonrisa.

- Eso ya lo veremos.

Aquél día encontraron otra heladería, pero el helado de pistacho que había no les gustó, los dos lo tiraron casi entero, pero no les importó. Al año siguiente la heladería donde hacían el helado de pistacho de Manu abrió de nuevo, y ella volvió a ir varios años seguidos más al pueblo.

El helado de pistacho de allí estaba bueno, no se lo podía perder.
Última edición por Mister_Sogad el 11 Abr 2012 12:22, editado 1 vez en total.
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lucia
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Re: Helado de pistacho

Mensaje por lucia » 21 Jul 2011 20:16

Es una historia muy tierna y elr egistro es muy apropiado. Se lo podías pasar a Ginebra y Feli para los cuentos de los peques :D

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Re: Helado de pistacho

Mensaje por Mister_Sogad » 22 Jul 2011 11:15

lucia escribió:Es una historia muy tierna y elr egistro es muy apropiado. Se lo podías pasar a Ginebra y Feli para los cuentos de los peques :D


Gracias por leerme Lucia. ¿Puedes aclararme lo de los cuentos?, no estoy seguro de a qué te refieres. :oops:
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Re: Helado de pistacho

Mensaje por lucia » 22 Jul 2011 17:42


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Re: Helado de pistacho

Mensaje por karen mendoza prada » 23 Jul 2011 01:03

:D es un cuento precioso, como dice Lucia, esta lleno de ternura, me ha encantado :60:

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Re: Helado de pistacho

Mensaje por Mister_Sogad » 23 Jul 2011 12:44

Gracias Lucia, voy a echarle un ojo.

Muchas gracias Karen!
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Shimoda
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Re: Helado de pistacho

Mensaje por Shimoda » 24 Jul 2011 02:48

:hola: Tu relato me ha gustado. Desborda ternura y está bien escrito.
Cariños
¨Justifica tus limitaciones, y ciertamente las tendrás¨ Richard Bach

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