Los malditos se reúnen - David Mitrani

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lucia
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Los malditos se reúnen - David Mitrani

Mensaje por lucia » 02 Abr 2017 16:29

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Hiru escribió:Mitrani rechaza de entrada la etiqueta de “intelectual” y la crítica literaria tiene problemas para situarlo en alguno de sus compartimentos, lo cual, para empezar, es buena señal, porque indica que sigue un camino propio, con lo que parece estar ganándose a pulso la categoría de “independiente”.

Asegura no estar comprometido con ninguna clase de poder, sino “con principios que considera justos”, porque el escritor de ficción cercano al poder está obligado “a traicionar el idioma artístico, a asumir códigos comunitarios y a acercarse a la retórica convencional”. Mientras que el escritor, como artista, “no interesado en el panfleto, se vale de códigos más complejos, no triturados, que no pueden identificarse a la ligera con una posición política ni con un análisis social”.

Tal vez como el padre que no puede expresar en voz alta la predilección por ninguno de sus hijos, pero siente una pulsión íntima inconfesable por alguno de ellos, conseguimos arrancarle una confidencia muy personal: “admito que como creador disfruto más el cuento breve, me permite desarrollar mayor cantidad de anécdotas y dejar menos para otra existencia. El cuento concede menos oportunidades para el arrepentimiento; es una pieza pequeña que puede valorarse de un vistazo; su cadencia, su estructura, sus puntos débiles, se avizoran con rapidez”.

Desde ese preámbulo nos acercamos a “Los malditos se reúnen”, un conjunto de ocho historias aparentemente divergentes, pero que según es costumbre en Mitrani, parten siempre de un hecho concreto, no de un concepto. El hecho puede ser vital o fruto de sus lecturas, pero en cada caso funciona como la espita del gas que, una vez abierta, ofrece una combustión generosa y homogénea.

Sin que, en rigor, se pueda establecer una temática común, sí comparten las ocho historias un ambiente similar. Laten en todas ellas, con más o menos fuerza, las coordenadas geográficas de una Cuba caliente que tiñe las escenas de un erotismo primario, instintivo, a veces ingobernable, pero que es también el condicionante principal para que los personajes sean como son y actúen como lo hacen.

Hay tres historias que plantean los entresijos de la creación literaria desde distintos ángulos. El más evidente es “Los malditos se reúnen”, que da título al libro, donde se manifiesta que mentir y robar está en la base de toda producción artística, lo que convierte al artista en alguien sin conciencia, en un puro carroñero. “Postescrito de lo sublime” y “Erecciones en el bus” componen una panoplia de existencias incompletas, de personajes fallidos e insatisfechos, como en la vida misma, con los que Mitrani experimenta como en un laboratorio social y literario al mismo tiempo. Tal vez no sea excesivo deducir que las incógnitas que quedan sin resolver en estos tres cuentos se correspondan con las inquietudes que arrastra el propio autor en el día a día de su quehacer creativo.

Los otros cinco relatos se reparten entre el testimonio y la denuncia, pero comparten un contenido social que abarca distintos frentes. Quizá sea la evidencia de la corrupción en distinto grado lo que aporta sentido y unidad a estos textos. “El esclavo del pianista” y “No hay regreso para Johnny” son dos platos fuertes. En el primero, de planteamiento más universal, se desarrolla la teoría de Aristóteles sobre la esclavitud, la idea de que el hombre nace esclavo, de que todos somos esclavos y nos gusta tener esclavos, sólo que “el dinero es el látigo”. El relato se cierra con la terrible constatación de que nos acostumbramos a la esclavitud (del dinero) y ya no echamos de menos la libertad. El último cuento del libro, “No hay regreso para Johnny”, hay que suponer que no ocupa ese lugar por casualidad, sino que guarda la pretensión de ser leído como denuncia y advertencia a un tiempo, de una circunstancia tal vez no ficticia, sino demasiado real en el marco insular. Lo peor que le puede pasar al pueblo cubano es la llegada de un americano bueno que les redima de sus miserias materiales a cualquier precio, incluso al de su dignidad como personas, sin que ni siquiera se den cuenta de ello y ante el que, además, se muestren agradecidos.

Es un colofón brillante para una obra que hay que leer como toda una declaración de principios y en la que David Mitrani se revela como un auténtico “resistente”, una mente lúcida que no se vende a tirios ni a troyanos, una pluma valiente, de prosa clara y precisa, que no admite adscripción y que, dada su juventud, esperamos le quede un largo y fecundo recorrido literario.

Esther Zorrozua

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